Tal como ha sido plasmado en un principio basándonos en la definición de Guber (2005) respecto al trabajo de campo, es posible aseverar que es a través de esta inmersión de quien investiga en la cotidianidad de quienes se constituyen como los sujetos informantes que pudo lograrse un acercamiento al conocimiento del modo en que los sujetos habitan la institución. Asimismo, esta presencia frecuente, la utilización de técnicas tales como la observación participante y la realización de entrevista a profesional de la institución como parte constitutiva de dicho trabajo de campo han permitido poder reflexionar acerca del cambio de paradigma en lo que respecta a niñez y adolescencia, la implementación y puesta en práctica de las actuales legislaciones así como también pensar las modificaciones que se han generado respecto a las instituciones de alojamiento de niñas, niños y adolescentes.
Cuando hablamos acerca de las instituciones propias del Patronato hacemos alusión a éstas como “instituciones totales”, entendiendo por tales, de acuerdo a Goffman (2001: 13), como aquel lugar de residencia y trabajo “donde un gran número de individuos en igual situación, aislados de la sociedad por un periodo apreciable de tiempo, comparten en su encierro una rutina diaria, administrada formalmente”, siendo características de éstas que todos los aspectos de la vida se desarrollan en el mismo lugar y bajo la misma autoridad única, donde cada etapa de la actividad diaria se lleva a cabo en compañía de otros, quienes reciben el mismo trato y de quienes se requiere que realicen juntos las mismas cosas; en dichas instituciones, todas las etapas de las actividades diarias están estrictamente programadas, presentándose de manera secuencial e impuestas, a través de un sistema de normas formales explícitas.
Si tomamos como referencia las anteriores instituciones de alojamiento de la minoridad “en peligro o peligrosa”, las cuales poseían en gran medida las características de las instituciones totales como ha sido expresado en el párrafo precedente, encontramos considerables aristas desde donde se evidencian diferencias que dan cuenta
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del cambio iniciado a partir de la instauración del nuevo paradigma. De acuerdo a la observación participante así como también teniendo en cuenta la entrevista que ha sido realizada a la profesional de trabajo social, podemos mencionar una serie de aspectos que permiten inferir la existencia de una nueva impronta dentro de la institución y las prácticas llevadas a cabo para con niñas, niños y adolescentes que allí se alojan.
A partir de la implementación de la Ley de Protección Integral no solo se plantea que niñas, niños y adolescentes deben encontrarse institucionalizados de manera transitoria, por el menor tiempo posible y como última instancia debido a la vulneración de sus derechos y en pos de la reparación de éstos, sino que se hace evidente cierto interés por la transformación de prácticas que durante años han prevalecido –y de las que aun hoy se perciben ciertos vestigios−, a los fines de aggiornar la cotidianidad de niñas, niños y adolescentes, y la institución en general, a los nuevos estándares de las prácticas y condiciones de alojamiento que se encuentran en lineal relación con la Convención sobre los Derechos del Niño.
Se evidencia −por parte de los profesionales que se desempeñan dentro del hogar− que existen intenciones, así como también acciones, que dan cuenta del convencimiento de que el paso por la institución de las niñas, niños y adolescentes debe darse de modo tal que signifique el menor padecimiento posible, entendiendo que se encuentran inmersos en una sociedad que no solo permitió que se vulneren sus derechos sino que a raíz de ello han sido separados de su centro de vida, motivo por el cual deben vivir en un ámbito por fuera de lo “normal”, es decir, separados de sus familias. Es por ello que se apunta a que quienes sean alojados en esta institución puedan gozar de una cotidianidad que resulte lo más parecido a cualquier otra niña, niño o adolescente.
Ello es llevado a cabo, o se procura hacerlo, a través de diferentes acciones que niñas, niños y adolescentes desempeñan así como también son promovidas por quienes allí se encuentran trabajando. La concurrencia a establecimientos educativos por fuera del hogar, la participación en actividades recreativas en los lugares donde ellas se dictan y no simplemente pasando los días al interior de la institución, los festejos de aquellas fechas especiales para niñas, niños y adolescentes, donde cuentan con la posibilidad de poder disfrutar la presencia de seres queridos y quienes representan lazos afectivos, disponer de la posibilidad de salir a visitar a personas, ya sean familiares o no, con quienes mantienen vínculos afectivos y amistosos, dan cuenta de la búsqueda de una
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apertura, de integrar a quienes allí se encuentran residiendo y no cercándolos o excluyendo como se lo hacía décadas atrás, donde la sociedad en general no debía tener contacto con los “internos”, los “peligrosos”…los menores encerrados.
