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Retomaremos el análisis de la concepción de Trabajo So- cial como Proceso de Trabajo desde el punto en que, en el Núcleo de Fundamentos del Trabajo Profesional, se en- cuentra la concepción de la práctica de los trabajadores sociales

25 A pesar de todo el debate en torno al carácter del Estado y de sus funciones, ni toda la variedad de acepciones sobre este permite identificar la identidad entre Estado y Trabajo. En el ámbito del marxismo contempo- ráneo, István Mészáros (2002/2010) lo comprende como un momento del control del sistema sociometabólico del capital que dispone de su propia superestructura.

26 En el texto anteriormente citado, Capitalismo Monopolista y Servicio Social, José Paulo Netto, en un análisis exhaustivo de las funciones del Estado en la fase monopolista del capitalismo, expone claramente que el Trabajo Social no se institucionaliza operando funciones productivas. Si esto permite asociarlo al trabajo improductivo, no lo califica como portador de funciones idénticas a las de los trabajadores en la producción material de la riqueza.

27 La cuestión social, en el sentido que la entendemos, puede ser confi- gurada a partir de tres dimensiones diferentes que se articulan: los deter- minantes esenciales de la acumulación capitalista y la generación de la pobreza y de la desigualdad social; la reacción de los trabajadores a tra- vés de la lucha de clases contra la explotación del trabajo; las respuestas del Estado por la vía de la institución de derechos y políticas sociales en el sentido de la conservación de la sociedad y de la contención de conflictos entre clases sociales.

[…] como concretización de un proceso de trabajo que tiene como objeto las múltiples expresiones de la cuestión social. Tal perspectiva permite recolocar las dimensiones constitu- tivas del quehacer profesional articuladas a los elementos fundamentales de todo y cualquier proceso de trabajo: el objeto o materia prima sobre la cual incide la acción trans- formadora; los medios de trabajo -instrumentos, técnicas y recursos materiales e intelectuales que propician una poten- ciación de la acción humana sobre el objeto; y la actividad del sujeto dirigida por una finalidad, o sea, el propio trabajo.28

La concepción de Trabajo Social con la cual nos depa- ramos aquí, concibe la práctica profesional como proceso de trabajo. En este caso, como práctica portadora de todo carácter esencial de las posiciones teleológicas primarias, ya que, conforme el propio texto en análisis, el quehacer profesional en sus dimensiones constitutivas debe estar articulado a los elementos fundamentales de todo y cual- quier proceso de trabajo: objeto o materia prima, medios y fines que caracterizan una actividad humana direcciona- da para una finalidad. Por otro lado, afirma que el objeto de la práctica profesional son las múltiples expresiones de la cuestión social, o sea, la acción de los trabajadores sociales incide sobre algo derivado de la propia sociedad, como tal, una realidad efectivamente existente, pero de carácter puramente social.

Resulta que la materia prima del trabajo es el ser natu- ral, o más precisamente, la objetividad material sobre la cual ya incidió el trabajo humano. Como ya vimos antes, su esencia es diferente a la de los objetos sociales refe- rentes a las relaciones entre los hombres, pues se trata de una objetividad real independiente de cualquier acto consciente. Delante del objeto natural el sujeto se encuen-

tra ante algo cuyas cadenas causales son simplemente na- turales, exigiendo conocimiento de sus leyes inmanentes.

Aunque ese objeto ya haya sufrido modificaciones deriva- das de una acción de trabajo humano y ya se constituya en un objeto que no pertenece exclusivamente al mundo de la naturaleza, la acción sobre ese objeto, como materia prima para otra acción, deberá incidir sobre aquellas cualidades inherentes a su materialidad esencial, sobre las cadenas de su legalidad natural. Solamente así esa acción conten- drá las características del trabajo en el preciso sentido del término.

Así, afirmar que la práctica del Trabajo Social es un pro- ceso de trabajo corresponde a asegurar que el Trabajo Social, en su conjunto o en las acciones de sus agentes individuales, opera actos teleológicos dirigidos a la trans- formación de objetos materiales en objetos sociales. Esto significa, por ejemplo, que el resultado o producto de su acción podrían ser cosas materiales así como carros, ropas o alimentos.

Tal hipótesis jamás fue levantada, considerando que, en lo que se constata sobre la práctica profesional, actos de esa naturaleza no son propios del desarrollo de la acción del Trabajo Social. Los actos del Trabajo Social envuelven siempre una acción de los agentes profesionales ante de- terminadas realidades sociales, condiciones existentes en la vida de individuos o grupos humanos resultantes de las relaciones sociales presentes. Como se puede ver, este es un tipo de materialidad nada idéntico a la materialidad simple o natural, incluso si esta última ya contiene traba- jo humano convirtiéndola en objetividad social.

Ahora, si es verdadero que el objeto de la práctica pro- fesional se constituye en las expresiones de la cuestión social, la “materia prima” sobre la cual incide la acción profesional es de una naturaleza ontológica esencialmen- te diferente de la materia prima propia a las posiciones

teleológicas características del trabajo. Las expresiones de la cuestión social se refieren a las relaciones entre los hombres, en especial las relaciones de clase y reacción de los hombres a los mecanismos de explotación, a los pro- blemas puestos por la sociedad y a las posibles respuestas elaboradas por esta misma sociedad.

