28,4 94,1 38,7 13,6 77,4 21,9
NBI zonas urbanas NBI zonas rurales Nacional
0 20 40 60 80 100 1992 2002
v) Factores de orden metodológico con mayor impacto en la sensibilidad del índice NBI
En términos generales, la magnitud de la población con carencias, en cada uno de los indicadores propuestos en los modelos NBI, presenta una disminución en el período 1992 – 2002.
En primer lugar, se observa que la vivienda es la dimensión a la que se asocia una mayor incidencia de población con carencias. En efecto, para 1992 se observa un 24,4% de la población con déficit en dicho ámbito, porcentaje que disminuye en 10 puntos porcentuales a 2002 (14,4%). En ambos casos señalados, la medida NBI contiene como indicador al hacinamiento medio (3 o más personas por dormitorio). En el caso de utilizar una medida más estricta de hacinamiento (2,5 personas o más por dormitorio) el porcentaje de personas con carencias en esta dimensión llega al 16,9% en 2002.
En relación a lo anterior, cabe destacar que la dimensión de vivienda, considerando en su composición a los indicadores de materialidad y tipo de vivienda, además del nivel de hacinamiento, se descompone de manera irregular respecto a los indicadores señalados. En efecto, el tipo de vivienda, determinando como necesidad básica insatisfecha a las “mejoras, mediaguas, ranchos, chozas, rucas o viviendas móviles”, identifica carencias en el 8,1% de la población en 1992 y únicamente al 3,6% en 2002. En el caso de la materialidad de la vivienda, cada uno de los indicadores presenta disminuciones en su incidencia en el período observado, llegando en el caso de los indicadores “piso” y “techo” a menos del 1% de la población en 2002. Por el contrario, el indicador de hacinamiento en 1992 identificó un 10,8% de carencia y 7,3% en 2002. De este modo, el hacinamiento se constituye en el factor que explica en mayor medida la magnitud del índice NBI en la dimensión vivienda.
Luego, se observa en la dimensión “acceso a servicios sanitarios” la segunda mayor incidencia de carencias al año 2002 con un índice de 12,5%. No obstante lo señalado, al año 1992 esta dimensión alcanzaba el 31,1% de la población. La disminución que se observa en el período corresponde a 18,6 puntos porcentuales y se explica en función de mayores grados de urbanización y expansión de servicios.
De todas formas, es relevante señalar que todas las mejoras que se aprecian en los indicadores utilizados, tanto de vivienda como de servicios sanitarios, presentan una disímil configuración en relación a la zona de residencia de las personas. De hecho, al tomar en cuenta únicamente a la población rural, al año 2002 el 26,1% sufre carencias en vivienda y el 71,4% en servicios sanitarios. Sintetizados en el modelo 2 de medición de NBI se observa que en el año 1992 el 94,1% de la población rural correspondía a población con carencias en necesidades básicas y en 2002 este porcentaje llegaba al 77,4%.
Finalmente, es importante destacar que por la restricción que impone la información censal disponible, en el caso del indicador de educación no se cuenta con una buena medida para lograr captar deficiencias en aquel ámbito. Es clara entonces la ejemplificación que se puede hacer con este indicador respecto a un deficiente establecimiento de un umbral mínimo de satisfacción, en este caso debido a la ampliación de la matrícula en el país durante las últimas dos décadas las necesidades básicas en cuanto a asistencia a establecimientos educacionales presenta mejoras significativas.
En este sentido, el método NBI en cuanto a su capacidad de caracterizar las condiciones de vida de la población pobre adolece de un componente que otorgue una mayor potencia en la evaluación del dinamismo de estas condiciones. El hecho de que la metodología se asocie a condiciones de pobreza extrema, particularmente para el caso chileno, genera la pérdida de la identificación de procesos más complejos como el empobrecimiento de grupos sociales en contextos económicos altamente dinámicos, aquello a raíz de que el acento del enfoque está puesto en carencias a nivel de hogares, principalmente por su relación con fuentes de datos censales.
