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Probit estimation

4.2 Complementary data

5.1.1 Probit estimation

Inicialmente queremos destacar el entendimiento de la profesionalización del Trabajo Social como especialización del trabajo, como un aspecto bastante consistente en el texto en análisis, considerando que, ciertamente, la divi- sión del trabajo es el acto generador de las profesiones. Sin embargo, la cuestión es si el hecho de que el Trabajo Social sea el resultado de una especialización del trabajo hace de esta actividad profesional un proceso de trabajo, en los términos que propone la concepción de Trabajo So- cial contenida en el Núcleo de Fundamentos del Trabajo Profesional.

La creación de un estrato de especialistas, al cual la so- ciedad le atribuye una función social en los contextos de las relaciones sociales, es una consecuencia de la repro- ducción del ser social, resultante de la división social del trabajo. Según Lukács,

[…] eso viene a la luz en la propia división del trabajo [...] Cuando esta permanente necesidad social de regular los problemas que surgen en la reproducción de la vida, se re- produce simultáneamente con el proceso de reproducción, este tipo de actividad se vuelve socialmente necesaria, lo que se evidencia en el hecho de que individuos singulares o grupos enteros pueden hacer de ella una ocupación específi- ca de la cual viven (477).

Originalmente, “la división del trabajo se basa en las di- ferencias biológicas de las personas que forman el grupo humano” (138). Pero, con el retroceso de las barreras na-

turales, los momentos de socialización se sobreponen a los naturales, de modo que los momentos biológicos pasan a ocupar un papel cada vez más secundario en esta división. La división del trabajo se constituye en un largo proceso, extremamente diferenciado, que impulsa la reproducción social a niveles cada vez más genéricos de socialización.

Como consecuencia de la división del trabajo surgen ac- ciones y relaciones puramente sociales. Los actos que bus- can suscitar en las personas la voluntad de actuar, que se hacen presentes requiriendo algún conocimiento de los individuos y de los comportamientos, tienen un carácter social. En el proceso social, categorías puramente socia- les actúan en la interacción entre los hombres: “Los valo- res que en este punto surgen, como el conocimiento de los hombres, el arte de persuadir, el ingenio, la astucia, etc., amplían, a su vez, el círculo de valores y de valoraciones (que son sociales en un grado de pureza cada vez más ele- vado)” (139).

En la visión de Lukács, la división técnica del trabajo, “que en los estadios evolucionados se afirma con una evi- dencia cada vez mayor, se desarrolló de aquella división social y que, por lo tanto, admitiendo todas las interaccio- nes existentes -es antes que todo un efecto, no una cau- sa” (139). Así, la división técnica del trabajo resulta de la dinámica espontánea del complejo de la división social originaria, en el cual los momentos sociales se sobreponen crecientemente a los momentos naturales.

Todavía conforme a este pensador, en términos precisos, la “división del trabajo comienza cuando las ocupaciones singulares se autonomizan en profesiones” (139). La pre- misa social para que las diferentes profesiones puedan constituirse se deriva de que, en todos los campos del tra- bajo, cualquier persona para reproducirse pueda adqui- rir los productos que necesita sin que precise producirlos por sí misma. O sea, que los diversos sectores del trabajo

produzcan, en valor de uso, más allá de aquello que es necesario para asegurar la reproducción de los producto- res envueltos en el proceso y, al mismo tiempo, que éstos tengan necesidad de bienes que no pueden producir con su propio trabajo.

Estos dos hechos indican que en el interior de la comunidad, la división del trabajo llegó a un determinado nivel; revelan, de hecho, que finalmente determinadas personas se especia- lizaran en determinados trabajos, y esto implica inevitable- mente que otros deben ejecutar los trabajos necesarios para conservar y reproducirles la vida (140-141).

Estas relaciones existen ya bastante temprano en pe- queñas aldeas y permanecen, incluso, en momentos más evolucionados socialmente. El desarrollo espontáneo de la división del trabajo es concomitante con la creación del valor de uso y su acentuada caracterización como valor de cambio, en cuanto categoría social pura. Está también asociado al movimiento de creación del mercado y de cons- titución de las fuerzas productivas, que se da con la repro- ducción del ser social. Dice Lukács:

Estamos pensando, antes que todo, en dos complejos que di- ferencian fuertemente la sociedad originalmente unitaria: la división entre trabajo intelectual y físico y la división entre ciudad y campo, los cuales, no obstante, se cruzan continua- mente con la generación de las clases y de los antagonismos de clase (155).

