padres hacia los hijos sean recompensados en el futuro. Esta categoría muestra cómo este grupo expresa y reclama dicha retribución. Para las familias de los ancianos discapacitados, el cuidado que brindan a su familiar hace parte de tal retribución. Esta forma de comprender la retribución tiene sus orígenes en la tradición católica que en este grupo de colaboradores está muy arraigada.
A mí me tocó trabajar y sostener a mis hijos… aguanté todo ese tiempo y hoy día estamos juntos. Posiblemente por ese porte que yo tuve con ellos, ellos no me descuidan en ningún momento, viven pendientes de mí porque yo me sacrifiqué mucho pa´ levantarlos ¡y sin la mamá! (Francisco)
El cuidado a los padres en la vejez hace parte de la herencia cultural de este grupo. En sus narrativas es frecuente escuchar que ellos cuidaron a sus padres, a sus abuelos, y que, por tanto, sus hijos los deben cuidar en este momento de su vida. De aquí que, para las personas ancianas, el cuidado de los hijos hacia los padres es una forma de retribución generacional que todo hijo debe cumplir. De igual manera, es frecuente en los diálogos la reclamación y exigencia de la persona anciana a sus hijos: ellos dedicaron su vida a trabajar y a ser responsables para sacarlos adelante, y esto les otorga el derecho a ser tratados con dignidad, respeto, y a ser cuidados.
Es evidente que para este grupo de ancianos el apoyo y cuidado que reciben está relacionado con dos aspectos: de una parte, con la responsabilidad filial de los hijos para con los padres y, de otra, con la retribución como forma de devolución que hace la familia por toda una vida de esfuerzos y sacrificios.
En relación con la responsabilidad filial, en este grupo se observa que los deberes filiales son parte de la comprensión cultural que tienen de las obligaciones de los hijos para con los padres, particularmente en la vejez y en la enfermedad. La relación de consanguinidad es, por tanto, el lazo familiar que determina que se tiene la obligación.
Esta obligación o responsabilidad filial ha sido explorada en estudios como el de Hammon y Blieszner532 con familias en Pensilvania, en donde se encontró que en
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HAMON, R. and BLIESZNER, R. Filial Responsibility Expectations among Adult Child- Olders Parent Pairs. In: Journal of Gerontology. 1990. Vol. 45, no. 3, p. 110 -112.
las normas de la sociedad contemporánea norteamericana aún se mantiene la responsabilidad filial de los hijos para con los padres. Los autores se refieren a que la responsabilidad filial incluye el apoyo emocional y el apoyo instrumental referido a la asistencia económica, recibir a los padres en sus hogares, brindar cuidados en la enfermedad y en ocasiones sacrificar su libertad personal para atenderlos. Otros autores como Robles533, quien desarrolló un estudio con ancianos mexicanos, sostienen que la obligación filial es la norma cultural por la cual se define no sólo que la familia es la responsable del cuidado a los ancianos, sino que también la familia tiene la obligación de asumir esa responsabilidad. Sin embargo, si la relación filial se ve afectada por acciones del pasado o por relaciones conflictivas, hay una resistencia de los hijos y otros miembros de la familia a cuidar y a acompañar a la persona anciana.
Para este estudio, la responsabilidad filial es asumida por diversos miembros de la familia, como hijos, nietos, nueras y sobrinas, entre otros. Lo que se puede explicar tal vez porque se comparte la vivienda o porque la ubicación geográfica de la familia está muy cerca de la vivienda del anciano.
La retribución generacional que reclaman los ancianos del estudio a sus hijos, se encuentra relacionada con la trayectoria de lucha, esfuerzo y sufrimiento que ellos llevaron durante su vida para ayudarlos a crecer y apoyarlos junto con sus familias. De esta manera, durante su vejez mantienen la expectativa de contar al menos con uno de sus hijos para apoyarlos en su cuidado. De cierta manera, esa retribución exigida a sus hijos y a sus familias es algo así como una devolución de todo lo que ellos les brindaron durante su juventud.
