Chapter 3: HSE CHALLENGES IN LIBYAN OIL AND GAS INDUSTIRES
3.6 The NOC HSE management framework
3.7.3 Problem No.3: Lack of technical and skilled manpower and poor
En el capítulo anterior escribí que clínicos como Freud, que estaban activos como terapeutas durante el cambio de siglo (del 19 al 20), trataban con extremo escepticismo todas las cosas que de alguna manera tuvieran que ver con lo oculto. Siempre cuando con uno de sus pacientes surgían fantasías inconscientes, que probablemente habrían podido ser fragmentos de existencias anteriores, esas imágenes eran tratadas con extremo cuidado. Habitualmente se considera más seguro, designar ese tipo de fragmentos como personalidades "separadas" o "secundarias" y dejar totalmente fuera de juego las especulaciones metafísicas.
En los anales de la antigua psicoterapia aparece en total, solamente un clínico que considera auténticos los recuerdos preexistenciales. Poco después del cambio de siglo (19 al 20), el terapeuta francés Coronel Albert de Rochas encontró que a las personas de prueba hipnotizadas no sólo podía retrocederías hasta la primera infancia, sino también a estados prenatales e incluso a existencias anteriores. Él aseguraba que sus personas de prueba experimentaban alternativamente en la regresión, existencias masculinas y femeninas. Él insistía incluso, que podía llevar a las personas de prueba a una existencia futura. Tal como ahora, sus afirmaciones se toparon en ese tiempo con un escepticismo general, y desgraciadamente, tanto sus resultados como su método, cayeron rápidamente en el olvido.
El interés por la regresión preexistencial revivió por primera vez, cuando Morey Bernstein realizó su experimento con Virginia Tighe en 1956, y la regresó a una existencia anterior como Bridey Murphy, como se mencionó en el capítulo anterior. Pero Bernstein, que no era terapeuta, practicaba en primer lugar como parapsicólogo aficionado y buscaba por medio de la hipnosis, una prueba de la autenticidad de los recuerdos.
Los primeros que en los pasados años dieron a conocer oficialmente las posibilidades terapéuticas de la regresión prenatal y preexistencial, fueron, el psiquiatra Denys Keley y su esposa Joan Grant, que tenía aptitudes paranormales. Sus actividades se encontraron inicialmente con el escepticismo, pero poco a poco comenzaron, tanto en Gran Bretaña como también en los Estados Unidos, cada vez más hipnotizadores y psicoterapeutas; como por ejemplo, Joe Keeton, Morris Netherton o Edith Fiore, sólo por nombrar los más conocidos; a informar acerca de sus experiencias terapéuticas con regresiones preexistenciales y a expresar su convencimiento, de que esta era la terapia más escrupulosa y efectiva que ellos conocían.
Las discusiones acerca de si las imágenes que aparecen en los estados preexistenciales efectivamente son recuerdos, es decir, sí son históricamente auténticos o solamente son fantasías, pueden todavía durar muchos años más. En general, las escuelas psicoanalíticas que se basan en Freud y Jung, prefieren la hipótesis de la fantasía, mientras que los hipnoterapeutas, habitualmente les atribuyen autenticidad histórica a esos relatos.
Mí propio punto de vista está más o menos en el medio. Yo creo que el inconsciente produce todas las fantasías posibles, que representen intentos de solucionar conflictos psíquicos en un plano simbólico. Esos productos de la fantasía; como por ejemplo, los sueños; están en gran medida condensados y se pueden comprender solamente en el transcurso de un proceso de interpretación extremadamente especial. Un solo sueño puede contener, por ejemplo, elementos de dos o tres períodos de vida de la persona; de la infancia, de la adolescencia y del presente; y esos elementos se agrupan todos juntos alrededor de un complejo único, que se basa en un tema arquetípico. Pero tal como los sueños y las fantasías contienen elementos de esta vida; es decir, rastros de recuerdos de acontecimientos reales; así también, según mi opinión, se pueden introducir en ellos, recuerdos fragmentarios de existencias anteriores. Por lo tanto, si como en el caso de Peggy se tiene que ver con sueños con contenidos históricos muy específicos, entonces tiendo a tomarlos literalmente y no sólo como condensaciones simbólicas.
