Arriesgo ahora un intento de reflexiones y registros de ciertos caracteres de contexto, con la idea e intención de darle historicidad a todo lo ensayado en torno al Poder, sustrato y explicación del Periodismo, no del periodismo como abstracción sino al expresado casos y manifestaciones concretas, específicas (históricas) de esos saberes y prácticas. Para ello repensaré y reescribiré – reensayaré - , por significarlo de algún modo, algunas de las ideas que vengo trabajando dese del año 1995, año en el que desde mi condición de corresponsal jefe de la agencia de noticias International Press Service (IPS) en Naciones Unidas-Ginebra comencé a tener acceso a fuentes calificadas, tanto en organismos internacionales como en archivos públicos y reservados de Estados Unidos y varias capitales de Europa; antes, desde
la década del ‘80 había acumulado información sobre contextos globales, siendo enviado
especial de la agencia de noticias Prensa Latina, varias veces a Washington y Europa
occidental y “del Este”, África y Asia. Mi primer sobre los tópicos que desde este texto reelaboro fue El color del dinero (Ego Ducrot, 1999). Las siguientes dos marcas impresas sobre estas materas fueron los libros Bush & Ben Laden S.A. y Recolonización e Independencia: América Latina en el Siglo XXI. (Ego Ducrot, 2001; y Calloni y Ego Ducrot y; 2004). Como señalé, retomaré y reelaboraré a continuación algunos de esos materiales, en función de los objetivos de esta Tesis; pero antes quiero introducirme otras ciertas marcas que refieren a las profundas relaciones ontológicas y no sólo metodológicas que entiendo existen entre Periodismo e Historia, en tanto relatos, reconstrucciones de factualidades desde fuentes y documentos, entendidos eso artefactos en el sentido más amplio, como generadores mismo de relatos, desde relatos y hacia relatos; frontera o linde que podría ser tripartito con la literatura, que por no ser tema en particular de esta Tesis, menos de esta
entonces darle rienda suelta a la historicidad por contextos, desde, como escribí hace muy pocas líneas atrás, mis trabajos iniciados en 1995.
Empresas Janoth ocupaba los nueve últimos pisos del edificio Janeth, pero no era ni mucho menos el mayor conglomerado de su sector en Estados Unidos. Jennet-Donohue constituía un grupo de publicaciones más grande, lo mismo que Bacon Publications y Devers & Blair. Aun así, nuestra organización ocupaba un puesto especial y estaba lejos de ser la más pequeña entre las muchas empresas que editaban revistas de literatura e información sobre temas políticos, técnicos y de negocios.
La revista más importante y conocida del grupo era Newsways, un semanario de interés general con una tirada de cerca de dos millones de ejemplares. Estaba en el piso treinta y uno. Por encima de ella, en el último piso del edificio, estaban las oficinas comerciales, los departamentos de publicidad, contabilidad y distribución, junto con el cuartel general
particular de Earl Janoth y Steve Hagen (…). Sin embargo, los cerebros de la organización
había que ir a buscarlos a la planta veintiséis. Albergaba a Crimeways, con Roy Cordette de director adjunto (despacho 2618); yo, que soy el director ejecutivo (despacho 2619), Sydney Kislak y Henry Wycoff, ayudantes de dirección (2617), y seis redactores que ocupan las dependencias anexas. En teoría éramos auténticos registros de los departamentos de policía del país, perros guardianes de sus bolsillos y de sus conciencias, y en ocasiones e su moral, sus modales en la mesa o cualquier otra cosa que se nos viniera a la cabeza. Nosotros diagnosticábamos los delitos: si el FBI tenía que salir en la prensa una vez al mes,
de los delitos presentes y pasados, los profetas de los crímenes futuros. O eso habíamos
dicho colectivamente en tal o cual ocasión (…).
