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Problems and issues with Assessment and Feedback

3. Identifying the key issues in relation to Assessment and Feedback

3.4 Literature Review

3.4.2 Problems and issues with Assessment and Feedback

20 15 10 5 0 1984 1989 1994 2000 2005

38 Los quintiles de ingreso per cápita se construyeron sin valor imputado por la propiedad de la vivienda o valor locativo, a efectos de incluir áreas rurales. Debido a los problemas que presenta su medición en áreas rurales, esta variable se releva exclusivamente en áreas urbanas.

Al igual que la hipertensión y la diabe- tes, las limitaciones para ver, oír caminar y hablar no están asociadas a escasez de in- gresos sino al envejecimiento, y dan cuen- ta de un tipo de privación no observable en las mediciones de pobreza monetaria. Los potenciales problemas para generar ingre- sos no se refl ejan si se observa la distribu- ción por quintiles de esta población, ya que alrededor de un 50% de las personas con limitaciones para ver y un 75% de las que tienen limitaciones para caminar reciben pensiones o jubilaciones, lo que les asegu- ra en muchos casos un mínimo de ingresos para sobrevivir.

Sin embargo, aquí se vuelve especial- mente pertinente la observación de Amar- tya Sen acerca de la insuficiencia del ingreso para realizar comparaciones inter- personales, debido a que las tasas de con- versión de los ingresos en logros difieren entre las personas en función de sus con- diciones personales y sociales (Sen, 1988). Las privaciones que enfrentan los adultos mayores y que se evidencian en este aná- lisis requieren un tipo de cuidados, y por ende de políticas,distinto del que requie- ren las privaciones que se originan en el ingreso. Por ejemplo, la prevención de enfermedades cardiovasculares y el acon- dicionamiento de los espacios públicos y medios de transporte para una población envejecida, con limitaciones para ver, oír y desplazarse, parecería ser un aspecto de crucial importancia para asegurar niveles de autonomía a los adultos mayores. Al mismo tiempo, se abren asuntos relativos a quienes en la sociedad se hacen cargo de estas personas, dado que, si las políticas sociales no proveen organización y apoyo para el cuidado de las personas con difi cul- tades de salud y de los ancianos, este pa- rece recaer en las mujeres (Aguirre, 2004; Batthianhy, 2004).

La proporción de personas afectadas por las limitaciones permanentes de mayor in- cidencia en las edades avanzadas en nin- gún caso presenta diferencias signifi cativas entre quintiles de ingreso per cápita (véase el Anexo de la Parte I). Con respecto a las diferencias por sexo, Trylesinski (2007) es-

Cuadro I.19 Prevalencia de enfermedades crónicas por tramos de edad, total del país, 2006

Asma Hipertensión Diabetes

Menor de 18 años 8,0 0,4 0,2

Entre 18 y 49 años 6,0 6,0 1,7

50 años o más 5,3 31,6 9,0

Total 6,4 12,3 3,5

Fuente: enha 2006.

Incidencia de limitaciones permanentes por tramos de edad, total del país, 2006

GRÁFICA I.25 0,20 0,15 0,10 0,05 0,00 entr e 0 y 4 entr e 5 y 9 entr e 10 y 14 entr e 15 y 19 entr e 20 y 24 entr e 25 y 29 entr e 30 y 34 entr e 35 y 39 entr e 40 y 44 entr e 45 y 49 entr e 50 y 54 entr e 55 y 59 entr e 60 y 64 entr e 65 y 69 entr e 70 y 74 más de 75

Para ver Para oir Para caminar Para utilizar los brazos

Incidencia de limitaciones permanentes por tramos de edad, total del país, 2006

GRÁFICA I.25B 0,10 0,05 0,00 entr e 0 y 4 entr e 5 y 9 entr e 10 y 14 entr e 15 y 19 entr e 20 y 24 entr e 25 y 29 entr e 30 y 34 entr e 35 y 39 entr e 40 y 44 entr e 45 y 49 entr e 50 y 54 entr e 55 y 59 entr e 60 y 64 entr e 65 y 69 entr e 70 y 74 más de 75

Fuentes: Elaboración para este informe basada en la enha del ine.

Para hablar Mentales para relacionarse Mentales para el aprendizaje Evolución de la tasa de mortalidad infantil, 1986-2007

GRÁFICA I.24 30 25 20 15 10 5 0

* No se dispuso de las tasas de mortalidad infantil desagregadas entre neonatal y posneonatal para el 2007. Fuente: msp.

