5. Method Validation: Inter-Laboratory Comparison 75
5.4. Results & Discussion 80
«Mi doctrina es pensar el pensamiento que es impensable, practicar la acción que no se hace, pronunciar el discurso inexpresable y formarse en la disciplina que está más allá de la disciplina. Quienes lo entiendan están cerca: los que se confundan están lejos. El camino está más allá de palabras y expresiones, no está limitado por nada terrenal. Si lo perdemos de vista una pulgada o no damos con él durante un instante, nos alejaremos de el para siempre.»
Este sutra es uno de los más importantes, uno de los básicos del mensaje del Buda. La esencia de su mensaje aparece en él como una semilla. Profundicemos en él e intentemos comprenderlo. Porque si comprendéis este sutra, entenderéis todo lo que el Buda quiere que comprendáis. Si os perdéis este sutra, lo perdéis todo.
Dijo el Buda:
«Mi doctrina es pensar el pensamiento que es impensable, practicar la acción que no se hace, pronunciar el discurso inexpresable y formarse en la disciplina que está más allá de la disciplina.»
La elección de la palabra "doctrina" es desafortunada, pero hay dificultades a la hora de traducirla. El Buda debió utilizar la palabra siddhanta, que tiene un sentido totalmente distinto. Por lo general se la traduce como "doctrina"; pero no debería ser así. El problema es que en las lenguas europeas no existe el equivalente para siddhanta, así que os lo tendré que explicar.
Una doctrina es una teoría lógica coherente. Siddhanta no tiene nada que ver con lógica, teoría o coherencia. Un siddhanta es una realización, una experiencia. Una doctrina es intelectual, siddhanta es existencial. Puedes fabricar una doctrina sin ser transformado por ella. Puedes crear una gran doctrina sin ni siguiera verte afectado por ella. Pero si quieres al-
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canzar un siddhanta deberás ser totalmente transformado, porque será la visión de una persona totalmente distinta.
La palabra "siddhanta" significa la afirmación de quien se ha convertido en siddha, quien ha realizado, quien ha llegado... es su declaración. Puedes ser un gran filósofo, puedes entender muchas cosas intelectualmente, puedes sistematizar tus inferencias, y puedes crear un silogismo muy coherente y lógico que casi parezca la verdad, pero no lo es. Ha sido ma- nufacturado por tu mente. Una doctrina es artificial; un siddhanta no tiene
nada que ver con el esfuerzo intelectual humano. Un siddhanta es una vi- sión... a la que se llega.
Por ejemplo, un ciego puede pensar sobre la luz y puede intentar com- prender de qué se trata. Incluso puede escuchar grandes tratados sobre la luz y puede hacerse una cierta idea al respecto, pero eso será todo. Seguirá estado tan alejado de la luz como antes. Incluso podrá exponer la doctrina sobre la luz, explicar su física y su estructura. Puede profundizar entre los componentes de la luz, puede hablar de ello, puede llegar a escribir una tesina al respecto. Puede ser declarado doctor por una universidad, porque ha argumentado una doctrina... pero seguirá sin saber qué es la luz. No tiene vista para ver.
Un siddhanta es lo que has visto, lo que te ha sido revelado, lo que se ha convertido en tu propia experiencia y con lo que te has encontrado. Una doctrina casi es imaginaria, no es real. Una doctrina es casi algo prestado. Puedes ocultar tus empréstitos de muchas maneras, de maneras sutiles y arteras. Puedes reformular, puedes beber de muchas fuentes y puedes reorganizarlo todo, pero una doctrina es algo tomado prestado... No hay nada original en ella.
Un siddhanta es totalmente original, nuevo. Es tu auténtica experiencia. Has visto qué es la realidad. Es una percepción inmediata, una bendición. una gracia, un regalo. Has llegado y has visto lo que es la verdad. Siddhanta es la declaración referente a una realización. Argumentar una doctrina es una cosa; dar expresión a un siddhanta es totalmente otra.
Así me lo han contado:
En una ocasión, el ínula Nasrudín se hallaba conversando con algunos amigos. Les contaba las estupendas vacaciones que él y su familia acababan de pasar en los Estados Unidos.
-Es un país maravilloso -exclamó-. En ningún otro lugar del mundo tratan tan bien a un extranjero. Caminas por la calle y conoces a un tipo bien vestido con montones de dólares. Se toca ligeramente el sombrero para sa- ludarte y te sonríe, y empezáis a hablar. Te invita a subir a su enorme coche y te enseña la ciudad. Te invita a una cena estupenda, y luego te lleva al teatro. Luego más comida y mucha bebida, y te invita a su casa y duermes de maravilla toda la noche. A la mañana siguiente...