Tal como seguramente sabéis – continuó Earl (en la novela diríamos hoy CEO de la
empresa, vinculado a un crimen, a un homicidio y la crisis financiera de “su corporación”)
-, en nuestro consejo de administración se han producido ciertas diferencias respecto a la política editorial de de Empresas Janeth (…) el consejo no está de acuerdo en que mi
política haya sido la mejor para los intereses e la organización. Y la reciente tragedia, de la que todos estáis al corriente, ha incrementado la desconfianza de la oposición a mi
liderazgo (…). Y antes de poner en peligro el futuro de todas estas empresas, he aceptado
hacerme a un lado y permitir que se haga una fusión con la firma Jennet-Donohue (…). Y confío en que mostraréis hacia el señor Steichel, vuestro nuevo director general, la misma
lealtad que habéis mostrado hacia mí (…).
El taxi redujo la marcha y se detuvo ante un semáforo en rojo. Miré por la ventanilla y vi el titular de un periódico en el kiosco de la esquina: EL EDITOR EARL JANOTH, DESTITUIDO DE SU EMPRESA, MUERE TRAS ARROJARSE POR UNA VENTANA.
(Fearing, 2011).
Se trata de una novela publicada por primera vez en 1946. Su autor nació en Illinois en 1902 y falleció en Nueva York en 1961. Kenneth Fearing no fue un especialista en novela negra. En Estados Unidos se lo recuerda sobre todo por ser, posiblemente, el mejor poeta de suplís
para dos medios de ganado prestigio en aquellos tiempos, The New Yorker y Poetry. También fue miembro fundador de The Partisan Review, célebre revista de la izquierda estadounidense.
Volveré en algún otro momento de esta Tesis a los párrafos de Fearing, porque además de haberle considerado pertinente como ejemplo de las lábiles comarcas compartidas entre el Periodismo y la Literatura, contienen y encierran, podría afirmar que en clave dramática, a casi todos los elementos y vectores que son imprescindibles para analizar las practicas las prácticas de nuestro campo, al menos desde el modelo Intencionalidad Editorial.
Ahora sí a las referencia prometidas sobre los bordes que transitan juntos el Periodismo y la Historia, para lo cual recordaré algunos apreciaciones de Benjamin, no por su explicitud sino por las resonancias, tan necesarias toda vez que reconocemos a nuestros saberes y prácticas como intersecciones de lenguajes, como diálogos: es el propio Benjamin quien nos sopla al oído: lenguaje significa en este contexto el principio encaminado a la comunicación de contenidos espirituales en los objetos en cuestión: en la técnica, en el arte, en la justicia o en la religión. En resumen, toda comunicación de contenidos espirituales es lenguaje. La comunicación mediante la palabra constituye solo un caso particular, el del lenguaje
humano y del que está en la base de éste o fundado en él (…). Pero la realidad del lenguaje
no se extiende sólo a todos los campos de expresión espiritual del hombre – a quien en un sentido u otro pertenece siempre una lengua -, sino a todo sin excepción. No hay acontecimiento o cos en la naturaleza animada o inanimada que no participe de alguna forma de la lengua, pues es esencial a toda cosa comunicar su propio contenido espiritual
la lengua misma. La respuesta a la pregunta ¿qué comunica la lengua? Es, por lo tanto: cada lengua se comunica a sí misma. El lenguaje de esta lámpara, por ejemplo, no comunica la lámpara (pues la esencia espiritual de la lámpara, en cuanto comunicable, no es en absoluto la lámpara misma), sino la – lámpara – del – lenguaje, la lámpara – en – la- comunicación, la lámpara – en – la- expresión (…). (Benjamin, 2010).
Y continúo con Benjamin y sus ensayos escogidos, en tesis de filosofía de la historia, en la que escribe, por ejemplo: la lucha de clases, que el historiador educado en Marx tiene siempre presente, es una lucha por las cosas burdas y materiales, sin las cuales no existen
las finas y espirituales (…). (Benjamin, 2010). La burda lucha por la energía que la da posibilidad y vida al hombre y a su propia historia colectiva, podría haber afirmado al respecto el antropólogo estadounidense Marvin Harris, quien estudió a fondo cómo esa historia en definitiva es la historia de la lucha por la producción, la distribución social y el consumo de alimentos, en tanto fuente energética número uno.
