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RESEARCH METHODS

4.7 Population and Sampling

Así como en la mayoría de los historiadores del siglo XIX aparece la pregunta sobre si eran católicos los habitantes de América Latina136, también podemos preguntar qué fuerza tenía el catolicismo en Colombia y si la sociedad colombiana en la segunda mitad del siglo XIX era católica, y, además, qué hechos muestran la autenticidad de un catolicismo en Colombia y quiénes lo representan. Aunque no sea posible conocer estos datos en forma precisa, ya que cualquier intento de cuantificación en este sentido resulta imposible, sin

136 En algunas ocasiones se ha intentado calcular la posible población católica de América Latina en el

siglo pasado. Tal vez uno de estos datos puede ser ilustrativo: para una extensión tan vasta de más de 10 millones de kilómetros cuadrados se pueden calcular cerca de 50 millones de habitantes presumiblemente católicos. Se trata de una gran extensión desigualmente poblada. En todo este extenso territorio se podrían calcular unas 5.800 parroquias, con un número probable de 8.000 feligreses cada una. Resultando no sólo reducido el número de diócesis existentes y de parroquias sino también repartidas en forma desigual. Su crecimiento a lo largo del siglo XIX, resulta, en general, también desproporcionado aún en relación con el todavía lento incremento de la población. Tal situación responde a diversos factores. Cfr.: CARDENAS, E.:

embargo sí podemos intentar conocer los rasgos y manifestaciones religiosas del momento, juzgando su observancia externa.137.

El ambiente de religiosidad se muestra en Colombia a través de las devociones y fiestas que marcan un ritmo en la vida del creyente, rompiendo con lo cotidiano y haciendo que lo religioso forme parte fundamental de la época. También la asistencia y el cumplimiento del precepto dominical138 como la recepción de los sacramentos y la atención a las obligaciones pascuales, son factores que pueden medirse, como se ha hecho en algunas partes de Europa, pero que en el caso de América Latina resulta muy difícil. En esta época se entiende que la Iglesia pueda reglamentar sobre la distribución del tiempo, decidir sobre la forma como se debe actuar, lo que puede o no hacerse y cuando es debido, tratándose de una cultura y un ambiente en el que lo religioso prima, pues, organiza la vida del pueblo, distribuye y define el tiempo y lo religioso se asume en el diario vivir. En este ambiente religioso la Iglesia siempre está presente en toda la actividad y organización del pueblo y la ciudad, y aún destaca en el espacio físico porque el templo es la construcción más alta, sólida y que más sobresale en la sencilla distribución urbanística que se tiene. Razón suficiente para que los pensadores católicos no sólo quieran destacar este ambiente de religiosidad, sino que también constituye un punto de partida y de consideración fundamental al tratar el pensamiento político o social. Para los pensadores católicos la sociedad colombiana de la segunda mitad del siglo XIX es una sociedad católica.

En general, referirnos al ambiente espiritual y religioso de América Latina es bastante complejo139, ya que existen marcadas diferencias no sólo a este nivel del continente sino también incluso al interior de cada uno de los países y también de las regiones140. Así como a la región antioqueña siempre se le ha caracterizado por tener una religión del pueblo marcadamente católica, esto puede cambiar si la comparamos con otras regiones del país que sin dejar de ser católicas, sin embargo, pueden tener un ambiente religioso y espiritual menos fuerte, con una práctica religiosa menos intensa.

137 Falta también una metodología apropiada que sirva para ver algunos datos necesarios sobre

frecuencia y prácticas religiosas y describa bien el ambiente religioso y espiritual. Como un ejemplo puede verse el reciente estudio de ARANGO, G.M.: La mentalidad religiosa en Antioquia. Prácticas y discursos.

1828-1885, Multigráficas, Medellín 1993.

