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Progress against benefit reduction targets

In document Evaluation of Phase 1 City Strategy (Page 111-115)

5 Evidence of the impact of City Strategy

5.2 Evidence relating to outcomes

5.2.2 Progress against benefit reduction targets

México enfrentó una situación política difícil durante el siglo XIX en su tránsito hacia la formación del Estado moderno. Antes del periodo conocido como Porfiriato el país se encontraba en disputa frente al poder, debido a los conflictos con países colonialistas. En 1876 Porfirio Díaz ocupó la presidencia desconociendo la ley presidencial que le otorgaba el cargo a José María Iglesias; se mantuvo en el poder hasta 1910 cuando convocó a elecciones en donde salió elegido Francisco Madero; al ignorar el resultado, inició la

Revolución Mexicana cimentada en inconformidades y protestas sociales de todo tipo que se habían acumulado en diferentes sectores sociales en procesos anteriores. Esto ocasionó una inestabilidad política que se extendió hasta los años 50 y 60 del siglo XX.

Dentro de este marco político es que el sector textil en México se consolida, si bien a lo largo del siglo XIX la economía mexicana, igual que la del resto de Latinoamérica, se circunscribía dentro de la división internacional del trabajo exportando minerales y algunos productos agrícolas; también se había instaurado una creciente industria textil desde muy temprano, enraizada en la producción artesanal de telas, situación que a mediados de los años 50 del siglo XIX se concretó con la fundación de varias empresas textiles al norte del país; los 'industriales' de México como se hacían llamar a sí mismos fundaron las primeras fábricas de hilado mecanizadas en la década de 1830 casi en la misma época en que se construyeron las primeras fábricas en Lowell, Massachussetts y solo 20 años después que

se estableció la primera fábrica de hilados, mecanizada, en Estados Unidos, utilizando primordialmente mano de obra femenina proveniente de regiones rurales en donde estaban acostumbradas a elaborar telas, mantas y variados productos con diferentes fibras naturales. La situación laboral de estas mujeres dentro de la lógica capitalista seguía estando mediada por la estructura social y patriarcal, sin embargo, desde entonces se empezó a modificar el discurso sobre la mujer trabajadora. Las mujeres que llegaban a los centros urbanos encontraban una buena oportunidad de contrarrestar la pobreza al vincularse en las empresas textiles, a pesar de los bajos salarios que recibían.

En el largo periodo de administración de Porfirio Díaz se implementó un plan, el cual tenía como objetivo continuar con la modernización del país por medio del estímulo a las relaciones de producción propias del sistema capitalista específicamente con la inversión de capitales en la industria, por tanto, se reglamentaron leyes proclives a facilitarlo y se le dio cabida a la inversión extranjera, en su gran mayoría de procedencia francesa. En tal sentido, la industria textil se vio bastante favorecida y aunque hubo ciertos periodos de depresión se puede decir que fue de crecimiento y fortalecimiento del sector.

La industria textil hacia finales del Porfiriato era, con excepción de la minería, la industria más importante del país. La producción textil sumaba casi la cuarta parte de los bienes manufacturados nacionales. Existían 150 fábricas, localizadas en los estados de Puebla, Tlaxcala, Veracruz y el Distrito Federal. La industria Textil empleaba el 55% de los obreros mexicanos y sus ventas sumaban el 72% de las ventas industriales del país (Ramos Escandón, 1988, p. 63)

La industria se concentró en ciertas partes del país, formando centros urbanos importantes para el comercio y atractivos para la mano de obra en donde era común el hacinamiento y la miseria de la población. Tanto los hombres como las mujeres pertenecientes a las clases populares se vincularon al sector industrial en condiciones muy malas, pues no existían reglamentaciones salariales ni laborales.

La semi proletarización masculina prácticamente no había contribuido a detener esta necesidad de dinero en efectivo dado que pocas mujeres podían contar con el apoyo financiero adecuado, regular o permanente de esposos,

padres e hijos. Este fracaso de los hombres en aportar un ingreso regular se debía en parte al empleo particular y condiciones de trabajo enfrentadas por los varones, pero se vio exacerbada por las respuestas de estos en las dislocaciones sociales y económicas de sus vidas, y las mujeres casadas habían desarrollado muchas actividades generadoras de ingresos en 'trabajos de mujeres' en sus propias casas; y entre esas se incluían costuras tanto para mujeres locales como para los fabricantes de rebozos zamoranos. Para las jóvenes solteras, el empleo en los talleres no acarreaba una gran discontinuidad pero se exigía que las propietarias cumplieran el mismo papel que la señora, haciéndose cargo del entrenamiento, el manejo y la protección de las trabajadoras (Wilson, 1990, p. 93).

Lo anterior es un ejemplo, de la situación laboral de la mujer en una de las regiones del norte de México en donde se concentraba el capital y el sector industrial.

Durante los años de la revolución la economía mexicana tuvo períodos de depresión y decrecimiento tanto en el sector agroindustrial, minero como industrial pero lograron superarlo. México enfrentó la Depresión de 1929 con políticas económicas que afectaron en mayor medida las condiciones de vida de los trabajadores, las cuales ya eran malas, que a las ganancias de los industriales aunque el gobierno que asumió en 1934, cuando tuvo su nivel más crítico la crisis, realizó una reforma agraria, nacionalizó varias empresas y ferrocarriles e implementó proyectos educativos, lo cual representaba un giro en la política del Estado hacia las clases populares. Sin embargo, estas reformas fueron frenadas por el gobierno siguiente debido a la deuda que había generado el gasto público de mantener esta política social. El proceso de Sustitución de Importaciones que había tenido lugar en otros países de América latina; en México se concretó durante el periodo del conflicto bélico de la Segunda Guerra Mundial, en donde las industrias mexicanas, las élites y los empresarios continuaron con sus inversiones en capital fijo y tecnología; mientras la clase obrera seguía trabajando en condiciones desventajosas.

Se ha dicho que la experiencia de México no difirió mucho de las observadas en otros países latinoamericanos en cuanto a la crisis, la reacción y las consecuencias que ocasionó la Gran depresión. De hecho, varios otros países implantaron políticas macroeconómicas expansionistas en respuesta a la crisis, y experimentaron un fuerte proceso de sustitución de importaciones durante los años treinta. México no fue una excepción…En particular podemos afirmar que el rápido proceso de industrialización observado en

México y otros países latinoamericanos se debió, en ultima instancia, a una política económica de fuerte respuesta, a la posibilidad de sustitución de importaciones y a un dinámico sector industrial que pudo reaccionar con rapidez ante las nuevas oportunidades del mercado (Cárdenas, 1984, p. 277).

De lo anterior podemos destacar, que la industria textil surgió en México desde muy temprano a partir de la fabricación artesanal, utilizando para suplir la necesidad de una mano de obra calificada, la femenina, que estaba formada en el espacio privado de manera informal.

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