Marvin Harris nació en Brooklyn, el 18 de agosto de 1927 y falleció en Gainesville (Florida), el 25 de octubre de 2001. Desarrolló un notable trabajo de desarrollo materialista pata las ciencias sociales a partir Marx, B. F. Skinner, Leslie White y los enfoques demográfico y ambiental de Julian Steward y Karl Wittfogel, estudiosos ambos del desencadenamiento epistemológico de Darwin y Malthus. (Burns, 2001.)
de sus aspectos mentales como los del comportamiento. Los aspectos mentales corresponderían con las ideas, pensamientos, sentimientos de las personas. El comportamiento correspondería con lo que hacen; las actividades y sucesos que tienen lugar en esa cultura. Además estos dos aspectos se pueden estudiar desde dos perspectivas, la de los participantes y la de los observadores. (Harris, 1997)
Para resolver esta cuestión epistemológica Harris tomó la distinción entre emic y etic, que había desarrollado Kenneth Pike para sus investigaciones lingüísticas, aunque hay diferencias conceptuales entre la definición de Pike y la de Harris. Para Harris, emic serían las descripciones y explicaciones que son razonables y significativas para el participante, mientras que a etic corresponderían las descripciones y explicaciones consideradas apropiadas por la comunidad de observadores científicos. La meta de las explicaciones etic
es generar teorías científicas sobre las diferencias y similitudes socioculturales. Harris afirmaba que ambas aproximaciones son necesarias para obtener una explicación de los aspectos mentales y del comportamiento humano. (Wang, 2011).
Para Harris el materialismo cultural está basado en la simple premisa de que la vida social humana es una respuesta a los problemas prácticos de la existencia terrenal. (Harris, 1997).
La tarea pasa por encontrar explicaciones científicas causales sobre las diferencias y similitudes en el pensamiento y comportamiento que hay entre los grupos humanos, y se alcanza si se estudian las limitaciones y oportunidades materiales que parten de la necesidad de producir alimentos, cobijo, herramientas y máquinas, y de reproducir las poblaciones humanas dentro de unos límites establecidos por la biología y el medio
ambiente (…). Los sistemas socioculturales están divididos en tres categorías:
infraestructura - modo de producción y reproducción, con variables demográficas, económicas, tecnológicas y ambientales; estructura - la organización doméstica y política-, y superestructura - ideas, símbolos y valores-. (Harris, 1997)
Impactó en el mundo de los estudios sociales su explicación acerca de los tabúes alimentarios, considerando los costos y beneficios que proporciona cada alimento y si hay alternativas más eficientes. El caso de la prohibición del consumo de cerdo entre los israelitas y musulmanes lo explica en base a que los cerdos necesitan sombra y humedad para regular su temperatura y, aparte de la carne, no proporcionan otros servicios como animal de tracción, ni dan leche, y no se pueden alimentar de hierba como los rumiantes. Con la progresiva deforestación y desertificación de Oriente Medio y el continuo crecimiento de la población se hizo muy caro e ineficiente criar cerdos por su carne, y para evitar la tentación se instituyó su tabú como precepto religioso. Otra explicación notable fue la referida la prohibición de matar y alimentarse de ganado vacuno en la India. Las vacas son más valiosas vivas que muertas ya que proporcionan importantes servicios: como animales de tiro, dan leche y su bosta se usa como combustible, fertilizante y revestimiento del suelo. La tentación de matarlas durante épocas de sequía y hambrunas se evita mejor a través de un tabú religioso fuerte. Consideraba el estructuralismo de Claude Lévi-Strauss una estrategia idealista que ignora la causalidad y orígenes de los procesos históricos al rechazar las distinciones mental/conductual y emic/etic. Esto significa que las estructuras de los estructuralistas sólo existirían en la imaginación de los estructuralistas. Aunque se
por tanto considera sin fundamento la predicción de Marx de que del capitalismo surgirá una sociedad utópica sin clases. Para Harris el materialismo dialéctico es fundamentalmente una estrategia política dedicada a un fin revolucionario. Un elemento de esa estrategia es la doctrina marxista de unión entre teoría y práctica que Harris considera científicamente inadmisible. También señala las limitaciones de la teoría de la evolución cultural de Marx por rechazar el trabajo de Malthus, dejando de lado el elemento demográfico que él incluye en la infraestructura.(Harris, 2005.)