138 En relación con la Misa cuenta mucho el cumplimiento del precepto dominical y la asistencia en

los días festivos, por lo que el Concilio Primero Provincial Neogranadino (1868) estableció en forma detallada lo que debe observarse y cumplirse en relación con este precepto y los días festivos. Este cumplimiento ha sido fundamental, y por esta razón se llegó a plantear una gran polémica en relación con los mercados en los días festivos. A raíz de esta polémica se dio lugar a bastantes cartas circulares de los obispos, cartas de consulta y peticiones de consentimiento al Papa, sanciones y entredichos, que ofrecen una interesante información sobre muchos aspectos de las diócesis y las regiones del país.

139 Puede ser útil la síntesis que trae Lynch al describir la religión del pueblo en el cambio de siglo.

Puede leerse en este autor el capítulo "La Religión del Pueblo", cfr.: LYNCH, J.: La Iglesia católica en

América Latina. 1830-1930, en Historia de América Latina, vol. 8. América Latina: Cultura y Sociedad.

1830-1930, Crítica, Barcelona 1991, pp. 83-90.

140"En América -dice Pazos- las divisiones espaciales han de combinarse con las estamentales -que

siguen siendo muy marcadas-, las puramente geográficas -selva, costa, sierra, dentro del mismo país- y, sobre todo, étnicas". Cfr.: PAZOS, A.: La Iglesia en la América del IV Centenario, Mapfre, Madrid 1992, p. 220.

Si bien es cierto, como afirma Pazos, que podemos referirnos a una "gradación social de la vivencia católica", sólo en parte y en algunos casos es verdad el hecho de que "en América, cuanto más popular, más católica"141, ya que hubo importantes élites políticas e intelectuales en Colombia, que hicieron profesión y defensa del catolicismo, y se preocuparon por crear un ambiente de religiosidad. Sólo en algunos casos estas élites políticas e intelectuales abandonaron el catolicismo en el siglo XIX para hacerse librepensadores, liberales radicales, protestantes, masones e incluso indiferentes y hasta agnósticos.

Pero además de esta "gradación social", en el caso de Pazos, o de las "diversas variaciones significativas", en el caso de Lynch, en relación con la vivencia católica o una sociología religiosa, también puede incluirse en este punto la dualidad de Iglesia débil- Iglesia fuerte que aparece siendo también importante en el caso colombiano, al momento de relacionar una significativa vivencia católica y prácticas religiosas con la fuerza e implantación que tuvo la Iglesia y el catolicismo en el país en el siglo XIX y que manifiesta el ambiente católico que se vivía en cada una de las regiones de Colombia.

Supuesta esta situación de religiosidad y vivencia católica en el ámbito colombiano, atendiendo a un más o menos dependiendo de la región, sin embargo, surge la preocupación por la moralidad del pueblo, y en algunos casos especialmente preocupa la moralidad de las élites políticas e intelectuales y del mismo clero, no estando muy claro el sentido y las implicaciones de la moral en la vida del cristiano, pues en muchos casos el clero distinguía entre piedad y moral, pudiéndose ser piadoso aunque inmoral, y distinguiendo entre la fe y la moral.

Este hecho se comprueba con facilidad al revisar aquella documentación eclesiástica de la época, principalmente los informes de las visitas Ad Limina, del Nuncio Apostólico en Colombia, y de otros que por razón de su oficio o cargo escriben al Papa o a la Santa Sede para informar sobre la vida religiosa y el estado de la Iglesia en Colombia, particularmente en relación con la moralidad del pueblo. Es necesario conocer toda esta documentación para darse cuenta del salto o distinción que se da entre la piedad y la moral, por una parte, y lo extendido de los vicios del concubinato, el adulterio y la embriaguez, con pocas excepciones, en la población colombiana que practica un buen número de devociones y expresa su fe de muchos modos.142