No tenemos ninguna pretensión de describir el proceso y los tantos desdoblamientos que se realizan con este im- portante problema de la reproducción. Nos dedicaremos solamente a los aspectos que interesan a nuestro proble- ma, que consiste en identificar si el hecho de que una pro-

fesión resulte de la división del trabajo la convierte en un proceso de trabajo.

Una vez que el ser social se vuelve cada vez más social, promueve al interior de este movimiento un doble proceso: la integración de las comunidades humanas singulares en dirección a un género humano no más mudo, simultánea- mente con la constitución de individualidades humanas cada vez más sociales. Siendo así, las necesidades del ser social no sólo se multiplican sino que también se vuelven más sofisticadas. Al mismo tiempo:

En la medida en que progresa, descubriendo y realizando cosas nuevas, nuevas necesidades, nuevos caminos para satisfacerlas, el proceso de trabajo provoca en la sociedad, junto con la propia difusión y perfeccionamiento crecientes, una división de trabajo no simplemente técnica, sino tam- bién social (154).

Tanto que la división del trabajo en la manufactura ya significa un sustancial cambio en las posiciones teleoló- gicas del trabajo, considerando que la posición teleológi- ca se desplaza hacia quien dirige la producción, al mismo tiempo que, a los individuos, les compete simplemente posiciones repetitivas y rutinarias. Los individuos ya no dominan el entero proceso de producción, se van constitu- yendo en simples realizadores de actividades que no exi- gen pensar integralmente el proceso y si meros reflejos condicionados. Pero, “es con la máquina que se inicia la verdadera división del trabajo determinada por la tecno- logía” (140). Pues,

[…] la máquina desantropomorfiza el proceso de trabajo, este pasa por un crecimiento cualitativo en dirección a la socialización: la tarea de los hombres se restringe cada vez más y consiste en ‘vigilar la máquina con la vista y corregir sus errores con la mano’. Las posiciones teleológicas de los

individuos singulares se vuelven, por lo tanto, simples com- ponentes de un proceso teleológico global socialmente colo- cado en movimiento (309, las comillas del autor se refieren a El capital de Marx).

La trayectoria social que posibilita tal división se mues- tra como efecto del desarrollo de las fuerzas productivas, a su vez, constituyendo el punto de partida para su desa- rrollo posterior. En lo inmediato, la división del trabajo deriva de las posiciones teleológicas de los individuos y, no obstante, se pone ante estos como fuerza social que deter- mina su ser y con los cuales los individuos se confrontan.

Como consecuencia general de este desarrollo, la socializa- ción se revela también por el hecho de que las posiciones, a

priori puramente sociales, que no son dirigidas directamen-

te al intercambio orgánico con la naturaleza, sino que, al contrario tienen la intención de influir sobre otros hombres a fin de que estos realicen por si mismos las posiciones te- leológicas singulares deseadas, aumenten tanto de número como de peso (309).

Esto está de acuerdo con las consideraciones de Lukács en cuanto a la trayectoria que conduce a la división entre trabajo físico e intelectual, presente originalmente en la primera división del trabajo. En el capítulo anterior pudi- mos verificar que la división del trabajo, desde su forma más incipiente realizada a través de la cooperación, ya exige tareas diferenciadas para los individuos, permitien- do el desarrollo del complejo de la reproducción social.

La ejecución del trabajo, sea en el plano individual o en el plano colectivo, impone el control de los afectos, res- ponsable por el establecimiento de normas de comporta- miento grupales e individuales. Allí se originan posiciones teleológicas generadoras también de actividades que, sin dirigirse directamente a los fenómenos de la legalidad na-

tural, más tarde se vuelven medios de vida para ciertos grupos. Actividades ligadas a la educación, al lenguaje, al establecimiento de normas sociales y control de los com- portamientos con base en valores. Dice nuestro autor:

Cuanto más se desarrolla el trabajo, y con él la división del trabajo, tanto más autónomas se vuelven las formas de po- siciones teleológicas del segundo tipo, y tanto más pueden desarrollarse en un complejo por sí mismo de la división del trabajo (155).

La división entre ciudad y campo acaba por potencializar la separación entre división intelectual y física del traba- jo. En la ciudad, hasta las funciones más simples de la vida son mediadas socialmente. Observemos, como señala Lukács, que incluso la existencia de estructuras natura- les como un jardín, un parque, etc., tiene ligaciones más predominantemente con las acciones sociales que con las naturales.