-Nasrudín -interrumpió uno de sus oyentes-. ¿De verdad le pasó todo eso? 187
-Bueno, no, no exactamente, pero le pasó a mi mujer -respondió el mulá. Una doctrina es lo que le ha pasado a otro. La has escuchado. No te ha sucedido a ti... es prestada, sucia, fea. Un siddhanta es virgen.
Una doctrina es una prostituta. Ha pasado por muchas mentes, por muchas manos. Es como un billete muy usado; no hace más que cambiar de propietario. Un siddhanta es algo totalmente fresco. Nunca ha sucedido
antes, y nunca sucederá después. Te ha ocurrido a ti. Un siddhanta es pro- fundamente individual. Es una visión personal de la realidad. Lo que le sucedió al Buda es un siddhanta; lo que argumentan los budistas es una doctrina. Lo que le sucedió a Cristo es un siddhanta; los cristianos hablan de una doctrina. Lo que le sucedió a Krishna es un siddhanta; de lo que se jactan los hinduistas es una doctrina. Lo que os estoy diciendo es un siddhanta; si vais por ahí repitiéndolo será una doctrina. Por eso dije que "doctrina" fue una elección muy desgraciada para ponerla en boca del Buda. «Mi doctrina es pensar...». No, mejor: «Mi siddhanta es pensar....», mi realización es pensar, mi propia comprensión es pensar... No está propo- niendo una teoría, sino que sólo expresa una experiencia.
Unas cuantas cosas más antes de entrar en el sutra.
Un siddhanta es paradójico por naturaleza. Ha de serlo, porque la vida lo es. Si realmente lo has experimentado, entonces todo lo que ves y dices será paradójico. La vida consiste en contradicciones. Las llamamos con- tradicciones, pero la vida no las llama así. Son complementariedades. La noche y el día bailan juntos, la vida y la muerte bailan juntas, el amor y el odio van de la mano. Lo llamamos contradicciones, pero en la vida no lo son. La vida es grande, vasta e inmensa. Incluye en ella todas las contra- dicciones; son complementariedades.
Lo que ha realizado una persona, diga lo que diga, tendrá el sabor de una paradoja. Por eso todas las grandes declaraciones religiosas son para- dójicas. Están en los Vedas, en las Upanishads, en el Corán, en la Biblia, en el Tao te ching. Allí donde encuentres la verdad, te parecerá paradójica, porque la verdad ha de ser total, y la totalidad es paradójica.
Una doctrina nunca es paradójica, una doctrina es muy coherente, por- que no se preocupa de la realidad. A una doctrina le preocupa ser cohe- rente. Desconoce la realidad. Es un juego mental, y la mente es muy, pero que muy lógica. Y la mente no admite contradicciones. La mente dice que si hablas sobre la luz no lo haces sobre la oscuridad porque entonces sería incoherente. Olvídate de la oscuridad. La mente intenta demostrar que la vida no es contradictoria, porque ésa es su elección.
La mente es muy temerosa de las contradicciones, se torna muy remil- gada cuando haya una contradicción. Insiste en su propia pauta. La mente es lógica, la vida no. Así que si descubrís algo muy lógico, andaos con cui- 188
dado, porque debe haber algo erróneo en ello. Puede no formar parte de la vida, puede ser artificial.
Todo lo existencial es contradictorio. Por eso la gente discute sobre Dios. ¿Por qué -si Dios ama tanto al ser humano- creó la muerte? A la mente le resulta muy difícil aceptar la idea de que la existencia contiene la vida y también la muerte. Si dependiese de ti, si fueses el creador del mundo, si tu mente fuese el creador, no lo habrías hecho nunca.
Pero piensa en una vida en la que no existiese la muerte. Sería puro aburrimiento. Sería puro tedio. Piensa... si la muerte fuese imposible, en- tonces te hallarías siempre en un infierno. Si la mente hubiese creado el mundo, entonces sólo habría amor, no odio. Pero imagina un mundo en el que sólo existiese el amor. Sería tan dulce... dulzón y empalagoso hasta el punto de resultar nauseabundo. Perdería la gracia, el color, sería chato. El amor es hermoso a causa de la posibilidad del odio.
Si la mente tuviera que crear el mundo, o si se lo hubieran pedido a Aristóteles, entonces sólo sería de día, no habría noche; sólo habría trabajo, sin juegos. ¡Imagínate lo que pasaría! Tal vez sea ésa la razón por la que Dios creó al hombre al final. Primero creó todas las otras cosas, pues si no, el ser humano le habría empezado a dar consejos. Según la Biblia. Dios creó primero los árboles y la tierra, los cielos y las estrellas, los animales y las aves... y luego esperó y esperó. Y a continuación creó al hombre, y luego a la mujer, porque el hombre, tal vez por cortesía, podría haber estado ca- llado, pero una mujer no puede callarse. Dios debe haberse asustado. No crearé al hombre, porque si no empezará a darme consejos: «Haz esto, no hagas lo otro». Y para crear a la mujer esperó hasta el final, ¡y tras hacerlo, desapareció! De otro modo, la mujer le habría dado la lata hasta la muerte.
