Fernand Braudel es uno de los historiadores del siglo XX que mayores aportes produjo para comprender el capitalismo. Escribir sobre Braudel significa revelar sus principales contribuciones en el campo de lo que él mismo llamó “economía- mundo”. Braudel, nunca olvidó la importancia de pensar los hechos sociales desde su localización. Quizá podría decir, parafraseando a Pierre Bourdieu, que su vigilancia epistemológica lo obligó a nunca ocultar su origen campesino, él mismo dijo "Sigo siendo un historiador de origen campesino, que lo puede decir con orgullo".
En 1923 inició su labor como profesor de historia en Bar-le-Duc, años después de viajar a la colonia francesa de Argelia. El propio Wallerstein, señala que gracias a su estancia de casi diez años en Argelia, Braudel logró elaborar, o digamos, construirse para sí mismo una perspectiva diferente de España y de Europa (Wallerstein I. , 1999). Aquel paso por Argelia fue muy importante para Braudel, porque le permitió tomar la decisión de convertirse en un historiador a tiempo completo; esto supuso trabajar arduamente en la obtención de su doctorado. En ese sentido, investigó sobre España y la política mediterránea de Felipe II entre los años de 1559 y 1574. Sin embargo, prontamente reconoció las ventajas analíticas que ofrecía la geografía humana, a causa de los trabajos de Lucien Febvre como “La
terre et l'évolution humaine: introduction géographique à l'histoire” (1922). Esto
motivó una relación de fraternidad con Febvre, amistad que se consolidaría años después.
Por lo años de 1929, Lucien Febvre y Marc Bloch, fundaron la revista "Anales de
la historia económica y social” (Annales d'histoire économique et sociale), una propuesta provocadora y de cierta forma disidente. Fue un proyecto que se concentraría en profundizar una historia más humana, más allá de la visión tradicional de la historia clásica. Este grupo de investigadores se propuso ver la historia como un proceso más complejo y encontrar en la perspectiva de “largo plazo” un plano para comprender el papel que juegan las fuerzas sociales y económicas. Este ejercicio analítico les permitió ir construyendo la perspectiva de la larga duración.
En 1932, Braudel se estableció en Paris con mucho éxito, y fue nominado como docente en prestigiosos liceos. Unos años más tarde, hacia 1935, Braudel fue invitado por Júlio de Mesquita Filho a São Paulo con el objetivo de fundar la cátedra universitaria de historia, este trabajo fue resultado de una comisión francesa, en ese contexto, Claude Lévi-Strauss también fue invitado. Para 1937, Lucien Febvre, profesor en el Collège de France, visitó América del Sur gracias a la colaboración de Braudel, ofreciendo serie de conferencias en Buenos Aires, y luego Brasil. Su estancia en Brasil, le permitió que su visión como historiador se nutriera positivamente. Luego en 1937 asumió un puesto en París, la École Pratique des
Hautes Études, en una de las dos secciones no científicas, la Sección IV (histórico y ciencias filológicas).
En medio de la Segunda Guerra Mundial, en 1940 Braudel fue capturado y hecho prisionero en Alemania. Durante su cautiverio, usando la memoria como recurso diseñó su trabajo sobre el mundo mediterráneo en la época de Felipe II. Para personalidades como Braudel, incluso la cárcel no constituyó una limitante para su pasión: la historia. Así, en la cárcel en Lübeck durante toda la guerra, mostró liderazgo y obtuvo el tiempo necesario para escribir su tesis de doctorado, obtuvo la colaboración de Febvre, quien revisó su manuscrito y le pasó textos. A pesar de todo Braudel asegura que “Tenía que creer que la historia, el destino, se escribía en
, 1999) Tras el final de la guerra, fundó, junto a su maestro Lucien Febvre, el “Centre de Recherches Historiques” (Centro de Estudios Históricos) en 1951. Braudel asumió la dirección de la "sección de vie de l'École Pratique des Hautes
Études" y la revista Annales. Y logró la contribución de historiadores como Georges Duby, Jacques Le Goff, Emmanuel Le Roy Ladurie y Maurice Aymard; los filósofos Roland Barthes y Michel Foucault; los psicólogos Jacques Lacan y Georges Devereux; el sociólogo Pierre Bourdieu; el antropólogo Claude Lévi- Strauss; y los eruditos clásicos Jean-Pierre Vernant y Pierre Vidal-Naquet.
