La gestión de la convivencia escolar constituye una parte imprescindible de la propia gestión escolar. En palabras de Fierro (2012) “hablar de convivencia escolar no es de ninguna manera un asunto que se agota en la relación interpersonal. Remite a la gestión escolar en todos sus ámbitos” (p.14).
De esta manera el conjunto de acciones propias de la gestión escolar encausadas hacia la construcción de marcos de convivencia escolar sanos y pacíficos dentro del centro educativo puede ser definido como la gestión de la convivencia escolar.
Se puede establecer que la gestión de la convivencia escolar adquiere relevancia a finales del siglo XX, donde el aprender a convivir emerge como uno de los pilares de la educación del futuro gracias a los estudios de Delors (1996). De esta manera, la convivencia escolar empieza a ser concebida como una responsabilidad imprescindible en la gestión del centro educativo. A partir de la gestión de la convivencia se establece el orden y las pautas administrativas bajo las cuales se asegura la permanencia de ambientes
escolares seguros y con calidad educativa. Según Mena, Becerra y Castro (2011):
La Convivencia Escolar es un ámbito que no puede ser dejado al azar, a las buenas intenciones y/o características y estilos personales de los actores educativos. Si así se hiciera solo tendería a reproducir la sociedad que la contextualiza. La Convivencia Escolar ha de ser atendida de manera intencional e incorporada en la gestión institucional del establecimiento. (p.110).
Es necesario establecer que la conjunción de acciones en pro de la convivencia escolar dentro de un centro educativo no es un hecho asequible en sí mismo. La permanencia de escenarios conflictivos y violentos hace de la convivencia escolar un reto. Por ello, de entre los diferentes miembros de la comunidad escolar resulta la figura del director y su equipo los responsables de conjugar los diferentes elementos propios de la administración educativa -organizar, dirigir, planear y controlar- en virtud de hacer de la convivencia un eje prioritario de gestión. Sobre esto Ortega (2014) menciona que:
La educación para la convivencia debe tener un lugar prioritario en la gestión del centro. Por eso la educación para la convivencia es materia y responsabilidad del equipo directivo del centro escolar. (p. 10).
A través de la gestión de la convivencia el director y su equipo de trabajo establecen las pautas necesarias para consolidar un marco de convivencia escolar atinente a las características endógenas y exógenas del centro educativo. Para esto Aird (2012, p.3) apunta que “el marco de la gestión de la convivencia debe estar fuertemente influenciado por la misión, visión e ideario, la forma de gestión del establecimiento educacional y el tipo de liderazgo que ejerza la dirección”.
Además, otro aspecto fundamental que debe de influenciar el marco de la gestión de la convivencia ejercido por el director y su equipo es la participación. Siendo que la convivencia es una construcción su gestión se ha de fomentar a través de la participación de los diferentes miembros de la comunidad escolar, esto con el fin de propiciar un marco de acciones bajo el cual estudiantes, profesores, padres de familia y personal administrativo actúen de manera conjunta.
Cuando el director y su equipo proyectan una convivencia sin considerar ni la realidad del centro educativo ni la participación se exponen a enormes fracasos que redundan en la permanencia de ambientes escolares nocivos y violentos.
La gestión de la convivencia no se logra operar adecuadamente sin la presencia de un coherente y comprometido actuar de estos funcionarios, el cual incida estratégicamente en el abordaje y prevención de todos aquellos factores que afectan la convivencia escolar, siendo la violencia el más significativo. Así, la atención prioritaria hacia los conflictos constituye el principal objetivo en la gestión de la convivencia.
Siendo el conflicto la contracara de la convivencia escolar es claro que ante la ausencia de una gestión escolar efectiva se propiciará la incidencia de situaciones violentas, por ello la presencia progresiva de una gestión receptiva a la prevención y abordaje de estas situaciones redundará en la presencia de ambientes escolares mucho más seguros.
Figura 22. Presencia y ausencia de la gestión de la convivencia.
