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3.   Materials & Methods 40

3.1.   Preparation of Calibration Standards, Reference Materials, and Specimen Samples 40

-¿Qué es lo más poderoso y qué lo más iluminador? Dijo el Buda:

-La mansedumbre es lo más poderoso, pues no alberga pensamientos malignos, y además es apacible y está llena de fuerza. Como está libre de todo mal será honrada por todos.

»Lo más iluminador es una mente limpia de toda impureza, y que al permanecer pura carece de imperfecciones. Desde los tiempos en que to- davía no existían cielo y tierra hasta el presente, no hay nada en las diez di- recciones que no sea visto u oído por una mente así. Pues ha alcanzado todo el conocimiento y por esa razón se la llama iluminadora.»

La vida puede vivirse de dos maneras. Una es la del soldado, y la otra la del sannyasin. Puedes luchar con la vida o puedes relajarte en ella. Puedes tratar de conquistar la vida y puedes vivir en un profundo soltar. El camino del soldado es el erróneo, porque es imposible conquistar la vida, la parte no puede conquistar al todo. Está abocado al fracaso y a la frustración. Puedes jugar con la idea, pero nunca triunfará; está destinada al fracaso. Los soldados intentan conquistar la vida, y al final se encuentran aplastados por ella, derrotados, destruidos.

La vida no destruye a nadie, pero si peleas con ella serás destruido por tu propia violencia. La vida no está contra ti. ¿Cómo podría estarlo si es tu madre? La vida te ha traído aquí, has nacido de ella. Eres un rayo de su luz,

una ola de su océano. Eres intrínseco y consustancial con ella, no estás separado.

Pero si empiezas a luchar contra tu propia fuente de energía, serás des- truido. El propio concepto de lucha te envenenará. Y claro, cuanto más va- yas sintiendo que pierdes la batalla, más lucharás. Una vez que lo com- prendas empezarás a sintonizar con el todo, a bailar con el todo. Si pierdes la lucha empiezas a cooperar.

En el momento en que decides cooperar te conviertes en sannyasin. 148

Una persona religiosa es la que no alberga idea de separación respecto al todo... que nunca piensa, que nunca sueña que está separado... que ca- rece de un objetivo particular propio... que simplemente va con la vida, con una confianza total. ¿En quién confiarás si no puedes confiar en la vida? Si no puedes permitir que la vida fluya a través de ti, estarás perdiendo... estarás perdiendo esta tremenda oportunidad de estar vivo. Te preocuparás, te verás atrapado en tu propia mente. Y el resultado natural de ello es la desdicha.

Comprender que el conflicto no es el camino para ser feliz es la mayor de las comprensiones. Comprender que la cooperación es el camino para ser dichoso hace desvanecerse la noche oscura del alma y aparecer la al- borada en el horizonte... Te transformará.

Comprender que la cooperación es la clave, y no el conflicto, es una fuerza transformadora. Sin duda la clave es la confianza. La violencia no es el camino, sino el amor. Éste es el marco básico.

Ahora el sutra:

Un monje le preguntó al Buda:

«¿Qué es lo más poderoso y qué lo más iluminador?».

Todos hacemos únicamente esas dos preguntas. Primero, ¿qué es más poderoso? Porque todos buscamos poder. Queremos ser poderosos porque nos sentimos impotentes, débiles, limitados. Te rodean todo tipo de limi- taciones. Allí donde vas topas con un muro y te sientes impotente. Sientes esa impotencia en todos los momentos de la vida. Así que la pregunta re- sulta muy pertinente, es una pregunta muy humana. ¿Qué es lo más pode- roso del mundo? El monje debió haber sido un buscador de poder.

Has de entender que el propio esfuerzo, el propio deseo de ser podero- so, es uno de los obstáculos para alcanzar poder. Quien intenta ser pode- roso nunca lo logra. Es destruido por su propia búsqueda. Porque el es- fuerzo para hacerse poderoso significa que está en conflicto. Quiere luchar, y por eso quiere ser poderoso. Si no, ¿para qué necesita poder? Debe albergar alguna agresión, algo de violencia, alguna inquina. Quiere de- mostrar y realizar. Quiere demostrar a los demás que es poderoso y ellos no. En algún lugar muy profundo de su interior, acechando como una som- bra en el inconsciente, hay un Adolf Hitler tratando de abrirse camino hacia

la mente consciente, o un Nadir Shah, o un Napoleón, o un Alejandro. Todo el mundo lleva un Alejandro Magno en su interior.