Cuanto más se desarrollan las ciudades, más se autono- mizan, en términos relativos, frente a las actividades del campo como la agricultura, afirmándose en las activida- des industriales y comerciales. En este sentido la huma- nidad se va distanciando de aquella situación en que la actividad del trabajo, vinculada al intercambio orgánico con la naturaleza, comprometía completamente el trabajo de todos los individuos.

La base de este proceso es el desarrollo económico consi- derado en su totalidad dinámica desplegada. La objetivi- dad del valor económico se funda en la esencia del trabajo como satisfacción de la necesidad de reproducción material de la vida humana, o sea, en el valor de uso del produc- to del trabajo, pero la realidad objetiva de su carácter de valor va más allá de este nexo básico. El carácter útil del valor “sufre un progreso en dirección a lo universal, hacia el dominio de toda la vida humana” (89/141), concomitan-

temente esta utilidad se torna siempre más abstracta en cuanto “el valor de cambio –que siempre es mediado, ele- vado a la universalidad y en sí contradictorio– asume un papel de guía en la relaciones sociales entre los hombres” (89/141). Así, la propia satisfacción de la necesidad pone en movimiento en el hombre que la realiza, una intención direccionada hacia un desarrollo en el cual el propio hom- bre constituye la esencia real. Pues:

[…] la socialización de la producción genera un sistema de lo económico basado inmanentemente en sí mismo, cerrado sobre sí mismo, en el cual una praxis real solo es posible sobre la base de la orientación hacia posiciones de fines e investigaciones de los medios inmanentemente económicas (89/142).

Este comportamiento necesario inmediato del hom- bre, presente donde la producción se volvió social, según Lukács, no debe oscurecer la idea de que todo acto econó- mico se realiza mediante una intención ontológicamente inmanente, dirigida hacia la humanización del hombre en el sentido más amplio del término.

Las posiciones de valor tanto del tipo primaria como se- cundaria se articulan al interior de la esfera económica más desarrollada. En este complejo las posiciones refe- rentes al valor de uso, o sea, aquellas propias del trabajo, también sufren modificaciones, pero no pierden su esencia originaria, en el sentido de responder a las necesidades de reproducción de la vida.

En cuanto a las otras esferas del ser social, están, según Lukács, íntimamente vinculadas al problema de los valo- res como partes movientes y movidas de la totalidad so- cial. Existen valores que se afirman socialmente mediante la creación de un aparato institucional que “puede asu- mir formas muy variadas a fin de realizarse socialmente (derecho, Estado, religión, etc.)” (99/153). Las cuestiones

referentes a la continuidad del ser social en el ámbito de estas esferas no económicas son todavía más complejas y de cualidad diferente. Lukács dice:

Es, por un lado, claro que determinados tipos y regulacio- nes de la praxis social que, en el curso de la historia, llega- ron a autonomizarse, son, de acuerdo con su esencia, meras formas de mediación y originariamente también surgieron como tales a fin de regular mejor la reproducción social; piénsese en la esfera del derecho, en el sentido más amplio de la palabra. Pero hemos visto que esta función mediadora, precisamente para cumplir óptimamente con su tarea, debe autonomizarse de la economía y hallarse estructurada de un modo heterogéneo frente a esta (91/144).

La autonomización de tales complejos ante la esfera eco- nómica tiene que ver con el mejor cumplimiento de su fun- ción mediadora, que debe ser objetivamente dependiente y heterogénea en relación a la economía. La especificidad del actuar y reaccionar de estos complejos los vuelve im- prescindibles para la totalidad social. Siendo así:

La división social del trabajo, en su expansión cuantitati- va y cualitativa, crea encargos especiales, formas específi- cas de mediaciones entre complejos sociales singulares que, exactamente por causa de esta función particular en el pro- ceso reproductivo del complejo total, adquieren una pecu- liar estructura interna. Las necesidades del proceso como complejo conservan, empero, su prioridad ontológica y por esto determinan tipo, esencia, dirección, cualidad, etc., de las funciones ejercidas por tales complejos ontológicos me- diadores (223).

La prioridad de la economía en el ser social, derivada de su función ontológica fundante, no significa, en el pensa- miento de Lukács, ninguna valoración jerárquica de este complejo en relación a los otros. Significa un hecho onto-

lógico en “que una determinada forma de ser constituye el fundamento ineludiblemente ontológico de otra, y que esto no se da de manera inversa ni recíprocamente” (90/142).