Fuente: Elaboración Propia
La presencia de la gestión de la convivencia repercute en el desarrollo de un marco positivo de relaciones en el centro educativo. Por esta razón, la violencia escolar no es sino el resultado ante una poca o nula presencia de una gestión administrativa efectiva en materia de convivencia escolar, la cual encabece y lidere las acciones y estrategias necesarias para el abordaje de los conflictos escolares. Sobre esto Chacón (2012) ha expuesto importantes palabras mencionadas a continuación:
En lo que respecta a los conflictos estudiantiles, el papel del director y la directora en las organizaciones educativas es fundamental, por ser ellos la máxima autoridad de la institución, tienen el compromiso de construir espacios de reflexión para la disminución paulatina de este tipo de fenómenos, y la prevención de los mismos. (p.3).
Ahora bien, la construcción de estos espacios de prevención se genera mediante una gestión de la convivencia sustentada en principios, contenidos en su propia normativa, y que brinden contenido y coherencia a todas las acciones promovidas por el centro educativo en torno al abordaje, tratamiento y prevención de los conflictos escolares y la violencia escolar.
En general, gestionar adecuadamente la convivencia implica para el director y su equipo la atención hacia la normativa, programas y proyectos que regulan y brindan su contenido formal. De esta forma lo apuntado por Garreton (2013) es acertado al afirmar que, “la convivencia no sólo se refiere a vivir en común, sino que, además, supone el compartir una serie de códigos que norman el estar juntos”. (p.26).
Asegurar el respeto y obediencia de todas aquellas normas que cobijan la convivencia escolar resulta un requisito fundamental para su adecuada gestión.
En el caso de Costa Rica, el respeto hacia las normas que regulan la convivencia constituye un aspecto fundamental en el ejercicio directivo, siendo que desde sus diversas funciones administrativas se promueva una gestión con la capacidad de conocer, respetar, adaptar e integrar todas aquellas políticas, programas y proyectos en pro de la sana convivencia de su escuela o colegio.
Así, además de la organización de los marcos de relaciones interpersonales positivas dentro del centro educativo, la gestión de la convivencia implica, en palabras de Ochoa y Diez (2013), “el respeto de normas que regulen las múltiples acciones y deseos humanos, es decir el cumplimiento de los derechos y de las obligaciones que conlleva”. (p. 66).
De hecho, como se ha venido mencionando los factores endógenos y exógenos que propician la aparición de los conflictos y la violencia se manifiestan de manera única en cada centro educativo, por ello resulta indispensable que la operacionalización de los diferentes programas o proyectos en pro de la convivencia se realice desde una gestión que responda a ciertas premisas de intervención positiva ante todas las acciones necesarias para el abordaje y solución de este tipo de sucesos.
De esta forma, la gestión de la convivencia debe operar a través de un conjunto de premisas que permitan reproducir y adaptar todas aquellas políticas en materia de convivencia escolar a su centro educativo. Estas premisas constituyen ejes organizacionales que sustenta y contextualiza la gestión de la convivencia ejercida por el director y han sido propuestas por Santos (2014) a continuación:
1. Coherencia.- Este principio trata de resaltar la necesidad de dotarse de un modelo determinado de convivencia que pueda convertirse en una seña de identidad del centro y orientar el desarrollo de las acciones en esta materia, seleccionando aquellas que resulten más acordes con nuestros objetivos o necesidades y evitando la implantación mecánica de acciones inconexas, accidentales y poco pertinentes.
2. Participación.- Este principio parte del convencimiento de que la implicación de los componentes de una comunidad en una determinada acción o medida es tanto más comprometida cuanto mayor sea su grado de participación en la elaboración y gestión de la misma.
3. Flexibilidad.- Trata de garantizar la actualización y mejora de las medidas y acciones en curso en materia de convivencia, evitando así su anquilosamiento y pérdida de eficacia, al tiempo que facilita su adaptación armónica a nuevas circunstancias y necesidades.
