Diversos estudios, en especial el de W.RYAN, Distress in the cities (Cleveland, 1969), confirmaron una idea intuida por la mayoría de las personas: los pastores, sacerdotes, religiosas, rabinos y otros asesores religiosos,231 juegan un papel importante en la resolución de las crisis de las personas a las que asisten o que están en su entorno. Slaikeu afirma que, desde el punto de vista de los teólogos, el papel del clero como asesor es tan antiguo como la misma tradición judeocristiana.232
La información de estudio indica que muchos seminarios de aquel país233 cuentan con cursos de formación en asesoría pastoral y que la mayoría del clero contempla la
231
La mayor parte de las veces Slaikeu se refiere a este tipo de asesor en crisis como “asesor pastoral” o “clero”. Por el contexto parece estar pensando en pastores y comunidades de denominación protestante.
232
Slaikeu cita diversos estudios hechos sobre el tema desde 1920, en particular el trabajo de Anton Boisen. Nacido en 1876, partió, como Freud, de la teoría conflictiva como génesis de la experiencia religiosa, arribando a conclusiones científicas completamente diferentes. Boisen padeció una enfermedad mental de la cual se recuperó. Fue precisamente en su experiencia como enfermo mental que descubrió su vocación como capellán de tiempo completo, en un hospital para enfermos mentales. Estaba interesado en el significado de las psicosis y dedicó mucho tiempo a la investigación de las implicaciones religiosas de las experiencias psicóticas. Partiendo de sus propias vivencias como enfermo mental que fue, y del estudio de otros casos arribó a la formulación de su hipótesis: existe una relación significativa entre la enfermedad mental aguda de tipo funcional y la conversión religiosa, como la de San Pablo. Descubre Boisen elementos comunes en la psicosis y en la conversión. Ambas surgen de conflictos interiores y desarmonías, acompañadas por una clara comprensión de las lealtades últimas y posibilidades inalcanzables. Para Boisen, la religión ofrece una posibilidad de curación del conflicto, trabajando mediante las crisis para conducir a la responsabilidad ética productora de mayores lealtades. El punto de vista de Boisen, se encuentra en su obra principal: The Exploration of the Inner World, New York, 1936. Se citan también publicaciones dedicadas a la psicología pastoral, aparecidas a partir de la década del ’40 en EE.UU. La influencia fundamental de nuestra época en el tema de asesoramiento pastoral, está dada por las obras de C. Rogers. La mayoría de los trabajos que se publican desde mediados de la década del ’60 aproximadamente, hacen referencia al “Pastoral Counseling” (consejería o acompañamiento pastoral), desarrollada según la técnica de Rogers.
asesoría no sólo como una función ministerial importante, sino como una tarea que consume gran cantidad de tiempo.
Por diversos motivos los ministros religiosos se sitúan en un lugar ideal para llevar adelante la asesoría en crisis. Son asesores naturales que presentan algunas ventajas respecto de otras personas porque:
- La mayoría de los “parroquianos” en crisis harán contacto con sus ministros antes de dirigirse a otros profesionales de salud mental.
- Se espera que los ministros acudan donde se encuentran las personas, lo cual
implica que muchas veces tomarán la iniciativa de la intervención sin que el afectado se moleste, por dicha iniciativa.
- Los ministros presiden varios ritos religiosos que acompañan las transiciones del desarrollo, con su potencial de crisis. Clinebell234 muestra en un interesante estudio, que los rituales de bautismo, confirmación, matrimonio y exequias, sirven para reducir la ansiedad relacionada con las transiciones de la vida y dan elementos para adaptarse a los cambios. Señala, por ejemplo, que los ministros en un funeral pueden facilitar la resolución de la crisis mostrando la realidad de la pérdida y lo apropiado del luto. Pueden aliviar los sentimientos de dolor y tristeza, eligiendo textos de la Escritura o de la liturgia en los que los familiares de la persona que murió se sientan comprendidos y consolados.