Todas aquellas acciones permiten pensar en la instauración de nuevas prácticas en la cotidianidad de niñas, niños y adolescentes alojados en el lugar, buscando impregnar en la convivencia diaria los rasgos que más se le asimilen a la cotidianidad que una niña, niño o adolescente podría transitar estando en un ámbito familiar y no institucional; aspirando que el periodo que deban recorrer en la misma sea lo menos dañino para las subjetividades y los cuerpos de niñas, niños y adolescentes.
Por otro lado, es importante destacar que existen cuestiones vinculadas a la vida de niñas, niños y/o adolescentes en la institución que muchas veces exceden a las intenciones de los profesionales que intervienen en el lugar, correspondiéndose a otras instancias, a otros niveles u organismos. Ha sido posible tomar conocimiento que el alojamiento en la institución de niñas, niños y adolescentes no solo ha implicado la separación y alejamiento de sus grupos familiares sino que también ha conllevado el distanciamiento del resto de sus inscripciones y vínculos afectivos, institucionales y de referentes de su comunidad.
No todas las niñas, niños y adolescentes allí alojados eran oriundos de la ciudad en la que se encuentra la institución sino que provenían de localidades de otros puntos de la provincia. Sí es posible mencionar que durante aquel período un niño y un grupo de hermanos sí pertenecían a una localidad del Nodo Regional en el cual se ubica el hogar, pero el resto de ellos contaban con sus equipos profesionales intervinientes en la situación familiar por fuera de la región. Cabe aclarar que ello no depende de quienes se desempeñan dentro de la institución sino que corresponde a las áreas encargadas de la búsqueda de alojamiento, a quienes aplican las medidas de protección y deciden o no la institucionalización en un determinado lugar, etc.
Estas determinaciones, es decir, la institucionalización de niñas, niños y adolescentes en localidades alejadas de sus lugares de origen genera una ruptura de los lazos comunitarios y/o institucionales existentes así como también respecto a los vínculos afectivos que niñas, niños y/o adolescentes hayan podido tener. Como ha manifestado la profesional entrevistada, en algunas situaciones el contacto se dificulta, escasea, es débil y ello en gran medida se debe a las distancias que separa a niñas, niños
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y adolescentes del resto de sus familiares, debiéndose establecer contactos a través de otros medios, como por ejemplo las comunicaciones telefónicas.
Cabe aclarar además que hemos podido evidenciar que al interior de la institución han comenzado a realizarse algunos cambios fundamentales –haciéndose especialmente visibles aquellas modificaciones en lo que respecta a lo edilicio– que dan cuenta de las intenciones de adaptar la misma a los nuevos modelos y exigencias que deben cumplir estos espacios de acuerdo a los Estándares de Calidad. Tomando en cuenta lo mencionado por la trabajadora social de la institución, estas modificaciones no son sencillas, implican la puesta en marcha de diferentes aspectos. Se hace necesario contar con recursos financieros, la aprobación de presupuestos para las modificaciones que conciernen a lo edilicio y la infraestructura; asimismo, también implican tiempo aquellos cambios vinculados a las prácticas concretas para con niñas, niños y adolescentes, la profesional entrevistada ha dado cuenta de aspectos relativos a dificultades –atribuidas a parte del personal que se desempeña en la institución– en lo que al trato con los sujetos que allí residen respecta, así como también en cuanto a la aplicación efectiva de los lineamientos otorgados por los Estándares de Calidad. Se trata de cambios sumamente necesarios que requieren modificaciones en las prácticas y los modos que han estado instaurados durante años, implica también el reconocimiento de las responsabilidades de cada uno de ellos como miembros de la institución, la puesta en escena de la capacidad de escucha, de contención, entre otros, a los fines de brindar tanto las condiciones de alojamiento correctas como las prácticas respetuosas de los derechos para con niñas, niños y adolescentes que allí residen.