• No results found

Los centros escolares tienen un carácter multidimensional. En este caso, se presentan

las ideas de González (1991, 1993ª) en González, (2003). Las dimensiones que se analizan

son: estructural, relacional, de procesos, culturales y el entorno.

La dimensión estructural responde a la pregunta cómo está organizado el centro

escolar. Abarca elementos que “configuran el armazón en el que se llevará a cabo la

actividad organizativa” González, (2003, p. 27). Se presentan en la siguiente tabla:

Elemento. Descripción

Papeles o roles. Director (a), profesores, orientadores, coordinadores, etc., con sus funciones.

Unidades organizativas.

Departamentos didácticos, equipo directivo, consejo escolar; etc. agrupados con sus distintas funciones.

Mecanismos formales.

Para la toma de decisiones, para la comunicación e información, para la coordinación entre los distintos actores, tales como docentes, dirección, coordinadores; etc. y el control de la actividad. Estos mecanismos formales tienen como objetivo la coordinación e interrelación de dichos actores.

Estructura de tareas.

Relación profesores-alumnos, horarios, cómo se agrupan los alumnos, etc., es decir, la estructura que se establece para el desarrollo de la enseñanza en las aulas.

Estructura física e infraestructura.

Instalaciones y materiales, su distribución, los espacios y la regulación correspondiente a su utilización.

Tabla 1. Dimensión estructural de los centros escolares. Fuente: González, M. (2003, p. 27).

En términos de Pfeffer, J. (1997) esta perspectiva estructural “ basa sus premisas

centrales en el modelo de comportamiento social” (p. 109) y esto apoya a observar qué

efecto tiene el contexto en el comportamiento de los distintos actores, lo que puede facilitar

el análisis de sus variables. (Pfeffer, 1983, Hambrick y Mason, 1984 en Pfeffer, J., 1997).

Según la dimensión estructural, los centros escolares están formados por personas y

ellas interaccionan y construyen patrones de relación y de comportamiento, además de que

comparten sus ideas, concepciones, etc. Las personas en la organización mantienen, además

de las relaciones formales jerárquicas, relaciones informales. Así lo señalan Beltrán y San

Martín (2000:47) en González, M. (2003): “de la mera copresencia de diferentes actores

surge otro tipo de relaciones que exceden siempre a las reguladas y previstas por las normas

de funcionamiento” (p. 28).

El Modelo social del comportamiento contempla el estudio de la estructura social que

“destaca la naturaleza arraigada del comportamiento” (Granovetter, 1985 en Pfeffer, J.,

1997, p. 73) y se enfatiza que el comportamiento no puede explicarse tan fácilmente si no

se hace referencia a procesos de interacción con otros. Es en este sentido que se pueden

desarrollar actuaciones micropolíticas y de interacción profesional, en donde las

micropolíticas se desarrollan generalmente en planos informales e implícitos y las

segundas, son las que aportan al funcionamiento educativo de las escuelas. (González,

2003).

Los patrones que se generan de esta dimensión afectarán la dinámica de trabajo de los

miembros de la escuela, “así como a su grado de satisfacción, su nivel de cohesión, de

participación, de conflictos, etc.” González, (2003, p. 29). Al respecto, Pfeffer, J., (1997)

indica que esos tipos de influencias sociales impactan tanto las respuestas afectivas como

afectan los juicios de los sujetos respecto de las características de las tareas [...] y la

interacción con otros [...] ayuda a enmarcar lo que observamos en nuestro ambiente y cómo

éste se evalúa” (Salancik y Pfeffer, 1978ª en Pfeffer, J., 1997, p. 73).

En cuanto a la dimensión de procesos y con base en información de González (2003),

los procesos de desarrollo curricular y de enseñanza-aprendizaje constituyen el núcleo de

los centros escolares en donde éstos son elementos relevantes en cualquier institución

educativa ya que si se consideran es posible planear sistemáticamente las experiencias de

los alumnos.

Los distintos procesos que se van desarrollando en los centros escolares, varían en

función de lo que se valora en cada uno de ellos. Un ejemplo es la planificación, que tendrá

diferente sentido en una escuela que favorezca este tipo de práctica dentro de estructuras

flexibles que en otra que sea burocrática.

En relación a estos tipos de estructuras, Hargreaves, A. (2005) distingue la de

colaboración y la colegialidad artificial como dos formas que influirán en esta dimensión

dentro de las escuelas. Dentro de las culturas de colaboración, las relaciones de trabajo en equipo se distinguen por ser espontáneas, voluntarias, orientadas al desarrollo a través de

encuentros informales breves y frecuentes y en donde las decisiones acerca del currículum

son descentralizadas. En contraste, la colegialidad artificial se distingue por las

imposiciones administrativas, la obligatoriedad y su orientación hacia cooperar o trabajar

en equipo de forma obligatoria.

Establecer culturas de trabajo en colaboración, según Fullan, M./Stiegelbauer, S.

(2004) “Ayuda a disminuir el aislamiento profesional de los maestros, permitiendo que se

codifiquen y compartan las prácticas exitosas y el suministro de apoyo” (p. 80) relacionadas

Es así como los procesos que ocurren en cada escuela, es factible que contribuyan a

modificar prácticas de la dimensión relación, en tanto la implicación de los miembros, los

valores, sus creencias y sus formas de relación.

La cuarta dimensión es la cultural. Ésta, circunscrita dentro del ámbito

organizacional, es considerada por Kunda, G. (1992, p. 8) en Pfeffer, J., (1997) “...como las

reglas compartidas que rigen los aspectos cognoscitivos y afectivos de los miembros de una

organización, y los medios por los cuales se moldean y expresan” (p. 164). Es “menos

visible y más implícita” (López Yánez, 1994; González, 1994; Díez Gutiérrez, 1999 en

González, M., 2003, p. 30). Esto es: lo que ocurre en las escuelas tiene implicado valores,

concepciones, creencias; etc. con relación a distintas ideas en tanto la educación, las

prácticas, las interacciones, etc. Todo esto le da sentido a esta dimensión.

La cultura de una institución, de acuerdo con Fernández, E. (2001) “es una

declaración escrita que contiene la visión y los valores [...] compuesta por todos aquellos

elementos que señalan las razones por las que existe la institución, el tipo de institución que

se quiere y los valores que regulan su funcionamiento” (p. 3).

La cultura no está completamente formalizada dentro de las organizaciones, pero

algunos valores o principios sí pueden estarlo en los documentos que guían la actuación de

los integrantes de las escuelas. Visto de esta forma, se puede decir que la cultura está

entonces explícita. También existe implícitamente en las formas de comportamiento de los

distintos integrantes de la cultura escolar y, en este sentido, se puede hablar de lo que se

valora o no, por ejemplo, cuando se planean acciones de enseñanza-aprendizaje, o cuando

se expresa que “en nuestra escuela no se discrimina” y se perciben algún tipo de acciones

En la dimensión del entorno se abarcan los aspectos sociales, económicos, políticos,

culturales, etc. entre los que se pueden encontrar personas y organizaciones con las cuales

la escuela tiene que interactuar: padres de familia, otras escuelas, gobierno, instituciones de

salud, otras instituciones educativas de distintos niveles; etc. Como una estructura viva, las

escuelas se encuentran en constante interacción con su entorno.

A continuación se puede ver un cuadro que identifica las interrelaciones entre cada

una de las dimensiones mencionadas.

ESTRUCTURA RELACIONES

CULTURA PROCESOS

Currículum, procesos de Enseñanza-aprendizaje.

Figura 2. Dimensiones constitutivas de la organización escolar. Fuente: González, M. (2003, p. 26).