En primer lugar, según Grossmann los actos mentales son entidades que pertenecen a la categoría de individuo: “Los actos mentales son cosas individuales que constituyen, junto con otras cosas individuales, un estado temporal del yo empírico”135. Como todo individuo, estos ejemplifican propiedades y relaciones. Grossmann dice que, en concreto, tienen dos propiedades: una cualidad, que hace que el acto mental sea de un tipo u otro; y un contenido, que determina el objeto específico al que el acto se dirige, por lo que es el contenido el que está propiamente en la relación intencional a un objeto, el que es en sentido primario intencional y, a través de él, los actos mentales. Es decir, su contenido da cuenta de que los actos mentales ejemplifiquen una relación intencional a un determinado hecho.
Es esta propiedad [contenido] del acto la que está en el nexo intencional al hecho. Dicho de forma diferente, dado que esta propiedad está en el nexo intencional al hecho de que la tierra es redonda [éste es el ejemplo que ha puesto Grossmann anteriormente], cualquier acto mental que tenga esta propiedad apuntará intencionalmente ipso facto al estado de cosas de que la tierra es
redonda136.
135 Ibíd., p. 47.
Al defender la existencia de estas propiedades que son los contenidos se enfrenta a la visión de algunos como Moore que rechazan que los haya, pero Grossmann insiste en que, si bien “no sabe cómo convencer al proponente de la visión de Moore de que hay contenidos”137, al hablar de juicios, aserciones, etc., uno puede referirse a los actos mentales individuales, a su contenido, a cierto estado de cosas o a las entidades lingüísticas que lo expresan (que pueden ser enunciados-tipo o enunciados instancias de cierto tipo (token)). En este punto se sirve de la defensa de Twardowski de la distinción entre contenidos y objetos a través de tres argumentos distintos138: el hecho de que entidades mentales como las ideas tienen propiedades (y están en relaciones) muy distintas de las que presentan sus objetos; la necesidad de explicar el hecho de que en ocasiones la mente pueda tener presente objetos inexistentes (pues en estos casos se ve que lo que no existe no es el contenido del acto mental, sino su objeto); o que pueda haber descripciones diferentes pero equivalentes de la misma entidad (y entonces éstas comparten el mismo objeto, pero tienen, según Twardowski, contenidos distintos, es decir, pensamos cosas distintas al pensar en cada una de ellas139).
Si bien Grossmann distingue esas dos propiedades de los actos mentales, otros autores mencionan otras. Por ejemplo, A. Kenny sostiene que lo que diferencia esencialmente unos actos mentales de otros es su contenido –y aquí coincide con Grossmann– y su portador:
Éstas parecen ser las dos propiedades esenciales de cualquier pensamiento: tener un contenido y un portador. Desde luego, los pensamientos pueden tener también otras propiedades –por ejemplo, pueden ser profundos o infantiles, emocionantes o deprimentes, y así sucesivamente– pero las dos cosas esenciales de un pensamiento parecen ser que sea el pensamiento de alguien y
que sea el pensamiento de algo140.
Por una parte, Kenny explica, apoyándose en Tomás de Aquino, que lo que hace a un pensamiento ser de un cierto objeto individual determinado, tener un cierto contenido es la relación de ese pensamiento con los fantasmas que están relacionados con ese objeto141. Y, por otra, lo que hace que un pensamiento sea de un sujeto concreto,
137Ibíd., p. 341.
138 Cfr. Grossmann, R. ME, pp. 48-53.
139 No obstante, Grossmann considera que aquí Twardowski se equivoca, ya que el hecho de tener
contenidos distintos implica que los objetos de estas descripciones también son distintos. Lo que ocurre según Grossmann es que Twardowski confunde las entidades descritas por las descripciones definidas – que son distintas– y los objetos intencionales últimos de las ideas expresadas en cada descripción –que coinciden–. Cfr. Grossmann, R., ME, pp. 51-52.
140 Kenny, A., La metafísica de la mente, p. 172.
77 CAPÍTULO VII: ELEMENTOS ESTRUCTURALES DEL ACTO PERCEPTIVO
lo que hace a los pensamientos ser mis pensamientos (pues se opone, junto con Tomás de Aquino, a la idea averroísta de que haya un intelecto supraindividual que sea el que piense) no puede ser el contenido pensado, dado que no hay nada en él que haga que el pensamiento haya de ser de una persona en lugar de de otra. Entonces afirma, yendo más allá de la tesis de Tomás de Aquino de que son míos porque son operaciones del alma que es forma de mi cuerpo, que el criterio para conocer el portador de los pensamientos es siempre corporal142, pues los pensamientos se manifiestan en los movimientos de mi cuerpo, éste los expresa.
Frente a la idea de Grossmann de que los actos mentales pertenecen a la categoría de cosa individual, autores como Inciarte o Millán-Puelles los conciben de acuerdo con la tradición como operaciones de un individuo que dan lugar a cambios accidentales en el sujeto. En esto coinciden con Kenny, para el que también un acto mental constituye una actualización del sujeto, aunque no sólo de él: “Un pensamiento es una actualización de dos potencialidades distintas: la capacidad de pensar de la mente y la pensabilidad de los objetos del pensamiento”143.
Esta operación funda la relación de intencionalidad u objetualidad que, como dice Millán-Puelles, es mera denominación extrínseca en el objeto, pues el conocer no supone ningún cambio, no transforma al objeto pensado, sino en todo caso al sujeto cognoscente (y esto es así también en el caso de los objetos puros, aunque la objetualidad de ellos es formalidad intrínseca, según considera Millán-Puelles144). Por tanto, tanto Grossmann como Inciarte o Millán-Puelles coinciden en que el conocer (que no consiste en otra cosa más que en actos mentales de conocimiento) no es una relación, sino un término o extremo de la relación intencional que la funda. En el siguiente
142 Incluso en el caso de los pensamientos inexpresados, privados, dice Kenny que el criterio para
determinar el poseedor de un pensamiento es también corporal, no espiritual, y pone el ejemplo de un caso de lectura de pensamiento, en el que se decide si lo que el lector de pensamiento ha dicho es verdad apelando a criterios corporales –por ejemplo, quién levantó la mano, qué voz confiesa que es su pensamiento, etc., y aquí está implicado el cuerpo–. Kenny advierte que esto no significa que sea por criterios corporales –al observar mis movimientos corporales actuales o hipotéticos– por lo que yo decido o infiero que ciertos pensamientos son míos, por lo que sé que estoy pensando, ya que no sé estas cosas mediante ningún criterio, sino que lo percibimos directamente, sin intermediarios. Cfr. Kenny, A. Aquinas
on Mind, pp. 124-125.
143 Kenny, A., La metafísica de la mente, p. 187.
144 “En lo real, el ser-objeto ni siquiera es un accidente, sino sólo una pura denominatio extrínseca,
mientras que en lo irreal es, además de intrínseco, algo formalmente constitutivo de la única vigencia poseída por lo que carece de existencia”. Millán-Puelles, A., TOP, p. 166. Para una discusión de este tema acerca de la objetualidad de los objetos reales e irreales frente a las ideas de J. Villagrasa, véase Garrido, J. M., El problema de la irrealidad de las cualidades secundarias: El realismo perceptual según Antonio
esquema pueden verse las distintas formas de entender los términos que conecta la relación de intencionalidad, algunos de cuyos elementos vamos a tratar a continuación:
Esquema 1.
A) Fundamento ontológico-antropológico de la caracterización grossmanniana de los