Según Giuliana Gemelli (2005), Braudel contemplaba la interciencia (no se hablaba de interdisciplinariedad en aquellos años), esto supone la creación de zonas de frontera. En estos espacios las diversas disciplinada dialogan, especialmente la economía y la historia, así, sus métodos conversan alrededor de problemas compartidos. Bien sugiere Braudel que las ciencias sociales dejen de discutir tanto sobre sus fronteras recíprocas, por el contrario, intenta trazar líneas de investigación que orienten una investigación colectiva y permita alcanzar una primera convergencia (Braudel, 1958). Su trabajo mental es de síntesis, no solo de convergencia y su orientación es hacia crear “imágenes del conocimiento” (Gemelli, 2005), sobre la base de una alianza entre ciencias humanas y naturales. Wallerstein (1999) ha reconocido la importancia de la Escuela de los Annales. En su llamado a los historiadores les advertía la importancia de acoger el conocimiento que otras disciplinas vienen produciendo, usar sus hipótesis para reorganizar sus exploraciones o dar un giro a sus investigaciones y mejorar sus modelos de interpretación. Había el imperativo de abrirse a las ciencias sociales. Pero Wallerstein, ha resaltado una cualidad o un imperativo más de la escuela de los
Annales. Este consistía en asumir que la historia “era la narrativa de los seres
humanos como grupo colectivo (según se observa en los patrones económicos y sociales a través del tiempo) y de los seres humanos en la vida que vivían (según se observa en los patrones de la vida cotidiana)” (Wallerstein I. , 1999, p. 244) por esa
razón, había que tratar de combinar la demografía, la historia familiar, antropología, entre otros. Existía sin pretenderlo un imperativo “multidisciplinario” pero la idea era no reformar las fronteras entre las disciplinas sino buscar una integración de los saberes.
Braudel, en su ensayo “Larga Duración” remarca la importancia de reconocer la “dialéctica de la duración”; en esa perspectiva, el historiador revela la importancia de comprender que la dialéctica de la duración supone una realidad social viva que está en constante oposición, y se repite entre “el instante y el tiempo lento en transcurrir” (Braudel, 1984, p. 63).Uno de los aspectos que queremos subrayar dentro de la multitud de contribuciones, es el concepto de “pluralidad del tiempo
social” dentro de la lógica de la dialéctica de duración; vale decir, que la pluralidad
del tiempo social hace referencia al tiempo que podemos sentir y que está ligado a la experiencia, a la vida, y al tiempo concreto, que existe en las diversas estructuras sociales, y que poseen su propio ritmo.
Para Braudel existe un tiempo corto y de cierta manera es pensado a la medida de los individuos, por ende está vinculado a la vida cotidiana y a las rápidas tomas de conciencia; al mismo tiempo, podemos decir que existe un tiempo corto de todas las formas de la vida económica, social, literario, institucional, e incluso geográfico y político (Braudel, 1984, p. 65).
Pero al mismo tiempo, existe un tiempo de larga duración (longue durée), que se opone al tiempo corto, es decir, “l’histoire événementielle”, por esa razón este historiador utiliza frecuentemente la dicotomía larga duración/acontecimientos (longue durée/événementiel). Esta dicotomía es asociada a la cuestión del tiempo histórico, en tanto independiente a los usos de los investigadores. En esta visión, el tiempo es un material, el cual podemos medir y evaluar todas las “largas duraciones” y salir de las coyunturas que constituye el tiempo corto. Braudel privilegia los ciclos para pensar en la “larga duración” como la única estrategia para
Esta categoría de análisis braudeliana hace referencia a una estructura de larga vida, a elementos estables para infinidad de generaciones. La larga duración, así como la geografía juega una presión por siglos y una búsqueda de equilibrios muy lento en el tiempo. Según Braudel para el historiador, descubrir la larga duración puede constituir una dificultad, pero deberá moverse entre ciclos e interciclos y crisis estructurales para encontrar regularidades y la permanencias de los sistemas (Braudel, 1984, p. 72); sin embargo, el propio historiador, reconoce que es arduo el trabajo de reconstruir la larga duración, por esa razón la “larga duración se presenta, pues, como un personaje embarazoso, complejo, con frecuencia inédito” (Braudel, 1984, p. 74).