Posneonatal Neonatal Total

tima la incidencia de las distintas limita- ciones recogidas en la enha para varones y

mujeres. Señala que existe una mayor pro- porción, aunque muy leve, de mujeres que presentan limitaciones para ver y caminar, aspecto que puede estar asociado a su mayor esperanza de vida.39

Para fi nalizar este apartado, se presenta un indicador de morbilidad relevado por la enha, que consiste en la presencia de enfer- medades en integrantes del hogar en los úl- timos 30 días (gráfica I.26). En los hogares de bajos recursos se percibe como enfermos a los menores de edad en una proporción infe- rior a la de los hogares más ricos. Si bien las condiciones de vida pueden afectar en mayor medida la salud de los niños que viven en hogares de bajos recursos, es posible que la percepción de una misma situación en hoga- res cuyos responsables cuentan con distintos recursos, educación e información sobre las enfermedades aumente su reconocimien- to. De esta manera, las consideraciones de agencia, en el sentido que Sen atribuye a este concepto, podrían ser importantes para explicar estas diferencias.

En sentido contrario, en los hogares de mayores ingresos es menor la proporción de enfermos entre las personas de edad avanza- da. Esto podría reflejar que las peores con- diciones de vida o las mayores dificultades para realizar tratamientos adecuados redun- dan en una prevalencia mayor de enferme- dades en aquellas personas que integran ho- gares con menores recursos.

4.3.1.3 Calidad y acceso a servicios de cuidado de la salud

El acceso a los servicios de salud, tanto pública como privada, ha estado relativa- mente extendido en el Uruguay: alcanza

39 En lo que refi ere a la atención psicológica y psiquiátri- ca, en Trylesinski (2007) también se indica que existe un comportamiento disímil entre varones y mujeres. En el primer caso existe una mayor incidencia de los varones en las edades asociadas al ciclo escolar, en tanto en edades posteriores la incidencia es levemen- te superior en las mujeres. En el caso de la atención psiquiátrica se señala que, si bien el comportamiento de los varones es similar a lo largo del ciclo de vida, en el caso de las mujeres existe un fuerte crecimiento en edades próximas a los 45 años.

a más del 90% de la población. En los últi- mos 15 años la ausencia de cobertura cayó desde niveles superiores al 6% hasta valo- res próximos al 3% (gráfica I.27). No obs- tante, la variación más importante de este período se produjo en el año 2001, cuando se modifi có el cuestionario de la fuente de información utilizada, por lo que parte de estas mejoras puede deberse a cambios en la captación.

Actualmente no se elaboran indicado- res sistemáticos que brinden información sobre la calidad de los servicios en salud. Estos indicadores permitirían ilustrar cla- ramente si las diferencias en el tipo de cobertura se traducen en diferencias en la atención recibida. Durante la crisis del 2002, el sistema público albergó a quienes abandonaron el sistema mutual, lo que ge- neró una fuerte demanda de los servicios públicos. Esto, unido a las ya precarias condiciones asistenciales del sector pú- blico, reforzó las brechas en la calidad de atención de los dos subsistemas.

Se cuenta, sin embargo, con datos prove- nientes de la enha que permiten una primera

aproximación a estos aspectos. Se releva la cantidad de noches promedio que las perso- nas pasan hospitalizadas y el tiempo de es-

Proporción de personas que en los últimos 30 días se sintieron enfermas por tramos de edad. Total, primer y quinto quintil

de ingreso per cápita (sin valor locativo), total del país, 2006

GRÁFICA I.26 30 27 24 21 18 15 12 9 6 3 0 entr e 0 y 4 entr e 5 y 9 entr e 10 y 14 entr e 15 y 19 entr e 20 y 24 entr e 25 y 29 entr e 30 y 34 entr e 35 y 39 entr e 40 y 44 entr e 45 y 49 entr e 50 y 54 entr e 55 y 59 entr e 60 y 64 entr e 65 y 69 entr e 70 y 74 más de 75

Fuente: Elaboración para este informe basada en la enha del ine.

pera para las intervenciones programadas. La primera cuestión habitualmente se utiliza para medir la eficiencia en la utilización de recursos. Salud Pública registra, en prome- dio, 11 noches de hospitalización en Monte- video y 7 en el interior del país, mientras en las instituciones de asistencia médica colectiva (iamc)

o mutualistas el promedio es de 6 y 7 noches respectivamente. La espera promedio para las intervenciones programadas está en torno a los 80 días en el Ministerio de Salud Pública (msp) y 70 en las iamc.

