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Problems with Writing Test for QuickSort

Chapter 4 Setac/Setak: Frameworks for Exploring User-specified Schedules

4.1 Setac by Example

4.1.1 Problems with Writing Test for QuickSort

Hemos recorrido por dos caminos distintos el desarrollo social y cultural del hombre, siguiendo dos obras distintas de Ricoeur. Por un lado el recorrido hacia la búsqueda de una vida buena y, por otro, el móvil de la necesidad humana de reconocimiento. En los dos caminos que se cruzan, ha aparecido siempre la institución como una intermediación que constituye el encuentro de los dos trayectos; sin el paso por las Instituciones justas, ni se realiza el reconocimiento recíproco, ni se avanza hacia la vida buena en sociedad, motores que son ambos éticos.

Hay un tercer móvil ético, desarrollado por Ricoeur en Amor y justicia, que confluye en la búsqueda de una vida adecuada en sociedad, en la cual tam- bién las instituciones cumplen el papel mediador. Es el móvil de la experiencia ética singular de los individuos, basada en la libertad, que hace posible el reconocimiento de la libertad del otro -del que tengo al frente- y de los otros, cualesquiera que ellos sean. La exigencia de libertad para mí y para el otro lleva a la necesidad de la norma, de las Instituciones y de la Ley, las cuales cons- truyen “el trayecto de la realización de la libertad en la intersubjetividad”.25 Pero ellas no se agotan en sí mismas sino que apuntan al reconocimiento de

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la “persona”, en su dignidad y en sus valores como telos y como móvil de la vida buena en sociedad. Esto nos descubre y nos confirma que el sentido de la ética va más allá de la legalidad a la cual incorpora.

El fenómeno en que se asienta la “ética” es la experiencia personal de la libertad, asumida como posición de la vida práctica, más que como posesión de conocimiento; es en la experiencia de la acción donde cada quien se asume como ser libre cuando reconoce que “puede” tomar la decisión, en cuanto la decisión depende de su voluntad. “El único punto de partida posible de una ética es esta correlación inicial entre una creencia y un acto (de un acto que se afirma, de una creencia que es la luz de un acto”.26 Decido actuar de esa manera y sé que puedo. Por tanto el ejercicio de la libertad requiere la asunción del poder hacer y la creencia de que se puede; ahora bien, dado que la libertad solo puede ser realizada en las acciones, solo puede ser ejercitada y atesti- guada en ellas, lo cual significa que no se da en sí misma y por sí, sino por la intermediación de las obras. Es de una acción de lo que puede decirse que se realizó libremente; son las acciones las objetivaciones en que se realiza la libertad. Pero la libertad lo es porque tiene la contraparte negativa, porque se da la acción que no se ha realizado de manera libre, razón por la cual la afirmación originaria de la libertad únicamente se experimenta en el reconoci- miento de su desigualdad a sí misma, de la diferencia. La contraparte negativa se experimenta como fracaso o como culpabilidad frente a la acción libre. El polo negativo que le da el elemento de tensión al proceso sigue siendo imprescindible. “Pero lo que sigue siendo absolutamente primitivo, me parece, es la afirmación gozosa del poder ser, del esfuerzo por ser, del conatus, en el origen de la dinámica misma de la ética”.27 Significa la asunción de sí como ser capaz de libertad, empero, capaz también, a la vez de no ejercer las acciones en cuanto libres.

La posición de la libertad de sí, aunque representa el primer eslabón, no es suficiente, requiere del planteamiento de la libertad en segunda persona, “cuando queremos la libertad del otro; el querer que tu libertad sea”.28 La posición de mi libertad, solo exigiría el cumplimiento de ella, pero la cons- trucción de la vida ética requiere el reconocimiento del otro y de su libertad, para que sea la de una vida intersubjetiva, elemento esencial de la ética. El reconocimiento de la libertad del tú, me pone ante la responsabilidad de respetarla y cumplirla, me permite la superación de la esfera meramente singular. Afirma Ricoeur: “Y toda la ética, me parece, nacería de esta tarea desdoblada de hacer advenir la libertad del otro como semejante a la mía. ¡El otro es mi semejante! Semejante en la alteridad, otro en la similitud”.29 En este

