para la solidaridad humanitaria
El Programa Venezolano Pro Refugiado funcionó entre 1978 y 1980 como un grupo de trabajo autónomo centrado en la solidaridad humanitaria con los refugiados latinoamericanos, primero bajo la cobertura legal de la CCVM y con el apoyo de otras instituciones,20 y posteriormente en el marco de Fun- daLatin. Según la CCVM, la creación de Pro-Refugiado fue consecuencia, por un lado, de su falta de capacidad para atender las crecientes demandas de los “refugiados políticos, de hecho o derecho”, sobre todo a partir de la instalación de dictaduras en el Cono Sur21; y, por el otro, de la iniciativa de un grupo de exiliados latinoamericanos y de venezolanos que ya venían trabajando en la asistencia a los refugiados y decidieron crear otro espacio de representación.22 Entre los integrantes del proyecto figuraban los argentinos Sara Cabral, Roque Carmona y José Luna.23
20 En su trabajo, la CCVM contó con el apoyo institucional de Fundación Latinoamericana
para el Desarrollo Social, el Comité Evangélico Venezolano por la Justicia y Acción Ecuménica; y con la asesoría del Servicio Social Internacional y Amnistía Internacional.
21 La preocupación de la CCVM por el carácter masivo del fenómeno de los refugiados
en el país la llevó a caracterizarlo como una “migración forzosa, más o menos transitoria, dife- renciada de la migración ordinaria en sus causas y efectos. Víctimas muchas veces de la per- secución y la tortura, presentan, con frecuencia, cuadros psíquicos y somáticos que requieren tratamiento especial para su recuperación y adaptación” (Comisión Católica Venezolana de Migraciones, 1979: 5).
22 “Dentro de los propósitos integracionistas y en busca de soluciones globales, conside-
rado insuficiente la atención individual de casos, se complementó ésta con un trabajo de gru- po. A tal efecto, a principios del 78 se creó con los propios interesados el Centro de Migrantes (CEMI) y el Programa Venezolano Pro-Refugiado (ProRefugiado). Ambos gozan de autonomía y cuentan con el apoyo institucional de la CCVM y de otras instituciones. Organizados en asamblea, junta directiva y comisión de trabajo (social, cultura, difusión y finanzas), celebran reuniones semanales y realizan periódicamente actos deportivos, culturales y recreativos, re- ligiosos y sociales” (Comisión Católica Venezolana de Migraciones, 1979:6).
La organización de Pro-Refugiado fue estructurada alrededor de una asamblea y ocho comisiones de trabajo que se proponían atender distintos aspectos de la problemática de los exiliados: 1) Comisión de Rescate, cuyo objetivo era ayudar a personas “en situación de alto riesgo de ser víctimas fatales de la represión” aún residentes en sus países de origen, activando la red latinoamericana de contactos religiosos, ecuménicos y de derechos hu- manos; 2) Comisión Bolsa de Trabajo, que se ocupaba de resolver las necesi- dades de manutención de los exiliados, buscándoles empleo; 3) Comisión de Vivienda, que ofrecía un directorio de hospedajes de emergencia para los recién llegados; 4) Comisión de Familia, que brindaba apoyo al exiliado y su grupo familiar, especialmente a los que habían pasado por situaciones límites (tortura, desaparición forzada, prisión política); 5) Comisión Legal, que atendía los problemas legales de los exiliados a partir de una aceitada relación con la Dirección de Identificación y Extranjería venezolana (DIEX) y con el Servicio Social Internacional y la Cruz Roja; 6) Comisión Política, que denunciaba las violaciones de los Derechos Humanos perpetradas por las dictaduras, buscando apoyo de legisladores y representantes del Ministerio de Relaciones Exteriores venezolano y de los gobiernos euro- peos con representaciones diplomáticas en Caracas; 7)Comisión de apoyo psico-emocional, en estrecha vinculación con el ACNUR; y 8) Comisión de Recreación, que organizaba actividades sociales, deportivas y culturales para exiliados, tanto adultos como niños.24
La Comisión de Rescate fue la más recordada por el núcleo de activistas que integraron Pro-Refugiado por considerarla una herramienta clave para concretar lo que denominaban “solidaridad efectiva” con las víctimas de per-
compuesto por: Tahis Rondón (venezolana), Malvina Ponce de León (chilena), Marta Mizgier de Ordenes (chilena), Cecilia Cinfuentes de Meri (chilena), Carmen Roman de Berría (chilena), Sara Cabral (argentina), Roque Carmona (argentino), José Luna (argentino) (Entrevista a T. Rondón, Los Teques, 15/4/2009; Entrevista a R. Carmona, Los Teques, 3/4/2011).
