i Winding down
6 POTENTIAL HELP AND SUPPORT
En el curso de estas sombrías reflexiones hemos conseguido una visión bastante oscura de la noción de significación prime ro, luego de la de sinonimia cognitiva y, finalmente, de la de analiticidad. ¿Y la teoría de la verificación, que es una teoría
DOS DOGMAS DEL EM PIRISMO 8 1 de la significación?, se preguntará. Esa frase -teoría de la veri ficación- se ha establecido tan firmemente como marca de fá brica del empirismo que habría sido muy poco científico no buscar antes por otros lados una posible clave del problema de la significación y demás problemas asociados con él.
La teoría de la verificación de la significación, tan destacada en la literatura a partir de Peirce, sostiene que el sentido o signi ficación de un enunciado es el método de confirmación o confu tación empírica del mismo. Un enunciado analítico es aquel caso límite que queda confirmado en cualquier supuesto.
Como se dijo en el § 1 , podemos perfectamente obviar la cues tión de las significaciones como entidades y dirigirnos directa mente hacia la de la identidad de significación, o sinonimia. Pues lo que la teoría de la verificación dice es que unos enunciados son sinónimos si y sólo si coinciden en cuanto al método de con firmación o invalidación empírica.
Es ésta una explicación de la sinonimia cognitiva de enun ciados, y no de formas lingüísticas en general.15 No obstante, partiendo del concepto de sinonimia de enunciados podemos derivar el concepto para otras formas lingüísticas mediante con sideraciones bastante parecidas a las hechas al final del § 3. Pre suponiendo la noción de «palabra», podemos en efecto explicar la sinonimia de dos formas cualesquiera por el hecho de que la sustitución de una instancia de una forma en cualquier enun ciado (aparte de instancias en el interior de una «palabra») por la otra forma produce un enunciado sinónimo. Por último, dado así el concepto de sinonimia para formas lingüísticas en gene
ral, podemos definir la analiticidad en términos de sinonimia y verdad lógica como en el § 1 . En realidad, podemos definir la analiticidad más simplemente en términos de mera sinonimia de enunciados más verdad lógica; no es necesario apelar a la si-
15. Pero la doctrina puede formularse con términos -en vez de enunciados como unidades. Así, Lewis define la significación de un término como «Un criterio men tal por referencia al cual somos capaces de aplicar, o negarnos a aplicar, la expresión en cuestión en el caso de cosas o situaciones presentes o imaginadas• ( 1 946, pág. 1 33). Para una instructiva exposición de las vicisitudes de la teoría de la verificación, cen trada en la noción de significatividad y no en las de sinonimia y analiticidad, véase Hempel. ·
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n<;>nimia de formas lingüísticas diversa� de los enunciados. Pues
un enunciado puede describirse como analítico con tal de que
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a sinónimo de u:p. enunciado lógicamente verdadero.¡\sí pues, si la teoría de
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verificación puede aceptarse comoexplicación adecuada de la sinon�mia de enunciados, la noción
de analiticidad se sa
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va en última 'instancia. Pensemos, de todosmodos. La teoría dice que la si:p.onimia de enunciados es la igualdad de método de confirma�ión o in�alidación empínca. Pero ¿qué son esos métodos que hay que cc;>mparar para esta blecer su igualdad?; Dicho de otro modo: ¿cuál es la naturaleza de la relación entre un enunciado y las exigencias que contribu yen a su confirmación o la impiden?
La concepción más ingenua de esta relación consiste en su poner que se trata de una referencialidad directa. Tal es el re ductiv�smo radical, que sosti�ne que todo enunciado con senti d<;> es traducible a un enunciado (verdadero o falso) acerca de experiencia inmediata. En una forma u otra, el reductivismo radicalprecede a la teoría de la verificación propiamente dicha. Así, por ejemplo, Locke y Hume sostenían que toda noción se origi,na directamente en la experiencia sensible, o bien es un compuesto de nociones así originadas. Recogiendo una indica ción de Tooke, podemos reformular esta doctrina en la jerga técnica semántica diciendo que para ser significante un térmi no tiene que ser el nombre de un dato sensible, o bien un com pues.�o ��·· tales nombres o una abreviatura de un compuesto de ésa natU,rrueza. Así formulada, la doctrina sigue siendo ambigua porque se refiere a la vez a datos sensibles como acaecimientos sensoriales y datos sensibles como cualidades sensibles; y es además vaga en cuanto a los modos admisibles de composición (de nombres de datos sensibles). Aún más: la doctrina es innece saria e inadmisiblemente restrictiva por la casuística crítica de términos que impone. Más razonablemente -aunque sin re basar los límites de lo que he llamado reductivismo radical podemos tomar como unidades significantes enunciados com pletos y exigir que ·nuestros enunciados sean traducibles como totalidades al lenguaje de los datos sensibles, y no que lo sean término por término.