- El contacto continuo de los ministros con las personas y las familias hace que
puedan realizar un acompañamiento a largo plazo. Este acompañamiento se lleva adelante de diversas maneras –charlas personales, actividades sociales o religiosas realizadas junto con la persona en crisis, visitas a su familia, etc.–, y se dispone de mucha información con la que otros profesionales no cuentan: cómo era la persona antes de la crisis, cómo es su familia, con cuáles de sus miembros puede contar, etc.
- Gracias a su contacto con la comunidad de fe en la que se encuentra inserta la
persona, puede movilizar las redes de apoyo social para ayudar a los individuos y familias en crisis. En este sentido un pastor/sacerdote o rabino puede disponer de mucha información y de una gran capacidad para coordinar recursos. Por ejemplo: en el caso de una persona que está enferma, el pastor puede organizar tanto la ayuda material cuando es necesaria –alguien que lo/la acompañe al médico–, el sostén anímico –miembros de la comunidad que vayan de visita con regularidad–, como el sostén espiritual –un ministro que le lleve la comunión, alguna persona que vaya a rezar o a compartir una lectura, etc.–. Estas acciones pueden ser llevadas adelante por el pastor de la comunidad, sin demasiado esfuerzo por su parte, debido a su conocimiento y relación con las personas. Esto lo coloca en un lugar de excepcional influencia entre los líderes comunitarios.
- El estado de crisis viene acompañado por lo general de sentimientos de ansiedad,
impotencia, depresión, desesperanza. Frente a todo esto, el ministro que representa simbólicamente a Dios, puede dar una respuesta de fe y esperanza, válida para la persona que adhiere al credo que dicho ministro representa.
- El dominio cognoscitivo a menudo toca directamente las creencias religiosas y sólo los ministros pueden dar respuesta a los interrogantes de esa índole, gracias a su formación teológica. Frente a las diversas crisis las personas suelen preguntarse ¿por
233
Se refiere el autor a todas las confesiones cristianas en su conjunto, no sólo o específicamente a los seminarios de la Iglesia Católica Apostólica Romana.
234
Cf.H.J.CLINEBELL, Basic Types of Pastoral Counseling, Abington, 1966; y su reciente reedición, de una version de esta obra corregida y aumentada: H.J.CLINEBELL, Basic Types of Pastoral Care and Counseling, Nashville, 1984.
qué me pasa esto?, ¿Dios lo quiere, lo permite o me está castigando?, si Dios es bueno, ¿por qué se llevó a mi hijo?, etc. Clinebell afirma que para los parroquianos el ministro simboliza la dimensión de significado último en la vida. 235
Dentro del modelo de intervención en crisis que presenta este libro, las cuestiones teológicas se contemplan dentro del dominio cognoscitivo. Sin duda, pastores, sacerdotes, rabinos, asesores pastorales y otras figuras representativas de las creencias religiosas de los protagonistas en crisis, son los interlocutores adecuados para conversar sobre estos problemas. En este ámbito son mucho más idóneos que cualquier otro profesional de la salud, para que sus interlocutores revisen, reafirmen o corrijan sus creencias religiosas a la luz del suceso crítico.
En cuanto a las estrategias de asesoría en crisis por parte de los ministros religiosos, Slaikeu adhiere a la postura de dos de los libros más reconocidos sobre el tema,236 que presentan el modelo de Jones,237 como una guía para las intervenciones pastorales en circunstancias de crisis, que plantea tres tareas básicas a tener en cuenta:
- Realizar el contacto con la persona en crisis, - reducir el problema a su esencia,
- enfrentar el tema activamente, mediante un inventario de los recursos disponibles por la persona.238
No obstante, también en este caso se plantea la intervención de primer y segundo orden. 1.3.b. Intervención de primer orden por el clero
La asesoría pastoral se lleva delante de hecho en los ambientes más diversos: en el templo, en la casa del ministro o de quien padece la crisis, en la calle, en el lugar de trabajo, etc. Aunque la estructura básica es la misma que para los otros asesores, algunas características cambian como resultado del papel único del ministro, quien representa para la persona un determinado credo y una determinada comunidad religiosa.
