La obesidad es considerada en la actualidad como un problema de salud pública tanto en países desarrollados como en subdesarrollados, la cual se presenta en casi un tercio de la población mundial, siendo denominada por la OMS como una epidemia global; además, esta asociada a enfermedades como Diabetes mellitus tipo 2, Hipertensión arterial, dislipidemia, cardiopatía isquémica, algunos cánceres, entre otras 4,19.
En la práctica clínica, el diagnóstico de obesidad se realiza utilizando métodos simples o complejos tomando variables básicas como: peso, talla, edad, sexo, pliegues cutáneos, circunferencias y diámetros; por lo cual, se hace necesario un abordaje amplio de la obesidad, reconociendo diferentes formas clínicas con implicaciones terapéuticas y de pronóstico diferente.
En el presente trabajo de investigación se analizaron los datos provenientes de 101 pacientes, entre 20 y 70 años de edad, que acudieron a la consulta de medicina interna del Ambulatorio Urbano tipo II “Dr. Ramón Gualdrón.”, 75.25% (76) pertenecían al sexo femenino y 24.75 % (25) al sexo masculino. El mayor número de pacientes que acudieron a la consulta se encontró en edades comprendidas entre 46 a 65 años representada por 61.38% (62).
Del total de los pacientes estudiados, 43.6% (44) resultaron obesos por IMC y 56.4% no obesos, datos similares a los señalados por Newman en un estudio realizado en la población general de los Estados Unidos en el año 2004 con 30.9% (19), a diferencia de los resultados reportados porla SEEDO en el año 2000 de 14,5% y por la 3ª Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de Estados Unidos (NHANES III) en el año 1998 de 22.3% 28. De esta manera, se obtuvo un número mayor de obesos; sin embargo se debe resaltar que este trabajo de investigación fue llevado a cabo en la consulta de medicina interna a diferencia de los estudios mencionados que fue realizado en la población general.
Con respecto al género, el sexo femenino presentó mayor porcentaje de obesidad 46.1% (35) en relación al sexo masculino 36% (9), valores similares a los descritos por la SEEDO del año 2000 donde determinaron que el sexo femenino mostró mayor porcentaje de obesidad 12.
En relación a la edad, el mayor porcentaje de obesidad estuvo representado por el grupo de edad entre 36 a 40 años con 66.67% (4), seguido de 61.54% (8) en edades comprendidas entre 56 a 60 años. Los resultados reportado por la SEEDO 2000 acota que la prevalencia de obesidad aumenta significativamente con la edad tanto en varones como en mujeres, observándose las proporciones más elevadas de personas obesas en el grupo de mayor de 55 años 30. No obstante en este estudio se encontró que grupos de menor edad (36 a 40 años) presenta una frecuencia mayor.
En todos los grupos de edad exceptuando a los de 20 a 25 años, se observó que más de 60% presentaron obesidad abdominal y el sexo femenino demostró mayor porcentaje de obesidad abdominal con 72.37% en relación al masculino. Asimismo, 66.34% (67) del total de pacientes estudiados mostró obesidad abdominal, reportándose una mayor frecuencia de obesidad abdominal que obesidad por IMC, lo cual coincide con los resultados obtenidos en un estudio realizado por Ruiz en el Hospital Central Universitario Dr. Antonio Maria Pineda donde determinaron la resistencia a la insulina en pacientes con sobrepeso y obesos encontrando que 86.67% presentaron obesidad abdominal y 40% de los pacientes presentó obesidad por IMC 31.
Con respecto al porcentaje de grasa corporal se pudo evidenciar que 73.26% (74) del total de pacientes, se encontraron en las categorías alto y muy alto. Predominando un porcentaje de grasa corporal alto en el sexo femenino y muy alto en el sexo masculino. No se encontró en la literatura revisada datos que permitieran comparar estos hallazgos.
Con relación a las comorbilidades, se observó que en los pacientes obesos la más frecuente fue la dislipidemia 52.08% (25), seguida de hipertensión arterial 45.66% (21) y
diabetes mellitus 43.33%, al realizar el análisis resultó estadísticamente significativo entre dislipidemia y obesidad.
Del total de pacientes con obesidad abdominal la comorbilidad más frecuente es hipertensión arterial con 80.43% (37), seguida de dislipidemia con 79.17% (38) y cardiopatía isquémica con 77.78% (7). Al hacer el análisis se evidenció un valor de p=0.01 entre hipertensión y obesidad abdominal y un valor de p= 0.02 entre dislipidemia y obesidad abdominal, resultando estadísticamente significativo. Estos resultados fueron similares a los descritos por Rodríguez en el Hospital Central Universitario Dr. Antonio Maria Pineda, donde observaron una frecuencia de hipertensión arterial en 52,2% y de cardiopatía isquémica en 28,9% 32.
Con respecto a la diabetes mellitus, 61.90% (13) de los pacientes presentaron obesidad abdominal; mientras que 15.91% (7) fueron obesos por IMC. A diferencia de un estudio donde se determinó la correlación existente entre el tipo de obesidad y niveles de glicemia capilar en individuos entre 20 y 59 años de edad, de las comunidades de Cerritos Blancos y La Municipal en el Ambulatorio Urbano tipo II Cerritos Blancos encontrando que en los obesos independientemente de la distribución regional de la grasa corporal existe mayor riesgo de presentar hiperglicemia con respecto a los no obesos.
