La emigración de los armenios fue más cauta y tranquila, Los diversos príncipes armenios desposeídos por los bizantinos habían recibido señoríos en Cap adocia, especialmente en el Sur, hacia las montañas del Tauro. Muchos de sus secuaces les habían acompaña do, y, cuando las invasiones seléucidas empezaron en serio, un con tinuo torrente de armenios abandonó sus hogares para unirse a estas nuevas colonias, hasta que casi la mitad de la población de Armenia se hallaba en movimiento hacia el Sudoeste. La penetración turca en Capadocia les empujó hacia las montañas del Tauro y del Antitau- ro, y se extendieron por el valle del Eufrates medio, al cual aún no habían llegado los turcos. Las regiones que habían abandonado se llenaron pronto, no de turcos, sino de kurdos musulmanes proceden tes de las colinas de Asiría y del noroeste del Irán. E l último prínci pe armenio de la vieja dinastía bagrátida, dinastía que se adjudicaba, con orgullo, el descender de David y Befchsabé, fue muerto en 1079 por orden de los bizantinos, después de haber asesinado él, de mane ra particularmente terrible, al arzobispo de Cesarea; a consecuencia de todo ello, uno de sus parientes, llamado Roupen, se rebeló contra el Imperio y se estableció en las colinas del noroeste de Cilicia. Por la misma época, otro capitán, Oshin, hijo de Hethoum, fundó un señorío parecido un poco más al Oeste. Tanto la dinastía roupeniana como la hethoumeniana desempeñarían su papel en la historia pos terior; pero por entonces Roupen y Oshin fueron eclipsados por el armenio Vahram, al que los griegos llamaban Filareto.
Filareto estuvo al servicio de los bizantinos y había sido nombra do, por Romano Diógenes, gobernador de Germanicea (Marash). Cuando Romano cayó, se negó a reconocer a Miguel Ducas y se de claró independiente. Durante el caos del reinado de Miguel conquistó las principales ciudades de Cilicia, Tarso, Mamistra y Anazarbo. En 1077 uno de sus lugartenientes, después de un sitio de seis meses, tomó Edesa a los bizantinos. En 1078 los ciudadanos de Antioquía, cuyo gobernador, el sucesor de Isaac Comneno, acababa de ser ase sinado, pidieron a Filareto que ocupara la ciudad para librarse de los turcos. Sus dominios se extendían ahora desde Tarso hasta los campos de más allá del Eufrates, y Roupen y Oshin se convirtieron
artículo «Izniq», en ibid., de Honigmann. Para los Danishmend, véase el artículo «Danismend», de Mukrimin Halil, en la Islam Ansiklopedisi turca, y Cahen, «La première pénétration turque», op. cit., págs. 46-7, 58-60. Para Menguchek, véase el artículo «Menguchek», de Houtsma, en la Encyclopaedia of Islam. Para Chaka, que sólo nos es conocido a través de Ana Comneno, Alexiada, V II, viii, 1-8, vol. ÏI, págs. 110-16; para su carrera inicial, véase el artículo «Izmir», de Mordtmann, en la Encyclopaedia of Islam. Para la población indígena, véase Bogiatzides, Γστοριχαί Μελέται vol. I, parte I, passim, y Koprülü, Les Origines
en sus vasallos. Pero se sentía inseguro. Al contrario que la mayoría de sus contemporáneos, él era ortodoxo, y no deseaba separarse por completo del Imperio. Al abdicar Miguel, anunció su lealtad a Ni céforo Botaniates, que le dejó como gobernador de las tierras que había conquistado. También reconoció a Alejo, pero tomó la pre caución de rendir una especie de homenaje a los señores árabes de A lepo11.
Alejo, al subir al trono, tuvo que decidir contra cuál de sus ene migos tendría que emprender la primera campaña. Estimando que los turcos sólo podrían ser rechazados a costa de un largo y sostenido esfuerzo, para el que no se consideraba aún preparado, y que entre tanto ellos lucharían probablemente entre sí, resolvió que era más urgente anular el ataque normando. Le llevó más tiempo del que había pensado. En el verano de 1081, Roberto Guiscardo, acompa ñado por su esposa amazona, Sigelgaita de Salerno, y por su hijo mayor, Bohemundo, puso sitio a Dirraquio. En octubre, Alejo, con un ejército que tenía como regimiento principal a la guardia varega anglosajona, partió para auxiliar a la fortaleza. Pero allí, igual que en Hastings, cincuenta años antes, los anglosajones no fueron enemigo para los normandos, Alejo fue resueltamente batido. Dirraquio resis tió el invierno, hasta febrero de 1082, y su caída permitió a Rober to, por primera vez, marchar a lo largo de la gran calzada principal, la Vía Ignacia, hacia Constantinopla. Los asuntos italianos le obli garon en seguida a regresar a su capital; pero dejó el ejército, al mando de Bohemundo, para asegurar Macedonia y Grecia. Bohemun do derrotó dos veces a Alejo, que tuvo que pedir hombres a los tur cos y barcos a los venecianos. Mientras éstos interrumpían las comu nicaciones de los normandos, los primeros permitieron al Emperador reconquistar Tesalia. Bohemundo se retiró a Italia en 1083, pero volvió al año siguiente con su padre, y destruyó la flota veneciana en aguas de Corfú. La guerra no concluyó hasta que Roberto murió en Cefalonia, en 1085, y sus hijos empezaron a disputarse la heren cia paterna n.
Al fin quedó restablecida la autoridad del Emperador sobre las provincias europeas; pero durante estos cuatro años se habían per dido las provincias orientales. Filareto se vio fatalmente envuelto en las intrigas turcas. A principios de 1085 Antioquía fue entregada por
11 Laurent, op. cit., págs, 81 y sigs.; ídem, «Des Grecs aux Croisés», pá ginas 368-403; Grousset, Histoire des Croisades, págs. xl-xliv. La carrera de Filareto nos es conocida sobre todo a través del relato hostil dado por Mateo de Edesa (II, cvi y sigs., págs, 172 y sigs.), que le odiaba por ser cristiano ortodoxo.