Estos datos adquieren gran importancia en torno al objeto de estudio que se plantea en esta investigación, demuestran en primera instancia el modo en que una utilización inadecuada de los datos puede llevar a conclusiones que no son certeras, específicamente en la utilización de indicadores poco representativos del fenómeno en cuestión, asimismo que la definición de umbrales de satisfacción poco exigentes. Esto en el sentido de que, por ejemplo en el caso del tercer modelo de construcción del índice NBI se plantea un umbral muy poco exigente en el caso del indicador de hacinamiento, además de la inutilidad del indicador de educación planteado.
De este modo, se reafirma completamente la necesidad de integración de metodologías, por lo que propuestas como la de pobreza multidimensional resultan altamente deseables, no obstante la necesidad de revisar los indicadores a utilizar, justamente por la serie de antecedentes que aquí se exponen.
.Análisis comparativo de los índices LP – NBI
Los dos enfoques metodológicos de estudio de la pobreza analizados pueden ser evaluados en términos comparativos en función de las principales características que les distinguen y la sensibilidad que se observa en los índices que se generan a partir de ellos.
Por una parte, mediante el método LP se alude a una situación de satisfacción potencial de una serie de requerimientos básicos, a partir del supuesto de que con un ingreso superior al valor determinado para la línea de pobreza las personas tendrían cubiertas estas necesidades.
Por otra parte, el método NBI intenta aprehender el fenómeno de la pobreza enfocándose en la satisfacción de los mínimos requerimientos en una serie de indicadores determinados normativamente por el estudio.
Ambos enfoques procuran, básicamente, establecer una situación, clasificar a personas, hogares o unidades agregadas de acuerdo a un atributo o conjunto de atributos, que representan una forma de aproximación al nivel de bienestar de las unidades en cuestión. Estos conceptos son en definitiva formas de medir y clasificar, no son justamente por ello miradas, teorías o dispositivos heurísticos que procuran explicar el fenómeno. (Filgueira, 1998, p 4)
Al llevar en un primer momento una comparación de los resultados de ambos métodos, resulta interesante poner en contraste las tasas de pobreza oficial de MIDEPLAN respecto a las tasas de pobreza NBI creadas para los años 1992 – 2002. En este caso, considerando al modelo 2 NBI generado (el más cercano a la usual metodología para este enfoque) se observan mayores tasas de pobreza en el ámbito de las necesidades básicas insatisfechas que las reportadas por la metodología LP.
A pesar de que los resultados en ambos métodos presentan mejorías en el período, un elemento a tener en cuenta es la sensibilidad de los indicadores propuestos. En el caso de los indicadores NBI se aprecia una potente mejoría en la cobertura de servicios sanitarios, así como también en relación a los indicadores de vivienda, las que vuelven la tendencia hasta cierto grado “irreversible” dado que por la calidad que presentan estos indicadores, en ausencia de catástrofes naturales de gran magnitud, resulta poco pertinente considerar que en el futuro ellos sean capaces de captar mermas en la calidad de vida de las personas. No ocurre así con los indicadores de ingreso, sustento del método LP, que como se señaló en los antecedentes del estudio, si han mostrado retrocesos para la pobreza, como por ejemplo para el trienio 2006 – 2009. Además de lo anteriormente señalado, todas la variaciones que se han realizado en esta memoria al cálculo del índice de pobreza LP que manifiestan el rezago en la actualización del método, como así también,
los diversos resultados obtenidos a partir de las variaciones en los supuestos sobre los que opera el enfoque, confirman la alta variabilidad del índice.
En términos concretos, al observar los resultados para ambas metodologías se aprecia para el año 1992 una pobreza oficial LP de 32,6%, en el caso del índice NBI éste corresponde a 38,7%, estableciéndose una diferencia de 6,1 puntos porcentuales. Para el año 2002 estos índices son 20,2% para LP y 21,9% para NBI, con una diferencia de 1,7 puntos porcentuales. De esta manera, se demuestra la mayor mejoría de los índices a partir del método NBI dada una disminución de más de 15 puntos frente a sólo 12 para metodología oficial LP.