El desarrollo social acaba creando situaciones en las que las actividades que tienen poco que ver con el trabajo en sentido estricto se convierten en la base de especializa- ciones, para que un grupo de personas haga de ella una profesión. Surgen sectores de actividades a partir de la división social del trabajo que delega a un grupo humano especializado la función de pensar y actuar con cierta con- ciencia en la ejecución de una actividad. Una conciencia deformada de tal situación puede “conducir a la fetichi- zación del complejo, al cual estrechamente se le atribu- ye una autonomía absoluta” (226), cuando en realidad se trata de uno de los complejos de la totalidad social cuya autonomía es bastante relativa.

En síntesis, la sociabilización crecientemente genérica de la sociedad, resultante de la división social del trabajo,

[…] se presenta con mucha clareza como un proceso en continuo refuerzo. De un lado la propia producción ad- quiere un carácter tan complejo que operaciones que pare- cen tener poco o nada que ver con la producción material de bienes se vuelven, al contrario, indispensables para el proceso global (477).

Más adelante, el autor afirma: “En este sentido, una marca social de la socialización es la cantidad de personas que pueden reproducir en términos individuales su vida, sin tomar parte en la directa producción material de la esencia” (477). No toda profesión que deriva de la división del trabajo desarrolla actividades directamente relaciona- da con la producción.

Podemos concluir, entonces, que las especializaciones que derivan de la división del trabajo no significan nece- sariamente complejos que operan posiciones teleológicas primarias, al contrario, el suelo genético de esta división

reside en las posiciones que intentan inducir a otros hom- bres para que actúen conforme un comportamiento desea- do. En la continuidad del proceso social ciertos complejos sociales adquieren incluso una relativa autonomía en el contexto de la totalidad social, algunos de estos con funcio- nes mediadoras entre los complejos singulares específica- mente ligadas al campo de los conflictos humano-sociales, en particular, aquellos referidos a los conflictos de clase.

Con estas consideraciones, buscamos evidenciar que el hecho de que una profesión se constituya como una espe- cialización originada en la división social del trabajo no implica su caracterización como trabajo. El Trabajo Social ciertamente es una profesión que deriva de la división del trabajo; las necesidades socio-históricas que lo legitiman como profesión lo vinculan a un fenómeno típico de la fase capitalista de los monopolios. Pero esto no significa que, con su actividad dirigida a determinadas realidades so- ciales, se realice un proceso de trabajo en el preciso sen- tido del término. Las especializaciones que se destinan al trabajo mismo, “condición natural eterna de la vida hu- mana”, en el sentido de Marx, conservan como intención directa la transformación de la objetividad natural o de la materia prima de ella derivada.

La división del trabajo extremamente sofisticada de la sociedad capitalista ha propiciado el surgimiento de innú- meras modalidades profesionales inexistentes en socieda- des anteriores. Esto es visible tanto para la esfera de la producción económica, frente al desarrollo cada vez más intenso de las fuerzas productivas, como para la de la re- producción social. Basta que observemos la diversidad de profesiones que se institucionalizan con las atribuciones del Estado en consecuencia de la consolidación y desarro- llo de esta sociedad.

En relación con el Trabajo Social, la institucionalización profesional nos parece un tema adecuadamente discutido

por diversos autores y bajo distintos ángulos, que torna evidente el momento en que una parte de la sociedad da inicio a esta especialidad en el conjunto de las profesio- nes.23 La investigación de la génesis de la profesión per-

mite a los trabajadores sociales verificar que, en una fase de la sociedad capitalista comprendida entre la segunda mitad del siglo XIX y los años 40 del siglo XX, inicia todo un proceso de institucionalización para el Trabajo Social, vinculado a las nuevas modalidades de intervención del Estado junto a la fuerza de trabajo.

Se crea la relación de asalariamiento para la profesión, se procesa la apertura de campos de actuación y de forma- ción profesional. De modo que el Trabajo Social se inscri- be en la sofisticada división del trabajo que se desdobla a partir de aquel momento de la sociedad capitalista. O sea, el surgimiento de la profesión tiene determinaciones en la complejización de la producción material y en la conse- cuente sofisticación de la división del trabajo capitalista.24

El lugar que el Trabajo Social ocupa en la división del trabajo lo articula a la política social, a los derechos y ga- rantías sociales, a los servicios sociales públicos y priva- dos, como campo de respuestas socialmente elaboradas y legalmente institucionalizadas en el ámbito del aparato estatal. Y, decisivamente, el Estado no es una categoría 23 Netto, José Paulo. Capitalismo Monopolista e Serviço Social. São Pau- lo, Cortez, 1992. En esta obra el autor sitúa el surgimiento del Trabajo Social en las condiciones histórico-sociales derivadas del capitalismo de

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