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Lemma 7.27 Let P be a program, G be a goal and let θ be a substitution Suppose that there exists an SLD-refutation of P ∪ {Gθ} using substitution σ Then, there exists an
En la lección anterior se consideró la unión hipostática desde la persona asumente, es decir, desde la Persona del Verbo; en esta lección se considera la unión hipostática desde la naturaleza asumida, es decir, desde la naturaleza humana.
En este aspecto, conviene hablar, antes que nada, de la capacidad de la naturaleza humana para ser "asumida" por el Verbo en unidad de persona. Esta "asunción", como se veía anteriormente, es la mayor gracia que Dios puede hacer a una naturaleza creada. Se trata, por ello, de un don absolutamente gratuito a la humanidad de Cristo. No existe en la naturaleza creada exigencia alguna de ser asumida por Dios en unidad de persona.
Sin embargo, como es lógico, si la naturaleza humana de Cristo ha sido asumida por el Verbo, es porque podía ser asumida, esto es, tenía capacidad de ser asumida. Esa capacidad no puede entenderse de otra forma que como potencia obediencial, es decir, como una "mera no repugnancia de ser asumida", pues si fuese una capacidad tendente a ser llenada, la encarnación no sería totalmente sobrenatural y gratuita.
1. EL MOMENTO DE LA ENCARNACIÓN.
La encarnación tuvo lugar en el mismo momento de la concepción. Es decir, no hay un momento en que se pueda decir que Jesús fue un simple hombre, el cual más tarde fue asumido por el Verbo. Tampoco, antes de la concepción, preexistió el alma de Cristo.
El Papa Vigilio, rechazando las doctrinas origenistas, establece lo siguiente: "Si alguien mantiene que el alma (de Jesús) existió antes de la encarnación y generación de la Virgen, sea anatema"; "Si alguien dijera que primero fue formado el cuerpo de Cristo en las entrañas de Santa María y después fue unido al Verbo, sea anatema" (Dz 204 y 205). Y en el Conc. XI de Toledo se dice: "María concibió por obra del Espíritu Santo (...) En esa admirable concepción (...) el Verbo fue hecho carne" (Dz 282).
Como argumenta S. Tomás, si la carne hubiese sido concebida antes de recibir al Verbo, hubiese tenido una hipóstasis propia antes de haber sido asumida hipostáticamente por el Verbo, y entonces, o no habría tenido lugar la unión hipostática, o habría tenido lugar mediante la destrucción de esta hipóstasis. De igual forma, si cuando María concibió a Jesús este no hubiese sido Dios, no se podría decir con verdad que Santa María es Madre de Dios: sería sólo madre del hombre Jesús.
2. LA FÓRMULA "HOMO ASSUMPTUS".
Para subrayar la integridad de lo humano en Jesús, el P. Déodat de Basly y su discípulo el P. Seiller insisten en concebir la naturaleza humana de Cristo como una autonomía frente a la naturaleza divina. Se trata, antes que nada, de una autonomía psicológica, pero que incluye una autonomía ontológica. Para ello adoptan la expresión assumptus homo. Jesucristo sería, pues, un hombre asumido por el Verbo.
La expresión homo assumptus fue utilizada por los SS. Padres, especialmente por los de la Escuela Antioquena. También en S. Agustín encontramos frases como esta: Filius Dei hominem
assumpsit, et in illo humana perpessus est141. Por el contexto se entiende que se está diciendo que el Hijo de Dios tomó la naturaleza humana completa. Sin embargo, pronto se abandonó semejante modo de hablar, porque se acercaba peligrosamente al nestorianismo. En efecto, decir que Cristo es un
CRISTOLOGÍA
"hombre asumido" hace pensar en un hombre que ha sido asumido después de estar ya constituido en su ser.
En las explicaciones de Déodat de Basly, la expresión assumptus homo estaría entendida en el sentido de que la humanidad de Jesús constituiría un individuo distinto del Verbo, aunque unido a El ontológicamente de tal forma que, aunque sea una sola persona con el Verbo, la humanidad de Jesús sería en sí misma un sujeto autónomo, con la misma autonomía que cualquier ser humano. A esta autonomía respondería un yo humano —no sólo una conciencia humana del Yo de Cristo—, como contrapuesto a la conciencia divina.
Esta teoría tiene como base la distinción entre individuo y persona, ya rechazada por S. Tomás142. La unión hipostática es concebida, en este caso, como la unión de dos autonomías perfectamente delimitadas, es decir, como la unión de dos individuos en una sola persona. Por mucho que Déodat insista en que en Cristo hay dos individuos y una sola persona, la insistencia en esa unidad parece solamente verbal, porque la unión de dos sujetos autónomos no parece que pueda concebirse más que como una unión moral.
Una prueba evidente de esto es la forma en que Déodat aplica a Cristo la comunicación de
idiomas. No acepta su predicación más que in obliquo. Así sucede, p.e., a la hora de hablar de la
maternidad de Santa María. Según Déodat sólo se puede decir que María es madre de Dios in obliquo: es decir, porque es madre de un individuo —Jesús—, el cual está unido inefablemente al Verbo.
Pío XII en la Enc. Sempiternus Rex (a. 1951), dice lo siguiente: "Pero el Conc. de Calcedonia, concorde en todo con el de Efeso, afirma claramente que las dos naturalezas de nuestro Redentor conviven en una sola Persona y subsistencia, y prohibe admitir en Cristo dos individuos, de manera que junto al Verbo se ponga un cierto hombre asumido, dotado de plena autonomía"143.
3. INTEGRIDAD DE LA NATURALEZA HUMANA ASUMIDA.
La afirmación de que Cristo es perfecto hombre implica que su humanidad es íntegra en todo aquello que pertenece esencialmente a la naturaleza humana. Como escribiera el Papa San León a Flaviano, in integra veri hominis perfectaque natura verus natus est Deus, totus in suis, totus in
nostris (Dz 139). En Cristo permanecen las propiedades de cada naturaleza (cfr Conc. de Calcedonia,
Dz148).
Esta integridad implica, como ya se ha visto, un verdadero cuerpo humano, y un alma humana dotada de inteligencia y libertad, unida al cuerpo como su propia forma. Es el alma la que da vida al cuerpo, y no la divinidad.
4. LA ENCARNACIÓN COMO UNIÓN INMEDIATA DEL VERBO AL CUERPO Y AL ALMA.
Como se ha dicho, la encarnación tiene lugar en el primer instante de la concepción de Jesús. El Verbo no tomó el alma antes que el cuerpo con prioridad temporal, ni el cuerpo antes que el alma, sino que se unió a ambos en el mismo instante. Es contra la fe decir que la carne de Cristo fue concebida primero y después fue asumida por el Verbo. Desde el primer instante de la concepción de Jesús, el Verbo se unió inmediatamente al cuerpo y al alma.
Ni el cuerpo ni el alma, tomados separadamente, son la naturaleza humana, sino en su razón de coprincipios del ser del hombre. La encarnación del Verbo consiste en su humanación, en hacerse hombre. De ahí que se una a ambos coprincipios del hombre en cuanto coprincipios. Por eso se dice que tomó el alma antes que el cuerpo con prioridad de naturaleza, pues es el alma la que hace que el cuerpo sea cuerpo humano.
142Cfr STh III, q. 2, a. 6 in c.