2.4. Computational methods 1 Density functional theory
2.4.3. Program package employed and on-site repulsion U
Con cierta ironía o sentido del humor, Duverger176 sostiene que Francia es una
monarquía republicana:
El poder de gobernar pertenece principalmente a un hombre, investido de la legitimidad suprema, más o menos libre en sus movimientos, que apenas comparte la iniciativa y el impulso, y que toma o inspira las decisiones importantes (y algunas veces las otras), que determina y conduce la política de la nación», como dice la Constitución (no a su antojo). La diferencia radica en que el presidente de la República francesa es elegido por sufragio universal en un escrutinio competitivo y “relativamente honesto” “Su poder es temporal; está controlado y limitado por un parlamento que, al igual que él mismo, emana de la soberanía popular, y en el cual la oposición se puede manifestar”.
Añade que los franceses creen que monopolizan tal régimen, y que las demás naciones de Occidente se benefician de una república a carta cabal: “Se equivocan. La expresión de monarca elegido fue inventada hace nueve años por un autor inglés, para caracterizar la situación y los poderes del Primer ministro británico, que, a pesar de las apariencias, son muy parecidos a los de nuestro Presidente de la República”.
Sostiene que los regímenes políticos de los Estados Unidos, de Gran Bretaña y de Francia, no difieren más que en apariencia: presidencial en Washington; parlamentario, en Londres, mixto en París. “Los tres tienen como centro de
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animación un monarca elegido, al cual el parlamento tan sólo sirve de contrapeso, más o menos según los casos”. Los regímenes de la República Federal Alemana, de Suecia de Austria de Nueva Zelanda, de Australia y a India, son análogos; los de Finlandia, de Dinamarca y de Noruega, se les parecen mucho”.
Para Duverger, la originalidad del régimen francés obedece a otras razones. Divide, en este sentido, las monarquías republicanas en dos grandes familias: la norteamericana y la europea. En el primer caso, la monarquía es elegida oficialmente como tal. El gobierno no tiene conexión directa con el parlamento, éste no puede hacer dimitir al gobierno, ni éste puede disolver el parlamento. Es el llamado “régimen presidencial”.
En el segundo caso, que llamaremos “régimen parlamentario”, el monarca es elegido, de una forma indirecta y velada a través de la elección de los diputados. La disciplina de los partidos y su bipolarización (ya estén reducidos a dos, como en Gran Bretaña, o ya se unan en dos coaliciones estables, como en la República Federal Alemana) hacen que la victoria de uno de los bloques implique necesariamente que su jefe tome la dirección del gobierno. Añade Duverger que, como los ciudadanos lo saben, sus votos están determinados tanto por la personalidad de sus líderes nacionales como por la del candidato local cuyo nombre introducen en la urna.
En Francia, a partir de la Constitución de 1958, las cosas no siempre fueron iguales. En 1962, el sistema de elección presidencial, reservado a un colegio de notables se modificó para que fuera elegido por sufragio universal directo, ya que el sistema anterior, tan parecido al norteamericano, no se consideraba representativo177. A partir de 1962178, el régimen político galo es una fórmula
intermedia entre estos dos grandes tipos occidentales:
177 JIMÉNEZ DE PARGA, Manuel, Los regímenes políticos contemporáneos. (Madrid, Tecnos,
1974), págs. 182-183.
178 El artículo 5 de la Constitución de Francia, de 1958, varias veces actualizada, dice: El Presidente de la República velará por el respeto a la Constitución y asegurará, mediante su arbitraje, el funcionamiento regular de los poderes públicos, así como la permanencia del Estado. En cuanto a su capacidad para convocar consultas, el artículo 11 prevé: El Presidente de la República, a propuesta del Gobierno y mientras dure el período de sesiones, o a propuesta conjunta de las dos Cámaras, publicadas en el Journal Officiel (Boletín Oficial), podrá someter a referéndum cualquier proyecto de ley que verse sobre la organización de los poderes públicos,
La monarquía es elegida oficialmente por medio del sufragio universal, igual que en los Estados Unidos. Pero el parlamento puede obligar a dimitir_ al gobierno, que, como en la mayoría de las demás naciones de Europa Occidental, tiene un Primer ministro distinto del Jefe del estado.
Duverger ha bautizado este sistema como “semi presidencial”, y localiza ejemplos, con resultados y funcionamientos diversos en Finlandia, Austria, Irlanda, Islandia y en la Alemania de la República de Weimar y, a veces, en el mismo país según las circunstancias.
Los verdaderos reyes, los reyes tradicionales los reyes hereditarios, los de sangre real, desaparecen unos tras otros, cuando no se mantienen como objetos decorativos, conservados en los palacios nacionales para adorno de las ceremonias oficiales y como cebo de los semanarios ilustrados. Proclamada o encubierta, liberal o dictatorial civil o militar, la república impera en todas partes. […] Pero, en, todas partes, tiende a adoptar una forma monárquica. Los reyes elegidos suceden a los reyes hereditarios. No obstante evitemos toda confusión. No llamemos monarquía republicanas a todos los regímenes en que el gobierno está concentrado en manos de un hombre consagrado por el sufragio universal. Algunos son dictaduras: de hecho y, en ellos, la elección es tan sólo una ceremonia preparada de antemano, que no puede dar el poder, ni arrebatarlo, sino únicamente conferirle una apariencia de 'legitimidad179.
sobre reformas relativas a la política económica, social y medioambiental de la Nación y a los servicios públicos que concurren en ella, o que proponga la ratificación de un tratado que, sin ser contrario a la Constitución, pudiera tener incidencias en el funcionamiento de las instituciones.