26 Ibíd., p. 62. 27 Ibíd., p. 64. 28 Ibíd., p. 65. 29 Ibíd., p. 66.

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sentido el problema del reconocimiento de la libertad en segunda persona es el fenómeno central de la ética. También este momento presenta el polo de la negatividad, que se da en este caso como la oposición de mi libertad con la del otro tú; la negatividad “procede de una libertad a otra, del enfrentamiento entre muchas esferas de acción y de efectuación; Lo negativo significa ahora conflicto”.30

El tercer momento de la libertad consiste en la libertad de todos; sin embargo, ella no es posible sin el paso por las instituciones, pues de lo contrario, ¿Qué podría significar el que todos fuéramos libres sin la regulación de las normas, las instituciones y las leyes? ¿Cómo vivir todos en libertad sin regulación y sin restricciones? Las instituciones entran a jugar el papel de lo neutro, lo que no es Juan ni Antonio, ni María, aquello que es válido para todos. Primero las instituciones entran a regular las relaciones entre los hom- bres, así sean relaciones verticales y jerarquizadas, de manera que asignan roles en la organización social. Segundo, es necesario el momento neutro de la Institución que supere la situación interesada y basada en el deseo de cada uno. La neutralidad de la institución es lo que la capacita para representar el “se”, constituye su aptitud de representar a cualquiera, a cada quien. Por esta razón, las instituciones, con el conjunto de valores, de normas y de leyes que la tejen no es ni una esencia, ni una entidad puramente objetiva, física, mate- rial, ni una entidad enteramente subjetiva; más bien es un cuasiobjeto, en el sentido que Ricoeur da a esos términos, que dan cuenta de elementos mixtos, que son en parte material y en parte de ficción, a mitad de camino entre lo objetivo y lo subjetivo, complementando las dos caras de la moneda, pero que son también intersubjetivos en la medida en que se van constituyendo mediante la interacción de sujetos, que llegan a construir significados inter- subjetivos, sociales y públicos. Aquí se observa nuevamente la manera en que la libertad se realiza y se exterioriza en acciones, las cuales están mediadas por la regulación de las instituciones que nos ponen en relación intersubjetiva de todos con todos. La intimidad de mi aceptación de la libertad del otro está mediada por la exterioridad de las Instituciones, que expresan y objetivan la manera en que ella puede ser entendida. La institución permite el paso del entendimiento de la libertad del yo con la del tú a la libertad de ellos y de nosotros.

En el proceso de constitución de mi ser, del tuyo y el de los otros como seres libres, hay un proceso imbricado que lo acompaña y lo ayuda a tejer cual es el de la constitución del valor, la institución, la norma, el imperativo y la ley de la razón. Es el proceso intermedio que, tejiendo esos elementos, recorre el camino entre la libertad y la ley. Camino necesario dadas las tensiones y mixturas que caracterizan al ser humano: las oposiciones entre las tendencias al bien y al mal, y entre la singularidad y la sociabilidad. En la posición en que me afirmo como ser libre que puede decidir sobre sus acciones, hay una imbricación de la evaluación. Sé que puedo decidir y valoro esa capacidad,

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valoro entonces el poder de la libertad, la valoro como algo bueno para mi ser, razón por la cual la ejerzo y la realizo. Pero no se trata sólo de mi libertad, sino también de la libertad del tú, a quien reconozco en su derecho a ejercerla; se da entonces la valoración de su libertad, así como el reconocimiento de su poder y su derecho a llevarla a cabo. Reconocer el valor de la libertad del tú, ya apunta hacia el reconocimiento del tú como ser valioso, que vale por su valor, valor que implica lo preferible.

Además en el tránsito del tú a los otros, a cualquier otro, en el reconoci- miento de su libertad, es necesaria la mediación de las instituciones, medición que permite el surgimiento y el desarrollo del valor de la justicia. En este sen- tido la justicia representa, “el instrumento institucional por el que muchas li- bertades pueden coexistir. Es, pues, una mediación, de coexistencia. Si quiero que tu libertad sea, la justicia es –se podría decir- el esquema de las acciones que hay que realizar para que sea institucionalmente posible la comunidad, la comunicación de la libertad (…). El deseo de “analogar” la libertad en otra libertad recibe como soporte un conjunto de acciones institucionalizadas cuyo sentido es la justicia”.31 Debe tenerse en cuenta que aún no se trata de las normas y leyes emanadas del sistema legislativo que trazan reglas jurídicas para la acción; se trataría de un momento previo de la cultura abordado de modo fenomenológico hermenéutico en el cual prevalecería la justicia como valor que debe seguirse en las acciones cuando se trata de vivir en una comu- nidad en la que se reconoce la libertad de otros, y que aún no estaría presente en toda la colectividad.

