• No results found

CHAPTER 5 CASE STUDIES

5.5 OSK protocol

San Ignacio creía que podemos encontrar a Dios en todas las cosas, en todo momento, incluso en los tiempos más ordinarios. Para hacer eso, debemos tomarnos el tiempo de reflexionar sobre nuestra experiencia, observar los hechos de un día y discernir su significado. Ignacio nos anima a revisar un periodo de tiempo pasado y prestar atención a lo que sucede en nuestro interior y alrededor de nosotros. Luego nos invita a mirar adelante, a lo que viene después, para que podamos actuar de una forma que sea digna de nuestra vocación de cristianos. La práctica cotidiana de rezar el Examen (quizá durante unos diez o quince minutos) nos ayuda a discernir cómo nos está llamando Dios en lo pequeño y en lo grande. A Dios se le encuentra en lo real, por lo que rezamos desde lo que es real en nuestra vida. A lo largo de los siglos, el Examen ha sido adaptado de diversas maneras. He organizado esta oración diaria en cinco pasos. No te sientas obligado a recorrer los cinco pasos o emplear unas palabras determinadas. No se trata de completar una tarea, sino de construir una relación.

1. Reza pidiendo la ayuda de Dios

La oración no tiene nada de magia. Orar es conversar con Dios. Por lo tanto, invita a Dios a estar contigo durante este tiempo sagrado. Pide a Dios que te ayude a estar agradecido y ser sincero mientras repasas el día. Con la ayuda de Dios, presta atención al modo en que el Espíritu ha operado en y a través de ti, de los demás y de la creación. Déjate ver tu jornada como la ve Dios.

2. Da gracias por los dones de este día

Para Ignacio, la gratitud es el paso primero y más importante del viaje espiritual. La actitud de agradecimiento, practicada con la frecuencia suficiente, nos ayuda a encontrar a Dios en todas las cosas y puede transformar la manera en que vemos nuestra vida y a las demás personas.

Por lo tanto, repasa el día y nombra las bendiciones, desde las más significativas y obvias hasta las más comunes y ordinarias. ¡A Dios (no al diablo) se le encuentra en los detalles, así que sé muy específico! Mientras reflexionas, haz honor a los dones de las demás personas de tu vida, pero no olvides reconocer los dones que hay en ti, pues también estos son dados por Dios.

No creas que debes revisar mecánicamente la jornada hora por hora o hacer una lista de todos los dones del día. Más bien, saborea cualesquier dones que Dios te muestre. Con la suave orientación de Dios, deja que el día pase por ti.

3. Reza sobre los sentimientos significativos que afloran mientras revisas el día

Ignacio creía que Dios se comunica con nosotros no solo por medio de la percepción mental, sino también por medio de nuestras «mociones interiores», como él las llamaba: sentimientos, emociones, deseos, atracciones, aversiones y estados de ánimo. Mientras reflexionas sobre el día, es posible que notes surgir fuertes sentimientos. Pueden ser dolorosos o placenteros: por ejemplo, gozo, paz, tristeza, ansiedad, confusión, esperanza, compasión, arrepentimiento, enfado, confianza, celos, dudas, aburrimiento o ilusión.

Los sentimientos no son ni positivos ni negativos; es lo que haces con ellos lo que plantea cuestiones morales. Estos movimientos te pueden informar sobre la dirección que ha seguido tu vida en este día concreto. Y el mero hecho de sacarlos a relucir puede ayudar a reducir el dominio destructivo que algunos sentimientos tienen sobre ti.

Escoge uno o dos sentimientos fuertes y reza desde ellos. Pide a Dios que te ayude a entender lo que ha suscitado estos sentimientos y adónde te han llevado:

• ¿Te han acercado más a Dios? ¿Te han ayudado a crecer en fe, esperanza y amor? ¿Te han vuelto más generoso con tu tiempo y talento? ¿Te han hecho sentir más vivo, íntegro y humano? ¿Te han llevado a sentirte más conectado a los demás o te han desafiado a un crecimiento vivificante?

• ¿O te han alejado de Dios los sentimientos? ¿Te han vuelto menos fiel, esperanzado y amante? ¿Te han vuelto más egocéntrico o ansioso? ¿Te han llevado a la duda y la confusión? ¿Han conducido al derrumbe de alguna relación?

4. Alégrate y pide perdón

Alégrate por los momentos que te han acercado a Dios y pide perdón por los momentos en que hoy te has resistido a la presencia de Dios en tu vida. Alaba a Dios por la gracia de ser consciente que te ha concedido durante este tiempo de oración, aunque hayas sido consciente de cosas de las que no estás orgulloso. Esta conciencia es el principio de la curación y la conversión.

5. Mira al mañana

Lo mismo que Dios está contigo hoy, estará contigo mientras duermes y cuando te despiertes mañana. Invita a Dios a formar parte de tu futuro. ¿En qué necesitas la ayuda de Dios? Sé muy práctico y específico. Si te resulta útil, consulta tu agenda de mañana. Dios quiere estar contigo ahí, en los momentos más dramáticos de tu vida y en los más triviales. Pide a Dios que te dé la gracia que necesitas: por ejemplo, valor, confianza, sabiduría, paciencia, determinación o paz. O quizá hay alguien concreto por quien quieras rezar.

Concluye hablando a Dios de corazón o con una oración que te sea familiar, como el padrenuestro.

LA «PRIMERA SEMANA»:

Experimentar la ilimitada misericordia