4. Prevención.- Se trata de implementar toda una serie de medidas destinadas a crear un entorno favorable a las relaciones armónicas de convivencia. Parte de la convicción de que la forma es también una invitación al contenido y de que la construcción de un entorno agradable es un primer paso ineludible hacia la práctica civilizada de las relaciones interpersonales.
5.- Organización.- Este principio trata de poner en valor la necesidad de colocar todos los recursos del centro también al servicio de la convivencia. Se pretende así garantizar la existencia de espacios, tiempos y recursos
personales específicamente predeterminados para el desarrollo adecuado de todos los proyectos y acciones en este ámbito.
6. Restauración.- Este principio trata de destacar la manifiesta insuficiencia de las medidas punitivas en el tratamiento de los problemas de convivencia. Pone la atención en las causas que provocan los comportamientos inadecuados a las normas, en la intención de identificarlas, analizarlas y elaborar estrategias de intervención sobre las mismas. Se pretende con ello fortalecer aquellas competencias socio- emocionales del alumnado cuya carencia resulta potencialmente generadora de conflictos, en un intento no tanto de castigar el pasado como de arreglar el futuro.
7. Colaboración.- Con este principio se pretenden superar las limitaciones que condicionan la eficacia de las acciones de un centro en materia de convivencia. Se reafirma la necesidad de contar con otros componentes de la comunidad educativa (como las familias) y diferentes agentes del entorno a la hora de planificar acciones y proyectos eficaces. Se basa en la constatación de que la educación desborda los límites de un centro educativo y debe ser abordada integralmente, mediante la creación de sinergias que hagan de la acción educativa un proceso diacrónico (a lo largo del tiempo) y utópico (no limitado a un espacio).
8. Curricularidad.- Este principio trata de establecer de manera definitiva la integración de la convivencia como un componente natural e ineludible del currículo. Solo desde esta perspectiva será posible arbitrar procesos que valoren las competencias del alumnado en este ámbito y permitan su consideración objetiva y ponderada en los procesos de evaluación.
9. Didáctica.- Se trata de establecer mecanismos para facilitar la formación del profesorado en la gestión eficaz de las aulas y de los grupos. Se pretende con ello promover procesos de reflexión sobre la propia práctica docente, capaces de diagnosticar las causas de una mala dinámica educativa y de generar opciones pedagógicas versátiles favorecedoras de la convivencia.
10. Reconocimiento.- Este principio trata de poner en valor la importancia de la presencia de actividades en las que el alumnado tenga posibilidades de éxito. Se pretende con ello crear las condiciones para que las diversas aptitudes y capacidades del alumnado alcancen un reconocimiento institucionalizado, evitando con ello la búsqueda de protagonismo fuera de las normas. (p. 38-39).
Para la gestión de la convivencia estas premisas funcionan como puntos cardinales que permiten estructurar sus diversos procesos de forma simultánea, además determinan el tipo de convivencia deseada, la realidad del propio centro educativo, los problemas que afectan su propia convivencia y el abordaje necesario para su prevención y resolución.
Figura 23. Procesos en la Gestión de la Convivencia
Fuente: Elaboración Propia.
Siendo que los conflictos escolares constituyen el principal factor que aqueja la convivencia escolar, resulta evidente que su principal exigencia, en palabras Aird (2012), “consiste en aproximarse a los conflictos considerando el tipo de paz que se desea que impere en la cultura del centro” (p.4). La valoración de la paz deseada dentro de la escuela o colegio es un aspecto fundamental en la gestión de la convivencia, consiguiéndose a través de cada uno de los procesos mencionados anteriormente e implementando, a
• Punitiva • Relacional • Integral Tipo de convivencia deseada • Factores Endogeno • Factores Exogenos
Realidad del propio centro educativo
• Conflictos y violencia escolar
problemas que afectan su propia convivencia
• Normativa • Protocolos de
actuación • Plan de Convivencia
abordaje necesario para su prevención y
resolución
su vez, una serie de instrumentos que le permitan una incidencia efectiva en la sana convivencia del centro educativo.