141 Ibid., p. 221.

142 El arzobispo de Bogotá, el Sr. Herrera Restrepo informaba en su relación de la visita Ad Limina,

el 10 de abril de 1896, que “el pueblo de toda la Arquidiócesis se distingue por su fe y obediencia con la Iglesia católica. En todos resplandece una admirable devoción principalmente para con el Sacramento de la Sagrada Eucaristía, la Santísima Virgen y San José. De ahí el progreso admirable en la piedad: 1º en los ejercicios espirituales según el método de San Ignacio de Loyola, que con gran frecuencia se tienen en el lugar. 2º en las Santas misiones que frecuentemente están establecidas en las parroquias rurales tanto por los sacerdotes seculares como regulares”. E inmediatamente continúa diciendo el Sr. Herrera Restrepo, “hay que lamentar sin embargo que no obstante los trabajos de los párrocos muchos fieles viven en público concubinato no sin gran detrimento de las costumbres. Muchos dejan este estado miserable en el tiempo de las Santas misiones. Que ciertamente este deterioro moral necesita consejo y ayuda de la Santa Sede Apostólica, para que sean celebrados matrimonios que requieren alguna dispensa bien por consanguinidad o afinidad: porque son extensos lugares, y como han sido fundados recientemente y las familias entre sí tienen estrechos lazos. Esto hace que si no se les concede esta dispensa a los concubinarios consanguíneos, a los que por afinidad en grados están más cercanos no dejan la vida

Quienes informan a la Santa Sede sobre los diferentes aspectos de la piedad o de la devoción y de la moralidad en cada una de las diócesis, a la vez que aseguran el fuerte sentido de fe en el pueblo advierten con un sin embargo sus vicios e inmoralidad, conservándose regularmente este mismo esquema en todos los informes.143

Las causas que esta misma documentación exponía como las responsables de que se den estos vicios e inmoralidad, siendo “las costumbres del pueblo generalmente buenas”, son varias, y casi siempre se resumen en la pobreza y la ignorancia de los fieles;144lo extenso de los territorios y las grandes distancias de las parroquias que dificultaba la administración de los sacramentos y la participación en la parroquia. Pero entre todas las causas hay quizá dos que son las que más destacaban: la escasez de sacerdotes,145que hace pecaminosa; y así es necesario que para fomentar las buenas costumbres se dispense de los impedimentos, y aún por causas leves”, ASV.: S. Congr. Concilii Relatione, Santafé de Bogotá, 333, ff. 11-12. En 1914 la situación parecía todavía persistir, pues decía el arzobispo: “en la mayoría del pueblo las costumbres son buenas: los vicios que se dan son la embriaguez y el concubinato”, ASV.: S.Cong. Concilii Relatione,

Bogotá, 125.

143 El obispo de la diócesis de Manizales, el Sr. Nacianceno Hoyos, informaba en su relación de visita

Ad Limina, el 1º de mayo de 1914, “las costumbres de los pueblos en general son buenas, pero son víctimas de la embriaguez que se ha propagado mucho, lo que hay que deplorar. La impudicia produce algunos daños”, además, participan frecuentemente de la confesión y la comunión, ASV.: S. Congr.

Concilii Relatione, Manizalen, 280, f. 21. El obispo de Ibagué, el Sr. Ismael Perdomo, en 1914, decía que

“en general las costumbres de la mayor parte de los fieles son buenas; algunos vicios se dan, como son la fornicación, concubinato, los adulterios y la embriaguez”, ASV.: S. Congr. Concilii Relatione, Ibaguen, 401, ff. 28-29. El obispo de Nueva Pamplona, el Sr. Evaristo Blanco, el 25 de mayo de 1914, decía que “las costumbres de los pueblos en general son buenas y muchas veces hasta encomiables, sin embargo en algunas regiones prevalecen los vicios de la bebida y de la incontinencia”. Y, además, agrega, “para nosotros está rechazado el matrimonio civil como maligno en todas sus formas; sin embargo es bastante frecuente la plaga del concubinato a pesar de la facilidad para celebrar el matrimonio eclesiástico”, ASV.:

