CHAPTER 5 PARTITION OPTIMIZER
5.1 Problem Overview
HIGIENE EN CASTELLÓN
La prensa continuamente se preocupaba por denunciar la falta de higiene en la capital para que el Ayuntamiento no olvidara las prescripciones del Gobernador Civil. Esta preocupación aumentaba cuando llegaban los calores.
En mayo de 1890 se publica una circular del Gobierno Civil292 en la que pide que, ante la proximidad de los calores en que la salud pública suele alterarse, principalmente en las localidades donde se descuida la policía sanitaria, que todos los alcaldes cuiden de la salud pública y que mejoren las condiciones higiénicas de sus respectivos distritos, haciendo que desaparezcan todos los focos de infección que en ellos hubiere, y que se cumplieran rigurosamente las leyes sanitarias.
290 El Clamor, 13/01/1884 y 20/01/1884. 291 El Clamor, 19/04/1885.
Para conseguirlo recomendaba vigilar constantemente la calidad de los alimentos que se vendían al público, «para que sean puros y sanos», prohibiendo la venta y el tráfico de los que estuvieran alterados, por causa físicas o por la mala fe de los vendedores.
También pedía la vigilancia de los establecimientos de comestibles, de vacas, cabras y burras de leche; los mataderos y lavaderos públicos. Lo mismo se debían vigilar las aguas potables «cuya pureza ha de procurarse» sin olvidar cuanto se refiere a la fabricación y venta del pan, a la salubridad de las carnes y pescados, y a la adulteración de la leche y demás sustancias alimenticias.
Asimismo encomendaba el cuidado y reparación y limpieza de los conductos de aguas sucias, letrinas, sumideros, alcantarillas y arroyos; del aseo de las fuentes, calles, plazas y mercados; de la desaparición de los depósitos de materias animales y vegetales en putrefacción existentes dentro o en las cercanías de la población, prohibiendo de la manera más absoluta el establecimiento de estercoleros que estuvieran situados a menos de 40 metros de las viviendas. Igualmente debía procurarse la extinción de los efluvios pantanosos y vigilar escrupulosamente los cementerios, cuidando que las fosas tuvieran la profundidad conveniente que aconsejaban la ciencia y las leyes.
Para cumplir con todos estas obligaciones, los alcaldes contaban con el auxilio de las Juntas Municipales de Sanidad, de los Médicos titulares, Inspectores de carne y los Veterinarios:293
Cuando aparece el periódico El Heraldo de Castellón en 1895, en su exposición de principios se hace eco de la preocupación por las medidas de higiene que compartía la ciudadanía, los políticos y la prensa en ese momento. Según dice su misión sería apoyar todas las mejoras por la que suspiraba el ciudadano de Castellón:
[…] la terminación de las obras del puerto; las del Hospital, las de la cárcel; el adoquinado de las calles que lo consientan; la construcción de fuentes públicas; la del mercado de hierro en la plaza Vilaroig; la del cuartel de caballería contiguo al fuerte de San Roque; la del alcantarillado; el derribo de los edificios que impidan el ensanche de la vía pública; el saneamiento del inmediato caserío marítimo; el aumento del alumbrado; la escrupulosa observancia de las ordenanzas municipales en los que a los abusos de la higiene y de policía urbana se refiera; la custodia del
campo; la conservación de la vía pública y la de los caminos vecinales; los abusos en el peso y en el género de la venta pública.294
Siguiendo con su preocupación constante en denunciar los abusos en la falta de higiene, El Heraldo de Castellón escribe un artículo titulado « ¿En dónde estamos en Castellón o en Chodos?», en el que denuncia las acciones insalubres de los ciudadanos de Castellón, y sobre todo la costumbre de matar los cerdos en la vía pública:
¿Estamos en el mísero lugar de Chodos o en la hermosa y culta capital de la Plana?
No es bastante que aquí disponga cada cual a su antojo de la vía pública, aprovechándola a todas horas para taller de sus oficios.
No es bastante tampoco que criadas y mayordomos echen a la calle las aguas sucias de sus fregaderos o sacudan en los balcones las polvorientas pieles y alfombras de las habitaciones de sus señores, que ahora se hace también de la calle matadero público y como si nada ocurriera; como si la ley de policía urbana igual que las ordenanzas municipales se hubieran escrito para los ciegos y no rezaran nada con las autoridades de una capital de provincia de la importancia y del buen nombre de la nuestra.
¿A quién diremos, señor alcalde; a quien haremos creer señores concejales, que en Castellón de la Plana, en una de las más hermosas y más importantes capitales de España se sacrifican cerdos en la vía pública?
A nadie que lo digamos nos dará crédito y sin embargo es un verdad como un templo.
Se sacrifican cerdos en las calles de Castellón de la Plana y se sacrifican y ciencia y paciencia de las autoridades y a la paciencia y ciencia también de un matadero que le cuesta su dinero al vecindario.
Lo que ocurre aquí no ocurre ciertamente, no ya en el lugar de Chodos que es el que demasiado ligeramente hemos elegido para compararlo con Castellón, no, si no en la más miserable aldea del rincón más olvidado de España.
