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Position 3: the grave with the acute for <e>

8.1 A History of the Accent in Scottish Gaelic Orthography

8.1.3 Position 3: the grave with the acute for &lt;e&gt;

Reconocemos que la educación moral del niño hay que iniciarla en fases posteriores a la que venimos considerando en este capítulo. Posiblemente la responsabi- lidad de la familia en este ámbito quede reducida a la crea- ción de modelos que por medio de la impregnación favo- rezcan la aparición de hábitos de conducta que con el tiempo llegarán a racionalizarse.

Recogemos, por su interés, los objetivos que propone el profesor Quintana (1986) en base a lo que acabamos de decir y dentro de un planteamiento metodo- lógico que tenga en cuenta la acción concreta del niño:

a) Establecer unos límites a las actividades del niño, de modo que éste comprenda que el deseo subjetivo no puede ser absoluto, dado que la adaptación a la realidad es una ley de vida.

b) Desarrollar la capacidad de autocontrol del niño. A medida que su maduración cerebral se vaya consoli- dando habrá que ir preparando acciones que con- duzcan hacia dicha capacitación.

c) Mostrar al niño la existencia de unas reglas ajenas a él que le obligan incluso a hacer cosas en contra de sus deseos.

d) Inicio de una formación del carácter, que se sobre- ponga a las manifestaciones e impulsos meramente temperamentales e instintivos.

Los padres han de saber que el mejor ins- trumento para el logro de hábitos que preparen la morali- dad del niño es el ejemplo y las acciones que se presentan en el desarrollo de la vida cotidiana.

En esta ocasión, las recomendaciones para la acción que proponemos a los padres nos vienen orienta- das por el mismo trabajo que nos ha servido de fuente (Quintana, 1986):

El egocentrismo infantil. La conducta egocéntrica en el

niño es normal hasta los cuatro años de edad más o menos. No obstante, dadas las consecuencias nega- tivas de este comportamiento para la socialización del niño, sería conveniente iniciar acciones que contrarrestaran esta conducta de manera progresi- va: compartir los objetos (chucherías, juguetes, cuentos, etc.), ejercicios de comprensión de las consecuencias de los actos del niño, tratar a los de- más como a él le gustaría que lo tratasen, etc.

Los fenómenos psicológicos negativos. Algunos compor-

tamientos de los niños pueden ser confundidos con manifestaciones amorales causando en los padres gran preocupación que obliga a los mismos a poner los medios que erradiquen este aparente «mal com- portamiento» de sus hijos. No se debe caer en ese error, ya que con esas manifestaciones el niño se es- tá ejercitando para la afirmación de su personalidad (cuando, por ejemplo, se opone terca y sistemática- mente a todo lo que proponen sus padres) y la apa- rición del autocontrol (en las típicas rabietas o ex- plosiones temperamentales que tienen los niños sin motivo aparente).

Atención a los actos agresivos. El comportamiento agre-

sivo es muy frecuente en los niños. Los padres han de prestar atención a estas manifestaciones tempera- mentales de los hijos que a veces descargan su vio- lencia contra otros niños más pequeños o más débi-

les. Las acciones educativas se orientarán al logro de conductas cada vez más controladas.

El fenómeno de los celos en los niños. No es extraña la

aparición de este tipo de actitud egocéntrica en los niños. El caso más típico es cuando nace otro her- manito que de repente pasa a ocupar el protagonis- mo en la escena afeciva. Este hecho hay que acep- tarlo como normal y corresponde a la familia establecer los medios para su solución. Concreta- mente, para el caso aludido, la solución podría en- contrarse en una justa distribución del afecto y aten- ción que cada hijo merece. Cuando no haya motivos aparentes que justifiquen la normal aparición de la celotipia, el caso ha de ponerse en manos del espe- cialista debido a que estos hechos suelen tener orí- genes más serios y profundos.

La actitud de dominio y timidez. Son éstas, dos mani-

festaciones de inadaptación social en los niños. Am- bas necesitan la ayuda de los adultos para su pro- gresiva erradicación. Respecto al caso de niños dominantes, se recomiendan acciones que orienten hacia el respeto de los demás. En cuanto al caso de los niños apocados y tímidos, habrá que incorporar en su vida los estímulos suficientes para el reforza- miento de su personalidad a fin de que sea acepta- do y respetado por los demás.

Iniciación a los hábitos de respeto a las normas. El niño

debe saber que es un ser libre, pero también que la libertad tiene unos límites que hay que respetar. Hay que iniciarlo en el progresivo respeto de las normas que se establecen para la mejor convivencia entre los hombres.

Pequeñas responsabilidades. Los padres de hoy tende-

mos a la sobreprotección de nuestros hijos, aun en las cosas en las que ya están capacitados para resol- ver por sí mismos. Sería adecuado para el futuro del niño introducir en la vida familiar cierto aire de aus- teridad con objeto de ir formándole la responsabili- dad mediante pequeñas tareas que tendrá que resol- ver autónomamente.

1.1. Enfoque evaluativo. 1.2. Enfoque dinámico. 1.3. Enfoque organizativo.

2. Origen y desarrollo del autoconcepto.

2.1. Explicaciones sobre el origen del autoconcepto. 2.2. El desarrollo de sí mismo.

3. Autoconcepto y actividad escolar.

4. El desarrollo del autoconcepto en la vida familiar. 4.1. Las necesidades personales.

4.2. Niveles de autoestima y vida familiar. 5. Vías de actuación en la vida familiar.

5.1. Aceptación del hijo.

5.2. Comprensión y comunicación en la vida familiar. Bibliografía.