ENTONCES recordó Se Akatl a su hermana, la princesa Ketsalpetlatl, estera preciosa, la cual estaba recluida en el templo de las mujeres. Y ordenó a los ancianos: ¡Id y traed con vosotros a
80 Observemos cómo el acto de “perder la forma” se compara con haber sido “curado” de una enfermedad – el ego.
81 Es decir, el mundo donde se resuelven las dualidades. 82 Esta metáfora significa “la región donde se crean las almas”.
83 Esto es un juego de palabras. La voz nawatl Piltsin, niñito, también significa santo.
84 Con estas palabras, Teskatlipoka indica que la iniciación mistérica, simbolizada por los hongos alucinantes, sólo puede obtenerse en vida.
85 Este canto es una metáfora. La casa de plumas de quetzal es el cuerpo físico; la de plumas doradas, su doble de energía; el templo de las caracolas es el aliento. Se Akatl se refiere, pues, a su muerte.
mi hermana mayor, para que juntos bebamos y cantemos!86
2 Fueron, pues. Entrando Teskatlipoka en la habitación de la doncella, echó su aliento sobre ella y le dijo: ¡Yo mismo, cuyo nombre es Tinieblas, el de las nueve regiones de lo
profundo, te lo ordeno! ¡Ven, sueño encantado, duérmela, llévate a mi hermana a las nueve
regiones!87 Te lo exijo yo, el ser doble, que tuerzo mis coyunturas88 y levanto mi voz temible a
todas partes.
3 Cuando la princesa estuvo dormida, Teskatlipoka llamó a su ayudante y le ordenó:
¡Ven, sacerdote Se Tekpatl! Verifica si la princesa duerme y llévala contigo, pues no ha de amar a otro ni sentirá deseos de ninguno, sino de su propio hermano.
4 Llévala al centro de la tierra, a los sitios profundos, y rodéala de nieblas, para que
nada sienta, aunque la muevas hacia los cuatro rumbos, para que no sepa reconocerme a mí, la guerra, para quien todo es burla, que a todos escarnezco, convirtiendo a unos en otros y haciéndoles quedar insensibles. Pues al que quiero, le entrego, borracho, a las tinieblas del sueño.
5 Entonces el ayudante tomó a la doncella de la mano y ella le dijo mansamente: Sea
como quieras, abuelo y paje mío; vamos allá.
6 En cuanto a los guardias que custodiaban la casa de las doncellas, Teskatlipoka invocó sobre ellos el sueño y todos cayeron en profundo letargo.
24
KETSALPETLATL
CUANDO llegó la princesa, saludó a Se Akatl y le dijo: Hermano, vengo de los ceibales del
ocelote, del palacio de los tormentos89. Soy Ketsalpetlatl y he traído un canto para mi señor.
2 Él le devolvió su saludo, diciéndole: ¡Alégrate, doncella! Da placer a tu risa, pon
bondad en tu corazón, porque hoy es momento de gozo para todos, tiempo de dar color a nuestros sentimientos.
3 Entonces le fue asignada una preciosa estera junto al rey, le dieron de comer y le ofrecieron cuatro tazas de vino, reservando la quinta en honor a su grandeza. Y para dar música a su alegría, los viejos cantaron: ¡Oh tú, estera florida, hermana mía! ¿Adónde fuiste en un día de
ayuno? ¡Olvídalo, embriágate ya!
4 Después de embriagarse perdieron toda razón. Ya no pensaron: Somos ascetas. Ya no recordaron la hora del baño nocturno, las espinas, la estera de serpientes, el silencio. Ya nada hicieron, en soledad, al alba.
5 Se desató entonces lengua de Se Akatl y cantó: En el cristalino seno donde nacen los
deseos te anhelo, oh mujer. Fatigado estoy por la pena de tu amor. ¡Ven en mi ayuda, hermana mía, divina, con tu falda de serpientes! Eres hermosa, en verdad, como diosa. Quiero tenerte, no mañana ni pasado mañana, ¡ahora!
86 La mención de que era su “hermana mayor” sugiere que se trata de una hija natural de Mishkoatl, medio hermana de Se Akatl. En una clave esotérica, la hermana es el aspecto femenino del propio Se Akatl, con el cual este realizó una unión mística.
