A la hora de evaluar determinados comportamientos empresariales, en primer lugar debemos de considerar que las organizaciones forman parte de la sociedad y que pertenecen a una serie de grupos que promueven normas y valores sobre lo que está bien y lo que está mal. Dentro de este contexto, las conductas acordes con las normas dominantes refuerzan la integración en el grupo con el que la entidad en cuestión se identifica, por lo que la presión social llega a determinar la conducta sin que medien premios o castigos monetarios al respecto (Salas, 2006).
En una economía globalizada como la actual, es cada vez más habitual encontrarnos con recomendaciones o dictámenes emitidos por organizaciones como el Global Reporting Initiative (GRI), ONU, OCDE o UE en los que se hace referencia a la sostenibilidad organizacional dentro de la actividad empresarial. Es decir, se propone un nuevo modelo de negocio en el que se busca fomentar estructuras de gobierno caracterizadas por plantear una gestión socialmente responsable de todos aquellos factores productivos que pueden afectar a la cadena de valor.
En nuestro país, la creación del CERSE en 2009, la Ley de Economía Sostenible de marzo de 2011 y la Estrategia Española de RSE para el periodo 2014-2020 ponen de manifiesto el creciente interés del Gobierno por introducir una serie de reformas estructurales que sean capaces de conciliar el desarrollo económico, social y medioambiental de una economía productiva y competitiva en la que se pueda satisfacer las necesidades de generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de crecimiento de las futuras.
Todos estos valores culturales y normativos introducen importantes cambios en las forma de operar de las organizaciones, especialmente en todo lo relacionado con la gestión interna, encontrándonos ante un nuevo escenario en el que se hace necesario adoptar nuevos patrones de comportamiento no ya sólo para cumplir con la legislación vigente, sino también para garantizar la supervivencia empresarial en entornos cada vez más competitivos. Tales circunstancias afectan directamente a la gestión social que se venía realizando hasta ahora. En el caso de las CA, la aplicación de la OS por sí sola no legitima el comportamiento de éstas ante su entorno de actividad, siendo recomendable introducir nuevas líneas de responsabilidad que dinamicen el carácter social de este tipo de intermediarios financieros.
Ante un entorno dinámico e incierto, Greenwood y Hinings (1996) sostienen que la perdida de legitimidad de una estructura dada puede derivarse de la incapacidad de la práctica vigente en ese momento para adaptarse a los nuevos desafíos que se presentan tanto en el entorno interno como externo de la organización y que vienen determinados por presiones sociales, políticas o funcionales. Actualmente, las nuevas demandas sociales exigen un cambio en la forma de operar de las organizaciones, cambios que no se limitan al cumplimiento de le Ley ni a la acción social o filantrópica.
Como señalan DiMaggio y Powell (1991), el cambio institucional puede venir condicionado por factores internos o bien por variables externas procedentes del entorno, cambios de comportamiento que pueden responder a valores culturales (North, 1990). En la gestión socialmente responsable de las entidades financieras, el proceso de cambio parece iniciarse con las prácticas de transparencia empresarial donde se informa a las partes interesadas sobre los principales avances en materia de sostenibilidad. En estos casos, los Informes Anuales dejan paso a memorias integradas o memorias de RSE en las que se informa no sólo de los resultados económicos, sino también de los sociales y medioambientales derivados de su actividad.
En concreto, la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA) como organismo confederado de las CA empieza a asumir dicha práctica de responsabilidad a partir del ejercicio 2004, siendo el año 2002 el punto de partida para las entidades de la banca privada estudiadas. Dentro de un proceso de cambio organizacional como el actual, la conformidad de la organización con los mitos institucionalizados que se establecen en el entorno puede ser una variable que garantice la estabilidad y supervivencia empresarial (Meyer y Rowan, 1991), debiendo ser éstos asumidos como legítimos (Carruthers, 1995).
En el sistema financiero español, es necesario considerar que tanto Bancos como CA desarrollan su actividad dentro de un mismo campo organizativo, definido por Dimaggio y Powell (1983) como el conjunto de organizaciones que comparten un área reconocida de vida institucional y en el que se establecen una serie de elementos técnicos e institucionales que lo hacen diferente respecto a cualquier otro sector de actividad (Scott, 1992).