Un industrial me contaba que en su nueva fábrica todo había sido pla- neado, acordado. Los ingenieros, arquitectos y proyectistas lo habían aco- tado y acordado todo. Le pregunté:
-¿Por qué no deja de repetirme una y otra vez que todo fue acordado? ¿Algo fue mal?
Me dijo:
-Luego volví a casa y le hablé de ello a mi mujer ¿Por qué lo haría? Ahora no deja de sugerir cosas que lo cambiarían todo. Y si no le hago caso, entonces se convertirá en un problema constante para el resto de mi vida. Me dará la lata hasta la muerte.
Si le hubiesen pedido a Aristóteles que crease el mundo, o que ayudase a crearlo, entonces el mundo hubiera sido total y absolutamente coherente. Pero hubiera sido un mundo lleno de miseria e infernal. La vida es bella a causa de sus contradicciones. Trabajar está bien porque también hay juego. Trabajar significa que has de hacer algo para obtener algo. Jugar significa que lo haces por sí mismo. No, Aristóteles no lo hubiera permitido, ni Platón tampoco. En su República, Platón dice que no habría lugar para
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los poetas: «No los permitiremos. Son gente peligrosa, traen la contradicción al mundo. Los poetas son soñadores y hablan de modo vago y ambiguo. No puedes sacar nada de provecho de lo que dicen». En el mundo de Platón, en su República, los lógicos y filósofos serían los reyes; ellos decidirían.
Todavía no ha sucedido del todo, aunque sí parcialmente. Por ejemplo, la Rusia soviética era más platónica, China es más platónica. Ambos países
han sido dirigidos por la lógica, y no podrás hallar gente más desdichada en ningún otro lugar. Bien alimentados y bien resguardados, porque la lógica es una gran arreglista de cosas; todo debe ser dispuesto... Sólo que falta la vida. La gente no acaba de ser feliz, porque no sólo de pan vive el hombre. También necesitas lo contrario. Trabajas todo el día y descansas de noche. También necesitas la oscuridad.
Una doctrina es la declaración lógica de una teoría, y la lógica es como un camaleón: no deja de cambiar de color, no es de fiar. Y no lo es porque no se basa en la realidad. No es responsable porque no se basa en la reali- dad. Es falsa porque es una verdad parcial. Recuerda que una verdad parcial es más falsa que una falsedad total. Porque una verdad parcial da la sensación de ser verdadera. Sólo es una media verdad y nada puede ser verdadero a medias. O es verdad o no lo es. Una verdad a medias es total- mente falsa, pero la lógica le proporciona la sensación de ser verdad; al me- nos parece estar camino de la verdad.
Pero ni siquiera está camino de la verdad. Y los lógicos no hacen más que piruetas, cambiando sus puntos de vista, porque de hecho no han lle- gado a nada que sea realmente real, sólo a sus juegos mentales. Un día un juego, y al siguiente otro juego distinto; no hacen más que cambiarlos. Son coherentes... coherentes con su propia línea de pensamiento, pero incohe- rentes con la realidad.
Así me lo han contado:
-Es difícil poder explicar lo que un curso de lógica provocaría en el pensamiento de una persona, pero permite que te lo ilustre -dijo el mulá Nasrudín a su hijo-. Imagina que dos hombres salen de una chimenea. Uno está limpio, y el otro sucio. ¿Cuál de ellos se bañará?
-El sucio, naturalmente -respondió el muchacho.
-Recuerda -reprendió Nasrudín- que el limpio ve al sucio y piensa en lo sucio que está él, y viceversa.
-Ahora lo entiendo, papá -contestó el chico-. El limpio, al ver a su compañero sucio, concluye que él también lo está. Así que es él el que se baña. ¿A que sí?
-Te equivocas -dijo Nasrudín con calma-. Lo que la lógica nos enseña es: ¿cómo pueden salir dos hombres de una chimenea y estar uno limpio y el otro sucio?
Una vez que empiezas a jugar, el juego de la lógica no tiene fin, y nunca ganarás. Siempre ganará el lógico. Y siempre ganará porque siempre
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puede hallar una salida. Y tú no tienes nada que pueda comparársele, careces de realidad. Por eso han existido tantos filósofos, todos oponiéndo- se entre sí, sin que hayan llegado todavía a una sola conclusión.