INCIDENCIA DE LA POBREZA MÉTODOS LP y NBI. 1992 – 2002.
Por otra parte, al analizar estos mismos resultados a nivel zonal se observan las amplias disparidades que presentan los indicadores utilizados en los métodos. En efecto, asumiendo el modelo NBI construido, para el caso de las zonas rurales la pobreza llega a un 94,1% en 1992 frente a un 28,4% para zonas urbanas, por su parte, al año 2002 estos índices llegan a 77,4% y 13,6% respectivamente.
De este modo, la pobreza NBI en zonas urbanas es inferior en los dos años de medición a cualquiera de las medidas LP por zona. La diferencia en pobreza urbana entre los dos enfoques es de 4.3 puntos en 1992 y de 6.1 puntos en 2002. En este sentido, se confirma en mayor grado la obsolescencia que han ido adquiriendo los indicadores asociados a NBI específicamente para zonas urbanas dado que, por la forma de construcción del modelo está altamente conectado a la presencia de carencias en la calidad de la vivienda y sanidad, elementos que han sido subsanados en gran amplitud en los últimos períodos en el país.
Por el contrario, las carencias NBI en las zonas rurales presentan una altísima incidencia, hecho que no es replicado a partir de la medición por ingresos. En efecto, al año 1992 la diferencia entre la pobreza NBI - LP es de 60,2 puntos (94,1% - 33,9%) y en el año 2002 disminuye a 53,7 puntos (77,4% - 23,7%). Este elemento posee una profunda implicancia dado que pone de manifiesto la serie de críticas que están a la base de la evaluación de ambos métodos, esto es, la incapacidad que tienen individualmente ellos de reflejar el bienestar de la población, lo que claramente se aprecia al observar que, aunque existen notables avances en la disminución de la pobreza medida por ingresos en la población rural, ésta aún continúa presentando altas carencias en lo que concierne a vivienda (en mayor medida hacinamiento) y, principalmente, sanidad de los hogares.
Cabría preguntarse en este sentido, qué alcances tendrán las disminuciones en carencias NBI para el año 2012 frente al nuevo censo que se realizará, toda vez que los umbrales de satisfacción de carencias podrían perder toda capacidad, al menos en áreas urbanas.
Por otra parte, al centrar el análisis únicamente en las modificaciones al modelo de medición por líneas de pobreza se aprecia una amplia variabilidad de los datos en función de que se tomen orientaciones metodológicas divergentes a las actuales. Este hecho, que ha sido constatado por una serie de estudios en el último período, refuerza la necesidad de incorporar innovaciones al actual enfoque que permitan una mejor aprehensión del fenómeno, lo que sin duda otorgará prestaciones a la definición de políticas públicas más eficaces, tomando en cuenta que la encuesta CASEN es uno de los instrumentos más utilizados a la hora de formular nuevos proyectos de inversión en el área social.
En términos generales, todas las modificaciones, a excepción de la medida de pobreza relativa, muestran una tendencia a la baja en el período 1990-2006. Tanto la utilización de distintos ingresos de los hogares (autónomos – monetarios), variación de factores para la construcción de la canasta de satisfacción de necesidades y el uso de escalas de equivalencia muestran para la serie correspondiente dicha información.
No obstante esta tendencia, los indicadores muestran amplias disparidades dependiendo de la variación metodológica que corresponda. En este sentido, se puede agrupar a la utilización de medidas anexas de ingreso y factores de generación de la CSNB como modificaciones que llevan la incidencia de la pobreza al alza en relación a la medida oficial. Por el contrario, la utilización de medidas de equivalencia presenta una disminución del índice.
INCIDENCIA DE LA POBREZA A PARTIR DE MODIFICACIONES METODOLÓGICAS