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Problems of Measurement

La  rehabilitación  psicosocial  tiene  como  objetivo ayudar a las personas con discapaci- dades psiquiátricas a reintegrarse en la comu- nidad y a mejorar su funcionamiento psicoso- cial.  Dentro  del  proceso  de  intervención,  el 

objetivo del programa de intervención psico- motriz es lograr que la persona tenga una me- jor vivencia y conocimiento de sí misma para  que  a  partir  de  ahí  mejore  la  relación  con  el  mundo que le rodea (personas y objetos). La  psicomotricidad  facilita  una  autopercepción  positiva que permite mejorar la relación con la  realidad y lograr una vivencia plena del cuer- po como medio de comunicación y de relación  (Alonso, Viedma, blanco y Cañamares, 1997). 4.1.  Objetivos de intervención basados en Alonso et al. (1997) y Cabanillas  y Fernández (2002), se proponen los siguientes  objetivos de intervención: 4.1.1. Área cognitiva —   Percepción del cuerpo: lograr que la per- sona tome conciencia de todo su cuerpo,  constituyendo  una  imagen  corporal  exacta.

—   Percepción de los objetos: mejorar la per- cepción táctil y el reconocimiento de tex- turas y volúmenes, la percepción auditi- va y la percepción visual.

—   El  espacio:  reconstruir  y  organizar  las  percepciones  y  acciones  dentro  de  una  estructuración  espacial  adaptada  a  la  realidad, incluyendo la orientación, la or- ganización y la representación espacial. —   El  tiempo:  reconstruir  y  organizar  las 

percepciones  y  acciones  dentro  de  una  estructuración  temporal  adaptada  a  la  realidad,  incluyendo  la  orientación,  la  organización y la representación tempo- ral. Asimismo se trabaja la capacidad de  iniciar, continuar, secuenciar y terminar  una acción y la capacidad para mante-

ner la atención y el ritmo mientras ejecu- ta una actividad.

— Estimular la capacidad creativa, generan- do gran cantidad de ideas, desmenuzan- do un todo en sus partes, fomentando ideas infrecuentes y modificando una idea en otra.

4.1.2. Área socioafectiva y comunicativa

— Aceptar sus capacidades y limitaciones, respetando las diferencias con el otro. — Adquirir y desarrollar autonomía, con-

fianza y seguridad en sí mismo.

— Relacionarse con los otros de forma ac- tiva y sensible. El trabajo corporal per- mite la experiencia de la pertenencia gru- pal a un nivel vivencial más allá de lo puramente cognitivo. La experiencia sen- soriomotora y grupal les canaliza hacia una apertura al exterior, sustentada en el fortalecimiento de su imagen corporal.

4.1.3. Área motora

— Estimular la coordinación dinámica gene- ral y el equilibrio con el fin de: lograr una mayor amplitud y vaivén de movimien- tos, mejorar el equilibrio estático, diná- mico y posmovimiento y proporcionar una vivencia positiva de su imagen cor- poral.

— Lograr un control tónico muscular a tra- vés de la relajación (global y segmenta- ria) y la respiración (control de la espira- ción, respiración torácico-abdominal y diafragmática).

— Mejorar la coordinación fina: coordina- ción dinámica de las manos y expresión facial.

4.2. La sesión de psicomotricidad

4.2.1. Sesiones dirigidas

En los centros de rehabilitación psicosocial se utilizan fundamentalmente sesiones dirigi- das. Se realizan sesiones en pequeños grupos (entre tres y diez personas), con una duración de media hora a una hora y una frecuencia de una o dos veces por semana. Si es posible, se utiliza siempre la misma sala, debido a la difi- cultad que presentan para afrontar un cambio, razón por la cual siempre son los mismos par- ticipantes. El psicomotricista dirige las sesio- nes, aportando las consignas, explicando el uso de la actividad para conseguir los objetivos planteados, participando en la actividad y ob- servando la evolución.

La sesión consta de las siguientes partes: — Rueda de entrada: tiene una duración de

cinco a diez minutos, durante los cuales la persona toma contacto con sus com- pañeros, con la sala y con el psicomotri- cista. Se habla de experiencias de sesiones anteriores, de los participantes, comen- tando los que están y los que faltan, y de cómo se sienten para comenzar la sesión. — Preparación o calentamiento: se realiza

un recorrido por toda la movilidad ar- ticular. La actividad sensoriomotora, el movimiento, le va a permitir conocer la posición de los segmentos de los miem- bros, de los miembros y del cuerpo, ya que el aparato locomotor está dotado de órganos sensoriales que informan a los centros nerviosos de dichas posicio- nes.

— Contenido principal: dura de veinte a treinta minutos durante los cuales se de- sarrollan los contenidos u objetivos de la sesión, según las necesidades individua-

les o grupales. En las sesiones en las que  se trabaja la motricidad fina se atiende  en primer lugar a los aspectos globales  del movimiento para después incidir en  las movilizaciones finas. —   Relajación: se aplican distintas técnicas  de relajación y respiración, reconociendo  su imagen corporal. Se recomiendan mé- todos en los que se toque, siempre verba- lizando, el cuerpo, que permitan estruc- turarlo. Si la persona no acepta que se  toque su cuerpo, se puede utilizar un ob- jeto  intermediario,  como  un  balón.  Es  necesario trabajar desde una aproxima- ción global y no dividida.

—   Rueda de salida: verbalización del traba- jo  realizado,  toma  de  conciencia  de  la  actividad, finalización de la sesión y des- pedida.