Estos resultados dan indicios sobre dife- rencias entre ambos tipos de cobertura que podrían estar reflejando inequidades en el cuidado de los pacientes. Por ejemplo, la pro- longación de la internación puede indicar difi - cultades para identifi car la enfermedad o para realizar estudios, lo que aumenta el riesgo de contraer otras enfermedades por causas evita- bles, pero también es posible que los períodos de internación en el sector privado sean más breves debido a la escasez de camas.

En Trylesinski (2007) se presenta la cober- tura de la población de los servicios públicos y privados por tramo de edad. Se señala que a medida que las personas se incorporan al mercado laboral aumenta la utilización de los servicios privados. Dicha relación podría ser potenciada por la ya conocida relación entre ingreso y edad de las personas: los hogares más pobres cuentan con una cantidad mayor de niños y son los que utilizan mayoritaria- mente los servicios públicos. En la gráfica I.28 se representa esta relación, considerando solamente los servicios prestados por las iamc

y el msp. Los resultados no difi eren de los ob-

tenidos por Trylesinski (2007).

Entre 1991 y el 2006 se observa un im- portante desplazamiento desde el sector privado hacia el público en todos los tra- mos de edad, salvo en el grupo de perso- nas mayores a 70 años, en el que los nive- les son muy similares. Cuando se observa la proporción de personas que en el 2006 utilizaban los servicios mutuales se notan importantes diferencias en los tramos ba- jos y altos de edad. La población de los ex- tremos etarios no logró reincorporase a los servicios privados, en tanto el sistema de protección social contuvo dentro de estos

Derechos de atención médica. msp.

1991-2002-2006, localidades con más de 5000 habitantes

GRÁFICA I.28A 80 70 60 50 40 30 20 10 0 Entr e 0 y 4 Entr e 10 y 14 Entr e 20 y 24 Entr e 30 y 34 Entr e 40 y 44 Entr e 50 y 54 Entr e 60 y 64 Entr e 70 y 74

Fuente: Elaboración para este informe basada en las ech del ine y la enha 2006. 2006 2002 1991

%

edad

Derechos de atención médica. iamc.

1991-2002-2006, localidades con más de 5000 habitantes

GRÁFICA I.28B 0,80 0,70 0,60 0,50 0,40 0,30 0,20 0,10 0 Entr e 0 y 4 Entr e 10 y 14 Entr e 20 y 24 Entr e 30 y 34 Entr e 40 y 44 Entr e 50 y 54 Entr e 60 y 64 Entr e 70 y 74

Fuentes: Elaboración para este informe basada en las ech del ine y la enha 2006. 2006 2002 1991

%

edad

Proporción de población sin cobertura de salud, 1991-2006

GRÁFICA I.27 60 50 40 30 20 10 0 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006

Fuente: Elaboración para este informe basada en las ech del ine y la enha 2006. %

a las personas en edad de participar en el mercado laboral.

En el Anexo de la Parte I se presentan estos resultados por región para el año 2006. Por un lado, los resultados para el Litoral Sur y Mon- tevideo fi guran desagregados del resto de las regiones (paneles a y b). Al mismo tiempo se presentan resultados según residencia en lo- calidades urbanas mayores de 5000 habitan- tes y menores de 5000 habitantes o rurales (paneles c y d). Es marcado el mayor uso de las iamc en todos los tramos etarios en Mon-

tevideo y del msp en el interior del país, con

diferencias similares en todos los tramos. Sin embargo, fuera de Montevideo existen dife- rencias fundamentalmente en la región del

Litoral Sur, donde los niveles son compara- bles con los de Montevideo, seguramente por la mayor oferta de servicios privados. No debe perderse de vista que los servicios privados están radicados mayoritariamente en Mon- tevideo y son aprovechados también por los departamentos limítrofes.40

40 La desagregación por tamaño de las localidades y nivel de urbanización presenta resultados llamativos, par- ticularmente cuando se considera el acceso de las per- sonas que viven en el área rural cuyas edades se sitúan entre 20 y 65 años. Allí la participación en el sistema mu- tual es superior a la verifi cada en localidades urbanas de más de 5000 habitantes, mientras la participación de la salud pública es similar en ambas localidades. En todos los tramos etarios las personas que viven en localidades de menos de 5000 habitantes presentan niveles de ac- ceso menores en las iamc y superiores en el msp.