Sacrificar cerdos en las calles de Castellón y a la luz de la aliaga y del romero; aquí, donde hay un matadero, aparte de otros mil sitios apartados para llevar
a cabo cómodamente la clase de sacrificios a que nos referimos, era lo único que nos faltaba ver en esta ciudad.
¿Es, en Castellón donde vivimos o vivimos en el caserío del Tormo de Cirat?
¡Señor alcalde!
¡Señores concejales del xcelentísimo ayuntamiento de Castellón1
Más favor para la capital de la Plana y menos tolerancia para los que equivocados seguramente viven hoy en Castellón la vida del Castellón del año 2.
Pase-que no debía pasar-lo de cada vecino disponga a su capricho de la vía pública.
Pase también- que tampoco debía pasar-lo de que las criadas conviertan en letrinas de los corrales de sus casas, el arroyo de la calle.
Pero lo de la matanza de los cerdos en aquel mismo sitio, eso, señor alcalde; eso, señores concejales, no puede pasar. 295
En otro artículo, denunciaba que las aguas residuales se vertían directamente a la calle; que las casas del vecindario eran frontones para el juego de pelota de los niños; las alfombras y las pieles se sacudían en los balcones y ventanas; se regaba a todas horas las macetas que se cultivaban en los balcones, mojando a los transeúntes, y por último denuncia que los vecinos ocupen las calles ya sea para la industria, recreo, etc., haciendo el uso contrario de lo que mandaban las Ordenanzas municipales. El Heraldo de Castellón hace referencia a la necesidad de aumentar el servicio de policía del Ayuntamiento para vigilar estas actuaciones:
El buen nombre de Castellón y la importancia de una capital como la nuestra, bien merece un servicio de policía más escrupuloso que el que tiene, y a eso vamos por el presente ruego, con la promesa formal de no volver a ocuparnos más del asunto, cansados de clamar en el desierto y convencidos del aburrimiento de nuestros lectores por nuestra insistencia en la atendible materia del objeto mismo de las presentes líneas. 296
295 El Heraldo de Castellón, 23/01/1895. 296 El Heraldo de Castellón, 13/02/1895.
Más adelante, ante la indiferencia del Ayuntamiento, El Heraldo de Castellón dirige una carta al Gobernador denunciando la matanza de cerdos en la vía pública «porque muy lejos de corregirse; aumenta cada día con más extraordinario escándalo». «Dispuestos a proscribir de la hermosa y culta capital de la Plana las costumbres y silencio de la alcaldía de Castellón y acudimos a V.S. para que prohíba terminantemente la matanza de cerdos en la vía pública, librando a este vecindario de un espectáculo tan repugnante e inculto como el que nos ocupa […].» 297
La higiene de Castellón en las dos primeras décadas del siglo XX, no cambió significativamente, un artículo publicado en El Clamor por el médico republicano, Vicente Gea, deja bien a las claras cual era la situación de la ciudad.
Gea escribe dicho artículo ante la amenaza de invasión de la epidemia gripal. En el artículo hace una crítica de la higiene en la ciudad de Castellón.
El artículo titulado «Para hacer higiene se necesitan tres cosas: DINERO, DINERO Y MUCHO DINERO» expone que en un país palúdico por excelencia, aún no se había hecho ningún estudio sobre el Paludismo.
Castellón tenía en 1918 una población de 35.000 habitantes y solo disponía de agua de «mala calidad» para una población de 10.000; el agua de la Rambla de la Viuda estaba infectada y la de los pozos no era potable.
Como consecuencia de la escasez de agua no se podía realizar la evacuación de los residuos orgánicos. El alcantarillado servía para verter las aguas sucias, los retretes y todos los líquidos residuales con grave peligro para la salud de la población. En las alcantarillas fermentaban los productos residuales y se convertían en un foco de infección.
La mayor parte de las viviendas tenían falta de luz y ventilación, habitaciones pequeñas, subsuelo húmedo e infectado en la mayor parte de las casas. En ellas se almacenaban las basuras y se dejaba que fermentara varios meses para convertirse luego en estiércol. Además convivían con las personas crías de cerdos, conejos y otros animales.
En cuanto a la higiene individual de las personas, Gea afirma que éstas sólo se bañan en verano o «cuando llueve si lo coge fuera de casa», «vive para la calle más que para sí y procura vestir mejor que comer. Gasta en lo superfluo más que en lo necesario.
Desconoce las más elementales prácticas higiénicas respecto al uso de alimentos, bebidas, norma de vida, etc.»
Y ahora se nos ocurre preguntar ¿cree alguien, pensando de buena fe, que con una reunión más o menos de la junta A, que con una visita o una memoria más del inspector B se va a conseguir modificar este estado de cosas?
Entendemos que no y afirmamos al acabar como exponíamos al comenzar Lo más caro es la salud, es natural, es lo mejor y para defenderla se necesita sólo dinero para instruir, dinero para destruir y dinero para construir. 298