El cuidar y apoyar a los adultos mayores se hace extensivo a todos los miembros de la familia en diferentes proporciones, es decir, los hijos generalmente cuidan y apoyan económicamente, y los nietos también ayudan pero el cuidado es recíproco: el nieto cuida al anciano apoyándolo en los desplazamientos dentro de la casa, le alcanza las medicinas, le colabora en acercar las cosas, y la persona anciana, por su parte, está pendiente de los nietos si están en la casa o cerca de ella, y ayudan también a cocinar los alimentos y a mantener el orden mientras los hijos no están.
El asumir roles en la familia y ejecutar algunas tareas dentro del hogar hace pensar que, aun a pesar de su situación de discapacidad, entre los ancianos y sus
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ROBLES, Leticia. El cuidado de los ancianos la feminización de la obligación filial. En: Miradas sobre la vejez. México: editorial plaz y Valdés. 2006.
familias se dimensiona la reciprocidad, que en este caso es una forma de intercambio entre los parientes que proveen el cuidado y las personas ancianaslas personas ancianas que deben aportar de alguna manera.
Dentro de la familia de este grupo de ancianos, el rol de cuidador generalmente es asumido por las hijas mujeres o por las nueras. En general, tanto los ancianos hombres como las mujeres reconocen que el mayor soporte lo tienen en las hijas mujeres, además de que tradicionalmente las mujeres son las que han asumido el cuidado de los enfermos, los niños y los ancianos dentro de la familia534. A pesar de las dinámicas actuales con respecto a los roles de la mujer en la sociedad como trabajadora y en algunos casos como cabeza de familia, se sigue manteniendo a cargo de ella el cuidado de los ancianos. Este grupo de colaboradores expresa que las mujeres deben estar en casa, cuidando y criando a la familia, mientras que el hombre es el proveedor, quien sale a la calle a trabajar.
Para las personas que participaron en este estudio, las mujeres de la familia son más cercanas y colaboradoras aunque conformen sus propios hogares; ellas están pendientes y apoyan a los padres. No sucede lo mismo con los hijos hombres, quienes, a juicio de los ancianos, son los que se van del hogar a conformar otro grupo familiar y se hacen cargo de su nueva familia. Por esta razón, las personas ancianas perciben que son abandonadas por ellos. Ellas resaltan cualidades como la delicadeza, la paciencia, el esmero y la dedicación de las mujeres que los cuidan.
De la misma manera, las mujeres ancianas refieren sentimientos de vergüenza e invasión a la intimidad si es un hombre el encargado de apoyarlas en actividades que tienen que ver con la manipulación y exposición del cuerpo y sus partes íntimas. Se observa en este grupo que las ideas que poseen sobre el cuerpo se encuentran muy arraigadas por los valores cristianos sobre el pudor de las mujeres frente a la exposición de sus partes íntimas. No es así para el grupo de ancianos hombres, quienes no tienen ninguna dificultad para recibir los mismos cuidados por parte de cuidadoras mujeres.
La responsabilidad del cuidado de los ancianos en situación de discapacidad de este estudio es asumida en la mayoría de las ocasiones por familiares de género femenino, especialmente hijas o nueras. De cierta manera, esta responsabilidad es delegada en las mujeres por la asunción cultural que se tiene de que el rol del cuidado es una tarea femenina. Esta feminización del cuidado coincide con los
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planteamientos de autores como Colliere535, quien al referirse a la historia del cuidado señala que el rol de cuidadora ha sido asumido a través de la historia por las mujeres, quienes debido a la maternidad adquirieron un comportamiento diferente al de los hombres. Este cuidado se expresa en su capacidad para criar a los hijos, nutrirlos y protegerlos.
Cuidar ha sido, por lo tanto, asociado a lo femenino y, en el caso de este estudio, el género femenino es una condición que tradicionalmente se asocia con brindar el cuidado a los enfermos. De la misma manera, las mujeres son las encargadas de brindar el cuidado por las características que este servicio demanda –paciencia, delicadeza, intimidad – y por las tareas que requiere: preparar los alimentos, asistir durante el baño, organizar la ropa que el anciano va a usar. Estas corresponden con labores consideradas como extremadamente femeninas. La tarea del cuidado, tal como lo expresan Bermúdez y Garcés536, se sigue confiriendo tradicionalmente a las mujeres como una extensión de sus funciones domésticas.
4.5.3 Mi familia me quiere y me respeta, pero… uno no deja de sentirse un