Lo que más diferencia al psicoanalítico del hipnotizador es probablemente su tipo de contacto con el inconsciente. El analítico escucha pasivo la mayoría de las veces y ofrece interpretaciones razonables. El hipnoterapeuta, en cambio, dirige en forma activa y ayuda al paciente a analizar las historias, imágenes e ideas fijas, que suben desde el inconsciente al estar en trance. En ese sentido, se podría comparar al hipnoterapeuta con un director de psicodramas, que participa activamente en el melodrama interno del cliente.
El terapeuta que trabaja con el método de Jung, ni se comporta tan relativamente pasivo como lo exige el procedimiento freudiano, ni se hace cargo de la dirección del suceso, en la medida en que lo hace típicamente el hipnoterapeuta. La técnica de Jung, que él mismo ha designado como "imaginación activa", se puede caracterizar más bien como interacción con el inconsciente. El paciente aprende primero a sentarse quieto, como al meditar, y a observar simplemente sólo el fragmento de un sueño o una imagen hipnagógica, sin ejercer sobre el suceso ni siquiera la más mínima influencia. El propósito de ese procedimiento es darle a la imagen la posibilidad de hacerse vivida gracias a su energía psíquica autónoma, con lo que el Yo de la persona se abstiene de todo tipo de expectativas, suposiciones e interpretaciones. Después de cierto tiempo de práctica y de una instrucción inicial a través del terapeuta, esa imagen interior comienza entonces a desarrollarse en una dirección determinada, y nuestro Ego observador aprende a participar de igual manera en la historia, como lo hace el Yo del sueño en un sueño normal. A ese Ego del sueño despierto se le exhorta a confrontarse con la situación del sueño tan directamente como sea posible, y a no retirarse, sino más bien a permitir emociones como miedo, rabia, pena, nostalgia, etc., que surgen ilimitadamente durante el psicodrama interno.
La técnica de Jung tiene el efecto incalculable de estimular, enfocar y entrenar en tal forma los "sentidos interiores", que nuestros sueños y nuestras meditaciones sobre determinadas imágenes, se enriquecen enormemente. Como en sus indicaciones originales no se mencionan ni imágenes de recuerdo ni preexistenciales, todo lo que emerge del inconsciente es tratado de igual forma. Se nos exige solamente participar en la historia-imagen interior y, en algunos casos, entrar en un diálogo con las figuras interiores que surjan. Lo decisivo es, sin embargo, que nos "metamos" con todas nuestras fuerzas en la imagen respectiva.
Esa efectiva técnica se diferencia de la regresión de preexistencia en varios aspectos. Ella no hace diferencia ni entre historias en las cuales el cliente se ve como un ser físico, o bien, espiritual, ni entre recuerdos y fantasías, ni toma en cuenta experiencias preexistenciales traumáticas que inducen al sujeto del suceso a abandonar el propio cuerpo o a refugiarse en una
fantasía compensatoria, para escapar de brutalidades o violaciones puestas en la historia. La diferencia entre ambas técnicas se puede evidenciar en el ejemplo del siguiente extracto salido de la imaginación de un paciente:
"Yo voy a través de un oscuro bosque. Veo y escucho algunos soldados que se distinguen entre los árboles. Ellos tienen muy evidentemente la intención de asaltarme y robarme. Ellos se acercan. De puro miedo me subo a un árbol. El árbol se transforma en una escalera. Me encuentro nuevamente en la buhardilla en la que jugaba con mis soldados de plomo cuando era niño ".
Ese relato casi no se puede leer de otra manera que como fantasía. La transformación del árbol en escalera es sin duda un acontecimiento fantástico y como ese paciente no se puede acordar de haber sido alguna vez atacado por soldados en su vida actual, la conclusión anterior parece ser la más aceptable.