Este deseo de poder ha creado muchas cosas en el mundo. La ciencia aparece como un deseo de poder, y a su vez ha creado poder, Pero ese po- der está destruyendo a la humanidad. Ha llegado a tal extremo que gente como Albert Einstein siente que ha cometido un crimen contra la humani- dad. En los últimos días de su vida, alguien le preguntó a Einstein:

-¿Qué le gustaría ser si tuviese la oportunidad de volver a nacer? 149

-No volvería a ser físico, ni científico. Nunca más. Más bien preferiría ser fontanero -contestó.

Fue un hombre sensible, muy comprensivo. Y sólo al final comprendió que había liberado demasiada energía, y que había hecho a la humanidad consciente de una fuerza tan destructora -la energía atómica-, que si la hu- manidad se autodestruyera, el sería una de las personas más responsables.

El marco referencial de la ciencia es conquistar la naturaleza. Ésa es la auténtica terminología de la ciencia, "la conquista de la naturaleza". De- bemos vencer a la naturaleza y hemos de destruir todos sus misterios. Hemos de hallar todas las claves de poder, sean cuales fueren. Pero esa misma idea te aleja de la naturaleza, te antagoniza con ella y se torna destructiva. Esta búsqueda de poder ha destruido la ecología de la tierra. El ritmo natural de la vida ha sido perturbado, tanto el externo como el interno.

Así me lo han contado:

A Federico de Prusia se le ocurrió en una ocasión una idea muy poco usual. Se hallaba en el campo cuando observó algunos gorriones comiendo granos de trigo. Empezó a pensar y llegó a la conclusión de que esos pajarillos se comían un millón de picotazos de trigo al año en su reino. No podía permitirse. Debían ser conquistados o destruidos.

Como era difícil exterminarlos, prometió un precio por cada gorrión muerto. Todos los prusianos se convirtieron en cazadores y no tardó el campo en quedarse sin gorriones. ¡Qué gran victoria!

Federico de Prusia se sintió muy contento. Celebró el evento como una gran conquista sobre la naturaleza. El rey estuvo muy contento hasta que al año siguiente le dijeron que las langostas y las orugas habían devorado las cosechas porque la ausencia de gorriones había alterado todo el ritmo de la vida. Los gorriones se alimentan de orugas y langostas. Al no haber go- rriones, las orugas acabaron con las cosechas. Fue necesario importar gorriones. Y el rey dijo: «He cometido un error. Dios ya sabe lo que hace».

Las grandes mentes científicas de este siglo están empezando a reco- nocer, poco a poco -con lentitud, y de mala gana-, que se ha cometido un gran error.

Se trata del deseo mismo de ser poderoso contra la naturaleza, porque ese deseo de ser poderoso es antagonista. ¿Para qué necesitas ser podero-

so? Debe ser porque piensas en términos de destruir a alguien. Para destruir se necesita poder. Para dominar se necesita poder. Para conquistar se necesita poder.

El monje debería haber preguntado: «¿Cuál es la cosa más poderosa del mundo?». De hecho la palabra que debería de haber utilizado es siddhi. Debería haber preguntado: «¿Qué es siddhi, que es poder?».

La ciencia intenta penetrar en la naturaleza para obtener más poder. Y para penetraren el hondón de tu ser existen muchos sistemas, pero la finali- dad sigue siendo obtener más poder. No existe diferencia entre hacerte más

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poderoso de una manera científica o psíquica. Ahora Occidente se interesa en las ciencias psíquicas, pero la necesidad es la misma: ser más poderoso.

Así que primero intenta comprender por qué el ser humano busca po- der. Es el deseo del soldado. Quieres poder porque sin poder no puedes ser un gran ego. Para el ego, el poder es alimento. Buscas poder porque sólo con poder podrás decir: «Yo soy». Cuanto más dinero tengas, más poder tendrás, y más cómodo estarás con tu "yo soy". Cuanta más gente puedas destruir, más sentirás que nadie puede destruirte.

Ahora los psicólogos dicen que la gente está interesada en matar, en asesinar, en la guerra, porque cuando matan a otros se sienten muy pode- rosos. Sienten que tienen poder sobre la muerte. Piensan que pueden crear muerte, que pueden matar a otros. Sienten de manera muy profunda que se han convertido en inmortales. Incluso la muerte está bajo su control. Es una tontería, pero esa idea existe. La gente a la que le encanta matar tiene miedo de la muerte.

Adolf Hitler tenía mucho miedo de la muerte, tanto que no permitía que nadie se quedase con el en su habitación por las noches. Ni siquiera una amante, de temeroso que era. ¿Quién sabe?... Tal vez la amante podría resultar ser una espía, una agente al servicio del enemigo. Ni siquiera con- fiaba en el amor.

Fue uno de los hombres más solitarios que han existido sobre la tierra... siempre con miedo, siempre tembloroso. Pero continuó matando gente, a fin de equilibrar su miedo. Cuantos más mataba, más poder sentía en sus manos. Cuando más sentía ese poder, más creía que la muerte no podía destruirle. Empezó a sentirse inmortal.