Las tareas de la primera intervención en crisis, entonces, son:
- Hacer un primer contacto: muchas personas con convicciones religiosas han
manifestado que la presencia del pastor, sacerdote, etc., en los momentos críticos de sus vidas ha resultado beneficiosa en sí misma.
- Examinar las dimensiones del problema: se resalta la importancia que tiene el hecho de que el ministro atienda especialmente los cuestionamientos teológicos de las personas. Teniendo en cuenta que las crisis se producen cuando los mapas cognoscitivos de las personas se ven dañados o alterados de modo especial, los ministros deben escuchar principalmente las expectativas de las personas, por ejemplo: “debo ser un padre perfecto, proveedor de todas las necesidades de mi familia”. También de las expectativas religiosas: “si Dios fuera bueno, mi hijo no habría muerto”. La crisis puede ser un buen momento para lograr contacto con
235
Cf. H.J.CLINEBELL, Basic Types of Pastoral Counseling, Abington, 1966, 158.
236
Se trata de D.K.SWITZER, The Minister as Crisis Counselor, Nashville, 1974; H.W.STONE, Crisis Counseling,Philadelphia, 1976. Ambos citados por Slaikeu, Cf. Intervención en crisis…, 155-156.
237
W.A.JONES, “The A-B-C Method of Crisis Management”, Mental Hygiene 52 (1968) 87ss. El autor plantea una intervención básica, que se pueda llevar a cabo incluso, en una única entrevista.
238
Cf. D.K.SWITZER, The Minister as Crisis Counselor, Nashville, 1974, 65-89. Estos tres pasos, que Switzer llama: Contact-Focus-Cope, tienen sub-metas y tareas que son descriptas de manera interesante en la obra.
sentimientos y creencias profundos y re formularlos. Hay que tener en cuenta qué es lo que desea la persona del ministro en ese momento: contención, escucha, respuestas, ayuda, etc.
- Explorar las posibles soluciones, estimulando la iniciativa de la persona y
ofreciendo ayuda en aquellas cosas que la persona no puede realizar. Esta ayuda será mejor recibida, en general, si viene del ministro. Hay que capitalizar a favor de la persona en crisis, la gran capacidad que tiene el ministro para movilizar recursos de la comunidad.
- Ayudar en la toma de acción concreta, lo cual, reconoce Slaikeu implica una gran
dosis de prudencia y de lo que llamaríamos espíritu de discernimiento. La persona del ministro se presta en el imaginario colectivo para la solución de cualquier problema en cualquier momento. Mientras rara vez un profesional de la salud será requerido a media noche, sí lo será un pastor, que tendrá que saber cuándo atender o no a un requerimiento. Recomienda Slaikeu aquí la misma estrategia que en otros casos en los que se requiere también una intervención de primer orden, insiste que lo capital de la ayuda es ver “qué cosas deben hacerse primero”, tales como asegurar la subsistencia.
- Realizar el seguimiento de la persona y de su familia: esta es una actividad natural del clero y a la persona no le parecerá extraño ni malo que el ministro se preocupe por la situación y su evolución, ya que el seguimiento de las personas es esencial al pastoreo.
1.3.c. Terapia en Crisis por el clero
Se retoma aquí, aplicando al caso del clero, las cuatro tareas a realizar por el
acompañante luego de finalizada la ayuda inmediata, añadiéndole las particularidades del caso:
- Asegurar la supervivencia física (si fuere necesario, por ejemplo, en una catástrofe natural). Para ello el ministro podrá movilizar a una comunidad de una manera relativamente rápida en orden a una ayuda eficaz.
