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Privilege and Oppression and the use of Intersectionality in

Nos proponemos, en primer lugar, realizar una breve reseña de algunas consideraciones expuestas por distintos especialistas acerca del objeto y del método de análisis en la Historia del pensamiento político y, en segundo término, examinar si es factible la aplicación de dichos postulados a las ideas políticas de la Grecia clásica. Previamente intentaremos acercarnos al contenido de la expresión Historia de las ideas políticas.

Si por idea entendemos la representación o imagen sobre una determi- nada entidad, podemos aproximarnos a una definición de Historia de las ideas políticas afirmando que es una disciplina que procura estudiar las representaciones que a través del tiempo se han producido sobre ciertas manifestaciones políticas.

Al intentar definir a nuestra disciplina, sin duda el concepto de política es el que presenta mayor dificultad. Pese a que el vocablo es de uso cotidiano,

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constituye un concepto equívoco debido particularmente a que existe una “densidad variable de lo político” (Sánchez Agesta 1983: 53): como en la fundición de metales, hay fenómenos políticos puros y otros en los que apa- recen algún o algunos componentes políticos.

La dificultad para definir esta noción es expresada por Mario Justo López al advertir que la política es una realidad polifacética (1983: 34): presenta una faz estructural que confiere estabilidad por medio de las instituciones y una faz dinámica que refleja el movimiento propio de la actividad política. A su vez, la faz dinámica es dividida en una cara agonal, vinculada a la lucha por el poder y una faz arquitectónica, que alude a la satisfacción de las de- mandas de la sociedad una vez obtenido el poder.

En realidad a partir de la Modernidad, iniciada desde la perspectiva que nos compete con Maquiavelo y Hobbes, la política es identificada con el poder. Esta es la posición asumida por Bobbio (2002: 1.215) quien define al poder como la relación entre dos sujetos, uno que impone su voluntad y otro que acata lo establecido por el primero. El politólogo italiano distingue tres tipos de poder, según los medios de los que se vale el sujeto activo de la relación: el económico, que utiliza la posesión de bienes materiales, el ideo- lógico, que se basa en la influencia de las ideas y el político, caracterizado por el monopolio de la fuerza física respecto de otras comunidades que actúan en una determinada sociedad. Bobbio fundamenta la supremacía de este último al señalar que algunos grupos han permitido desmonopolizar el poder económico y el ideológico (el Estado liberal democrático) pero ningu- no ha podido permitir la desmonopolización del poder coactivo.

Ahora bien, la idea de política no es atemporal: si bien existen elementos comunes, no es lo mismo la política para un griego del siglo V a. C. (Sócra- tes) que para un florentino del siglo XIV (Dante) o un alemán del siglo XIX (Marx). De acuerdo con los objetivos de nuestro taller nos interesa destacar la visión de los antiguos griegos, para quienes la política comprendía todo aquello vinculado a la vida de la polis (palabra griega de la que deriva políti- ca). Como advierte Sartori (1992: 207) la noción de política de los griegos se halla en un plano horizontal al estar relacionada con lo que hoy entendemos por sociedad, en tanto que desde la Edad Moderna se impone una dimen- sión vertical por ser identificada con el gobierno y el Estado.

Cuando procuramos definir el objeto de estudio de nuestra disciplina, lo que hacemos es intentar determinar qué ideas políticas debemos analizar: ¿las de los grandes pensadores? ¿las de los políticos que se han destacado a través de la historia? ¿las de toda la sociedad? Ya a mediados del siglo XX José Antonio Maravall advirtió este problema:

En el campo de la Historia, junto a las grandes construcciones teóricas en las que se expresa con máxima luz, debida a la particular capacidad de penetración de los grandes pensadores, la conciencia de la época, pero no su acción real, hallamos una pululante masa de pensamientos que, ligados a impulsos, intereses, valoraciones vigentes, ideales, anhelos de reforma o de restauración, impulsan la marcha de una sociedad [...] Todos esos facto- res son pensamiento, viven en la mente humana y desde ella operan. No sólo hay ideas claras, críticamente elaboradas, sistemáticas; las hay tam- bién que florecen en otros terrenos que no son el de la razón crítica. (1955:53)

En un excelente estudio Carlos Egües (1999) retoma el planteo de Mara- vall y distingue diferentes niveles de reflexión política: existen formas de pensamiento político que poseen un alto nivel de elaboración mental y son presentadas de modo sistemático (teorías políticas); hay ideas políticas que contienen una menor preocupación por lo cognoscitivo y ponen el acento en lo programático (doctrinas políticas); podemos también reconocer ideas totalmente involucradas con la faz agonal de la política, es decir aquellas destinadas a despertar adhesiones inmediatas y encender pasiones (ideo- logías políticas) y, finalmente, existen representaciones políticas con un compromiso intelectual mínimo que constituyen una manifestación elemen- tal para explicar una idea política (mitos, símbolos e imágenes). Nuestro centro de atención puede detenerse en uno o más de estos planos, siempre y cuando sepamos especificar en cuál o cuáles pretendemos enfocar nues- tro análisis.

