2. Review of research literature
2.3. Programme content and forms of knowledge perspectives
Al hablar de edificios institucionales hemos conceptualizado dos tipos: El edificio-caja y el edificio bandeja. El edificio-caja es en función de lo que contiene adentro, el edificio-bandeja es en función de lo que soporta afuera. (Imagen 1) Nos parece interesante abordar la problemática que supone esta segunda categoría ya que nos puede dar herramientas precisas que ayuden al alumno a enfrentarse con operaciones complejas referidas a las relaciones entre espacio público y objeto arquitectónico. El edificio-bandeja se constituye en función de lo que se desarrolle fuera de él, en tanto soporte físico que propicia actividades que muchas veces le son ajenas y pertenecen al mundo urbano. Su constitución misma no solo permite sino que propicia una forma determinada de habitar la ciudad y relacionarse con ella, basada en lo público, el encuentro y la diversidad. En los
edificios-bandeja las relaciones entre el interior y el exterior se vuelven
indispensables ya que los dos mundos (el interno del edificio y el externo del espacio público) no son universos independientes sino que forman un continuo de espacio interconectado donde las gradientes que van de lo público a lo privado deberán estar diseñadas mediante un preciso manejo de la escala y la proporción. Ahora bien, podría pensarse que empezar a proyectar un edificio de estas características es una cuestión meramente formal; así, modelando más o menos bien las masas y los vacíos podrían establecerse los sectores más acordes a las futuras actividades públicas y privadas del programa. Sin embargo nosotros entendemos que cuando se le aplica la variable estructural en los primeros estadios del proceso proyectual, incluso suspendiendo el aspecto programático, esa relación entre interior y exterior, entre público y privado se convierte en lo que estructura formalmente al objeto arquitectónico, y lo dota de una consistencia que es previa incluso al funcionamiento interno del mismo. Estamos acostumbrados a que la estructura sea algo que se coloque después, incluso cuando los paquetes programáticos ya tienen sitio dentro de su contenedor, como ocurre en los edificios-caja. El desafío que se propone es que la estructura sea lo primero, pero no en función de su exhibición tecnológica, sino como mediadora entre el edificio que soporta y el espacio público que genera. Así, la relación espacial entre uso y estructura se vuelve primordial y antecede al desarrollo del programa que el objeto albergará. De este modo la pertinencia del objeto arquitectónico para con su interacción con el espacio público pasa de ser formal a ser estructural. El objeto no define usos por su forma, sino por su estructura. Este dispositivo estructural permite que la condición pública del objeto tome relevancia.
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Imagen 2: Edificio República (Teléfonos del Estado), Avda. Corrientes
esq. Maipú, Bs. As., Santiago Sánchez Elía, Federico Peralta Ramos, Alfredo Agostini (SEPRA). (proyecto de 1950). Fotografía: Manuel Gómez Piñeiro. Cortesía Esteban Guillermo Urdampilleta.
¿Como hace una plaza para convertirse en
edificio?
Imaginemos por un momento que la condición esencial del objeto que estamos proyectando sea la de ser espacio público, que esa condición esté dada a priori y solo después intervenga el condicionamiento programático. Esta “plaza” que deviene en “edificio” deberá encontrar la manera “estructural” de conformarse sin perder la consistencia formal que la legitime. ¿Es el edificio el que hace la plaza o la plaza la que hace el edificio?. Este procedimiento presupone una forma determinada de interactuar con la ciudad y con el tejido, entendiendo que el objeto arquitectónico es una parte de un complejo sistema de relaciones sociales que involucra al mismo para hacer de la ciudad un lugar más amable para vivir. No basta para que un edificio defina espacio público fijar su implantación generando un espacio libre entre su perímetro y el resto del tejido urbano. Un edificio no genera plaza con tan solo dejar a la libre circulación su entorno inmediato, incluso puede traer problemas funcionales o de seguridad si no se diseña desde el inicio su relación con la ciudad. En ese sentido los edificios-caja generan un límite infranqueable entre su interior y la ciudad en la que se insertan, delimitando, excluyendo, segregando lo que es propio del edificio con respecto a sus adyacencias, que generalmente no se diseñan o su diseño está supeditado al objeto que circundan. En ellos el espacio público es el espacio sobrante que resultó de la implantación del objeto y difícilmente sirven a otro propósito más que el específico para lo cual fueron concebidos y a los que se accede traspasando una puerta de entrada. Son islas en la ciudad a las que la vida urbana las rodea, indiferente, muchas veces sin tener noción de lo que sucede adentro. Urbanamente inocuos, no generan condiciones urbanas mas allá de las propias de su actividad interna. Los edificios-bandeja, por otra parte, no son indiferentes a la realidad urbana con la cual interactúan, por el contrario, hacen de su implantación la condición indispensable para su funcionamiento. No podrían entenderse sin esa condición urbana y sin ella perderían sentido. El espacio público no es algo que ocurre solamente fuera del edificio, sino que muchas veces no se sabe a dónde termina el edificio y donde empieza la ciudad. Eso no quiere decir que su funcionamiento sea confuso o que se generen problemas de accesibilidad. No es una relación meramente formal de llenos y vacíos. Al intervenir la cuestión estructural, es ésta la que termina de definir las relaciones espaciales interiores, exteriores y semicubiertas en relación a los usos públicos, semipúblicos y privados de los espacios generados.
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Imagen 3: Perspectiva de Alfredo Agostini para el Primer premio del
Concurso Nacional de Anteproyectos para el edificio de la Municipalidad de Córdoba, 1953. Santiago Sánchez Elía, Federico Peralta Ramos, Alfredo Agostini (SEPRA). En Schere, Rolando. Concursos 1926 - 2006. Buenos Aires, Sociedad Central de Arquitectos, 2008. pp. 249.