- Identificar y expresar los sentimientos que acompañan la crisis: muchas veces los parroquianos recurren a sus ministros para que los guíen en el manejo y en la expresión de sus emociones. Muchas personas piensan que expresar sus sentimientos de dolor, tristeza, etc., constituye una falta contra Dios o contra la fe. Será tarea del asesor religioso facilitar la libertad en la expresión de los sentimientos, deslindándolos de la culpa moral o religiosa. Es más, muchas emociones “temidas” por las personas pueden ser legitimadas por medio de las vivencias religiosas, por ejemplo, si en un funeral se expresa la tristeza de una manera verbal o no verbal, los familiares y amigos del fallecido, se animarán a admitir en sí mismos y en sus familias estos sentimientos, lo cual redundará en una mejor resolución del duelo.
- Obtener dominio cognoscitivo sobre la crisis: tal como se indicó antes, el autor recuerda aquí que es importante la presencia del ministro para atender las dificultades teológicas (por ejemplo: ¿esto es Voluntad de Dios?, ¿cómo un Dios amoroso y todopoderoso puede permitir esto?, etc.). Algunas veces la cólera contra Dios se exterioriza hacia el ministro visitante, como si él pudiera haber evitado el suceso crítico.
Slaikeu afirma que aquí el dominio cognoscitivo involucra tres pasos: en primer lugar, comprender las realidades del suceso de crisis: qué paso, cómo, etc.; luego, examinar lo que la persona en crisis cree o piensa sobre el suceso, por ejemplo:
“nunca pensé que me podría suceder esto”, “no puedo seguir viviendo sin él/ella”, “si en verdad Dios fuese bueno, esto no sucedería”. Y finalmente, la charla acerca de las creencias a la luz del suceso de crisis, se encaminará hacia una confirmación de esas creencias, cambios significativos en ellas o reemplazo por nuevas ideas. - Hacer un rango de adaptaciones conductuales e interpersonales necesarias para
enfrentar la crisis. Los ministros, gracias a la aludida red social natural que se establece en las comunidades unidas por una misma creencia, pueden facilitar conductas nuevas después de la crisis. Slaikeu pone como ejemplo a una viuda a quien a instancias del pastor que coordina los esfuerzos, se la ayuda en su reinserción social y comunitaria, con las nuevas tareas y responsabilidades que tiene que afrontar, etc. Señala también que muchas veces la adaptación conductual se enriquece si el ministro procura que la misma persona en crisis haga algo por alguna otra persona.
El autor, como psicólogo, se permite hacer algunas apreciaciones sobre el rol de los ministros religiosos y sugiere algunas tareas para el porvenir: 239
- La instrucción en transiciones o crisis de la vida que las personas enfrentan
habitualmente, será un instrumento de preparación útil para un seminarista en orden al ministerio parroquial.240
- Es recomendable un entrenamiento supervisado en asesoría pastoral para los
ministros religiosos; dicho adiestramiento debe incluir la problemática de la asistencia en crisis. Es importante que esta formación apunte a las instancias concretas en las que el ministro hace asesoría: contactos telefónicos, visitas a las familias, reuniones en el templo después de las celebraciones o para realizar alguna actividad conjunta, etc. Slaikeu observa que muchas veces existe este entrenamiento para los ministros que se desenvuelven en instituciones, tales como hospitales, escuelas y cárceles y falta una formación similar para quienes trabajan en la parroquia y que son, además, la mayor parte de los ministros.
- Se necesita una mayor investigación sobre el número y tipos de crisis de la vida que se le presentan a los ministros y, además, sobre las mejores estrategias para atender dichas crisis. Slaikeu afirma que otros modelos de asesoría de tipo psicológico –por ejemplo: la terapia centrada en el cliente de Rogers–, no son lo suficientemente amplios como para captar la riqueza de la asesoría pastoral. El autor alberga la esperanza que el modelo multimodal de asistencia en crisis, pueda dar lugar a seguir desarrollando lo específico de la tarea pastoral; en especial el tema de las inquietudes teológicas –asumidas en este capítulo en la modalidad cognoscitiva– y del papel de la comunidad de fe en la resolución de las crisis.