Por eso, y otra vez con Benjamin, las siguientes consideraciones, tal vez conclusiones.
Articular históricamente el pasado no significa conocerlo como “verdaderamente ha sido”. Significa adueñarse de un recuerdo tal como éste relampaguea en un instante de peligro. Para el materialismo histórico se trata de fijar la imagen del pasado tal como ésta se presenta de improviso al sujeto histórico en el momento de peligro. El peligro amenaza tanto al patrimonio de la tradición como a aquellos que reciben tal patrimonio. Para ambos
es uno y el mismo: el peligro de ser convertidos en instrumento de la clase dominante (…).
La tradición de los oprimidos nos enseña entretanto que “el estado de emergencia” en que
vivimos es la regla. Debemos llegar a un concepto de historia que resulte coherente con ello
(…). La historia es objeto de una construcción cuyo lugar no es el tiempo homogéneo y
vacío, sino el “tiempo actual”, que es lleno (…). (Benjamin, 2010).
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Atrevámonos a reemplazar Historia por Periodismo y las resonancias de Benjamin se convertirán en deslizamientos inquietantes.
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Si en la Historia aceptamos fechas paradigmáticas, docentes, guías, como la de 1789 en tanto año de ingreso al tiempo contemporáneo, a la Modernidad burguesa triunfante, entonces aceptemos aquí al último trimestre del año 2001 como el de la implosión-explosión de la etapa más dura, de acero, del llamado modelo neoliberal.
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Escribía a fines del 2001: Nueva York y Washington, 11 de septiembre. Primero fue el estupor, después la incredulidad y más tarde la sensación mediatizada del horror. Comenzó en serio el siglo XXI. Tuvo lugar la primera batalla de un nuevo tipo conflagración mundial: comenzó la primera guerra global entre las corporaciones financieras internacionales y entre los que aparecen involucradas en ella figuran un ex presidente de los Estados Unidos, varios ex secretarios de Estado y prominentes miembros del stablishment republicano actualmente instalado en el poder de la Casa Blanc, y una compleja red de intereses allegados a los grandes bancos de inversión y a las corporaciones de capital globalizado a través de los denominados fondos. (Ego Ducrot, 2001.)
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Aquel día siniestro se vivieron algunas escenas hasta ese momento impensables.George W Bush, el presidente de la primera potencia del planeta, fue puesto en fuga por un puñado de terroristas armados con cortaplumas. Algunas horas después apareció ante las cámaras de televisión para asegurar que las fuerzas armadas y de seguridad garantizaban la vida de los norteamericanos mientras miles de ellos morían sepultados entre los escombros.
Durante casi dos horas, ni los radares, ni lo satélites, ni ninguna de las complejas piezas que integran la parafernalia de seguridad de los Estados Unidos supieron reaccionar, mientras aviones de línea, cargados de pasajeros y al mando de comandos terroristas, sobrevolaban Nueva York y Washington para arrojarse en picada contra edificios poblados por miles de seres humanos, que pronto sería cadáveres incinerados.
Parecen todos datos de un pésimo guión hollywoodense, criticable por su supuesta falta de verosimilitud, pero, sin embargo, fueron hechos de la realidad, hechos que, pese al dolor que encierran, quedarán empequeñecidos cuando se repare en el carácter macabro de su verdadera naturaleza.