En contraposición con eso, un terapeuta de preexistencia tal vez hace simplemente algunas preguntas y trata la historia como si fuera un recuerdo real y no una fantasía o un sueño. Cuando se nos pide vivir una historia como un suceso auténtico, tenemos que atenernos en nuestra imaginación, a las condiciones históricas de tiempo, lugar e identidad personal. En otras palabras: No deben crecemos alas de repente, como en un sueño, ni debemos convertirnos por arte de magia en un campesino de Sír Lancelot (Los caballeros del rey Arturo), como perfectamente puede ocurrir en una fantasía dirigida. Además, en los recuerdos históricos la muerte se experimenta frecuentemente en forma dolorosamente real. En los sueños, en cambio, no se experimenta casi nunca tan vividamente.
A continuación veremos, cómo un elemento de una imaginación activa resulta ser a veces un recuerdo dirigido por el terapeuta (TE). El cliente (CL) está tendido con los ojos cerrados:
TE: "¿Qué está haciendo?” CL: "Voy a través de un bosque”. TE: "¿Cómo está vestido?”
CL: "Evidentemente llevo puesta ropa andrajosa, un cinturón de cuero con una bolsa sujeta a él
y un sombrero de ala ancha; de alguna manera todo es medioeval. TE: "¿Y cómo es su constitución física?” CL: "Estoy formado fuerte, rechoncho y musculoso. Un campesino de más o menos treinta
años”.
TE: "¿Y qué pasa en el bosque? "
CL: "Aparecen tres soldados entre los árboles. Han sacado las espadas ". TE: "¿Y qué hacen
ellos con usted? " CL: "Me cortan la garganta. Oh, me ahogo en mi propia sangre (tose). Me muero (se retuerce).
Estoy muerto (el cuerpo se relaja) ". TE: "¿ Y qué sucede ahora con usted? " CL: "Floto sobre mi cuerpo. Está todo inundado con sangre. Yo observo todo eso con bastante
distancia interior. Ya ha pasado. Ahora tengo que irme ". TE: "¿Adonde va usted? " CL: "A un pacífico lugar que está sobre la Tierra. A mi alrededor están esos seres. Muy sinceros
y benéficos" TE: "¿Son personas? " CL: "No, en absoluto. Obviamente son ayudantes. Nos comunicamos sin hablar. Con mucha
Esa escena es típica para miles de regresiones preexistenciales. También contiene numerosos elementos característicos de sueños, pero también es un suceso dramático, dentro del cual se personifican los complejos, se va hacia el desarrollo de una crisis y finalmente se desemboca en una experiencia catártica. Actúa como una "ficción curativa", en el lenguaje de Jung y James Hulmán, pero que sin embargo, muestra una referencia de la realidad completamente seria. También la vivencia de la experiencia real de la muerte; y de la paz que tiene lugar simultáneamente; tiene un valor terapéutico extraordinario.
Las técnicas de la imaginación activa y de la regresión preexistencial, como las he descrito hasta aquí, muestran absolutamente concordancias con aquellos ejercicios dirigidos de imaginación, de los llamados talleres para el crecimiento personal, que actualmente pueden ser conocidos por muchas personas. Por último, todas esas posiciones tienen mucho en común. Sin embargo, con la terapia de preexistencia depende decisivamente de cómo se desarrolla la historia. Ese procedimiento le da especial importancia a la creación de escenarios reales.
Si para la descripción de todos esos procedimientos con el trabajo con imágenes que salen del inconsciente, se elige la denominación hipnosis o no, una cosa está clara: Cada una de esas técnicas contiene un estado de trance más o menos pronunciado. Si simplemente cerramos los ojos y dirigimos nuestra atención a una parte de nuestro cuerpo, a una imagen mental o a una secuencia de palabras, eso ya basta en la mayoría de los casos, para trasladamos a un leve trance. Hay que partir de la base con toda certeza; aunque el mismo Freud dejó después de practicar la hipnosis formal; que cada paciente de psicoanálisis cae entretanto en estado de trance una y otra vez sobre el sofá. Los últimos trabajos de Milton H. Erickson, aquel magistral hipnoterapeuta, han mostrado que todo tipo de variación mínima del tono de voz, del estímulo lingüístico, de la percepción corporal y de imágenes, nos llevan al estado de trance y nos sacan de él constantemente.