Como conclusión del capítulo referido a intervención en crisis por el clero o los asesores pastorales,241 Slaikeu hace una observación interesante: la mayor parte de las veces, los ministros religiosos se ven a sí mismos como ayudantes de complemento o de segunda clase, aunque en realidad, por la relación que tienden a establecer o tienen establecida ya con quienes padecen crisis, son personas a las que naturalmente se recurre en primer lugar, quedando por ello en el centro o en el protagonismo de la ayuda.
239 Entiendo que cuando el autor habla de “asesoría pastoral” se refiere a lo que nosotros llamamos
acompañamiento espiritual.
240
El autor se está refiriendo a aquí específicamente a las confesiones cristianas.
241
1.4. Consideraciones reflexivas sobre la crisis a partir de Slaikeu 1.4. a. Valoración Crítica
El aporte fundamental de Slaikeu es proponer una teoría de la crisis, la cual, además de tener el mérito de ser la primera o una de las primeras sistematizaciones,242 recoge todo lo que se estudió e investigó hasta el momento. En efecto, su propuesta en Intervención en Crisis es recopilar todo lo hecho, como un servicio a los asesores en crisis, pero también para que actúe como punto de partida a futuros investigadores.
Sin embargo, la obra no es mera recopilación, hay una opción teórica y metodológica. En cuanto al marco teórico, elige encuadrar lo investigado en la “teoría general de los sistemas”, y desde allí propone un modelo para el abordaje terapéutico.
Tal como el mismo autor afirma, es un modelo “amplio” tanto por abordar los distintos
aspectos de la persona –perfil casic–, como por la capacidad de adaptarse a la
diversidad de crisis, tipo de acompañante, lugar en el que se lleva a cabo, etc.
Respecto de Caplan hay una continuidad fundamental, en primer lugar porque Slaikeu reconoce en la dupla Lindemann-Caplan los orígenes teóricos del tema,243 en segundo lugar por el enfoque psicosocial de su texto, el fuerte interés que aparece tanto en Caplan como en Slaikeu de poner los hallazgos de la investigación sobre intervención en crisis a disposición de los servicios comunitarios. Un tercer núcleo de continuidad con Caplan está dado en el tema de la relación entre crisis y estrés.
El elenco de conceptos centrales que tienen especial relevancia en este estudio, básicamente son los siguientes: la definición de crisis, la incidencia de los sucesos precipitantes, los tipos de crisis, la importancia de la variable cognoscitiva, el manejo del estrés durante la etapa aguda, y la importancia del apoyo psicosocial, en especial la intervención en crisis por el clero o lo asesores religiosos.
El esquema de desarrollo que propone a través de las etapas de la vida, en el capítulo tercero,244 se revela desactualizado en algunas de sus afirmaciones, por ejemplo: la edad de dejar el hogar, no suele ser en este tiempo, los 18-20 años, ni la adolescencia termina a los 18 años. Las tareas son idénticas, solo que se han desplazado en el tiempo algunos años hacia delante: la adolescencia se prolonga, se pospone la decisión de casarse y también la de tener hijos.
En cuanto a los aspectos formales, la obra es excelente en su conjunto, pero su lectura ofrece algunas dificultades. En cuanto a la versión en castellano, la traducción es deficiente, no porque se pierda exactitud, sino por la literalidad de la expresión.
Se requiere formación psicológica previa para leer la obra. Aunque el texto está dirigido no sólo a investigadores sino a todas aquellas personas que ocasional o profesionalmente asisten a gente en crisis, para su comprensión es necesario tener algunos conocimientos de psicología.