¿Te has dado cuenta de que en tiempos de guerra la gente parece ra- diante? En tiempos de guerra la gente parece muy fresca. Por lo general pa- recen muy aburridos. Pero cuando la guerra empieza te das cuenta de que empiezan a caminar de manera diferente, de que en sus ojos aparece un brillo, una luminosidad... sus rostros parecen más vivos, como si hubiera de- saparecido el polvo del aburrimiento. Ha sucedido algo sensacional.

No debería ser así, pero siempre que hay guerra la gente siente poder sobre la muerte... pueden matar. De inmediato, y en la sombra de su in- consciencia, sienten: «Incluso la muerte nos pertenece. Podemos darla o

evitarla». A la gente le gusta la destrucción por ser un medio que propor- ciona seguridad contra la muerte.

La búsqueda de poder es la búsqueda de no entregarse, de no sentirse desvalido, de no hallarse en un estado que no se controla.

La persona religiosa hace justo lo contrario. Busca un estado en el que carece de control pero en el que todo el control está en manos del too, llámalo Dios, o el Supremo, o la existencia, o cualquier otra cosa que te apetezca.

La persona religiosa es la que quiere estar en una armonía tan profunda que no haya conflicto. Busca amor. Busca una aventura amorosa con el 151

universo. Nunca pide poder. Pide cómo acabar con la separación, cómo fundirse, y pregunta: «¿Cómo realizar una entrega tal en la que no realice ningún movimiento contra el otro o me separe del todo, para fluir con el río de la vida, para que, vaya donde vaya el río de la vida, pueda ir con él?».

«¿Qué es lo más poderoso?».

Preguntó el monje. Dijo el Buda:

«La mansedumbre es lo más poderoso».

Dijo Jesús: «Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tie- rra». La frase parece absurda. ¿Los mansos? Nunca han sido lo suficien- temente poderosos para heredar la tierra. Y no podemos concebir que nun- ca puedan hacerlo. Pero Jesús dice algo que es verdad: bienaventurados los mansos.

Y cuando dice que heredarán la tierra, está transmitiendo el mismo mensaje que el Buda cuando éste dice: «La mansedumbre es lo más pode- roso». Ése es el significado de ''heredar la tierra".

La mansedumbre es poderosa, pero su poder tiene una connotación to- talmente distinta. La mansedumbre es poderosa porque ahora nadie está contra ti. La mansedumbre es poderosa porque ya no estás separado del todo... y el todo es poderoso. La mansedumbre es poderosa porque ya no has de luchar, y no hay manera de que puedas ser denotado. La manse- dumbre es poderosa porque con el todo ya has conquistado. Toda victoria es del todo. La mansedumbre es poderosa porque estás en la cresta de la ola del todo. Ahora no existe la posibilidad de que seas derrotado.

Da la impresión de ser paradójico, porque una persona mansa es al- guien que no quiere conquistar. La persona mansa es la que está dispuesta a ser derrotada. Dice Lao Tzu: «Nadie puede derrotarme porque ya he

aceptado la derrota. ¿Cómo puedes derrotar a una persona derrotada? -dice Lao Tzu-. Nadie puede derrotarme porque soy la última persona del mundo. No puedes empujarme más atrás, porque no hay "más atrás". Soy la última persona». Jesús también dice: «Los últimos de este mundo serán los primeros en el reino de Dios».

¿Quiénes son los últimos serán los primeros? No parece posible en este mundo. En este mundo tiende a vencer la gente agresiva y violenta. En los sitios más poderosos es donde hallarás a la gente más demente, porque para llegar a ese puesto hay que estar loco por el poder, pues la competi- ción es apretada. La competición es tan violenta que ¿cómo puede una per- sona mansa alcanzar un estado de poder? No... Ese no es el sentido.

Cuando el Buda dice: «La mansedumbre es lo más poderoso», lo que está diciendo es que no puede derrotarse a una persona mansa porque no 152

alberga ningún deseo de conquista. No puedes forzar a una persona mansa a ser un fracasado porque nunca quiso triunfar. No puedes obligar a una persona mansa a ser pobre porque nunca tuvo deseos de riqueza. La po- breza es su riqueza. Ser un don nadie es su forma de vida. Ser un don nadie es su verdadero estilo.

¿Qué puedes arrebatarle? No tiene nada. No puede ser timado, ni roba- do. De hecho, no puede ser destruido porque ya ha entregado lo que puede destruirse. No tiene ser, ni ego.

Sucedió cuando Alejandro regresaba de la India y quiso llevarse un sannyasin con él. Cuando llegó para conquistar la India, su maestro, el gran filósofo Aristóteles, le dijo:

-Cuando regreses, tráeme un regalo. Quisiera conocer a un sannyasin de la India.