Aquellos acontecimientos fueron los primeros escarceos de un nuevo tipo de guerra. Guerra que ya definimos como primer enfrentamiento global y armado entre corporaciones financieras internacionales pero que, en homenaje a una mayor claridad conceptual, también puede ser entendida como el más perverso de todos los golpes de mercado, fenómeno ese inscripto en una nueva tipología de acciones contra gobiernos establecidos, en las que los grandes aparatos mediático concentrados ocupan un lugar estratégico.
Los atentados del 11 de septiembre del 2001 obligaron en su momento a dos preguntas: ¿Quién? y ¿Por qué?
Allí estaban las claves de tanta hojarasca comunicacional, de tanto simplismo interpretativo, de tantos intentos de respuestas fáciles, de tanta pirotecnia política y de tanto despliegue bélicos, movimientos que van de la mano. Las dudas, reflexiones y ensayos de respuestas que propuse sobre el borde mismo de aquellos episodios están aquí repensadas y rescritas, como contexto de un escenario de poder dado, especifico, sobre el cual se desanudan las aproximaciones teóricos en torno al hecho, al fenómeno periodístico.
Las víctimas de los atentados del 11 de septiembre aun desgarraban con sus gritos de espanto, cuando el stablishment político y mediático ya tenían elaborado su juicio y condena: fue un ataque islámico, decían; fue obra del terrorista Osama Bin Laden, y no tenían ni tuvieron nunca prueba alguna fehaciente de que ello haya sido así. Por supuesto que Israel no demoró en sumarse al coro, comenzó con sus ataques a los territorios palestinos y su jefe político no escatimó en provocaciones. Israel tuvo a su propio Bin Laden y se llamaba Yasser Arafat, instalaban muy suelto de cuerpo el aparato mediático concentrado, con el canal global CNN International a la cabeza.
Con el correr de las horas, el simplismo fundamentalista del presidente George W. Bush fue resquebrajándose para mantener en pie e incluso ampliar sus alianzas político militares de cara la guerra mundial de todos contra un hombre de paradero desconocido: Bush se vio en
Sin incurrir en teorías conspirativas, ¿por qué no ponderar la posibilidad de que estos hechos se hayan inscripto en un marco mucho más complejo que el que se pretendió presentar, signado por disputas en torno al dominio de áreas estratégicas en materia energética, y muy especialmente por un nuevo tipo de guerra entre las distintas facciones del corporativismo financiero global, todos fenómenos de difícil asimilación?
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El 26 de febrero de 1998, insólitamente convocado para analizar la situación de entonces en el Golfo Pérsico, cuando la ONU salió a hacer gestiones para frenar un bombardeo norteamericano sobre Irak, escribí un artículo para el diario La Nación, de Buenos Aires, en el que decía lo siguiente: Patrick Howie, de la organización especializada (en asuntos energéticos) The Dismal Scientist, de los Estados Unidos, reveló que, para Washington, la mejor opción consiste en que Irak siga fuera del mercado mundial de proveedores (de petróleo) porque la cuota que le correspondía a ese país antes de la Guerra del Golfo, en 1991, pasó a manos de Arabia Saudita y de Kuwait, los dos principales aliados de la Casa Blanca y de Gran Bretaña en la región. Según datos de la OPEP más del 82 por ciento del petróleo que importan los Estados Unidos proviene de Arabia Saudita (...) Detrás del escenario visible se mueve los hilos de la puja petrolera. En octubre del año último, las empresas francesas Total y Elf tuvieron conversaciones adelantadas con las autoridades de Bagdad, tendientes a concretar suculentas inversiones en dos centros estratégicos. (...) Cuando Washington amenazó a París con sanciones y litigios por los acuerdos de inversión que las mismas ELF y Total habían hecho en Irán–país vetado por Estados Unidos por sus
supuestas actividades terroristas- los diplomáticos de Jacques Chirac respondieron con su
oposición a la salida militar que Clinton propone para Irak.
Respecto de Rusia, la cuestión corre por carriles parecidos. La empresa estatal Gazprom