Y cuando se trata de las relaciones entre los hombres, la posición teleológica que opera con el fin de mantener o cambiar esa realidad es también de una cualidad esen- cialmente diferente a la del trabajo, pues la posición debe dirigirse a la conciencia de las personas, y solamente a es- tas cabe realizar una elección entre las alternativas exis- tentes para la consecución de los objetivos propuestos. En este caso, la situación en relación con los medios es, tam- bién, esencialmente diferente. Como dice Lukács:

El “material” de las posiciones causales que de ahora en más han de realizarse gracias a los medios es, sin embargo, de carácter social: se trata de posibles decisiones alternativas realizadas por hombres; por ende, se trata de algo en prin- cipio no homogéneo y que, además se encuentra en cambio ininterrumpido. (102/183).

Esta actividad significa, por lo tanto, una acción ya muy alejada de aquellas volcadas a la simple reproducción ma- terial de la vida. Allí se tiene una actividad con base en una posición teleológica secundaria, en la cual los medios tienen una tarea todavía más compleja que en el trabajo en sentido estricto, en la medida en que bajo su mira está un campo de reacciones deseadas y no deseadas. Además, los resultados de esa acción ponen en movimiento otras posiciones teleológicas.

Siendo así, en relación con la práctica del Trabajo Social, aunque la actividad del sujeto que actúa sea dirigida por una finalidad y aunque deba disponer de medios para la potenciación de la actividad sobre un objeto de la cual re-

sulte un producto, por sí sólo, esto no caracteriza la activi- dad del Trabajo Social como proceso de trabajo.

En cuanto a este aspecto, las posiciones del tipo secun- dario presentan la misma estructura y dinámica que las posiciones operantes en el trabajo: se dirigen a un objeto, ponen medios y fines. La distinción básica entre el trabajo y esas otras posiciones reside principalmente en el objeto que la posición debe mirar. En el primer caso (trabajo), la objetividad natural; en el segundo caso (teleología secun- daria), posiciones causales de carácter social.

En el segundo caso, el sujeto adquiere una función dife- rente que en el trabajo en sentido estricto. Debe actuar en el sentido de conducir a otros hombres a realizar por si mismos otras actividades con base en un proceso reflexi- vo. En este caso pueden tener como dirección, inclusive, la propia interioridad de los sujetos envueltos en el pro- ceso para poder realizar modificaciones de carácter social en su vida o en la del grupo humano al cual pertenecen, en su trabajo o en la conducción de procesos sociales de naturaleza política orientada para un determinado fin. De este modo, entendemos que la tesis de la práctica del Trabajo Social como Proceso de Trabajo, cuando es anali- zada bajo la perspectiva del trabajo en Lukács, resulta sin sustentación.

Restaría pensar que la categoría profesional toma la praxis humana en general como trabajo, sin embargo, de allí también derivan problemas de imprecisión. Entre la praxis humana general y la praxis singular del trabajo se ponen mediaciones que caracterizan al trabajo y la so- cialización como categorías esencialmente heterogéneas. Lukács no da cualquier indicación de que la praxis huma- na pueda ser reducida a los procesos de trabajo, del mismo modo que del trabajo no se puede deducir abstractamente la totalidad del mundo de los hombres. De las formas más simples a las más complejas:

El ser social es un complejo de complejos cuya reproducción se encuentra en múltiples y variadas interrelaciones con el proceso reproductivo de los complejos parciales relativamen- te autónomos, pero donde la totalidad ejerce siempre una influencia predominante al interior de esas relaciones (255).

Sobre este aspecto vimos ya en el capítulo del trabajo que, en primer lugar, el trabajo es la categoría que realiza la síntesis entre teleología y causalidad y por eso funda el ser social. En segundo lugar, que el trabajo es una ca- tegoría exclusivamente social y existe simultáneamente, por lo menos, con complejos como la socialización, la coo- peración y el lenguaje, como mediaciones esenciales para la reproducción del hombre como individuo y como socie- dad. En términos de la relación entre totalidad y esencia, Lukács advierte en otro momento:

[…] si no podemos contraponer en términos metafísico-abso- lutos, sin escalas, la esfera económica a la superestructura, no podemos tampoco decir que el complejo de las posiciones teleológicas al interior del ser social sea un conjunto unifor- me, indiferenciado […] nos queda claro que estas dos formas del ser, unidas entre sí por una infinidad de interacciones, constituyen una unidad dinámica, en la cual, sin embargo, las determinaciones concretas se presentan muy diferentes (364).

En cuanto a la determinación de los complejos de la re- producción en el proceso histórico, Lessa dice:

Entre el trabajo, como categoría fundante, y el mundo de los hombres como un todo, tenemos la ineliminable mediación de la reproducción social […] La construcción social de la particularidad de cada momento histórico -particularidad que, por las determinaciones universales de la que es por- tadora, se articula a la historia de la humanidad, y, por las

singularidades que le determinan, se distingue de todos los otros momentos de la historia- es una función que pertenece a la esencia de la categoría de la reproducción como tal (Les- sa, 1997, p. 142).

De modo que, en lo que tiene que ver con las relaciones sociales, solamente si incurrimos en una abstracción muy grande pueden ser entendidas como trabajo. El salto on- tológico para una nueva esfera del ser ya significa que el hombre es capaz de trabajar, de hablar y desarrollar actividades de nuevo tipo, cuya constitución esencial no encuentra algo similar en la naturaleza. En el proceso de constitución de esta nueva sustancialidad, el papel de la subjetividad y de los individuos no es nada despreciable.

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