8. Options and Opportunities for the Development of a Successful Behavior Change
8.2 Program implementation issues
Una parte importante del evangelio de san Lucas está dedicada al Camino que recorre Jesús para ir a Jerusalén. En el evangelio de este domingo se lee el comienzo del viaje de Jesús. Como hemos escuchado, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén, vale decir que lo hace con una determinación inalterable. ¿A qué y por qué va? ¿No sabía que moriría allí? Sí que lo sabía, lo hemos escuchado el domingo pasado cuando dijo a los apóstoles que el
Hijo del hombre debía sufrir mucho... ser condenado a muerte y resucitar. Pero, ¿por qué ir tan
decididamente? Dice el evangelio de hoy que estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al
cielo, de su ascensión (literalmente Lucas usa aquí la misma palabra con la que designa la
ascensión de Jesús al cielo), es decir del encuentro con Dios.
Es, por lo tanto, en esta óptica que debemos comprender este caminar de Jesús, como caminar hacia Dios. Pero es un camino que también nosotros debemos recorrer y por eso en el evangelio se nos insiste reiteradamente en el seguimiento de Jesús: Te seguiré adonde
vayas... Sígueme... Te seguiré... Los samaritanos, por el contrario, al no recibir a Jesús, rechazan
esa opción y frustran para ellos mismos el proyecto de Dios. Cabe aclarar que, precisamente, los samaritanos habían defeccionado en el culto del verdadero Dios (cf. Jn 4), cuyo único templo estaba en Jerusalén, precisamente donde se dirigía Jesús.
Teniendo en cuenta esta actitud de los samaritanos, fundada en su sincretismo religioso y teniendo en cuenta lo que significa el caminar de Jesús, a quien debemos seguir, es útil que consideremos el evangelio a la luz del primer mandamiento.
1 – El Primer mandamiento
Normalmente nosotros conocemos solamente la versión abreviada del primer mandamiento, que se estudia en el catecismo: “Adorarás al Señor tu Dios”. En la Biblia este mandamiento tiene una enunciación más larga, diciendo entre otras cosas: “Adorarás al
Señor tu Dios y le servirás... no vayáis en pos de otros dioses. La primera llamada y la justa exigencia
de Dios consiste en que el hombre lo acoja y lo adore” (2084). Para ello es que tenemos las virtudes teologales: “las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad, informan y vivifican las virtudes morales. Así, la caridad nos lleva a dar a Dios lo que en toda justicia le debemos en cuanto criaturas. La virtud de la religión nos dispone a esta actitud” (2095). Esto es lo que no hacen los samaritanos.
¿Qué le debemos a Dios? Todo. Por eso “la adoración es el primer acto de la virtud de la religión: Adorar a Dios es reconocerlo como Dios, como Creador y Salvador, Señor y
Dueño de todo lo que existe... Adorar a Dios es reconocer, con respeto y sumisión absolutos, la ‘nada de la criatura’, que sólo existe por Dios... La adoración del Dios único libera al hombre del repliegue sobre sí mismo, de la esclavitud del pecado y de la idolatría del mundo”·(2096-2097).
Es la advertencia que le hace Jesús al primer seguidor entusiasta, a quien no rechaza, no puede hacerlo porque sólo Él es el Camino. Pero sí le muestra la necesidad de una disposición firme y clara. Así comenta san Agustín este pasaje: “¿Dónde el Señor no tiene lugar? En tu fe. Las zorras tienen cuevas en tu corazón; eres un engañador. Los pájaros tienen nidos en tu corazón; eres soberbio. Eres engañador y soberbio, no me seguirás. ¿Cómo puede un engañador ir detrás de la simplicidad?... Este hombre, si hubiese seguido a Cristo, habría buscado su interés y no el de Jesucristo” (Sermón 100, 1).
¿Cómo haremos para cumplir con esa condición? Primero, por la oración, “condición indispensable para poder obedecer los mandamientos de Dios” (2098). Por eso, el mismo Jesús dirá más adelante, en este mismo Camino, es preciso orar siempre sin desfallecer (Lc 18,1). Además, en segundo lugar, ofrecer sacrificios, acerca de lo cual nos advierte san Agustín: “toda acción realizada para unirse a Dios en la santa comunión y poder ser bienaventurado es un verdadero sacrificio” y comenta el catecismo: “el único sacrificio perfecto es el que ofreció Cristo en la cruz en ofrenda total al amor del Padre y por nuestra salvación. Uniéndonos a su sacrificio, podemos hacer de nuestra vida un sacrificio para Dios” (2099- 2100). Es lo que Jesús le señala al candidato que se le acerca para seguirlo. Que se disponga al sacrificio, buscando la renuncia total.