Egües advierte que estos diferentes niveles de reflexión política se plas- man en las fuentes. Estas pueden ser documentales (textos) o no documen- tales (pinturas, monedas, etc.). A las primeras las clasifica de acuerdo a la intencionalidad de su autor: las fuentes propias poseen la pretensión explíci- ta de comunicar ideas políticas, en tanto que también podemos hallar fuen- tes que contienen ideas políticas de modo implícito: Egües las llama impro- pias y da el ejemplo de la literatura (a excepción de la literatura comprome- tida) y el periodismo.

Con respecto a la metodología de la historia del pensamiento político, el debate se centra en la relación existente entre texto y contexto (Vallespín 1990; Egües 1999). Las diferentes posiciones asumidas al respecto pueden sintetizarse en dos:

- Enfoque textualista o tradicional: se centra en el estudio de los autores clásicos, es decir en aquellos que trascienden su tiempo histórico. Se-

gún esta orientación los aportes realizados por dichos autores tienen tanta validez en el momento que escribieron como en épocas posterio- res.

- Perspectiva contextualista: considera que una idea política aparece en una determinada circunstancia espacio-temporal para responder a un problema concreto. Por lo tanto, solo podemos comprender cabalmente dicha idea si analizamos correctamente el contexto en la que apareció.

Si bien es cierto que existen cuestiones perennes en la historia del pen- samiento político y que algunos escritores tuvieron una mayor influencia posterior que otros, con Skinner considero que para elaborar una historia de las ideas políticas con carácter genuinamente histórico, es necesario desen- trañar la “matriz social e intelectual” desde la que surgen los textos políticos (1985).

Sin embargo, el problema aparece a la hora de definir qué es contexto, el cual ha sido identificado frecuentemente con la totalidad de las circunstan- cias que enmarcan la aparición de un texto, sin la aclaración de los vínculos existentes entre ambos componentes de dicha relación (texto y contexto).

Por lo tanto, es imprescindible descubrir cuáles son los factores contex- tuales a los que el autor busca dar respuesta y el grado de incidencia de los mismos en la producción intelectual de quien escribe. En definitiva, entiendo que contexto son aquellos aspectos de la situación que rodea al texto, que inciden de modo decisivo en el mismo (aquellos a los que el autor busca, consciente o inconscientemente, dar respuesta) y que contribuyen a su comprensión.

Si tomamos una serie de fuentes del pensamiento político de la Antigua Grecia (discursos y panfletos, piezas literarias y obras filosóficas) podemos notar, en relación con la propuesta acerca del objeto de estudio de nuestra disciplina, que existe una comunidad de lenguaje que dificulta distinguir niveles de reflexión y que en todas las fuentes (también en las literarias) aparece una clara intención de comunicar ideas políticas.

Ejemplificamos nuestra observación: tanto en el Epitafio de Pericles transmitido por Tucídides, como en las Suplicantes de Eurípides, la igualdad jurídica y política de ricos y pobres es lo que define al régimen democrático; Pseudo Jenofonte y Platón en la República coinciden en señalar la igualdad entre ciudadanos y metecos como uno de los rasgos de la democracia ate- niense; en tanto que el “Viejo Oligarca” concuerda con Aristóteles (Política) al advertir que la base de la supremacía del pueblo está en el poderío naval ateniense. Por otra parte, los escritores citados, cuando se refieren a temas

relacionados con el gobierno, lo hacen con un vocabulario común pese a expresarse por medio de géneros literarios totalmente diferentes.

La razón de este fenómeno está emparentada con la idea de política que poseían los griegos y que hace comprensible que toda la producción litera- ria de esta época pueda considerarse como literatura política. Lejos esta- mos de la noción actual de literatura, identificada usualmente con la expre- sión de sentimientos. En la Antigua Grecia la poesía, particularmente la poesía dramática, era escrita con la intención primordial de mejorar la vida de la polis y lo mismo sucedía con la filosofía. Con particular perspicacia advierte Francisco Rodríguez Adrados:

La tragedia era un tercer foro, junto al de la Asamblea y al audi- torio de sofistas y filósofos, para airear y debatir, aunque fuera con vestidura mítica, los mismos problemas. (1997: 18)

El contexto democrático de la Atenas clásica se hace presente en sus textos literarios. Así, no es casual que la discusión y la confrontación de ideas definan a la forma de la tragedia, la comedia o los diálogos platónicos y ocupen un lugar central en los diferentes géneros del momento. Por lo tanto, si nos detenemos en el estudio del pensamiento político de la Grecia clásica, es imprescindible considerar cuál era su idea de la política y qué implicaciones trae aparejadas dicha concepción.

8. Cartas personales: su utilización como fuente documental histórica.