DOS DOGMAS DEL EMPIRISMO 83 Esta corrección habría sido sin duda bien recibida por Loc ke, Hume y Tooke, pero históricamente no se produjo hasta el momento de la importante reorientación de la semántica por la cual se pasó a ver el vehículo primario de la significación en el enunciado y no en el término. Esta reorientación, ya explícita en Bentham y Frege, está en la base del concepto russelliano de símbolo incompleto definido por el uso;16 también está implí cita en la teoría de la significación que consideramos, la teoría de la verificación, puesto que los objetos de la verificación son enunciados.
El reductivismo radical, concebido con los enunciados como unidades, se pone la tarea de especificar un lenguaje de los da tos sensibles y de mostrar la forma de traducir a él, enunciado por enunciado, el resto del discurso significante. En esta em
presa se embarcó Camap en Der logische Aufbau der Welt.
El lenguaje que Camap adoptó como punto de partida no era un lenguaje de datos sensibles, en el sentido más estricto imaginable, pues incluía también notaciones lógicas hasta el nivel de la teoría de conjuntos superior. Incluía, en efecto, todo el lenguaje de la matemática pura. La ontología implícita en ese lenguaje �s decir, el campo de valores de sus variables- abra zaba no sólo acaecimientos sensoriales, sino también clases de clases, etc. Hay empiristas que se aterrarían ante tal prodigali dad. En cambio, el punto de partida de Camap es muy econó mico en su parte extralógica o sensorial. En una serie de cons trucciones en las que aprovecha con mucho ingenio los recursos de la lógica moderna, Camap consigue definir una amplia colec ción de importantes conceptos adicionales de tipo sensorial que, a no ser por sus construcciones, nadie habría imaginado defini bles sobre tan estrecha base. Camap fue el primer empirista que, no contento con afirmar la reductibilidad de la ciencia a términos de experiencia inmediata, dio serios pasos hacia la rea lización de esa reducción.
Si el punto de partida de Camap es satisfactorio, sus cons trucciones no eran en cambio, como él mismo subrayaba, más
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que un fragmento del programa entero. Incluso la construcción de los enunciados más sencillos acerca del mundo físico queda
ba en un estadio esquemático o de esbozo. A pesar de su carác
ter esquemático, las sugestiones de Camap en este terreno eran realmente sugestiones -sugestivas-. Explicaba los puntos-ins tantes espacio-temporales como conjuntos de cuatro números reales y estudiaba la asignación de cualidades sensibles a los puntos-instantes según cierto� cánones. Sumariamente resumi do, el plan consistía en asignar cualidades a los puntos-instantes de tal modo que se consiguiera el mundo más perezoso compa tible con nuestra experiencia. El principio de acción mínima de bía ser nuestra guía en la construcción de un mundo a partir de la experiencia.
Pero Camap no parece haber visto que su tratamiento de los objetos físicos no alcanzaba la reducción no sólo p0r su carác ter esquemático, sino por principio. Según sus cánones, había que atribuir valores veritativos a enunciados de la forma 'La cualidad e se encuentra en el punto-instante x; y; z; t', maximi
zando y minimizando ciertos rasgos generales, y con el enrique cimiento de la experiencia había que revisar progresivamente los valores veritativos dentro de esa misma línea. Creo que esto es una buena esquematización (sin duda deliberadamente sim plificada) de lo que realmente hace la ciencia; pero no da la me nor indicación, ni siquiera la más esquemática, sobre cómo po dría traducirse al inicial lenguaje de datos sensibles y lógica un enunciado de la forma 'La cualidad e se encuentra en x; y; z; t'.
