3.3. Partial Least Squares
3.3.3 Procedure
UE-América Latina y Caribe
debería confirmar a la vez
la dificultad de dar un
verdadero salto cualitativo
en la relación bicontinental,
la utilidad de los acuerdos
y el papel central de México
en el vínculo del continente
con Europa.
L
a apertura económica de México iniciada en los años 80 siempre tuvo dos vertientes contradictorias. Al lado de la búsqueda tradicional de diversifi- cación económica, el país empezó, con el sexenio del presidente Carlos Salinasde Gortari (1988-1994), a adoptar una perspectiva distinta de su relación con Estados Unidos. En vez de la clásica resignación, que traduce perfectamente el cliché atribuido a Porfirio Díaz: «Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos». Ante la imposibilidad de cambiar la situación geopolítica del país, Salinas intentó ver la proximidad con EEUU ya no como una fatalidad sino como una oportunidad y un instrumento de desarrollo. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan) permitió un nuevo despegue del comercio bilateral, sin embar- go, a pesar del éxito estratégico que representó la fir-
ma del acuerdo, México conservó su antiguo anhelo de diversificación, que lo haría menos dependiente de un solo país. Y en la consecución de este objetivo Europa se presentaba como única opción posible.
Las dos orientaciones, acercamiento a EEUU y diversificación con Europa, pue- den ser percibidas como contradictorias –y lo son en gran medida, no obstante en un análisis más cuidadoso también pueden considerarse complementarias. En realidad, en los primeros años de negociación del Tlcan mucho se había comentado sobre el intento de Salinas de atraer primero a Europa hacia un acercamiento estratégico; ante la imposibilidad de lograrlo, se habría volteado hacia EEUU. La estrategia fue acertada, ya que apenas firmado el Tlcan, Euro- pa se mostró interesada en no quedar marginada del dinámico y amplio merca- do mexicano, máxime cuando forma parte del gran mercado norteamericano. En realidad, la alianza comercial con EEUU representa también dos caras de una misma moneda.
Gracias al Tlcan, México fue el primer país de América del Norte, de América Latina y en general el primer país recientemente industrializado en obtener un acuerdo comercial preferencial con la UE, después de una negociación excep- cionalmente rápida según los criterios europeos. En estas condiciones no es sorprendente que la firma del acuerdo comercial, político y de cooperación (que de ahora en adelante llamaremos acuerdo global) con la UE suscitara grandes esperanzas de ambos lados del Atlántico. Para Europa también este acuerdo representaba un hito importante en su política exterior, ya que cumplía con su primer objetivo, el más concreto, no desaparecer del mercado mexicano, y si era posible utilizarlo como un trampolín para el mercado norteamericano en su conjunto. Además, le permitía alcanzar otras metas aun más ambiciosas, ha- ciendo del acuerdo un modelo y un motor de la relación entre la UE y el hemis-
Gracias al Tlcan,
México fue
el primer país
recientemente
industrializado
en obtener
un acuerdo
comercial
preferencial
con la UE
ferio occidental. México tiene una posición bisagra en América entre América del Norte, América Central y el Caribe, siendo el segundo país más importante de América Latina, así, se abría el camino para una ver- dadera relación estratégica entre ambas regiones, re- lación que había sido proclamada un año antes, en 1999, en la Cumbre de Río, sin ningún contenido con- creto, pero para los países latinoamericanos debía pasar por la apertura comercial. El acuerdo con Méxi- co se logró en el momento en que el acercamiento con los países del Mercosur, aliados naturales de la UE en el subcontinente, se complicaba por la insistencia de éstos en incluir los productos agrícolas. Así, con México se mataban tres pája- ros de un tiro: detener el declive e intensificar los lazos comerciales; dar un nuevo impulso a la relación bilateral transformándola en una relación estraté- gica; y finalmente crear un motor para una mejor relación birregional con todo el subcontinente. Pero a tres años de la entrada en vigor del acuerdo ninguno de estos objetivos parece haberse cumplido.
Una relación económica atónica
El acuerdo global no pudo contrarrestar la tendencia a la desaparición paulati- na de Europa del comercio exterior mexicano, ni aumentar la importancia co- mercial de México en Europa. La proporción de EEUU en el comercio exterior del país siguió creciendo, mientras no hubo cambios cualitativos en la relación México-UE del tipo del que apareció con EEUU y Canadá a partir de 1995. Cabe tomar en cuenta que el acuerdo sólo acompañaba una tendencia de largo plazo acelerada por la liberalización comercial mexicana y el crecimiento esta- dounidense sin precedentes, que además siempre será el mercado natural para México. Sin embargo, también el comercio con Canadá, alejada y desconocida, se multiplicó por cinco después de la firma del acuerdo, que si bien es cierto que partía de volúmenes insignificantes, sin embargo ya no lo son.
Entre la UE y México el comercio siguió estacionario, lo que podría considerar- se como un éxito relativo después de 10 años de declive constante. Más preocu- pante sería la constatación de que, según las estadísticas mexicanas, el déficit con Europa continuó aumentando (mientras se registraba un superávit impor- tante con EEUU). Además, desde 2000 cada año arroja peores perspectivas que el precedente. Sin embargo existe un lado positivo. Las inversiones europeas se mantienen en un nivel considerable, 22,5% del total, y tienden ligeramente al