1. EL-GHAZALI
El-Ghazali, Sufi y filósofo del siglo xn, cita en su
Book of Knowledge esta frase de El-Mutanabbi: "Al
enfermo el agua dulce le sabe amarga en la boca". Esto podría muy bien tomarse como el lema de Ghazali. Ochocientos años antes de Pavlov indicó e ilustró (a menudo con parábolas encantadoras, y algu- nas veces con palabras sorprendentes por lo "moder- nas") el problema del condicionamiento.
A pesar de Pavlov y de las docenas de libros e in- formes sobre los estudios clínicos realizados desde la guerra de Corea acerca de la conducta humana, el estu- diante común de los problemas de la mente desconoce el poder del adoctrinamiento. * El adoctrinamiento, en las sociedades totalitarias, es aceptable siempre y cuan- do promueva las creencias de dichas sociedades. En otros grupos apenas se sospecha su presencia, y es por esta razón que casi todos sean tan vulnerables a él.
La obra de Ghazali no sólo antecede sino que sobre- pasa al conocimiento contemporáneo respecto de este tema. En este momento la opinión de los conocedores está dividida en si es deseable, o no, el adoctrinamiento (manifiesto u oculto) y si es inevitable o, por lo con- trario, no lo es.
Ghazali no sólo señala que aquello que se conoce por creencia puede ser un estado de obsesión, sino que, de acuerdo con los principios Sufis, tampoco no es inevitable, aunque insiste en que es esencial que la gente logre identificarlo.
* Una de las más asombrosas peculiaridades del hombre con- temporáneo es que le resulta muy difícil comprender que sus creencias no siempre están ligadas a su inteligencia, su cultura o sus valores aunque dispone de abundante evidencia científica sobre lo contrario. De manera que es excesivamente propenso al adoctrinamiento.
Sus libros fueron quemados por fanáticos de la zona del Mediterráneo, desde España hasta Siria. En la actualidad no se queman, pero su repercusión, ex- cepto entre los Sufis, es quizá menor pues no se leen mucho.
Consideraba que la diferencia entre opinión y co- nocimiento se puede perder con facilidad, y entonces es obligación de quienes la reconocen aclararla tanto como sea posible.
Los descubrimientos científicos y psicológicos de Ghazali, aunque ampliamente apreciados por acadé- micos de todo tipo, no suscitaron debida atención por- que, específicamente, niega que el método científico o lógico sea su origen. Llegó a este conocimiento por medio de su educación Sufi, entre Sufis, y con una directa percepción de la verdad que no está relacionada con el intelecto mecánico. Esto, naturalmente, lo coloca fuera de los límites científicos. Sin embargo, es cu- rioso que los investigadores no se hayan interesado por conocer el método que lo llevó a sus asombrosos descubrimientos.
El "misticismo" ha recibido un nombre tan inade- cuado, que como el perro del proverbio, ya que no se lo puede colgar, por lo menos se lo ignora. Esta es una medida de la psicología académica: acepta los descu- brimientos del hombre si no puedes negarlos, pero ig- nora su método si no se adapta a lo que tú crees.
Si Ghazali no hubiera obtenido resultados valiosos, se lo hubiese considerado, naturalmente, un místico y una prueba de que el misticismo es educacional o socialmente improductivo.
Todos reconocen que la influencia de Ghazali sobre el pensamiento occidental es enorme. Pero esta misma influencia demuestra la acción del condicionamiento: los filósofos medievales de la Cristiandad adoptaron muchas de sus ideas pero de manera selectiva, ignoran- do por completo los aspectos que eran desconcertantes para sus propias actividades de adoctrinamiento.
El pensamiento de Ghazali pretendía hacer compren- der a una audiencia más amplia que la Sufi, la dife- rencia determinante entre creencia y obsesión. Acen- tuó el papel que desempeña la educación para inculcar creencias religiosas, invitando a sus lectores a obser- var su mecanismo. Insistió en señalar que las perso- nas instruidas pueden ser, y muy a menudo son, tam- bién estúpidas, o fanáticas y obesas. Afirmó que además de tener información y poder reproducirla, existe tam- bién el conocimiento, que es una forma elevada del pen- samiento humano.