Por otro lado, el artículo 16 reconoce al presidente la capacidad de adoptar medidas excepcionales, bajo determinadas circunstancias: Cuando las instituciones de la República, la independencia de la Nación, la integridad de su territorio o el cumplimiento de sus compromisos internacionales estén amenazados de manera grave o inmediata y el funcionamiento regular de los poderes públicos constitucionales esté interrumpido, el Presidente de la República tomará las medidas exigidas por tales circunstancias, previa consulta oficial con el Primer Ministro, los Presidentes de las Cámaras y el Consejo Constitucional. Informará de ello a la Nación por medio de un mensaje. Dichas medidas deberán estar inspiradas por la voluntad de garantizar a los poderes públicos constitucionales, en el menor plazo, los medios para cumplir su misión. El Consejo Constitucional será consultado sobre ello.
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Pero, pese a la ironía que parece subyacer en los comentarios de Duverger, las diferencias entre una monarquía y lo que él llama una monarquía republicana son notables. Cierto que, en determinados momentos históricos y en circunstancias especiales, hasta en la misma Francia el presidente puede ejercer poderes excepcionales, casi de monarca absoluto.
Por no hablar de la forma en que se adquiere esa magistratura. El monarca republicano es elegido y su mandato temporal; tiene que ser renovado a intervalos regulares y aproximados:
La necesidad de mantener la confianza de los ciudadanos atempera fuertemente la voluntad de los reyes elegidos. Por otra parte, un monarca republicano no concentra en sus manos todos los poderes del Estado: se mantiene sometido al control de uno o muchos organismos que lo contienen. Siempre hay otros elegidos del pueblo delante de él: por lo menos, el parlamento nacional y las asambleas locales180.
Pero añade:
Algunos no quieren reconocer que la democracia pueda tomar una forma monárquica. Dicen que el pueblo sólo tendría que dar su mandato a una asamblea, y no a un hombre que corre peligro de usar a su favor los poderes que se le han confiado. Nada prueba, sin embargo, que los parlamentos respeten la democracia más que los presidentes elegidos por sufragio universal, ni que el pueblo sea más prudente votando por una asamblea que votando por un hombre. Las ideas heredadas no siempre son ideas válidas, tanto en este terreno como en otros. En 1973, la mayoría de los diputados chilenos desearon y favorecieron el golpe de Estado militar más sangriento de América Latina, y contribuyeron con ahínco a destruir la democracia, defendida por el Presidente hasta la muerte.
¿Y qué decir de la capacidad del presidente de una monarquía republicana de emplear cuando le convenga el poderoso instrumento de convocar plebiscitos o un referéndum sobre una iniciativa política concreta al margen del Parlamento?, se pregunta Duverger. Y recuerda que, en el caso de Francia, las consultas a la nación realizadas por De Gaulle permitieron tratar con el FLN argelino, en contra
de la voluntad expresa de los diputados de la Cuarta República, pese a que todo el mundo reconocía la necesidad de esa salida.
Y en todo caso añade:
Las elecciones presidenciales que invisten un monarca republicano no son menos conformes con la democracia que las elecciones legislativas que designan a 500 ó 600 diputados. La monarquía republicana no está más alejada de la democracia que la república no monárquica. […] Creer que el pueblo es incapaz de escoger por sí mismo al jefe del gobierno, pensar que se dejara seducir por un play-boy o un demagogo, es creerle incapaz de conducirse y de conducir la nación. Lo pensaron los Constituyentes americanos en 1787, cuando dejaron a los legisladores de los Estados la designación de los electores presidenciales. Al igual que lo pensaban los Constituyentes franceses en 1791 cuando rehusaron el sufragio universal, y lo pensaban los liberales del siglo XIX que depositaron en manos del parlamento la soberanía que la teoría democrática confiere al pueblo. Al final resulta que la monarquía republicana francesa, que ni es verdaderamente presidencial ni verdaderamente parlamentaria, no es fácil de comprender, ni de comparar con los otros regímenes occidentales. En resumen181,
los llamados regímenes políticos “semi presidenciales”, como el de Francia, presentan tres características: El presidente es elegido por sufragio universal como en los Estados Unidos; enfrente se encuentra un primer ministro y un gabinete que solamente pueden gobernar con la confianza del parlamento, que tiene la capacidad de ejercer contra ellos el voto de censura y hacerlos dimitir. Por último, el presidente puede disolver el parlamento a voluntad propia o con intervención del primer ministro. Además de Francia, este modelo se aplica en Austria, Finlandia, Irlanda e Islandia, y fue el vigente en la efímera República de Weimar.