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Preliminary Conclusions and Recommendations

6.1 Motivation to Cooperate with Bilateral Member Agencies, EU or Other Partners

9. Preliminary Conclusions and Recommendations

Mrs. Allen, a la habían disparado por la noche en su apartamento de Guy Fawkes. Aunque parece un suici­ dio, numerosos detalles indican que se trata de un ase­ sinato. La mujer compartía un piso con Miss Plender- leith, que estaba fuera en ese momento. Pronto se encuentra un gemelo en la escena del asesinato, y su propietario, el comandante Eustace, se ve implicado en el crimen. La solución de Poirot es una de las mejores

2. La condena típica de Stalin incluye dos proposiciones: 1) era un cínico que sabía muy bien cómo estaban las cosas (que los acusados en los juicios eran realmente inocentes, etc.); 2) sabía lo que hacía, esto es, tenía pleno control sobre los acontecimien­ tos. Los documentos de los archivos, ahora accesibles, más bien apuntan en el sentido opuesto: Stalin básicamente tenía sus creen­ cias (en la ideología oficial, en su papel como líder sincero, en la culpabilidad de los acusados) y en realidad no tenía control so­ bre los acontecimientos (los resultados de sus propias decisiones e intervenciones a menudo le sorprendían). Véase la introduc­ ción de Lars T. Lih a su libro con Oleg V. Naumov y Oleg V. Khlevniuk, Stalin’s letters to Molotov, New Haven, Yale Univer­ sity Press, 1995, págs. 60-64. Lih propone una conclusión angus­ tiosa: «La población de la Unión Soviética habría estado mejor si Stalin hubiese sido más cínico de lo que fue» (pág. 48).

2 5 0 SOBRE LA VIOLENCIA

de la obra de Agatha Christie: da la vuelta a la típica tra­ ma de un asesinato realizado de modo que parezca un suicidio. La víctima, que años atrás se había visto impli­ cada en un escándalo en la India, donde conoció a Eus- tace, se había prometido con un parlamentario del ala conservadora. Sabiendo que ese escándalo de llegar a hacerse público arruinaría su posible matrimonio, Eus- tace la chantajeaba. Ella, desesperada, acabó pegándo­ se un tiro. Una vez en casa inmediatamente después del suicidio, Miss Plenderleith — que sabía acerca del chantaje de Eustace y le odiaba por ello— reordenó los detalles de la escena para que pareciese que el asesino había intentado presentar el supuesto crimen como un suicidio. Así se castigaría a Eustace por provocar el sui­ cidio de Mrs. Allen. La historia entonces plantea la pre­ gunta de en qué dirección deberían leerse las pruebas contradictorias advertidas en la escena del crimen. ¿Es un asesinato enmascarado como suicidio o un suicidio enmascarado como asesinato? La historia funciona por­ que, en vez de ocultar el asesinato, como es habitual, se pone en escena su apariencia: en vez de ocultarse el cri­ men, se le crea como cebo.

Esto es precisamente lo que hacen los instigadores

de tales violentos

passage à l’acte,

pues interpretan mal

el suicidio como crimen.· En otras palabras, falsifican las pistas de modo que una catástrofe parezca un «sui­ cidio» (el resultado de antagonismos inmanentes), el trabajo de un agente criminal: judíos, traidores o reac­ cionarios. Por ponerlo en los términos nietzscheanos que son apropiados aquí, la diferencia clave entre la po­ lítica radical emancipadora y los estallidos de violencia

impotente es que el gesto político auténtico es

activo,

impone, fuerza una visión, mientras que los estallidos

EPILOGO 2 5 1

de violencia impotente son fundamentalmente reacti­ vos, una reacción a algún intruso molesto.

En último lugar, pero no por ello menos importan­ te, tenemos la lección de la intrincada relación entre la violencia subjetiva y sistémica es que la violencia no es una propiedad exclusiva de ciertos actos, sino que se distribuye entre los actos y sus contextos, entre activi­ dad e inactividad. El mismo acto puede aparecer como violento o no violento en función de su contexto: a ve­ ces una sonrisa educada puede ser más violenta que un explosión de brutalidad. Una breve referencia a la físi­ ca cuántica puede sernos de ayuda. El campo de Higgs es una de las nociones más inquietantes de la física cuántica. Liberados por sus propios dispositivos en un entorno al que pueden pasar su energía, todos los siste­ mas físicos finalmente pasan a un estado de menor energía. Dicho de otro modo, cuanta más masa quita­ mos de un sistema, más se reduce la energía, hasta que llegamos al estado de vacío en el que la energía es cero. Sin embargo, existen fenómenos que nos obligan a pro­ poner la hipótesis de que hay algo (alguna sustancia) que

no podemos eliminar de un sistema sin

ELEVAR

la

energía de dicho sistema.