Braudel, subraya que asumir el enfoque de la “larga duración” equivale a un cambio de paradigma para el historiador, vale decir una nueva concepción de lo social y del trabajo del historiador; por lo tanto, y en ultimo termino, el trabajo consiste en una reconstrucción de todos los tiempos sociales. En esa línea Braudel propone que “la historia es la suma de todas las historias posibles: una colección de oficios y de puntos de vista, de ayer, de hoy y de mañana” (Braudel, 1984, p. 75).
Como hemos sugerido antes, la actividad académica de Braudel no está disociada de su relación con otras disciplinas, antropología, sociología, matemáticas, filosofía. En esta ultima disciplina encontró a Gaston Bachelard (1884-1962), filósofo, epistemólogo, poeta, y crítico literario, quien en 1950 publicó un libro titulado “La Dialéctica de la Duración”. De cierta forma el trabajo de Bachelard, critica la visión de Bergson, puesto que éste ultimo filósofo hace una separación entre el tiempo de los hombres y el tiempo de las cosas, haciendo de esta una nueva diferencia antropológica. La perspectiva de Bachelard difiere de esta visión. La polémica abierta por este filósofo hace referencia al tiempo y a los modos cómo percibimos el tiempo y no necesariamente a la historicidad del tiempo en sí mismo. (Perrot, 1981)
La propuesta de Braudel es más bien pensar la "dialéctica de la duración" como las interrelaciones entre las diferentes duraciones históricas o patrones rítmicos, para poder pensar cómo procesar los cambios históricos. No olvidemos que la sugerencia de este historiador es comprender que existe una interacción entre tres duraciones (a largo, medio y corto plazo) dicho ejercicio se expresa en su análisis del mediterráneo. (Barros, 2012)
Por su parte, Magali Uhl hace referencia a la supuesta disociación entre dos modos de fluir de la duración como oposición entre el pasado y el presente, entre lo estadio y lo dinámico. En ese sentido, la dialéctica de la duración busca caracterizar el tiempo de manera proteiforme, como múltiples fenomenalizaciones concretas, reminiscencias, repeticiones, simultaneidades, anticipaciones, entre otros. Esta dialéctica de la duración teorizada por Braudel enfatiza la importancia de situar la realidad histórica en función de tres aspectos, el tiempo corto (eventos) de la historia, la duración mediana de la historia (Coyuntura) y la larga duración estructural de la historia. (Uhl, 2005, p. 54), (Uhl, 2004)
Justamente en su artículo “Larga Duración” señala que hay una crisis por la cual atraviesa la historia como disciplina. En esta suerte de balance disciplinario, enfatiza que la historia se sirve de la duración social, refiriéndose a él como “tiempos múltiples y contradictorios de la vida de los hombres” siendo el pasado y la vida actual la sustancia de la cual está compuesta el tiempo múltiple.