Es en esta línea que muchos, para obligarse más decididamente, al igual que Jesús, hacen votos y promesas. En algunos casos, como en el bautismo, confirmación, matrimonio y ordenación, se exigen de suyo (2101); en otros, la persona, deliberada y libremente, hace entrega a Dios de un bien, y entonces realiza un voto, el cual implica “un acto de devoción [= entrega] en el que el cristiano se consagra a Dios o le promete una obra buena” (2102). “Muchos hombres y mujeres siguen más de cerca y muestran más claramente el anonadamiento de Cristo, escogiendo la pobreza y renunciando a su voluntad propia... para parecerse más a Cristo obediente” LG 42, en 2103).
2 – No habrá para ti otros dioses delante de mí
Jesús había señalado el primer mandamiento al padecer las tentaciones: Adorarás al Señor
tu Dios y sólo a Él darás culto (Lc 4,8). El primer mandamiento prohíbe honrar a dioses
distintos del Único Señor que se ha revelado a su pueblo. Proscribe la superstición y la irreligión. Los casos siguientes nos permiten profundizar estos otros aspectos.
El segundo, el llamado por Jesús, antepone el cuarto mandamiento al primero, acerca de lo cual comenta san Agustín: “El padre debe ser honrado y Dios debe ser obedecido. El padre debe ser amado, pero Dios Creador debe ser preferido... ¿Quiénes son los muertos que sepultan los muertos?... Ligan, lloran y llevan, y son muertos, porque son infieles” (Sermón 100,2). Y advierte el catecismo: “La idolatría no se refiere sólo a los cultos falsos
del paganismo. Es una tentación constante de la fe. Consiste en divinizar lo que no es Dios...” (2113). “Idólatra es el que aplica a cualquier cosa, en lugar de a Dios, la indestructible noción de Dios” , decía Orígenes (2114).
El tercer caso también nos señala algo parecido, con lo cual insiste Jesús, ya por tercera vez, en la necesidad de dejar completamente lo que no sirve para el camino, mirar para adelante y no para atrás. Es así que se nos enseña claramente qué está primero y qué hemos de dejar, cuál es el orden de prioridades con que hemos de regular nuestra vida.
3 – ¿Ateos?
La actitud de rechazo de Jesús, o mejor dicho, de Dios que se ha revelado en Jesús (hecha con plena conciencia), implica de una manera u otra el ateísmo. “... el ateísmo se funda en una concepción falsa de la autonomía humana, llevada hasta el rechazo de toda dependencia respecto a Dios” (2126).
Esta misma visión de la realidad puede revestir formas mucho más sutiles en los mismos “creyentes” y así tenemos el tentar a Dios (es decir poner a prueba a Dios), la adivinación y la magia o hechicería (pretender manipularlo para nuestros intereses), el sacrilegio (o profanación de lo sagrado) y la simonía (comercializar con cosas sagradas) (cf. 2115-22).
Finalmente, existe una manera de desentenderse de Dios que es llamada “agnosticismo”, quien postula la existencia de un ser trascendente, pero que “no podría revelarse y del que nadie podría decir nada... equivale con mucha frecuencia a un ateísmo práctico” (2127-8).
4 - Conclusión
“Incorporados a Cristo por el bautismo, los cristianos están muertos al pecado y vivos para
Dios en Cristo Jesús, participando así en la vida del Resucitado. Siguiendo a Cristo y en unión
con él, los cristianos pueden ser imitadores de Dios, como hijos queridos y vivir en el amor, conformando sus pensamientos, sus palabras y sus acciones con los sentimientos que tuvo
Cristo y siguiendo sus ejemplos” (1694).
2ª lectura: yo los exhorto a que se dejen conducir por el Espíritu de Dios.
CatIC 2044-2046.2471-2474 C-14
Lc 10,1-12.17-20 / Is 66,10-14 / Sal 66 / Ga 6,14-18