A este «algo» se le llama cam­

po de Higgs. Una vez que este campo

aparece

en un re­

cinto que se ha vaciado y cuya temperatura se ha redu­

cido al máximo, su energía se

reducirá.

Lo que aparece

es algo que contiene

menos

energía que cero. En resu­

men, algunas veces cero no es el estado «más barato» de un sistema, de modo que, paradójicamente, «nada» cuesta más que «algo». En una tosca analogía, la «nada» social (el estado congelado de un sistema, su mera re­ producción sin cambios) «cuesta más que algo» (un cambio), esto es, demanda mucha energía, de modo que

2 5 2 SOBRE LA VIOLENCIA

lo primero que hay que hacer para provocar un cambio en el sistema es reducir la actividad, no hacer nada.

Así, la novela de José Saramago

Ensayo sobre la lu­

cidet

podría tomarse como un experimento mental de la estrategia bartlebyana.4 Narra la historia de los extra­ ños acontecimientos ocurridos en una capital sin nom­ bre de un país democrático sin identificar. Cuando el día de las elecciones se ve enturbiado por una lluvia to­ rrencial, se registra un bajo nivel de participación, pero a media tarde arrecia y la población acude a votar en masa a los colegios electorales. El gobierno respira ali­ viado hasta que el recuento revela que más del 70 % del electorado ha votado en blanco. Desconcertados por este aparente fallo de la sociedad civil, a la semana si­ guiente el gobierno da a la ciudadanía una oportunidad para enmendarlo con una nuevas elecciones. Los resul­ tados son peores: ahora el 83 % corresponde a votos en blanco. Los dos partidos políticos principales, el parti­ do gobernante de derechas (p.d.d) y su adversario prin­ cipal, el partido de centro (p.d.c), son presas del páni­ co, mientras el desventurado y marginado partido de la izquierda (p.d.i) realiza un análisis en el que afirma que los votos en blanco eran esencialmente votos a favor de su programa progresista.

¿Se trata de una conspiración organizada para de­ rrocar no sólo al gobierno en el poder sino al sistema democrático? De serlo, ¿quién está detrás y cómo pu­ dieron organizar a cientos de miles de personas en tal 3. José Saramago, Seeing, Nueva York, Harcourt, 2006 (trad. cast.: Ensayo sobre la lucidez, Madrid, Alfaguara, 2002).

4. El término «bartlebyano» se refiere al Bartleby de Her­ man Melvijle, un oficinista despiadadamente pasivo que respon­ de a toda petición de su jefe con un «preferiría no hacerlo».

EPÍLOGO 2 5 3

subversión sin ser descubiertos? Cuando se les pregunta cómo votaron, los ciudadanos corrientes simplemente responden que tal información es privada y además, ¿no están en su derecho de votar en blanco? Incapaces de responder a una protesta pacífica pero convencidos de que ha tenido lugar una conspiración antidemocrática, el gobierno tacha al movimiento de «terrorismo, puro y no adulterado» y declara el estado de emergencia, lo que le permite suspender todas las garantías constitucionales.

Se arresta a quinientos ciudadanos aleatoriamente, que desaparecen para ser interrogados, sometidos al «código rojo secreto». Se informa a sus familias. Al esti­ lo orwelliano, se les dice que no deben preocuparse por la falta de información, pues «en ese mismo silencio está la clave que garantiza su seguridad personal». Como es­ tas acciones no dan resultado, el gobierno adopta una serie de medidas drásticas, desde declarar el estado de sitio hasta inventar tramas para crear el caos en la ciu­ dad, retirar a la policía y asaltar el gobierno de la capital, sellando todas las entradas y salidas de la ciudad, y final­ mente crear su propio cabecilla terrorista. La ciudad continúa funcionando en un ambiente de normalidad, la población paraliza todas las embestidas del gobierno con una unidad inexplicable y con un nivel realmente gandhiano de resistencia no violenta.

