en los vegetales hay que saber los efectos beneficiosos a que su presencia da lugar.
Ante todo, se ha comprobado la virtud que reúne de dotar a los vegetales de una extraordinaria resistencia a las invasiones criptogámicas, y esto en mayor escala que el calcio, sin duda alguna a causa de la más pronunciada basicidad del magnesio.
En segundo lugar, este elemento facilita la asimilación del amoníaco y del ácido fosfórico a las plantas. Asimismo, como el magnesio transforma los silicatos de calcio, al ponerlos en libertad, permite que las plantas aprovechen importantes cantidades de potasio que, de otro modo, quedarían inutilizadas. Pero, para que el magnesio surta todos estos efectos en grado máximo, debe ir asociado al calcio, pues la incorporación combinada de ambos elementos favorece las reacciones químicas, sin las cuales la asimilación de los abonos minerales deja de producirse.
El magnesio se encuentra en las plantas bajo tres formas diferentes: constituyendo parte de la molécula de clorofila, según vimos anteriormente; combinado o absorbido en el protoplasma celular, y en forma iónica en la savia y jugos vegetales.
En líneas generales, las plantas más ricas en magnesio son las leguminosas, ya que su contenido medio es del 0.3 por 100. Pero existen otras plantas en que el contenido de magnesio es hasta cien veces menor.
Es de notar que, en estos análisis del total del magnesio contenido en la planta, los resultados de distintos investigadores son muy diversos, puesto que el proceso de absorción y emigración del magnesio es muy variable y depende, además, de la vejez de la planta. Hawkin, en su experiencia con tomates, ha demostrado que esta planta absorbe del suelo el 3 por 100 de su riqueza total de magnesio durante el primer mes, el 20 por 100 durante el segundo y el 77 por 100 en el último mes.
Las hojas marchitas, antes de caer, transfieren su contenido de magnesio, hacia las semillas u otras partes de la planta. Así se explica que, según sea la edad de la planta, la cantidad de hojas caídas, etc., los resultados analíticos referidos a la totalidad del peso de la planta puedan ser variables.
También es menester distinguir entre necesidades de magnesio para la germinación y fase primera de la vida de la planta y necesidades para la fructificación y desarrollo. En un interesante trabajo de Walters, sobre las necesidades de magnesio para el desarrollo normal de las semillas, se llega a la conclusión de que las plantas inferiores (líquenes, musgos, etc.) son más sensibles a la carencia magnesiana que no las plantas superiores.
Esto viene confirmado por los análisis de magnesio de los gérmenes o semillas de ambas, y, como advierte el investigador citado, la deficiencia de magnesio se deja sentir en las cosechas de cereales cuando el medio germinativo adolece de escasez de magnesio.
La pobreza de magnesio determina en las plantas una decoloración anormal, consistente en un tinte verde claro y hasta casi blanco, que toman algunas zonas cloróticas y que terminan por invadir toda superficie foliar. Como es natural, no todas las plantas sufren con igual intensidad los efectos de la deficiencia del magnesio.
Entre las más perjudicadas figuran el maíz, el tabaco y la espinaca. Las gramíneas y las patatas presentan mayor resistencia, si bien esto no quiere decir que se encuentren del todo libres de estos perniciosos efectos, y así algunos investigadores agronómicos han comprobado que la falta de magnesio en los terrenos de cultivo de patatas ha dado por resultado numerosos casos de clorosis.
En la mayoría de los casos, el agricultor puede conocer por sí mismo la falta de magnesio en los suelos que explota. Sin embargo, el publicista agronómico don Luis Catalina advierte que el tal no debe fiarse de una manera absoluta en sus propias apreciaciones, por lo cual aconseja que se acuda a los laboratorios para cerciorarse, mediante serios análisis, del porcentaje verdadero de magnesio existente en las tierras de cultivo.
La dificultad en atribuir precisamente a la deficiencia de magnesio determinadas anomalías observadas en los cultivos se debe a que, en algunos casos, no es posible diagnosticar si los trastornos se deben a la falta de unos o al exceso de otros, como bien dice Mc. Murtey.
Asimismo importa recordar que muchos elementos son tóxicos cuando falta otro de los necesarios; pero, en presencia de algunos que contrarrestan los efectos nocivos, desaparecen los síntomas, como sucede con el magnesio y el calcio, pues el primero elimina las influencias tóxicas del segundo. Además, se da la particularidad, tratándose del magnesio, de que no sólo es el defecto del mismo lo que produce efectos perniciosos en las plantas, sino también su exceso, que llega a ser tóxico.
Pero todavía hay más; y es la comprobación de síntomas de deficiencia de magnesio en los cultivos de determinados terrenos, a pesar de que el análisis químico revela cantidades de dicho elemento más que suficientes para satisfacer las necesidades del vegetal, lo cual puede deberse a condiciones desfavorables para que pueda ser aprovechado por las plantas, como sucedería si la tierra contuviese el magnesio en combinaciones químicas que no permitiesen a las plantas el asimilarlo.
Los síntomas visuales de la falta de magnesio pueden aparecer en las raíces, tallos, hojas, flores, frutos y semillas.
El ingeniero agrónomo colombiano Mesa-Bernal dice haber comprobado que la deficiencia del magnesio no afecta sensiblemente al crecimiento de la raíz, como lo hace la pobreza de calcio; sin embargo, otros investigadores opinan más bien lo contrario, cuando afirman que el crecimiento queda interrumpido y que aparecen nuevas ramificaciones.
En las tomateras de tierras pobres de magnesio, el crecimiento de la raíz principal es normal, si bien con pocas ramificaciones; en cambio, la corteza muere rápidamente y adquiere color de café. En todas las especies los tallos son relativamente flexibles y débiles, pobres en materia leñosa, y los nuevos brotes mueren muy pronto.
En algunas plantas de jardín la falta de magnesio perjudica sensiblemente la belleza natural de las flores, que les hace perder sus vivos colores, a la vez que son más pequeñas. La deficiencia de magnesio resulta asimismo nociva para los árboles frutales, cuyos botones florales ofrecen reducido volumen y, si en algunos llegan a formarse los frutos, la mayoría de ellos se desprenden antes de llegar a su madurez, como le sucede al manzano.
La carencia o pobreza de magnesio se revela principalmente en las hojas. Ya hemos dicho algo de ello, pero ahora lo vamos a hacer con más detalle, por tratarse del defecto más general y más fácilmente reconocible. La tonalidad amarilla de las hojas comienza a manifestarse por manchas verdes claras, que van extendiéndose hasta cubrir toda la superficie foliar.
Estas anomalías se inician en las hojas más viejas, al paso que el tejido intranervioso se vuelve amarillo o blanquecino, bronceado, rojo púrpura, hasta que, finalmente, sobreviene la necrosis o muerte de los tejidos. La clorosis se presenta en el ápice de las hojas y avanza con mayor o menor rapidez, según los casos, hasta la base de las mismas, mientras que a veces se curvan. Otro pernicioso efecto es que las hojas se tornan quebradizas, diferenciándose de las cloróticas más resistentes.