El ser humano ha polemizado a lo largo de los siglos, durante casi cinco mil años; el ser humano no ha hecho gran cosa, sino polemizar. Se han creado miles de filosofías, muy pulcras y lógicas. Si lees a un filósofo te con- vencerá. Y si lees a su oponente también te convencerá. Lee a un tercero, y quedarás convencido, y así te irás metiendo en ese fregado. Poco a poco, todos te irán convenciendo y te volverás loco, porque ahora no sabrás qué es verdad. Todos están equivocados porque el enfoque lógico es erróneo.
Existen dos maneras de conocer la realidad. Uno es: cierra los ojos y piensa en ello. Llámalo "acerquismo". Siempre trata acerca de esto y lo otro, pero nunca va derecho al grano. No haces más que ocuparte de la paja, pero nunca das con el grano, sólo con lo que lo rodea. Nunca penetras en el centro de un problema, sino que das vueltas a su alrededor. Es un tiovivo. Incluso puedes disfrutar con ello... A los lógicos les encanta. ¡Es tan bonito aparecer con una nueva teoría que lo explica todo...!, pero sólo en la mente. Cierras los ojos, te sientas en una tumbona y piensas en ello. Pero eso no te va a acercar a la realidad.
La realidad ya está ahí, no has de pensar en ella. Has de permitirla. Has de abandonar todo pensamiento para así poder ver qué es la verdad, para así poder ver lo que es. Si no dejas de pensar no puedes ver lo que es. Es imposible. Tus pensamientos crearán una barrera de humo a tu alrededor. Tu conciencia se verá cubierta de humo, tus ojos carecerán de claridad, no tendrás sensibilidad. Y no dejarás de buscar e indagar en busca de tus pro- pias ideas, imponiéndolas, proyectándolas sobre la realidad. No darás a la realidad una oportunidad para que se revele.
Una doctrina se crea a través del pensamiento lógico. Una doctrina se crea a través del proceso del "acerquismo". Un siddhanta no llega cerrando los ojos, ni pensando demasiado, sino soltando el pensamiento, por completo... Abriendo tus ojos sin prejuicios, sin concepciones a priori, y mirando directamente la realidad, enfrentando directamente la realidad. Ya está ahí, sólo necesita que estés tú.
Y cuando estás sin pensamiento alguno, tu mente está tranquila, tu me- moria está tranquila, tu pensamiento ha cesado de ser. y entonces la reali- dad entra en erupción, estalla. Entonces te conviertes en un receptor. En- tonces se manifiesta siddhanta
«Mi siddhanta es pensar el pensamiento que es impensable...»
Lo primero, dice el Buda, es pensar el pensamiento que es impensable. Se trata de una contradicción, de una paradoja. Ningún lógico hubiera pro- nunciado nunca semejante tontería. Carece de sentido desde el principio. Por eso los lógicos dicen que el Buda, Jesús, Bodhidharma, Lao Tzu, Zara-
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tustra... no son más que tonterías. Sus proposiciones carecen de sentido, porque dicen una cosa y a la siguiente respiración se contradicen. Escucha bien esta frase: «Mi siddhanta es pensar el pensamiento que es impensable...»
Justo en una frase muy corta, una contradicción absoluta: pensar lo im- pensable. ¿Cómo puedes pensar lo impensable? Si es verdaderamente impensable, entonces no puedes pensar. Y si puedes pensar, ¿cómo puede ser impensable? Es ilógico... pero hay que entender lo que quiere decir el Buda. No tengas prisa; por eso digo que tengas paciencia.
Cuando dice... cuando quiere decir algo, lo dice. Está diciendo que hay una manera de conocer las cosas sin pensar. Hay una manera de conocer las cosas sin la mente. Hay una manera de ver en la realidad de manera directa, inmediata, sin el vehículo del pensamiento. Puedes estar conectado con la realidad sin ningún agente de pensamiento... Eso es lo que está diciendo. Está diciendo que la mente puede cesar su actividad por completo, abandonar por completo su actividad, y no obstante continuar siendo un depósito y ver en la realidad. Pero deberás experimentarlo, y sólo entonces podrás comprender.
Pero de vez en cuando intenta verlo. Al sentarte junto a un rosal, mira simplemente a la rosa, sin pensar, sin darle nombre. Ni siquiera la clasifi- ques. Ni siquiera digas que es una rosa, porque una rosa es una rosa es una rosa; tanto si la llamas rosa como cualquier otra cosa, sigue siendo lo mis- mo. Así que no la etiquetes, no le pongas nombre, no introduzcas el len- guaje. No metas ningún símbolo, porque el símbolo es el método para fal- sificar la realidad.
Si dices que es una rosa, ya la habrás fastidiado. Introducirás experien- cias pasadas acerca de otras rosas. Tus ojos estarán llenos de rosas, de montañas de rosas. En tu vida debes haberte topado con muchos tipos de