La conectiva 'se encuentra en' es una conectiva añadida y no de finida; los cánones nos guían en su uso, pero no en su elimina ción.
Camap parece haber apreciado este problema más tarde, pues en sus posteriores escritos ha abandonado la noción de traduci bilidad de los enunciados sobre el mundo físico a enunciados acerca de la experiencia inmediata. El reductivismo en su forma radical ha dejado de figurar en la filosofía de Caniap hace ya mu cho tiempo.
Pero el dogma reductivista ha seguido influyendo en el pen samiento de los empiristas en una forma sutil y más tenue. Per-
DOS DOGMAS DEL E MPIRISMO 85 siste la opinión de que con cada enunciado, o con todo enun ciado sintético, está asociado un único campo posible de acae cimientos sensoriales, de tal modo que la ocurrencia de uno de ellos añade probabilidad a la verdad del enunciado, y también otro campo único de posibles acaeceres sensoriales cuya ocu rrencia eliminaría aquella probabilidad. Esta noción está sin duda implícita en la teoría de la verificación.
El dogma reductivista sobrevive en la suposición de que todo enunciado, aislado de sus compañeros, puede tener confirma ción o invalidación. Frente a esta opinión, la mía, que procede esencialmente de la doctrina camapiana del mundo físico en el
Aufbau, es que nuestros enunciados acerca del mundo externo se someten como cuerpo total al tribunal de la experiencia sen sible, y no individualmente.17
Incluso en su forma atenuada, el dogma reductivista está en íntima conexión con el otro dogma, a saber, que hay una distin ción entre lo analítico y lo sintético. Nosotros mismos nos he mos visto llevados de un problema a otro a través de la doctrina de la significación ofrecida por la teoría de la verificación. Aun más directamente, el primer dogma sostiene el segundo del modo siguiente: mientras se considere significante en general hablar de la confirmación o la invalidación de un enunciado, parece tam bién significante hablar de un tipo límite de enunciados que re
sultan confirmados vacuamente, ipso facto, ocurra lo que ocurra;
esos enunciados son analíticos.
Los dos dogmas son en efecto idénticos en sus raíces. Antes dijimos que en general la verdad de los enunciados depende ob viamente del lenguaje y del hecho extralingüístico; y ya enton ces notamos que esa circunstancia obvia lleva consigo, no por inferencia lógica, pero sí muy naturalmente, la sensación de que la verdad de un enunciado es algo analizable en una com ponente lingüística y otra actual. Desde un punto de vista empi rista, la componente factual debe reducirse a un campo de ex periencias confirmativas. En el caso extremo de que lo único
17. Esta doctrina fue bien argüida por Duhem (1906), págs. 303-328. Véase tam bién Lowinger (1941), págs. 1 32-140.
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que importa sea la componente lingüística, el enunciado es analítico. Pero creo que ahora estaremos bastante impresiona dos por la tenacidad con que la distinción entre analítico y sin tético ha resistido a toda precisión. Personalmente me impre siona también lo confuso que ha sido siempre el problema de llegar a cualquier teoría explícita de la confirmación empírica de un enunciado sintético --dejando aparte los prefabricados ejemplos de las bolas blancas y negras en la urna-. Quiero suge rir en este momento que hablar de una componente lingüística y una componente factual en la verdad de cualquier enunciado particular es un sinsentido que da lugar a muchos otros sinsen tidos. Tomada en su conjunto, la ciencia presenta esa doble de pendencia respecto del lenguaje y respecto de los hechos; pero esta dualidad no puede perseguirse significativamente hasta los enunciados de la ciencia tomados uno por uno.
Como ya hemos observado, la idea de definir un símbolo por el uso fue un progreso respecto del imposible empirismo de los términos individuales propios de Locke y Hume. Con Ben tham, el enunciado llegó a ser reconocido, en vez del término, como la unidad relevante para una crítica empirista. Lo que ahora afirmo es que nuestra red sigue siendo de mallas dema siado estrechas incluso cuando tomamos el enunciado entero como unidad. La unidad de significación empírica es el todo de la ciencia.