87 Esta es una fórmula de hipnosis. Las “nueve regiones de lo profundo” son los nueve planos o dimensiones de sueño en que creían los toltecas.
88 “El que tuerce sus coyunturas” es Sholotl, monstruo, el nagual o doble oculto de Ketsalkoatl, cuya postura convencional es retorcida y tiene la forma de una cruz svástica.
6 Yo, el joven guerrero, esplendente como Sol, con la hermosura del alba, ¿acaso soy un
ser cualquiera? ¡No! Yo nací, yo viví por el florido, por el transparente sexo femenino. En verdad, tú eres digna de ser reverenciada como diosa, madre, hermana. Eres bella cual ninguna
en el mundo. Este anhelo de amor me ha hecho llorar. ¡Te quiero ahora!90
7 Por fin el sueño les rindió. Entonces los hechiceros entonaron la segunda parte de su canción: ¡Ved! El de las joyas de turquesa, el de las piedras azules, el Hombre, aquí yace, yace,
yace sin sentido. ¡Ved! Con su mano enlaza una mujer.
8 Y para burlarse de Ketsalpetlatl, cantaron su tercera canción: ¿Qué has hecho, estera
florida, mi hermana mayor? ¡Tú, la guerrera, corazón de piedra, mujer incapturable! ¿Has
tomado prisionero, has atado al hijo de los dioses?91
25
EL DESPERTAR
CUANDO amaneció, Teskatlipoka dijo a su ayudante: Es hora de que despierten. Entonces se acercó a los durmientes y pronunció sobre ellos este conjuro:
2 He aquí, os llamo desde el centro del mundo y desde los cuatro rumbos, para que cese
el encantamiento con que os transformé y dominé, y salgáis de las profundidades del sueño y la niebla. ¡Regresa, regresa! Ya se va vuestro sueño, ya regresáis. Os lo ordeno yo, embriaguez de la noche.
3 Se ensombreció el rostro de Se Akatl al despertar, y exclamó: ¡Desdichado de mí! He
transgredido. ¿Cómo hacer para volver atrás? ¿Cómo limpiar la mancha que eché sobre mi cuerpo?92
4 Se lamentó también la princesa: ¡Oh, hermano mío! Con vino blanco de maguey nos
transportaron estos preciosos viejos. ¿Dónde estoy? ¿Qué hemos hecho? En manos ajenas he estado yo, avecilla, collar de jades. Sólo soy una mujer, y tú no me estimaste. ¡Ojalá mi corazón disfrutara y fuese bienvenido el placer! Sólo vine a cantar, y tú me has embriagado.
5 ¡Muera yo ahora! Ya nada sé. Envíame, pues, al abrigo de mi madre, para que esté en
paz y pueda descansar. Entonces él la envió de vuelta al templo de las doncellas.
6 Al llegar al templo, la joven cayó sobre su rostro y dijo a su madre: Vengo de arriba,
madre, del palacio de las piedras preciosas. Allí he sido engañada, allí fue menospreciada mi alma. Al hablar en mi interior, sólo pienso: he aquí, soy como mujer de venta. Hastiado de mí está mi corazón. ¿Acaso los que viven en abominación comiencen a pasar por aquí? ¡Castígame por ello, madre mía!
90 Este cántico de Se Akatl, recogido por el cronista Alarcón, sacraliza la condición femenina como atributo de Koatlikue, falda de serpientes, la diosa de las relaciones sexuales y doble de Ketsalpetlatl. Es una muestra de la concepción tolteca de la sexualidad.
91 Esta tercera tentación de Se Akatl equivale a la sugestión que recibió Jesús de “comer pan” (emblema de Virgo, la mujer). Como vemos, a diferencia del avatar cristiano, el príncipe de Tula sucumbió en todas las pruebas, ya que la teología tolteca exigía una sujeción total a la carne como condición del renacimiento interior.
92 Un principio de la ideología tolteca es la humildad del mediador, quien debe limitarse enteramente para que su esfuerzo de redención quede justificado. El valor de Ketsalkoatl radica en su ejemplo, no en alguna condición innata de divinidad.