4.2.2.  Sesiones vivenciadas

Escasas  han  sido  las  publicaciones  en  las  que se mencione la aplicación de sesiones vi- venciadas  en  este  ámbito.  Díaz  (2000),  en  su  trabajo con personas con trastornos mentales  crónicos en el hospital de día, propone sesio- nes vivenciadas, con una duración que oscila  entre  50-60  minutos  y  estructuradas  en  tres  momentos:

—   Rueda de entrada: sentados en un círcu- lo, el psicomotricista realiza la acogida y  se habla de cómo se encuentra el grupo  y  lo  que  van  a  desarrollar  en  la  sala.  Hace sugerencias y propuestas sobre el  material disponible, según sean los obje- tivos que tenga marcados para la sesión.  Las normas son las que el grupo consi- dere necesarias para la expresión corpo- ral libre.

—   Núcleo: los  participantes  empiezan  a  moverse, a explorar los objetos. La sala  está dispuesta en tres espacios:

    •   Espacio sensoriomotor: les permite un  encuentro con el cuerpo y con el entor- no,  y  en  él  descubren  lo  que  pueden  hacer corporalmente, midiendo sus lí- mites con respecto a sí mismos, a los  otros y a los objetos. El psicomotricis- ta trata de que la persona con enfer- medad mental viva el placer sensorio- motor, que surge de las sensaciones de  origen propioceptivo y que le permite  actividades basadas en movilizaciones  de los distintos segmentos corporales,  caminar, giros, equilibrio, etc.

    •   Espacio  simbólico:  partiendo  de  la  imitación de momentos reales, el parti- cipante va creando situaciones, expre- sando sus emociones. El psicomotricis- ta acepta sus producciones simbólicas  y, en caso de que sean agresivas o fan- tásticas, las hace evolucionar hacia re- gistros  aceptados  socialmente.  Dado  que  en  estos  momentos  puede  haber  un encuentro con el otro, el psicomo- tricista  trata  de  que  se  restablezca  la  comunicación.

    •   Espacio  cognitivo:  este  espacio  está  perfectamente  delimitado  de  forma  material,  y  le  permite  representar  su  acción con una distancia afectiva. Se  pueden proponer materiales maleables,  como la pasta de modelar, que les per- mitan modificar, destruir y reconstruir. —   Rueda de salida: al final se reúnen con el 

psicomotricista  al  escuchar  las  palmas,  que es la señal de aviso para dejar el ma- terial y acercarse a contar lo que se ha  hecho,  qué  les  ha  parecido  la  sesión  y  cómo se han sentido.

4.2.3. Sesiones de danzaterapia

Gaetner (1981) propone un método de dan- za combinada con música. Considera la danza  la expresión corporal más perfecta y elaborada  porque  exige  la  armonía  con  el  espacio  y  el  tiempo. La toma de conciencia del espacio va  pareja con la del cuerpo en movimiento o en  inmovilidad. De forma progresiva va integran- do  las  nociones  de  alto-bajo  y  derecha  e  iz- quierda que se derivan de los movimientos bai- lados.  Además  van  adquiriendo  las  nociones  de simultaneidad y continuidad, sucesión, mo- dificación y cambio, principio y fin.

Es  un  método  que  no  exige  aprendizaje,  y  crea  movimientos  de  conjunto  o  individuales  que conforme a la audición musical los partici- pantes tienen que ir imitando. Las sesiones se  desenvuelven en grupos pequeños, y el terapeu- ta hace de modelo a dos individuos. La única  consigna  que  tienen  que  seguir  es  imitar  los  movimientos, para lo cual se emplea el espejo,  que refleja al terapeuta y a los pacientes. Las  músicas orquestales, de más de un instrumen- to, ayudan a crear un sentimiento de unidad y  globalidad. Cuando se realizan movimientos lentos uti- liza obras de bach, que provocan una disten- sión cercana a la relajación. Se llevan a cabo  movimientos de las manos tocando su propio  cuerpo, desde los pies hasta la cabeza y desde  la  cabeza  hasta  los  pies,  para  hacerle  tomar 

conciencia de su unidad. Los movimientos se  repiten muchas veces respetando rigurosamen- te el tempo de la música. Cuando predomina la pasividad y lo que se  quiere conseguir es una excitación psicomotriz  que pueda desencadenar la marcha, el salto, la  carrera  o  simplemente  el  movimiento,  utiliza  una música con tensión dramática que estalle y  brote, con escritura musical violenta, como las  obras de Falla y Stravinsky. Algunas veces, para trabajar la expresividad,  insiste sobre el título de la música, en especial  cuando se refiere a algo concreto como La con- sagración de la primavera, y les habla de las es- taciones del año, del país del músico, de lo que  puede significar para los habitantes de un país  frío el retorno de la primavera, y por tanto la  alegría que debe desprenderse de todos los mo- vimientos.  Para  estas  músicas  expresivas  los  movimientos de baile son más complejos. La música de ópera permite la elaboración  de afectos como la alegría, la tristeza, el dolor,  la cólera, etc. Pero para poder utilizar este tipo  de música se requiere que la comprensión de  los individuos sea buena y que la historia sea  simple, con sentimientos expresados de forma  clara. No descarta la utilización de música moder- na,  ya  que  algunas  personas,  en  especial  los  adolescentes, no quieren bailar con música clá- sica  pero  sí  con  una  música  que  les  sea  más  familiar.

RESUMEN

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