En la presente investigación, se seleccionaron dos tipos de instituciones financieras que desarrollan su actividad mercantil dentro del sector del ahorro e inversión y que comparten una serie de normas y reglas que afectan a los dos tipos de organizaciones por igual. Por tanto, queda por determinar en qué medida las presiones del entorno pueden haber influido en la adopción de nuevas pautas de comportamiento, ya que como señalan Scott y Christensen (1995) todas las organizaciones atraviesan un proceso de institucionalización a lo largo de su vida.
Por otro lado, en la planificación y diseño de una estrategia de gestión empresarial si todas las organizaciones de un mismo campo organizativo deciden adoptar las mismas normas y valores que se establecen en el entorno podríamos encontrarnos con estructuras organizativas homogéneas que guardan una elevada similitud unas con otras (Dacin, 1997), dando lugar al isomorfismo. Es decir, a la aparición de líneas de actividad que tienden a parecerse unas a otras como consecuencia de imitar prácticas que ya han sido aceptadas en respuesta a las presiones recibidas (DiMaggio y Powell, 1983).
Para Meyer y Rowan (1977), las organizaciones que actúan de acuerdo a los planes estratégicos desarrollados por otras son percibidas como legítimas por parte de la sociedad, siendo el isomorfismo una variable que puede influir positivamente tanto en el incremento de la legitimidad (Suchman, 1995;
Deephouse 1996) como en el grado de institucionalización que adquiere una determinada práctica (Llamas et al. 2005).
Dentro de este proceso de convergencia estructural, Dimaggio y Powell (1983) identifican la existencia de dos tipos de isomorfismo que afectan al desempeño empresarial: el competitivo y el institucional. Así, el primero de ellos se asocia a la adopción de prácticas similares a las desarrolladas por los competidores como consecuencia de la competencia del mercado. En cambio, el institucional analiza aquellos procesos por los que las organizaciones adoptan los mismos patrones de comportamiento ante las mismas presiones del entorno en el que desarrollan su actividad.
Dado los objetivos planteados al inicio de esta investigación, en nuestro caso el análisis se centró básicamente en el isomorfismo institucional, identificándose diferentes tipos en función de los mecanismos externos de presión que pueden afectar a las organizaciones. En concreto, Dimaggio y Powell (1991) identifican la existencia de tres tipos de isomorfismos como consecuencia de las presiones externas:
Coercitivo: pautas de comportamiento derivadas de las presiones reguladoras establecidas en el entorno y que pueden ser tanto formales como informales.
Normativo: prácticas organizativas que responden a la aplicación de una serie de normas y valores que son compartidos entre diferentes organizaciones, generalmente se asocia a la profesionalización.
Mimético: estrategias empresariales derivadas de imitar a organizaciones que interactúan en entornos de gran incertidumbre y que son percibidas como exitosas dentro de un mismo campo organizativo.
Dentro de la literatura económica al relacionar las estructuras reguladoras, normativas y cognitivas que dotan de estabilidad y significado a un determinado comportamiento, con los mecanismos externos de presión capaces de incidir en los procesos de toma de decisiones se obtiene la base de todas aquellas variables institucionales que pueden influir en la adopción de cambios que afectan a la actividad empresarial:
Tabla 9: Variables institucionales con capacidad para influir en el comportamiento de las organizaciones.
Variables Institucionales
Regulador Normativo Cognitivo
Mecanismos de presión Coercitivo Normativo Mimético
Base de aceptación Normas y reglas bajo la supervisión y control de un poder sancionador.
Reglas de carácter prescriptivo que definen
la forma más apropiada de actuar.
Modelos de comportamiento basados en reglas cognitivas que dotan de
significado a una determinada práctica. Indicadores Leyes, reglas, sanciones Acreditación,
certificación Isomorfismo Legitimidad Cumplimiento de los
requisitos legales. dentro de un contexto Obligación moral social. Aceptaciones socialmente institucionalizadas. Ejemplos Cumplimiento de la Ley 3/2007 para garantizar la igualdad efectiva entre hombres
y mujeres.
Adopción del estándar GRI en la elaboración
de memorias, utilización de sistemas de gestión certificados (SGE21, EMAS, etc.).
Adhesión a iniciativas que promuevan la RSE
(Pacto Mundial, Directrices de la OCDE, Principios de
Ecuador, etc.)
6.4. El Estado como actor clave en la aplicación de mecanismos de presión de