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Si nos detenemos a observar el normal funcionamiento del Colegio Notre Dame a lo largo de su historia, vamos a notar que la pedagogía de Roberto Polain no postula un “reglamento de colegio” como tradicionalmente se podría entender, en el cual se fijen normas para administrar el proceso formativo de los estudiantes, las responsabilidades del cuerpo docente y de los alumnos, en cuanto a normas de conducta y de relaciones interpersonales.
El decálogo de “La Ley Scout”, planteado por Robert Baden-Powell se convierte en el principal elemento que no solo regula las relaciones al interior del colegio, sino que se postula como un verdadero sistema de vida para todas las personas que libremente adhieren a él; convirtiéndose en un verdadero ideal de vida que invita a todo Scout a “estar siempre listo para ser un buen ciudadano de su país y del mundo” (Baden-Powell 1995, p. 291).
De hecho, si hay algo que se ha sostenido a lo largo de estos sesenta años de aventura educativa, es un colegio que no puede quedar ajeno a lo que es el Scoutismo; si fuese así se habría desdibujado de su proyecto original, no sería el Notre Dame de Polain (Canales Ax3).
La Ley scout entrega a los que hacen una opción libre por seguirla, una manera de ver y de vivir la vida: “una vez Scout siempre Scout, significa que mi compromiso no es un compromiso para un momento, sino que es una mirada que yo hago de mi vida de ahora como adolescente, pero de aquí para adelante me acompaña en mi vida como adulto.” (Gaete Ax4).
La Promesa Scout - momento crucial en la cultura educativa de este establecimiento - es el gran ideal que identifica y une a todas las generaciones que han pasado por el “Notre” (como cariñosamente le llaman los que forman o han formado parte de esta institución). Cabe señalar que el momento de la promesa es una decisión libre y personal. Es un compromiso
para toda la vida que compromete al joven desde muy temprano a “una manera de ver la vida” (Ibíd).
El siguiente es el texto universal de la Promesa Scout, que están invitados a realizar de manera libre los miembros de la comunidad educativa del Colegio Notre Dame y que, como ya hemos visto, es inherente a este modelo educativo y a una característica forma de enfrentar la vida.
“Por mi honor y con la Gracia de Dios prometo servir a Dios, la Iglesia y la Patria;
ayudar a los demás en toda circunstancia y vivir mi Ley Scout.”
Unido a esta Promesa Scout, que asume el que la realiza poniendo su honor de por medio, el decálogo de la “Ley Scout” forma parte esencial de la cultura de la comunidad educativa del colegio Notre Dame.
El Scoutismo, con la ley que lo caracteriza, entrega a los jóvenes ideales que son de gran ayuda en esta fundamental etapa formativa de sus vidas, con un “método cuya envergadura es mucho mayor que la de una simple actividad extra programática que se desarrolla al margen de las actividades lectivas y que por el contrario tiene potencialidad como para reformar desde adentro la escuela”. (Valenzuela 1994, p. 3)
Es en esta verdadera forma de ver y vivir la vida, unida a la aventura, al juego y al contacto con la naturaleza “donde el joven desarrolla toda su potencialidad física y, además, la amistad con los compañeros, trabajando en equipo, compartiendo una carpa, manteniéndola ordenada, haciendo comida, lavando… construir con los materiales que hay en la naturaleza, viviendo algo tan distinto a la rutina hogar – colegio” (Boetsch 1992, pp. 22 - 23). Son estos elementos propios de la pedagogía Scout los que, vividos como parte
de la vida cotidiana del Notre Dame, hacen de éste un establecimiento característico y singular en comparación con otros colegios.
Tomando en consideración lo anteriormente señalado, el siguiente decálogo de la Ley Scout (presentado por Baden-Powell a todos los miembros del Movimiento Scout) es adoptado por este proyecto educativo, convirtiéndose así en el pilar formativo de los jóvenes que son parte de este establecimiento y asumiendo como propia “la idea genial de Baden-Powell: resumir en una ley positiva y muy concreta un ideal de vida común a todos los muchachos” (Polain 1977, p. 106).
LEY SCOUT
1. El Scout pone su honor en ser digno de confianza. 2. El Scout es leal.
3. El Scout es servicial y ayuda a los demás sin pensar en recompensas.
4. El Scout es amigo de todos y hermano de cualquier Scout o Guía sin distinción de razas, credos o clases sociales.
5. El Scout es cortés y caballeroso.
6. El Scout ve en la naturaleza la obra de Dios, protege a los animales y a las plantas.
7. El Scout obedece sin replicar y no hace nada a medias. 8. El Scout sonríe y canta en sus dificultades.
9. El Scout es trabajador y cuidadoso del bien ajeno.
10. El Scout es limpio, sano, puro en sus pensamientos, palabras y acciones.
Este decálogo es un verdadero código de ética, que va más allá de las relaciones interpersonales al interior del establecimiento. Dice relación con un verdadero estilo de vida y necesita de un verdadero convencimiento personal de quienes desean vivirlo, a diferencia de un reglamento que se podría caracterizar por sus instrucciones o prohibiciones acerca de lo que se debe o no se debe hacer.
Al elegir el método Scout, como método fundante de su pedagogía y de su forma de ver la educación, Polain hace una opción por un “ambiente de vida y de contacto con la naturaleza” (Canales Ax3), abriendo así la posibilidad de encontrar en el contacto con la naturaleza la creación de Dios. De esta manera, el contacto con el aire libre no es accidental en la pedagogía de este sacerdote, sino que se convierte en un elemento esencial de ella misma, “porque el habitar la naturaleza instala un estilo de vida. Proporciona una cantidad de elementos que son decidores al momento de dibujar cómo se hace esta pedagogía. Primero te pones en contacto con la creación, de manera directa, sin intermediarios. Ahí está el agua, ahí está el sol, ahí está la luna, ahí está el bosque, ahí está el río, ahí están los elementos básicos y vuelvo a armonizarme en ese espacio que me genera un todo. Segundo: En ese medio yo revaloro lo que significan las cosas que no he valorado en la vida urbana y vuelvo a significar aquellas cosas que pasaban desapercibidas para mí; la ayuda, la mano que se tiende, el equipo que es capaz de apoyar a un muchacho en la patrulla, el valor de la amistad, el valor de la compañía, de la conversación, el valor de la comida, del abrigo, del juego, de la noche y del día. Me dispone en una situación natural que no pasa al lado mío, sino que me cruza; cruza mi experiencia, hace que yo sea un ser mucho más armonioso” (Ibíd).
De esta manera, todo el sistema educativo de la pedagogía scout que va en directo beneficio de los niños y jóvenes, se basa en:
- Una vida de descubrimiento en grupos, que constituye una educación a la autonomía.
- Contacto con la naturaleza, actividades al aire libre, juegos, deportes.
- Una educación para la vida social.
- Una actitud fundamental del educador basada en: la confianza y la participación.
- Un ambiente de alegría y la Fe.” (Polain 1977, pp. 107 – 108)