3.4 Optimal Synthesis Plan Generation (OSPG)
3.4.1 The Planning Environment Design
"Fuimos colonos, somos esclavos, debemos ser libres: Fuimos colonos i esto basta: porque todos saben cuanto sufrió Chile en esa cruel dominacion: ser chileno i artesano era lo suficiente para que nuestros amos nos tratasen como a seres que no perteneciamos a la especie humana: pero lo mas cruel e insoportable es que nuestros paisanos nos den hasta ahora el mismo trato que los conquistadores" (La Barra, Santiago, 15 de julio de 1850).
Como ya se indicó la legitimidad de la independencia de Chile se fundó -entre otros argumentos- en el rechazo al despotismo del rey y la opresión del “Imperio” -“las metrópolis son siempre opresoras de sus posesiones distantes; aspiran al imperio, y el vasallaje jamás se unió con la libertad” (Camilo Henríquez, Citado en: Stuven & Cid, 2012:54)-; en la desigualdad de las provincias americanas con las del Reino Español y, finalmente, en los límites que esto suponía para la autodeterminación y relación libre con otras naciones y para el uso autónomo de las riquezas que el territorio generaba.
No obstante, la soberanía nacional emergerá también en rechazo de las distinciones y privilegios prevalentes para españoles en suelo americano, donde los criollos chilenos, con el fin de auto-reconocerse y generar una identidad propia, buscarán establecer una historia y una relación directa con el territorio chileno, invocando para esto un vínculo “ancestral” con el legado guerrero “araucano” (Pinto & Valdivia, 2009:59)47.
Sin embargo, esta búsqueda de reconocimiento e identidad, y de proyecto común con el bajo pueblo, se hará bajo una noción verticalmente elaborada y desigualmente conformada.
46 La guerra se inicia como consecuencia de un gravamen impuesto por Perú (como respuesta a un impuesto aplicado por
Chile al azúcar peruana) a todos los productos que llegaran a este país, recalando primero en el puerto de Valparaíso (Pinto & Valdivia, 2009:316).
47 Sin embargo, coincidentemente con esta visión vertical y contradictoria, la inclusión del pueblo Mapuche al imaginario
de nación se realizará también de manera ambigua, a través de una noción de igualdad que disolvería al Mapuche como pueblo y lo incorporara como un habitante más del patria. Esta noción de igualdad implicaba así transformar las prácticas tradicionales de este pueblo y de otros “Pueblos de Indios” (Illanes, 2003a:79), modificando con ello la propiedad colectiva en individual y llevando al mapuche a vivir en villas con españoles “y cualquiera otra clase de estado” (Pinto & Valdivia, 2009:61) destruyendo así “sus lazos de ‘diferenciación’ americana” (Illanes, 2003a:79) (Illanes, 2003a:79).
Por este motivo, a este llamado no acudirán, para sorpresa y enojo de los criollos-patriotas (Pinto & Valdivia, 2009:79), ni el bajo pueblo, ni el pueblo mapuche (denominado araucano por los españoles), los que se inclinarán por el rechazo, la huida o el apoyo al bando realista (Pinto & Valdivia, 2009:84)48.
Más tarde, sin embargo, las importantes restricciones impuestas durante el período de reconquista española (1814-1818), transformarán en alguna medida la voluntad del bajo pueblo hacia el apoyo patriota, aún más cuando éste último excitaba y aprovechaba la cultura de “el desorden”, el nomadismo y la rebelión de parte del bajo pueblo a través de guerrillas y montoneras, para atacar y debilitar el orden realista repuesto (Pinto & Valdivia, 2009:101)49. Este será así el momento en que “los grupos que encabeza[n] el proceso
[independentista] convoca[rán] a sus compatriotas de clase inferior a la constitución de un nuevo pacto social, refrendado ya no por la figura paterna del monarca español, sino por los principios a lo menos potencialmente “horizontales” de la soberanía popular y nacional.” (Pinto, 2010, negritas propias).
