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Simultáneamente a los procesos de organización y participación en el seno de las organizaciones mixtas y no mixtas se fueron gestando las condiciones para el surgimiento del EZLN como movimiento político armado. En efecto, a inicios de la década de los ochentas, ante un panorama caracterizado por la crisis del movimiento agrarista, la agudización de la miseria derivada de la caída de los precios internacionales del café, y la efervescencia de las organizaciones de mujeres, se generó la confluencia de un grupo político-militar que dio origen al EZLN.

En tal grupo es posible ubicar a líderes y lideresas de organizaciones indígenas y campesinas, a militantes mestizos de organizaciones político-militares, profesores y estudiantes universitarios, entre otrxs. En este punto, es menester señalar el papel que revistieron militantes e indígenas de las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN) en la formación del EZLN. Las FLN emergieron a finales de los sesenta en Monterrey, Nuevo León, y sus militantes eran universitarios, profesores y estudiantes de clase media que promovían el marxismo-leninismo y el foquismo, al estilo castro-guevarista. A partir del año de 1974, cuando las fuerzas del Estado interceptaron y encarcelaron a las células en Monterrey, Ciudad de México, y un núcleo en Chiapas, el FLN entró en declive y desapareció (Marcos y Le Bot, 1997: 25).

Sin embargo, casi diez años después, un nuevo grupo de militantes de esta organización viajaron a la Selva Lacandona donde establecieron contactos con líderes de las organizaciones indígenas y campesinas chiapanecas y las comunidades, y posteriormente, iniciaron diálogos para formar una organización que se introdujera en la lucha armada. La compenetración entre el FLN, los líderes de las organizaciones indígenas y campesinas, y las comunidades, se dio en el marco de la fragmentación del movimiento social, la cooptación de algunos de sus líderes por el PRI, y el recrudecimiento de la violencia represiva por parte de las fuerzas militares del Estado (Marcos y Le Bot, 1997: 26). Asimismo, el zapatismo se benefició de la mediación y el apoyo de una fracción del clero y de grupos de activistas vinculados a la diócesis, quienes habían abanderado la perspectiva de la teología de la liberación (Marcos y Le Bot, 1997: 25). De esta manera, el EZLN nació dentro de un contexto de conformación de diversos grupos de autodefensa comunitaria en la Selva frente a las guardias blancas, los ejércitos particulares y grupos paramilitares de los terratenientes. En los años ochenta la lucha contra éstos y las

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unidades militares y policiales se concretizo y facilitó la convergencia entre grupos guerrilleros reducidos de origen extra-regional y la población campesina local (González, 2012: 255).

El surgimiento y la consolidación del EZLN durante los ochentas y noventas han sido abordados de múltiples formas. La postura de Vols (1999) recoge gran parte de lo que se ha mencionado anteriormente. Según este autor, la emergencia del EZLN puede ser explicada como la confluencia de cuatro caminos: 1) el de la “lucha”, que alude a la organización del movimiento agrarista mixto que se venía desarrollando en Chiapas desde la década de los sesentas y ochentas; 2) el de la tradición, que refiere a la reivindicación de la etnicidad y le fue otorgando al movimiento su carácter de reconocimiento cultural; 3) el de la palabra de dios, que refiere al proceso de acompañamiento de la Diócesis de San Cristóbal, a través de las CEB y los catequistas, quienes implementaron una perspectiva de evangelización propia de la teología de la liberación, que hacía hincapié en la lectura del evangelio desde la realidad social de las comunidades indígenas; y 4) el de las armas, que refiere al proceso de organización como ejército, a raíz del influjo de antiguos combatientes de guerrillas como el FLN (Millán, 2006: 15). En efecto, la confluencia de estos elementos logra brindar una aproximación analítica del surgimiento del EZLN.

Sin embargo, la explicación presentada por Vols (1999), prescinde de una lectura del papel de las mujeres durante este proceso. Si bien el EZLN nació a finales de 1983, no realizaría ningún acto público sino hasta el año de 1994; por lo que fueron casi 11 años de organización y formación política y militar de manera clandestina y sigilosa. Durante periodo las mujeres indígenas tuvieron acceso a un conjunto de entornos discursivos provenientes de múltiples instancias (Iglesia, ONGs, Academia), que abordaban de diversas maneras los derechos de las mujeres y la importancia de su papel en la política (Millán, 2006: 15). De modo que, las mujeres indígenas que se integraron al EZLN durante esta etapa, 1983-1994, empezaron a reivindicar su inclusión en espacios como foros, asambleas comunitarias, y la creación de propuestas de actuación propias, entre otras.

Así, lejos de estar aisladas, las mujeres indígenas participaron activamente en todos los niveles de la organización: como parte de la dirección política, en la organización armada, y como bases de apoyo civil (Millán, 2006). Esto se refleja en la creación de las denominadas “Leyes Revolucionarias” y en particular en la “Ley Revolucionaria de las Mujeres” de 1993, que se dieron a conocer durante el levantamiento de 1994, las cuales serán abordadas en el siguiente capítulo. De acuerdo con Millán (2006), el EZLN desarrolló desde los ochentas una serie de posturas, declaraciones y denuncias en torno a las mujeres indígenas, en lo que

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podríamos denominar las “políticas de género” de éste movimiento indígena. Así, las mujeres indígenas chiapanecas adquirieron una visibilidad particular al interior del EZLN que después se expresó ampliamente en los discursos presentados por las Comandantas e Insurgentas en los actos públicos y comunicados que sobrevinieron a su irrupción pública de 1994.

4.2.2 Las mujeres dentro de la estructura político-militar organizativa del EZLN

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