S. Congr. Concilii Relatione, Neo-Pampilonen, 548, f. 18. El obispo de Tunja, el Sr. Eduardo Maldonado

Calvo, el 6 de enero de 1914, también informaba que además de no ser raro que ocurran homicidios por frecuentes luchas políticas y otras causas, “asimismo la fornicación y el concubinato y borracheras corrompen la integridad de las costumbres del pueblo, deseando la buena fe en los momentos difíciles”, ASV.: S. Congr. Concilii Relatione, Tunguen, 886. El obispo de Panamá el 12 de mayo de 1898, decía “el principal vicio de todos los ciudadanos es el concubinato”. Y, agregaba, “el gobierno establece leyes acerca de esto y las sanciona con penas [...], pero en esta Diócesis el Gobierno nacional pone al frente de las ciudades y de las aldeas a hombres que generalmente trabajan en el mismo vicio; busca pues más bien su propia utilidad que el bien común”, ASV.: S. Cong. Concilii Relatione, Panamen, 616, f. 112. El obispo de la diócesis de Medellín comentaba precisamente que “las costumbres del pueblo en general son buenas, sin embargo la embriaguez es muy frecuente en la Diócesis y la impudicia en la ciudad de Medellín”, si bien no hay muchos concubinatos y algunos especiales abusos contra el matrimonio, ASV.: S. Congr.

Concilii Relatione, Medellen, 496. f. 9. (sic)

144 El obispo de Tunja, el Sr. Eduardo Maldonado Calvo, el 6 de enero de 1914 decía, “el principal

abuso contra la santidad del matrimonio es, como ya se dijo, el concubinato, cuyas principales causas son la pobreza y la ignorancia en las regiones mencionadas, y también el adulterio; y raramente se da el onanismo, ASV.: S. Cong. Concilii Relatione, Tunguen , 886. El obispo de Panamá en 1888 decía que “generalmente el pueblo es dócil y humilde; son muy comunes en él los vicios del concubinato y de la borrachera por la total ignorancia de los misterios y de las verdades de la fe. Las tentaciones del hombre generalmente se dominan no solamente por aquellas cosas que han de ser buscadas, y que son necesarias para la salvación eterna, sino también en aquellas otras cosas que son necesarias para mantener la vida, la escasez de sacerdotes repercute en estos males, principalmente en aquellos hombres que tienen buenas costumbres”, ASV.: S. Cong. Concilii Relatione, Panamen, 616, f. 78.

145 El obispo de la diócesis de Pasto, el Sr. Ignacio Velasco, en junio de 1886, decía que “los abusos

respecto a las costumbres son muchos, la embriaguez es casi general, hay mucha lujuria, los adúlteros no son pocos, y son muchos los que viven en público concubinato [...]. Hay que advertir sin embargo que

difícil una atención buena y completa de toda la diócesis, pues puede suceder que en muchos casos haya parroquias sin la atención de sacerdotes, y, la segunda, en relación con la misma moralidad del clero, ya que en principio afectaría a toda la vida de la Iglesia en la diócesis y posiblemente también al ambiente vocacional.146

Es acentuada y extendida la inmoralidad en el clero, principalmente porque muchos de ellos vivían en concubinato públicamente y observaban una conducta moral escandalosa,147además de otros vicios como el de la bebida y la relajación general de la estos vicios no son peculiares de esta diócesis sino que son peculiares de otras regiones. También hay que decir sin embargo, que no son pocas las personas justas que viven en Cristo Jesús y progresan en la virtud en aquellos lugares donde no hay ausencia de sacerdotes y pueden fácilmente frecuentar los sacramentos”, ASV.: S. Congr. Concilii Relatione, Pastopolitana, 625.