24 Sobre este tema, véase entrevistas realizadas por el autor a T. Rondón, Los Teques,
secución en países bajo dictaduras. Con esta noción de “solidaridad efectiva” buscaban diferenciarse del CAS y su apuesta por la solidaridad política y la condena moral.25 Ejemplo de su lógica de intervención fueron los rescates de Argentina de Ernesto Andina Lizárraga (argentino) y Milton Marinelli (estu- diante venezolano residente en el país conosureño) o el traslado de persegui- dos a terceros países, en la articulación de una acción combinada de denuncia, gestión ante la cancillería venezolana, ayuda financiera y activación de redes humanitarias en la región.26
Para que las acciones transnacionales de la Comisión de Rescate fue- ran efectivas el grupo de trabajo debió construir en la región una red pro- pia de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, nacionales e internacionales con el fin de trasladar “a lugares seguros a perseguidos y prisioneros políticos con opción de refugio” (Comisión Católica Venezolana de Migraciones, 1979: 6). De acuerdo a los cálculos de la Comisión Católica Venezolana de Migraciones, durante 1978 Pro-Refugiado atendió un total cincuenta casos, “de los cuales el 40% son chilenos; el 26 % argentinos; y un 24 %, de otras nacionalidades”. Y agregaba: “De ellos, el 65% son profesiona- les, el 18 % estudiantes; y el 17 % obreros calificados. El 70% son hombres; el 30% mujeres; un 48%, casados, emigrados sin familia”(Comisión Católica Venezolana de Migraciones, 1979: 6).
El trabajo de Pro-Refugiado en la región le brindó un capital organizativo y relacional e información sobre la situación de los derechos humanos en la región que le permitieron articular acciones en red con organizaciones de de- rechos humanos que se encontraban dentro del país donde se violaban los de- 25 Roque Carmona se refirió en estos términos a su experiencia: “El Programa Pro Refu-
giado y FundaLatin fueron espacios que facilitaron grandemente el encuentro con exiliados de diversas nacionalidades. La mayoría de los chilenos había llegado pocos años o meses antes que el “aluvión” de argentinos. El número de uruguayos era menor. Si bien cada grupo de nacionales formaba su Comité, había espacios comunes de encuentro. Las reuniones de Pro-Refugiado y de FundaLatin eran espacios muy propicios para el conocimiento y, sobre todo, para la solidaridad efectiva” (R. Carmona, Entrevista por escrito, julio de 2009).
26 Entrevistas personales a T. Rondón, Los Teques, 15/4/2009 y J. Luna, Buenos Aires,
rechos humanos, en terceros países o en el exilio. Como prueba de esto ultimo pueden mencionarse dos ejemplos en relación a la Argentina. En primer lugar, a lo largo de 1979, Pro-Refugiado presentó denuncias de casos de presos y desa- parecidos en este país ante la Comisión de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA a partir de su trabajo con victimas en Venezuela y de su relación con la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de la Argentina (APDH), la Comisión de Familiares de Presos y Desaparecidos en Argentina (CoSoFam)27 y las red de exiliados argentinos en Venezuela. Y, en segundo lugar, en los primeros días de septiembre de 1979, la entrega a la CIDH de documentación probatoria sobre 6187 casos de desparecidos junto con la APDH y la FundaLatin, unos días antes del inicio de la visita de organismo multilateral a la Argentina, cuyo listado fue publicado en el Diario de Caracas (6/9/1979) en un desplegado de dos páginas.
La dinámica del trabajo desarrollada por Pro-Refugiado dentro y fuera de Venezuela fue planteando en el núcleo de activistas que lo integraban que era necesario “atacar las raíces” de las políticas represivas que asolaban la región mediante el acopio y uso estratégico de la información de violaciones de los Derechos Humanos y la ayuda a organizaciones dentro de los paises bajo dic- taduras. Para concretar estos proyectos el Padre Juan Vives Suria – cada vez más resistido por la jerarquía católica venezolana–, miembros de Pro-Refugia- do junto con otros exiliados latinoamericanos, decidieron constituir a media- dos de 1978 una organización religiosa-ecuménica de Derechos Humanos: FundaLatin (Entrevista a J. Luna, Buenos Aires, 22/12/2008).
Desde 1979 las actividades de Pro-Refugiado pasaron a enmarcarse den- tro de la FundaLatin, en tanto ambas compartían objetivos y la mayoría de sus miembros (Comisión Católica Venezolana de Migraciones, 1979: 6). De esta for- ma el grupo cobró mayor autonomía respecto de la jerarquía de la Iglesia cató- lica, distanciándose de la cobertura legal que le brindaban Cáritas o la CCVM. poco a poco, Pro-Refugiados comenzó a desarrollar un compromiso más fuer- te de solidaridad política y humanitaria con los redes de exiliados latinoameri- canos en Venezuela y las organizaciones nacionales de Derechos Humanos, al
27 Sara Cabral, argentina exiliada en Venezuela y miembro del núcleo de trabajo de
interior de los respectivos países o en el exilio.
Así, el trabajo en Pro-Refugiados y en redes amplias en la región, y luego la constitución de FundaLatin configuró un nuevo momento para las acciones de los exiliados argentinos, que permitió que las redes políticas y humanitarias creadas en Venezuela se proyectaran hacia la región y el espacio transnacional.