Se trata de algo muy particular de Oriente. Esa contribución pertenece a Oriente. Occidente ha dado grandes guerreros, y Oriente grandes sannyasines. Aristóteles estaba intrigado con la idea de sannyas, con su significado.

Alejandro lo recordó al regresar. Hizo indagaciones. La gente de la po- blación donde se hallaba le di jo:

-Sí, hay un sannyasin, pero no creemos que seáis capaz de llevároslo. Alejandro se rió ante el desatino de los aldeanos, porque ¿quién puede impedirle nada a Alejandro? Así que di jo:

-Si quiero llevarme el Himalaya, me seguirá. Así que no os preocupéis, y limitaos a decirme dónde está. -Y se lo dijeron.

Se trataba de un faquir desnudo, un hombre desnudo que vivía a la vera del río. fuera del pueblo... una persona hermosa. Se llamaba Dandamis, así es como le han recordado los historiadores de Alejandro. Enviaron a dos soldados, que dijeron al sannyasin:

-Alejandro Magno quiere que le sigas. Serás un invitado real. Se te pro- porcionará todo lo que necesites, todo el lujo posible. Acepta la invitación.

El hombre desnudo empezó a reírse:

-He abandonado todo vagabundeo. Ya no voy a ninguna parte. He lle- gado a casa.

Le dijeron los soldados:

-No seas estúpido. El gran Alejandro puede obligarte. Si no vas como invitado, irás como prisionero. Tuya es la elección. Pero elijas lo que elijas, acabarás yendo.

Volvió a reírse, y dijo:

-He soltado todo aquello que puede encarcelarse. Nadie puede hacer- me prisionero. Soy libertad.

Tuvo que ir Alejandro en persona. Sacó su espada y le dijo al sannyasin: -Si no vienes conmigo, esta espada cortará tu cabeza.

-Puedes hacerlo. De hecho, ya lo he hecho yo. Me he cortado la cabeza. Pero si quieres corlármela tú, la verás caer al suelo, y yo también la veré caer al suelo, porque me he convertido en un testigo —elijo el sannyasin.

Se dice que Alejandro no pudo reunir el coraje como para matar a aquel hombre. Era tan feliz, tan valiente, tan dichoso.,,

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Cuando el Buda dice: «La mansedumbre es lo más poderoso« quiere decir que quien no existe como ego es manso. Quien no existe como ego no puede ser conquistado, ni derrotado, ni destruido, porque ha ido más allá.

Al ir más allá del ego se va más allá de la muerte. Al ir más allá del ego se va más allá de la derrota. Al ir más allá del ego se va más allá de la im- potencia. Se trata de un concepto totalmente distinto de poder: se trata del poder de un sannyasin.

Este poder no mana del conflicto. Este poder no ha sido creado por la fricción. Decís que la electricidad es creada por la fricción. Podéis crear electricidad a partir de la fricción, se puede obtener fuego de la fricción. Si frotáis ambas manos obtendréis calor. Hay un poder que proviene de la fric- ción, del conflicto. Y hay un poder que proviene de la cooperación; no de la fricción, sino de la armonía. Eso es lo que dice el Buda: «Quien está en armonía con el camino es poderoso». Pero para estar en armonía con el camino hay que ser manso.

Bienaventurados los mansos. Ciertamente ellos heredarán la tierra. La Historia nunca sabrá nada de ellos, porque esta no tiene nada que ver con ellos. La Historia sólo reconoce la fricción, el hacer daño. La Historia sólo reconoce a los dañinos. La Historia sólo reconoce a los dementes, porque la Historia sólo registra algo que no marcha bien. Cuando todo está en armonía, también está fuera del tiempo y de la Historia.

La Historia no cuenta mucho acerca de Jesús, de hecho, no cuenta nada. Si no existiese la Biblia no existiría ninguna constancia de Jesús. Y me gusta- ría decir que ha existido mucha gente como Jesús, pero no tenemos ninguna constancia de ellos. La Historia nunca tomó nota. Fueron tan mansos, tan silenciosos, tan armónicos, que no crearon onda alguna a su alrededor. Llegaron y se fueron, y ni siquiera dejaron una huella.

La Historia no ha registrado ningún buda. Por eso cuando oyes hablar del Buda, o de Mahavira, o de Zaratustra. te parecen figuras mitológicas, no

históricas. Da la impresión de que nunca existieron, de que sólo existieron en los sueños del ser humano, o en la poesía de algunas personas románticas con mucha imaginación. Parecen fantasías. Parece que sean ejemplos de lo que al ser humano le gustaría que fuese el ser humano... pero no realidades. Pero fueron muy reales. Fueron tan reales que no

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