6 Multi-gas emission envelopes to meet greenhouse gas concentration
6.4 Probabilistic temperature increase projections
El envejecimiento es un proceso que ocurre a lo largo de toda la vida, en el que se desplie- ga una secuencia compleja de cambios lentos y continuos que tienen lugar en distintos niveles: biológico, psicológico y social.
Así, cabe diferenciar claramente la perspectiva biológica del envejecimiento, donde se hace referencia a los déficits y a las pérdidas funcionales que conducen al individuo a la muerte, de la psicológica, donde el envejecimiento es un proceso esencialmente de desa- rrollo en el que el funcionamiento cognitivo puede sufrir deterioro, aunque también pre- sentar agudeza, por ejemplo, en lo que toca a la experiencia y la sabiduría.
El envejecimiento se reconoce al declinar conjuntamente el desempeño positivo de funciones vitales y psicológicas. Pero hay que romper el mito de que el envejecer tiene que ser un proceso sólo de doloroso debilitamiento, pues aún se mantienen, e incluso se despliegan, diversas y múltiples funciones.
Por tanto, durante el curso de la vida de un individuo ocurren cambios que son positi- vos, que implican crecimiento y se producen muy rápidamente desde el nacimiento (o aún antes de nacer) hasta los 16 o 18 años de edad, para luego, en la edad adulta, dar lugar a cambios mucho más lentos, negativos en algunas funciones, es decir, declives en el ren- dimiento y pérdidas funcionales.
Desde la perspectiva evolutiva de Aldwin (1994), a medida que las personas enveje- cen, aumenta la probabilidad de importantes pérdidas funcionales, pero el proceso de envejecimiento sigue siendo muy individual, debido a que el grado y calidad de estas pér- didas, derivadas de la edad, varía significativamente de persona a persona.
Asimismo, como lo señala Fernández-Ballesteros (2002), esos declives y pérdidas pue- den ser compensados, optimizando el desarrollo personal y haciendo que los factores de crecimiento existan a lo largo de toda la vida, para lo cual se deben buscar oportunidades de desarrollo, mejorar potencialidades y compensar déficits siempre que sea posible.
Además, a medida que se producen estos cambios, las personas normalmente realizan un esfuerzo para preservar las funciones que se hallan en peligro ante las crecientes pér- didas físicas o mentales.
Gran parte del manejo adaptativo durante la etapa de la vejez consiste en los esfuerzos por retardar o compensar la pérdida última e inevitable de la estructura y función y ac- tualizar algunos compromisos de objetivos, mientras se abandonan otros porque han de- jado de ser realistas.
En otras palabras, las personas de mayor edad tratan de manejarse compensando tanto como sea posible la curva descendente a favor del incremento del conjunto de lo aún posible y el inevitable enfoque de la muerte.
Afirmar lo anterior no significa que con el paso del tiempo no puedan surgir nuevas funciones más creativas, resultado en parte de los esfuerzos por manejar las estresantes demandas impuestas por las pérdidas. Sin embargo, el proceso de enfrentar la vejez es producto natural por actualizar los objetivos individuales posibles. De ahí que en esta última etapa de la vida se incluye también el despliegue de una mayor sabiduría adquirida por la experiencia y el paso de los años.
A pesar de ello, con la edad es clara la aparición de las pérdidas estructurales y funcio- nales, las cuales varían de una persona a otra y, por ende, los cambios psicológicos signifi- cativos no son inevitables.
Algunas personas incluso experimentan muchas menos pérdidas que otras, pero el camino las conduce inexorablemente a la muerte, como consecuencia de la aparición de alguna enfermedad cuyo proceso de deterioro es innegable.
Por desgracia, para cualquier persona cuya edad esté comprendida entre los 65 y 90 años o más, los estudios aún no reportan una descripción adecuada de su estado funcional; no obstante, es a los 65 años, en los países desarrollados, y a los 60 años, en los en vías de desarrollo, que se toma como el comienzo de la vejez, lo cual no deja de ser un diferen- ciador social sin correlato biológico o psicológico, puesto que el envejecimiento, como proceso, se va produciendo a lo largo de toda la vida.
¿Cómo envejecen las personas? Es una interrogante que aún no es respondida, ya que dicho proceso es único: hay individuos cuyo deterioro es inminente, con la consecuencia de mayores pérdidas y la aparición repentina de la muerte, es lo que se conoce como pro- ceso de envejecimiento patológico; sin embargo, hay quienes logran mantener con efecti- vidad su funcionalidad hasta el final de sus vidas, así se habla de un envejecimiento normal o exitoso, donde la curva de deterioro y debilitamiento es muy lenta, alargando en la me- dida de lo posible una adaptación ante las situaciones estresantes de la vida.
Algunas de las mermas asociadas a la vejez son, en la dimensión social, el estatus labo- ral y económico; contacto social, amplificado todo ello por la menor capacidad y recursos
118 Estrés y salud Sección II • Aplicaciones diagnósticas
de los que el anciano dispone para adaptarse a las circunstancias; en la dimensión biológi- ca, enfermedades físicas y su consiguiente discapacidad; y en la psicológica, la aparición de deterioro cognitivo, así de sintomatología depresiva, y la poca capacidad para afrontar las pérdidas y un manejo inadecuado de sus recursos psicológicos. Como puede deducirse, lo anterior impacta en la calidad de vida y en el funcionamiento de las personas adultas ma- yores (González-Celis, 2002; 2005; 2010).
Por su parte, Lazarus (1998) menciona que el adulto mayor con alguna enfermedad, especialmente si es crónica, teme a la pérdida de su buen funcionamiento mental y físico, a la presencia de dolores crónicos y penosos, así como a las condiciones progresivas de degeneración. Señala, asimismo, que el deterioro mental y físico puede agudizarse a causa de la depresión e impotencia, así como de los temores de la pérdida del control, lo cual lo llevan a utilizar diferentes estrategias de afrontamiento para adaptarse a ellas.