146 En la relación del P. Juan Bautista Aragón, carmelitano, y Prefecto Apostólico de la diócesis de

Cartagena, informa al Papa sobre el estado del clero y del pueblo de esta ciudad y diócesis en el año de 1861, “el clero de la Diócesis de Cartagena es muy escaso de personal, y además ignorante, [...] y de corruptas costumbres. Es escaso porque los padres de familia y las personas decentes ven la relajación que generalmente reina”, y, afirmaba, además, que muchos eclesiásticos fueron ordenados debido a la escasez que había de clero porque “había muchas parroquias que no tenían pastor. Y de malas costumbres porque hechas cuatro o cinco excepciones han vivido en público concubinato, y todos están cargados de hijos que como tales son nacidos al público. Y también, es un hecho para todos notable que la mayor parte de estos sacerdotes son también hijos sacrílegos, y muchos también de procedencia mulata”.

“Para la Diócesis, que es muy extendida cada párroco está encargado de administrar dos, tres o más países distantes más o menos uno del otro, y esta administración se reduce a bautizar, a bendecir los matrimonios y hacer los funerales si les pagan porque de otra manera nada hacen los señores párrocos, y lo peor son las vidas escandalosas que tienen con la embriaguez, con el juego, con el baile, y más que todo de convivir frente a todo el pueblo con las concubinas y sus hijos. Por estos motivos son mal vistos por el pueblo que no los buscan para los sacramentos y menos los quieren escuchar. El motivo por el cual los pueblos viven en la mayor parte en el concubinato es, en primer lugar, debido al ejemplo de los sacerdotes, que también ellos viven en concubinato. En segundo lugar, el no querer bendecir los matrimonios si no les pagan el tanto que ellos piden como tasas, ya que no pueden o no quieren gastar, viven en el pecado y así nacen los hijos”.

“Desgraciadamente conozco párrocos de esta especie, que estando siempre en estado continuo de embriaguez administran el bautismo y celebran también la misa”. Cuenta además, el P. Aragón, que en alguna ocasión se encontró con una negra que tenía un niño y que le pidió que se lo bautizara porque el párroco no lo quería hacer debido a que no tenía dinero para pagarle. Se trata, pues, de una extensísima y detallada relación en la que el Prefecto Apostólico de esta diócesis expone con especial relieve la mala vida del clero, debido a su ignorancia, vicios, inmoralidad, preocupado por ganar sólo dinero, y así dan mal ejemplo, AES.: “Relación del P. Juan Bautista Aragón, carmelitano, y Prefecto Apostólico, sobre el

estado del clero y del pueblo en la ciudad y Diócesis de Cartagena” (carta), pos. 184-188, fas. 367, ff.

45-68.

147 El obispo de Panamá, el Sr. Ignacio Antonio Parra, informa al Papa sobre el lamentable estado de

la diócesis y le solicita su traslado a Pamplona, en carta enviada el 3 de junio de 1872. Se refiere primero el obispo “al estado de pobreza y notable escasez de clero en esta Diócesis”, y continúa diciendo que “por muchos años varias parroquias han carecido de sacerdote y lo que es [peor] Santísimo Padre, la mala conducta que he observado, casi la generalidad de todos los que hoy existen; quisiera no aumentar vuestra aflicción y sólo saborear en nuestro retiro la amargura que nos causa cuadro tan lamentable [...]. La conducta moral del clero de esta Diócesis en su mayor parte desde mucho tiempo atrás ha sido muy escandalosa, manteniendo relaciones ilícitas con el mayor descaro, vanagloriándose de las familias que han tenido, viviendo muchos en concubinato público y con tal escándalo de los fieles, que en años anteriores un cura pretendió casarse civilmente. Es muy raro el eclesiástico que no haya incurrido en tan horrible crimen, lo mismo que en el vicio de la bebida; y por cuyo motivo varios pueblos manifiestan que quisieran más bien permanecer sin sacerdote, que tener al frente tan grande motivo de escándalo [...]”, AES.: Informe al Papa y petición de traslado del obispo de Panamá, el Sr. Ignacio Antonio Parra ,