En su perspicaz reseña de la novela, Michael Wood advierte una similitud brechtiana:

En un famoso poema escrito en Alemania Oriental en 1953, Brecht cita a un contemporáneo que afirma que la gente ha perdido la confianza en el gobierno. ¿No se­ ría más fácil, pregunta maliciosamente Brecht, disolver al pueblo y que el gobierno elija otro? La novela de Sara-

2 5 4 SOBRE LA VIOLENCIA

mago es una parábola de lo que ocurre cuando ningún gobierno ni ningún pueblo puede ser disuelto.>

Si el paralelismo es válido, tal conclusión parece quedarse corta, pues el mensaje inquietante de la nove­ la no es tanto la indisolubilidad del pueblo y del gobier­ no como la naturaleza compulsiva de los rituales demo­ cráticos de libertad. Lo que ocurre es que, al abstenerse de votar, la gente disuelve el gobierno, no sólo en el li­ mitado sentido de derrocar al gobierno existente, sino en un sentido más radical. ¿Por qué se ve preso el go­ bierno de tal estado de pánico ante la abstención de los votantes? Está obligado a enfrentarse al hecho de que existe, que ejerce su poder sólo en tanto que es acepta­ do como tal por sus sujetos, aceptado incluso en la for­ ma de rechazarlo. La abstención de los votantes va más allá de la negación intrapolítica, el voto de no confian­ za: rechaza el mismo marco de decisión.

5. Michael Wood, «The Election with No Results», <www.

slate.com/id/2139519>. En la novela hay otra dimensión brech­ tiana detectada por Wood, que también define los libros de Sa- ramago: «Son novelas, no ensayos. Pero hacen un guiño a la for­ ma ensayística. En sus obras, la gente no tiene nombre, sólo funciones sociales: el ministro de Justicia, la mujer del doctor, el policía, el funcionario de correos, etc. Sus conversaciones están marcadas sólo por comas y letras mayúsculas; no hay comillas ni espaciado entre líneas. Los personajes y diálogos están agrupa­ dos en formas sociales, como si una cultura entera estuviera ac­ tuando y hablando a través de sus representantes más significa­ tivos». ¿No es esto estrictamente homólogo a las austeras piezas teatrales de Brecht, en las que los personajes tampoco tiene nombre, sino sólo funciones sociales (capitalista, trabajador, re­ volucionario, policía), de modo que es como si «una cultura en­ tera (o más bien, una ideología) estuviera hablando y actuando a través de sus representantes más identificables»)?

EPÍLOGO 2 5 5

En términos psicoanalíticos, la abstención de los

votantes es de algún modo como la

Verwerfung

(forclu­

sion, rechazo/repudio), que es un mucho más radical

que la represión

{Verdrängung).

De acuerdo con Freud,

el sujeto acepta intelectualmente lo reprimido, puesto que lo nombra pero al mismo tiempo lo niega porque rechaza reconocerlo y rechaza reconocerse en ello. En

cambio, la forclusion rechaza lo simbólico

tout court.

Para circunscribir los márgenes de ese rechazo radical, resulta tentador evocar la provocadora tesis de Badiou: «Es mejor no hacer nada que contribuir a la invención de nuevas formas de hacer visible lo que el imperio ya reconoce como existente».6 Mejor no hacer nada que implicarse en actos localizados cuya función última es hacer funcionar más suavemente el sistema (actos como proporcionar espacio para la multitud de nuevas subje­ tividades). Hoy la amenaza no es la pasividad, sino la pseudoactividad, la necesidad de «ser activo», de «par­ ticipar», de enmascarar la vacuidad de lo que ocurre. La gente interviene todo el tiempo, siempre se está «ha­ ciendo algo», los académicos participan en debates sin sentido, etc. En realidad, lo más difícil es dar un paso atrás, sustraerse. Los gobernantes prefieren incluso una participación «crítica», un diálogo, al silencio: simple­ mente pretenden implicarnos en el «diálogo» para ase­ gurarse de que se quiebre nuestra amenazadora pasivi­

dad. La abstención de los votantes es, por tanto, un

acto

político auténtico, pues nos enfrenta a la vacuidad de las democracias actuales.

6. Alain Badiou, «Fifteen Theses on Contemporary Art»,

2 5 6 SOBRE LA VIOLENCIA

Si con el término «violencia» queremos designar el trastorno radical de las relaciones sociales básicas, enton­ ces, por muy disparatado o de mal gusto que parezca, el problema de los monstruos históricos que asesinaron a millones de personas es que no fueron suficientemente violentos. A veces no hacer nada es lo más violento que puede hacerse.

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