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Predicting behavior

Chapter 5 Debiasing expectations

5.3 Method

5.4.4 Predicting behavior

“Líder” es aquel a quien otros siguen. En el Movimiento, lo hemos definido como «toda persona que tiene la cualidad o la capacidad de influir en los demás»48

y hemos hecho un uso muy recurrente del término “líder” que, en ocasiones, ha podido resultar ambiguo. Además, los conceptos de “líder” y de “liderazgo” contienen matices semánticos distintos según idiomas, mentalidades, ambientes y culturas. Por ello, para evitar confusiones y dado que la explicación del término “líder” en los textos del Movimiento remite al “influjo” sobre los demás49, la

Comisión ha optado por referirse llanamente a personas «de mayor influjo en los diversos ámbitos de la sociedad» (borrador, n. 3).

El Regnum Christi se orienta a la «formación de laicos que transformen su medio ambiente y que sean ellos mismos evangelizadores de los demás. Se busca de este modo que cada uno irradie la luz del Evangelio en su ambiente natural, como sal de la tierra y levadura en la masa: los padres de familia en el hogar, el médico en el hospital, el maestro en la escuela, el joven estudiante en la universidad, el obrero en la fábrica, el comerciante en su negocio, el empresario en la empresa»50. En efecto, debemos reconocer que Jesús nos pide ser sal de

la tierra y luz del mundo, y fermento en la masa, hacer rendir nuestros talentos en la misión evangelizadora (Mt 5, 13-14 y 25, 14-30). Para ser sal evangélica, no se requiere de suyo de liderazgo humano, sino de santidad auténtica, la cual incluye el compromiso responsable en la misión de evangelizar el propio entorno social de acuerdo al propio estado de vida. El grado de liderazgo personal no indica necesariamente el grado de influjo social y el grado de

48 Manual del Regnum Christi (1990), 28.

49 Cf. Ibídem, 28-30.

influjo social no indica el grado de influjo evangelizador. No es la persona que tiene más seguidores la que necesariamente más profundamente influye en la sociedad ni tampoco la que más influye socialmente es necesariamente la que tiene un mayor potencial evangelizador. Únicamente un liderazgo o un influjo social que se haga expresión de caridad cristiana tendrá utilidad para la evangelización, pues es la caridad lo que atrae la bendición de Dios que da eficacia apostólica a las obras humanas. A este respecto, es importante darnos cuenta de que Jesús no nos pide que seamos personas a quienes siga cuanto mayor número de gente mejor; sino que nos pongamos en seguimiento suyo y seamos sus anunciadores para que los demás le sigan a Él; nos pide iluminar a las personas, testimoniarles a Cristo, llamarlas, instruirlas, incluso pastorearlas, pero siempre de modo que tengan como guía y meta a Cristo, no a nosotros mismos.

El Movimiento orienta su actividad apostólica principalmente hacia las personas con mayor influjo en los diversos sectores de la vida social porque, en su deseo de que el Reino de Cristo venga a la sociedad, considera que esas personas tienen una responsabilidad especial de hacer rendir sus talentos al servicio de las demás; lo cual les permitirá realizarse como personas según el querer de Dios y contribuir benéficamente en favor de quienes les rodean y del bien común. Además, en las actuales sociedades y en la entera comunidad internacional, donde la distancia entre fe cristiana y cultura es notable, resulta que frecuentemente esas personas no conocen el amor de Cristo y están muy necesitadas de Dios. Han de evitarse interpretaciones reduccionistas, elitistas, clasistas o exclusivistas, que deformen este aspecto de nuestro modo de vivir la misión evangelizadora. Nuestro interés por dedicarnos a la evangelización de las personas influyentes de la sociedad nace del amor sobrenatural a ellas y del anhelo de que se establezca la civilización de la justicia y del amor en favor de todos, comenzando por los más desfavorecidos y frágiles.

Asimismo, la Comisión ha incluido en el borrador, n. 14, como sexto criterio de acción apostólica, el «formar líderes cristianos para la sociedad». Con este enunciado, se quiere expresar que un criterio de nuestra acción apostólica es, por una parte, el de evangelizar los ambientes dirigentes de la sociedad y a los líderes de los varios sectores sociales, lo cual repercutirá en beneficio de

ellos y de toda la sociedad en cuanto que ellos pongan sus talentos a fructificar según el plan de Dios, y también, por otra parte, el de ofrecer una formación de excelencia a los cristianos para que algunos puedan llegar a ejercer un liderazgo positivo en la sociedad, lo que les hará crecer personalmente y también potenciará el rendimiento de sus talentos para bien de la sociedad y de su evangelización51.

51 Así interpretado, este criterio va en la línea de lo que se quiere expresar en el Manual del Regnum Christi (1990), 225 con el ideal del «hombre-líder cristiano auténtico, guía de sus hermanos, eficaz en su labor, atento a las oportunidades, magnánimo de corazón, luchador infatigable, realista en sus objetivos, tenaz ante las difi- cultades, sobrenatural en sus aspiraciones». Este criterio se expresa como: «Formar a los líderes para que sean apóstoles y a los apóstoles para que sean líderes» en Owen Kearns, LC, y Patrick lanGan, LC, The Quest for the Core of

Apéndice 2

El Encuentro con Cristo. Su sentido y el