Del total de pacientes con cardiopatía isquémica, hipertensión arterial y dislipidemia los mayores porcentajes se ubicaron en las categorías alto y muy alto. Del total de pacientes con diabetes mellitus el mayor porcentaje se ubico en la categoría bueno 33.33% (7). Al hacer el análisis se evidenció que existe asociación leve entre las categorías de porcentaje de grasa corporal y diabetes mellitus con p= 0.01, siendo estadísticamente significativo. En el resto de las patologías investigadas no resultaron cifras estadísticamente significativas No encontrándose en la literatura revisada datos que permitan comparar estos hallazgos.
En este estudio también se evidenció que del total de pacientes obesos por IMC, 95.45% (44) presentaron obesidad abdominal y al realizar el análisis se demostró una asociación moderada que fue estadísticamente significativa, para lo cual resultó una asociación
moderada, en contraposición con un estudio realizado en el Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario La Princesa de Madrid en el año 2005 donde reportaron que 22% de los obesos por circunferencia abdominal no cumple criterios de obesidad según IMC 17.
En este trabajo de investigación se obtuvo que predominó un porcentaje de grasa corporal muy alto (52.27%) (23) en obesos, que resultó una asociación leve entre obesidad por IMC y la categoría muy alto de porcentaje de grasa corporal estadísticamente significativo. Estos datos obtenidos no pueden ser comparados con otros estudios, debido a que en la literatura revisada no se encontró ningún trabajo de investigación que correlacionara dichos métodos.
Al hacer el análisis estadístico para la correlación entre índice de masa corporal con circunferencia abdominal e índice de masa corporal con porcentaje de grasa corporal se visualizó mejor esta relación, evidenciándose que existe correlación lineal positiva entre el índice de masa corporal con circunferencia abdominal, al igual que entre el índice de masa corporal con el porcentaje de grasa corporal. La correlación entre circunferencia abdominal y el porcentaje de grasa corporal demostró una asociación menos evidente, a pesar de que las tres variables correlacionadas resultaron estadísticamente significativas con una p = 0.0001.
De todo lo anteriormente expuesto se concluye que existe una frecuencia importante de pacientes con obesidad, que acuden a la consulta de medicina interna del Ambulatorio Urbano tipo II “Dr. Ramón Gualdrón” y se evidencia además, la relación entre obesidad por IMC, obesidad abdominal y porcentaje de grasa corporal, por lo que hay que utilizarlos en conjunto para realizar una valoración médica más precisa.
Por todo lo descrito anteriormente centramos el interés de esta investigación en un mejor conocimiento de la obesidad, con el objetivo fundamental que permita al paciente obeso disminuir la masa grasa así como también estimular un estilo de vida saludable, disminuir la aparición y los riesgos de otras comorbilidades, lo que lleva a mejorar la calidad de vida y por lo tanto, es importante seguir las siguientes recomendaciones:
A los pacientes:
• Promover un estilo de vida saludable disminuyendo la ingesta de carbohidratos refinados y aumentando el consumo de carbohidratos complejos, en un balance adecuado con proteínas y grasas.
• Incentivar la ejecución de actividades físicas programadas; en relación a su condición física y preferencias individuales.
• Acudir a un control médico periódico con el fin de detectar factores de riesgo y comorbilidades asociadas con el fin de prevenir y limitar el daño.
Al personal médico:
• Fomentar una dieta balanceada, completa, equilibrada y suficiente. Las dietas deben ser variadas y no muy restrictivas.
• Conformar un equipo multidisciplinario en el manejo del paciente obeso, que incluya médico internista, endocrinólogo, licenciados en nutrición y dietética, psicólogo, preparador físico.
• Tener en cuenta un control periódico antropométrico del paciente obeso, para observar los cambios y así evaluar el éxito del tratamiento.
• Incentivar al paciente en la constancia del régimen dietético, y los cambios del estilo de vida, explicándole los beneficios que conlleva.
Al Ambulatorio:
• Promocionar la salud, realizando charlas que enfaticen la importancia de mantener un peso adecuado, una buena dieta y sobre las complicaciones que se pueden presentar en los pacientes obesos.
• Crear un departamento de nutrición y dietética, con especialistas en la materia, de manera que el paciente una vez diagnosticado como obeso sea referido a dicha consulta.
• Fomentar actividades deportivas en el ambulatorio, dirigidas por un preparador física, durante 3 veces a la semana como mínimo.
• Fomentar en las comunidades, modalidades de alimentación, que no solo satisfagan la preocupación tradicional de evitar carencias de energías, proteínas, vitaminas y minerales, sino que al mismo tiempo reduzca la ingesta excesiva de grasa, colesterol y sal, contribuyendo así, a minimizar el riesgo de enfermedades crónicas no transmisibles.
Al Ministerio de Salud y Desarrollo Social:
• Integración de la política sanitaria con la agricultura y la producción de alimentos. Debe conseguirse que la agricultura y la industria de los alimentos participen estrechamente en la planificación de los cambios de la dieta.
• Apoyar a los centros ambulatorios, facilitando recursos económicos, humanos y físicos.
• Promover estudios epidemiológicos a gran escala, en diferentes regiones, que permitan identificar la magnitud del problema en la comunidad.
Al departamento de Medicina Preventiva y Social de la UCLA:
• Dar continuidad a esta línea de investigación y proporcionar el apoyo y recursos necesarios para ahondar en conocimientos para esta patología.
• Coordinar con la comisión de currículo para que los estudiantes de medicina obtengan un conocimiento amplio sobre este tema.
• Capacitar a sus egresados en patologías cada día más frecuentes, cumpliendo con principios éticos que exige la profesión médica, formando un personal de elevada calidad.
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