La única pregunta polémica que hay hasta ahora en los círculos psicoterapéuticos referente a los estados de trance mencionados, no es sí tales estados de alguna manera se presentan, sino qué tan profundos pueden ser para garantizar un resultado terapéutico. En lo que a mí mismo se refiere, yo aplico rara vez una determinada técnica para producir la hipnosis necesaria para el trabajo preexistencial. Tengo la impresión de que mis clientes logran sin más ni más un leve estado de trance, al concentrarse meticulosamente con los ojos cerrados, en determinadas imágenes o palabras que emergen de su consciencia interior. Algunos hipnoterapeutas parten abiertamente de la base, de que solamente pueden trabajar "preexistencialmente" con sus clientes, si éstos se encuentran en estado totalmente hipnótico. Según mi opinión, es, sin embargo, un asunto exclusivo del estilo personal, cómo se logra el acceso al material inconsciente. En ese contexto, cabe observar que según J. L. Moreno, un estado de trance adecuado es una condición previa imprescindible para el logro de un buen psicodrama, aunque él mismo jamás utilizó alguna técnica que se pareciera a la hipnosis en lo más mínimo siquiera.
En los pasados años, cada vez más terapeutas se han dado cuenta de que hay una gran cantidad de planos de la consciencia y de métodos que permiten un trabajo curativo exitoso; estados de trance, regeneración del sistema biológico (Biofeedback), fantasías dirigidas, sueños despiertos, yoga, Zen. Como consecuencia, también se ha ampliado nuestro panorama, en el sentido de que la psicoterapia tiene mucho en común con los tradicionales métodos chamanísticos de curación y otros. Así, los antropólogos ya han comprobado desde hace mucho tiempo, que tanto la curación chamanística como también los rituales balinésicos en los templos, se efectúan en trance.
El deseo de adaptar esas posiciones heterogéneas en una perspectiva general y sacar beneficios de la sabiduría espiritual de antiguas tradiciones, ha acercado a muchos psicólogos, incluyéndome a mí mismo, a ese movimiento no dogmático, que se denomina a sí mismo psicología transpersonal. Indicaciones acerca de adonde podría conducir la percepción fundamental representada por esa escuela; y eso sería, a una fecundación recíproca de la
psicología occidental y las disciplinas espirituales orientales; se pueden descubrir en el famoso
Libro tibetano de la muerte. Ese libro, traducido por primera vez a un idioma occidental por W.
Y. Evans-Weníz en 1927, incitó a continuación, por ejemplo, al "Comentario psicológico" (1935) de C. G. Jung. Pero por lo menos tan importante como el resto de las reacciones occidentales sobre ese material, es el "Prólogo preliminar" del gran erudito alemán convertido al budismo tibetano, Lama Anagarika Govinda, que escribió:
Hay personas que a causa de su concentración o de otra práctica de yoga, están en condiciones de elevar el contenido del subconsciente o de la consciencia profunda que sobrepasa su experiencia individual hacia el campo de la distintiva consciencia despierta activa, de manera que les es posible hacer uso de la riqueza inagotable de aquella memoria profunda en la que están almacenadas, no solamente nuestras existencias anteriores, sino el pasado de nuestra raza, el pasado de la humanidad y de todas las formas prehumanas; o incluso tal vez aquella consciencia que hace posible toda la vida de este universo.
Tal grado de control interior de estados de trance y del acceso hacia el inconsciente, sigue siendo hasta ahora una excepción en occidente. Pero en la medida en que los hipnoterapeutas logren perfeccionar sus métodos gradualmente, y los analistas consigan diferenciar en forma cada vez más exacta el material almacenado en el inconsciente, y cada vez un número mayor de personas descubra el incalculable potencial de la meditación, con mayor evidencia se abrirán esas puertas para nosotros, según mi opinión.