De este modo, el contexto político de la época removerá el sentir del bajo pueblo50,
iniciándose una práctica pre-política51 (en tanto es “dispersa, limitada, controlada” (Grez,
1997:197) de parte de los sectores populares, los que a la larga se autonomizarán y generarán un discurso propio (Grez, 1997:189). Para Julio Pinto, por su parte, la independencia iniciará la “disolución de los controles políticos” (Pinto, 2011:407) y “un relajamiento de los controles jerárquicos, lo que desde una perspectiva plebeya implicó una mayor libertad para exteriorizar las propias preferencias y regir sus vidas” (Pinto, 2011:413). En este sentido, ya iniciado el período de independencia, tendrá lugar una práctica política ligada al bajo pueblo (Pinto & Valdivia, 2009:178) y especialmente al “artesanado”, denominada por Sergio Grez como “liberalismo popular” (Grez, 1997). El “liberalismo popular” (término que nos parece incorrecto, según discutiremos más adelante), aparecerá en el período anterior a la instauración de la “República autoritaria”. Mientras tanto, otro sector del bajo pueblo mostrará una expresión política más propia, la que se habría presentado en sucesivas turbas populares, siendo la de 1827 (Grez, 1997:189) la que habría demostrado especialmente una asociación de intereses del bajo pueblo con los del bando
48 Así es como el pueblo mapuche rechazará la lucha independentista, pues acertadamente sospechará que ésta cambiaría
los pactos ya establecidos con el Reino de España, y como ciertos sectores del bajo pueblo también se inclinarían en favor de sus propios intereses (Grez, 1997:192) más que hacia la incorporación a una “comunidad política mayor”. Si por un lado, el pueblo mapuche temía, bajo el nuevo mando político chileno, perder los acuerdos ya establecidos en el límite del Río Bío-Bío con el Rey de España, por el otro, el bajo pueblo rechazaba el disciplinamiento y peligros que traía consigo la incorporación al ejército, en el cual no se adquiría ningún derecho sino más bien el deber de defender una patria construida para dar soberanía y beneficio a la aristocracia criolla. Debido a este hecho, la recluta de la tropa empieza a ser forzosa (Pinto & Valdivia, 2009:45).
49 La desafección del bajo pueblo a la causa independentista se reflejará en eventos como el saqueo al grito de “viva la
patria” realizado por “la plebe” después de la victoria patriota en Chacabuco en 1817 (Grez, 1997:187)después del cabildo Pipiolo realizado en Valparaíso en 1828 en el cual la entrega de armas al bajo pueblo terminará en un saqueo de la ciudad (Fernández, 2004:324) y también en el surgimiento de la banda de Los Pincheira, la que apoyó, como gran parte del bajo pueblo campesino (Grez, 1997:180) al bando Realista durante la independencia y seguirá con prácticas de bandidaje durante un largo período.
50 Un primer ejemplo de este hecho se sitúa, según Sergio Grez, en la promulgación de la Ley de Libertad del Vientre en
1811, lo que da paso a una rebelión de esclavos que ven en ello la posibilidad de comprar su libertad. Los cabecillas de la rebelión, sin embargo, son encarcelados (Grez, 1997:182).
51 Cabe destacar la noción que, a diferencia de Grez, tiene para María Angélica Illanes la noción de “pre-político”,
asociada no necesariamente a una carencia de objetivo propio de las clases bajas, sino la utilización de prácticas propias para hacer valer los propios intereses específicos. Lo político, en este sentido, puede no estar dirigido a un conflicto evidente y estructural, aunque sí por un objetivo situado, compartido e incluso (tal vez) discutido por algunos grupos, como era por ejemplo la práctica de ralentizar el trabajo (Illanes, 2003b:59), aprovechando las instancias de conflicto.
liberal52. Finalmente, se presentarán también manifestaciones conservadoras, en rechazo
por ejemplo, a la tolerancia religiosa y en contra del gobierno pipiolo, a quien le parecerán absurdas las tradiciones populares asociadas a la religión (Pinto & Valdivia, 2009:194). De este modo, estos sectores se irán incorporando poco a poco en un proceso de lucha por el reconocimiento, identificación de intereses propios o “sentido de pertenencia” (Illanes, 2003b:42), mientras al mismo tiempo organizaban una práctica y un discurso que legitimaba su acción. No obstante, para la óptica dominante, especialmente la conservadora, el desorden del bajo pueblo solo exacerbará "la ancestral tendencia popular a la violencia, a la ociosidad y al vicio” (Pinto, 2011:416). Esta visión terminará por imponer una limitación “desde arriba” a la apertura política iniciada durante la independencia, la que se fundará en el temor y la consiguiente apelación al control por parte de las élites conservadoras (Grez, 1997:84). No obstante, la década del ’40 presenciará una movilización en contra de la política de Gobierno. De aquí en adelante en el presente texto, este ciclo político se revisará incorporando el análisis de las fuentes primarias que dan cuenta de este proceso.