Ghazali considera que el hábito de confundir la opi- nión con el conocimiento, hábito que se encuentra con gran frecuencia en esta época, es una verdadera enfer- medad epidémica.
Ghazali, al señalar todos estos criterios ampliamente ilustrados y en un ambiente que no conducía a actitu- des científicas, no se limitaba a representar el papel de un diagnosticador. Había adquirido su propio co- nocimiento a la manera Sufi y advertía que la com- prensión superior —de hecho ser un Sufi— sólo era posible para quienes vieran y evitaran los fenómenos que él describía.
Este autor escribió gran número de libros y pu- blicó muchas enseñanzas. Su contribución al pensa- miento humano y la pertinencia de sus ideas perma- necen indiscutibles después de varios siglos. Queremos reparar parcialmente la omisión de nuestros predece- sores citando sus afirmaciones sobre el método. ¿Cuál era su camino? ¿Qué debe hacer el hombre para pa- recerse a quien fue indudablemente uno de los gigan- tes de la filosofía y la psicología universales?
EN EL CAMINO GHAZALI
Un ser humano no es un ser humano mientras sus tendencias sean autoindulgentes, avaras, iracundas
y agresivas. Un estudiante debe procurar atender a
las cosas habituales como su gente y su medio, de la manera más reducida posible pues la capacidad de aten- ción es limitada.
El discípulo ha de considerar que su maestro es un médico que conoce el remedio para su paciente, y de- berá servirle. Los Sufis adoctrinan de modos inespe- rados. Un médico con experiencia prescribe ciertos tratamientos correctos. Sin embargo, el lego podría sorprenderse de sus palabras y sus actos; no contem- pla la necesidad o la importancia del procedimiento adoptado.
Y así es probable que el alumno no formule las preguntas adecuadas en el momento oportuno. Pero el maestro sabe qué y cuándo un individuo puede comprender.
DIFERENCIA ENTRE LA ACTIVIDAD SOCIAL Y DE INICIACIÓN
Ghazali insiste en que entre el contacto social o recrea- tivo y un contacto más elevado existe una conexión y también una diferencia.
Aquello que obstaculiza el progreso de un individuo y de un grupo a partir de un comienzo loable es su permanencia en la repetición y sobre una base social disfrazada.
Si un niño —dice— pide que le expliquemos los placeres contenidos en gobernar, le diremos que es muy semejante a lo que sentimos en la práctica del de- porte, aunque en realidad no tienen nada en común excepto que ambos pertenecen a la categoría del placer. LA PARÁBOLA DE LOS QUE TIENEN
OBJETIVOS SUPERIORES
Imán el-Ghazali relata un episodio de la vida de 68
Isa, Ibn Maryam, desús, hijo de María:
Un día, Isa vio a unas personas sentadas miserable- mente sobre un muro, y les preguntó: "¿Qué os suce- de?" Ellos respondieron: "Nos convertimos en mise- rables por nuestro temor al Infierno".
Isa continuó caminando y vio unas personas des- consoladas que yacían a la vera del camino y les dijo: •'¿Qué os sucede?" Ellos respondieron: "Nos ha vuelto así el anhelo del Paraíso".
Retomó Isa su camino hasta encontrar un tercer grupo de personas con el aspecto de haber sufrido mucho, pero con rostros resplandecientes de alegría. Isa les preguntó: "¿Qué os ha vuelto así?" Y ellos respondieron :"E1 Espíritu de la Verdad. Hemos visto la Realidad y nos hemos olvidado de las metas mez- quinas".
Entonces El dijo: "Estos son los que llegan. En el día del Juicio estarán en presencia de Dios".
LAS TRES FUNCIONES DEL HOMBRE PERFECCIONADO
El Hombre Perfeccionado de los Sufis tiene tres formas de relación con la gente, que varían según la condición en que aquélla se encuentre.
Las tres formas se ejercen de acuerdo con: 1.La índole de la creencia que rodea al Sufi;
2.La aptitud de los discípulos, cuya enseñanza concuerda con su capacidad de comprensión;
3.Un grupo especial que compartirá la compren sión del conocimiento, que se deriva de la ex periencia interior directa.