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Phase 3 Three Focus groups: purposeful sampling, of Turkish women, Orthodox Jewish women and African women These groups closely represent the local population

4.8 Phase Two – semi-structured interviews

2.3. La oferta y la demanda laboral desde la perspectiva de la segmentación

La teoría dualista expuso un análisis de la segmentación de la oferta de trabajo. Sus argumentos señalaron que, en la posibilidad diferencial de acceder a los distintos fragmentos del mercado laboral intervienen diversos factores, tales como la instrucción formal, el posicionamiento dentro de la estructura familiar, el género, etc.

De forma tal que, en el sector no estructurado del mercado laboral se ocupaban -en general- las personas con menores calificaciones, pertenecientes a los grupos económicamente menos favorecidos, los migrantes, las minorías étnicas y aquellos grupos que –en los años de post- guerra- formaban parte sólo ocasionalmente de la fuerza de trabajo (mujeres amas de casa y jóvenes). Mientras que, al sector estructurado se empleaban los hombres adultos, jefes de familia, del grupo étnico hegemónico, con una calificación educativa mayor a secundaria completa o con diplomas de la escolarización superior (Piore M. 1983).

Un punto de suma importancia dentro de este marco conceptual fue aquel referido a la calificación de la fuerza de trabajo. En esta dirección, la teoría señaló que las calificaciones que los trabajadores necesitaban para el desempeño en un puesto laboral no eran adquiridas en el sistema escolar, sino que eran aprehendidas en el proceso de trabajo. De forma tal que los conocimientos productivos no formaban parte de la oferta laboral, que eran

sino propiedad de las ocupaciones, incorporándose en función de las prácticas desarrolladas en los distintos mercados internos de trabajo.

El paso por la educación y, especialmente, la acreditación del sistema escolar era efectivo en tanto vehículo de acceso a distintos mercados internos. Con excepción de aquellas ocupaciones propias del sector superior del segmento estructurado en donde se podía comprobar una relación directa y positiva entre años de educación e ingresos.

De esta forma, la perspectiva de la segmentación cuestionó los supuestos que relacionan la productividad con el salario, señalando que los trabajadores no competían en forma directa por ingresos, sino por el acceso a distintos puestos de trabajo en función a sus características individuales de base, tales como el nivel educativo alcanzado, el grupo étnico, etc. (Thurow L. 1983).

El análisis de la teoría neoclásica sobre la distribución de los ingresos laborales puso su foco en el nivel educativo de la fuerza de trabajo, sosteniendo que las personas con mayores certificaciones educativas percibían mayores ingresos con relación a su mayor productividad (Becker G. 1975). Las investigaciones de los mercados segmentados, en cambio, sostuvieron que el nivel educativo alcanzado por los trabajadores representaba el principal antecedente de selección para el ingreso a los distintos segmentos del mercado laboral. Las características de los trabajadores tales como su educación, su edad, su condición étnica y de género no tenían relación directa con los ingresos, sino que estaban mediatizados por la estructura de la demanda laboral y sus requisitos de selección (Appelbaum H. 1983).

Los atributos personales de los trabajadores determinaban así sus posibilidades de acceso a distintos segmentos laborales. Según esta teoría, estos mecanismos de selección estaban vinculados a un cálculo de costos

que realizan los empleadores sobre la capacitación de los trabajadores en dirección a las competencias necesarias para el desempeño específico que exigen los distintos puestos de trabajo. Los costos de formación se constituían en los antecedentes básicos para la selección laboral, en un contexto de incertidumbre.

Así, en contextos de exceso de oferta laboral, la educación representaba la variable de corte en las oportunidades diferenciales de los trabajadores en dirección a sus posibilidades de acceder a los puestos de trabajo disponibles. El nivel educativo de los trabajadores posibilitaba una mejor ubicación en la fila de buscadores de empleo y determinaba un acceso diferencial a los segmentos de mayor estructuración del mercado laboral (Thurow L. 1983). Desde este marco conceptual, la velocidad con que los buscadores de empleo podían ser incorporados a un puesto de trabajo estaba asociada a las características o momentos del crecimiento económico. De forma tal que, en los ciclos económicos recesivos los buscadores de empleo, por ejemplo los jóvenes ingresantes recientes al mercado laboral, encontraban mayores obstáculos en el acceso a una ocupación, especialmente a los puntos de trabajo del sector estructurado (Appelbaum H. 1983).

Durante los últimos años, los cambios en la gestión del trabajo y la extensión de formas más flexibles de contratación implicaron una menor diferenciación entre las estrategia de demanda laboral del sector estructurado y no estructurado de la economía. En este contexto, la literatura de análisis del mercado laboral cuestionó los postulados de la teoría de la segmentación con relación a la sobre dimensión de la autonomía de los empleadores en el sector estructurado.

Las críticas señalaron que las políticas internas de las firmas son también influenciadas por las condiciones del mercado externo de trabajo. De forma tal que, las estrategias de la demanda laboral se encuentra relacionada con

el nivel de desocupación, la estructuración de la mano de obra suplente en grupos aventajados o desaventajados, y el nivel de expansión de instancias de formación proveedoras de trabajadores calificados (extensión del sistema educativo formal o no formal). Asimismo, la legislación y la regulación del