Los valores son cuasiobjetos, producto sedimentado de nuestra historia social y cultural, son “depósitos de evaluación que sirven de soporte a nuevas eva- luaciones, una especie de ayudas objetivadas en procesos de evaluación”.32 Sin embargo, el momento de la constitución del valor no se queda allí, sino que hace el tránsito a un nuevo momento, el de la norma. Con la norma “apa- recerá el elemento constringente, el elemento de interdicción y, por consi- guiente, la cara oscura de la ética”.33 Mientras que el valor implica lo prefe- rible, que supone un acto de evaluación, que es positivo, porque supone la elección de que una cosa o una acción que son preferibles porque valen más que otra, la introducción de la norma supone un acto negativo porque implica la escisión entre el deseo y lo preferible, que lleva a la interdicción. “La idea de norma introduce, me parece, –afirma Ricoeur– un elemento de escisión desde el momento en que lo preferible se opone a lo deseable, lo que vale más a lo que yo deseo”.34 El momento de la norma supone una transformación importante porque supone el conflicto de la prohibición, que involucra en su

31 Ibíd., p. 71. 32 Ibíd., p. 72. 33 Ibíd., p. 73. 34 Ibídem.

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seno la tensión entre el deseo, lo preferible y lo permitido. Se dan por tanto tres nociones en red conceptual: norma, interdicción, escisión. La noción de norma lleva pareja la prohibición de aquello que no debe hacerse, lo cual está dado por la escisión y la desigualdad que se está presentando entre lo que deseo subjetivamente y aquello que se ha vuelto preferible por el valor y se ha objetivado en la norma.

No obstante su carga negativa, pues por ella han comenzado “la severidad de la moralidad y la tristeza del moralismo”, la norma cumple tres funciones imprescindibles: primero, “poner al abrigo de la arbitrariedad de cada uno lo que hemos llamado los valores”,35 la norma objetiva en pautas para la acción los valores que realizan lo preferible de una sociedad y una cultura. La norma es objetivo subjetiva porque se expresa en pautas para actuar que se han ido y se van interiorizando por parte de las voluntades. La segunda función es unifi- car voluntades, en torno suyo, pues “La norma es la manera de hacer uno con muchos”.36 En la medida en que es intersubjetiva, unifica y reúne voluntades. Es una comunidad de voluntades la que por intermediación del lenguaje y de las acciones va constituyendo, consolidando y sedimentando las normas que le sirven de cohesión para la vida en común. Su tercera función es la durabilidad, pues se deben ir arraigando y estableciendo, de modo que permanezcan por un tiempo como criterios para la acción y la evaluación de las acciones. La norma le pone a la vida humana un sello de universalidad y racionalidad, que lo extraen de la simple singularidad.

Sin embargo con la norma tampoco es suficiente por lo que toma la forma de mandato y se objetiva en imperativos. El imperativo es la apropiación en nuestro propio sistema de valores de la estructura dividida de la institución. “No hay imperativo que no sea autoridad interiorizada”.37 Los imperativos son objetivaciones del sistema de valores y de normas de una comunidad. Es una manera de presentar la norma, pasando de la enunciación universal de la forma “No se debe ejercer justicia por la propia mano” a la enunciación en singular de una acción particular, en forma gramatical imperativa: “haz esto”, “sigue la justicia regular”. Tal es la génesis del sentido del imperativo: “parto de mi libertad, de tu libertad, de la mediación de las instituciones para acceder por último al valor y al imperativo”. Este último es la llamada al individuo, a un individuo humano quienquiera que sea, en forma de vocativo, “haz esto”. Llamada que es interiorizada como un yo que se desdobla para dar órdenes e increpar a seguir la norma. Se ha presentado en la cultura a través de la figura de la “ley del padre”, que se transmite en la infancia, durante un período de varios años y se interioriza como superyó.

35 Ibíd., p. 74. 36 Ibídem. 37 Ibíd., p. 77.