En la perspectiva de Braudel, para la dialéctica de la duración, nada es más importante (en el centro de la realidad social) que la oposición entre el instante y el tiempo lento en transcurrir, pasado y actualidad. En esta línea de reflexión los historiadores deben asumir metodológicamente que es necesario tomar conciencia de la “pluralidad del tiempo social” (Braudel, 1958). Esto tiene consecuencias muy útiles para las ciencias sociales contemporáneas. Así, para Braudel la multiplicidad del tiempo y del valor del tiempo largo es algo que debe interesar a las otras
Usualmente, la historia jugó sobre la base de los imperativos de la economía y en esa perspectiva se ha tomado en consideración el ciclo e incluso el “interciclo”, véase por ejemplo el ciclo clásico de Nikolái Kondrátiev, en el cual se pueden apreciar ciclos asociados a los precios, la renta, o el producto nacional. En el caso de Kondrátiev, sus ciclos largos económicos también conocidas como ondas que representan una serie de fluctuaciones cíclicas de largo plazo (con forma sinusoidal) de la moderna economía mundial capitalista (Escudier, 1993), (Solomou, 1990). Para Braudel, es necesario avanzar más allá de la historia “cíclica” y la historia corta tradicional; por lo tanto, en su visión es importante introducir la idea de “estructura”. Y aunque desde la perspectiva de los científicos sociales, este concepto nos remite a una coherencia y a relaciones fijas, para los historiadores - remarca Braudel- una estructura podría definirse como un “ensamblaje, una arquitectura; pero, más aún, una realidad que el tiempo tarda enormemente en desgastar y en transformar. Ciertas estructuras están dotadas de tan larga vida que se convierten en elementos estables de una infinidad degeneraciones: obstruyen la historia, la entorpecen y, por tanto, determinan su transcurrir.” (Braudel, 1958, p. 731)
En esta perspectiva, la larga duración (longue dureé) es como un “personaje embarazoso, complejo, con frecuencia inédita”, asumir la larga duración equivale a cambiar de estilo, a invertir nuestro pensamiento. En esa línea de reflexión su propuesta nos llama a movernos entre lo fijo y lo inestable. Esto supone enfrentar la historia con otros ojos, con otras preguntas. Para Braudel, todos los niveles se entrelazan con una profundidad, de cierta forma, todo gravita entorno a una cierta semi-inmovilidad. Es interesante que finalmente la definición de Braudel de la historia es al mismo tiempo “la suma de todas las historias posibles: una colección de oficios y de puntos de vista, de ayer, de hoy y de mañana.” (Braudel, 1958, p. 734)
En su libro “El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II” (1953), Braudel se refiere por un lado, a una historia casi inmóvil de las relaciones del Hombre con el ambiente que lo rodea. Esta es una historia que fluye de manera lenta y caracterizada por ciertos “retornos”; por otro lado, tenemos una historia social, la historia de los grupos y agrupaciones; y finalmente, tenemos la historia tradicional, vale decir, una historia de la persona, la historia de hechos: una agitación de la superficie, es una historia breve de oscilaciones rápidas y nerviosas, aquí hay dimensiones como el ritmo de la vida, los sueños, la ira, las ilusiones. En suma, es muy importante recoger el aporte de Braudel cuando distingue que existe un tiempo geográfico, un tipo social y un tiempo individual.
Otro concepto importante para nuestro trabajo es la categoría empleada por Braudel de Economía-Mundo. Esta categoría la podemos encontrar en el tercer volumen, llamado “El tiempo del mundo” (1984), dicho volumen analiza el nacimiento de la "economía-mundo" europea, la formación de los mercados nacionales, las economías no europeas y la revolución industrial (Braudel, 1984).
Esta categoría se ha forjado a partir de la palabra alemana “Weltwirtschaft” (como economía-mundo), el cual posee una identidad, al mismo tiempo que un espacio. Asimismo, Braudel señala que sigue el concepto del alemán Fritz Rorig; sin embargo, Gemelli, sugiere que la genealogía de este concepto debemos buscarlo en la transposición a escala planetaria del modelo de las zonas concéntricas. La economía-mundo se prevé como la función empírica de una “invariable analítica” aquí se conjugan el Principio de Interdependencia y los aspectos verticales como horizontales del sistema histórico braudeliano como resultado de la combinación de niveles de vida económica con los distintos niveles de desarrollo del capitalismo. (Gemelli, 2005, pp. 136-139). En suma, una economía-mundo puede definirse como una triple realidad (Braudel, 2002, pp. 94-95):
a) ocupa un espacio geográfico, posee limites que pueden variar y darle una explicación, aunque puede haber ciertas rupturas.
b) una economía-mundo acepta un polo, un centro representado por una ciudad dominante (ayer ciudad estado, hoy capital económica)
c) Toda economía mundo, se divide en zonas sucesivas: centros/periferias.
Fernand Braudel en su libro titulado “El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en
la época de Felipe II”, ofrece una de las contribuciones más importantes. En esta obra se aprecia el juego de las categorías “economía-mundo” y “larga duración”. El análisis Braudeliano permite pensar no la economía del mundo, sino la economía como “mundo” con una dimensión espacial y relacional. A esta “economía-mundo” se sumaron otros términos como reciprocidad (para Wallerstein “mini sistemas”), redistribución e intercambio, recogiendo las contribuciones de Polanyi.