en Berkeley, aparece una copia de las "Condiciones bajo las cuales el señor
don Antonio Campos y Felipe Urive, domiciliados en Puente de Ixtla, distrito
de Tetecala, estado de Morelos, toma en arrendamiento el terreno [...] para
la siembra de maíz de temporal [...] perteneciente a la hacienda de Vista Her-
mosa", fechadas el 14 de mayo de 1910. En este documento se exponen las
condiciones imperantes en cuanto a la servidumbre agraria y el sistema de ex-
plotación inherentes al porfirismo. Al pie del mismo hay dos párrafos que
dicen: "La presente es copia de uno de tantos contratos que se celebraban du-
rante el gobierno del general Porfirio Díaz, entre los hacendados y los indivi-
duos a los que, estando en condiciones económicas mejores que los jornaleros,
las haciendas podían arrendar pequeños terrenos de los latifundios en el es-
tado. El señor Turner ha visto el original, tipo estándar, de los que se acostum-
braban en aquella época y que no podían contrariarse en su cumplimiento sin
motivar para los infelices arrendatarios despojos, prisiones y lo más temido en-
tonces: la consignación al servicio del ejército o la deportación a mortíferas re-
giones en el `Valle Nacional' del estado de Oaxaca o a las colonias en Yucatán".
Archivo personal de John Kenneth Turner, citado.
"Writers and Revolutionists, An Interview Conducted by Ruth Teiser".
Entrevista con Ethel Duffy Turner realizada por Ruth Teiser los días 27 de ju-
lio y 10 de agosto de 1966, Regional Oral History Office, Berkeley, 1967, p. 17.
pronto sus sombríos pronósticos sobre la inminente caída de Díaz y el estallido de una revolución. El tercero de sus vaticinios —la invasión es- tadounidense— se cumpliría después de un tiempo no demasiado largo. Una vez que The American Magazine tuvo los primeros capítulos de la serie sobre el "México bárbaro" en su poder, los editores de la revis- ta tomaron conciencia de la magnitud de los sucesos políticos en Mé- xico. Harto de las atrocidades, injusticias y medidas autoritarias que se sucedían sin cesar, el tigre había despertado al fin de su letargo y pron- to empezarían los ataques. Fue entonces cuando, tanto el autor como los editores, descubrieron que los enemigos principales se encontraban en casa, casi a la vuelta de la esquina.
La historia misma de The American Magazine era peculiar. Fue fun- dada en 1906 por Stannard Baker y Finley Peter Dunne, luego de es- cindirse del cada vez más conservador McClure's." Hacia 1909 el tabloide tenía una circulación mensual nada despreciable de 300 mil ejempla- res. Sin embargo, también tenía una deuda pendiente, por lo que vis- lumbró la posibilidad de resolverla en parte gracias a los reveladores artículos de Turner, que contribuirían a aumentar su circulación y, por ende, sus ingresos, toda vez que el tema de Porfirio Díaz y las condi- ciones de vida en México resultaba muy atractivo para la ciudadanía estadounidense.
En el número de septiembre de 1909 se anunciaba a ocho columnas que a partir del siguiente mes empezarían a publicarse los artículos del "Barbarous Mexico" que Turner había descubierto durante sus dos es- tancias en nuestro país y que había logrado captar de manera crítica y aguda, propia de su talento como periodista.' Yen efecto, en el núme- ro de octubre apareció con grandes encabezados un editorial en el cual se advertía que, con enorme habilidad y nula ética profesional, a lo lar- go de varios años buena parte de la prensa estadounidense había cons- truido un gran mito sobre el México de Porfirio Díaz. Ello había ocasio- nado un desconocimiento del verdadero orden imperante, por lo cual la historia demandaba aclarar ese tortuoso tejido de distorsiones y mentiras parciales o verdades a medias. Por ello —continuaba el editorial—, Tur- ner había viajado a México para descubrir la verdad. La lectura de los " Véase la introducción de Sinclair Snow a la más reciente edición en in- glés de Barbarous Mexico, University of Texas Press, Austin, 1969, p. XVI.
98 Los editores del periódico lo compararon con el trabajo que veinte años
atrás había realizado George Kennan en Rusia y Siberia, durante el ocaso del zarismo.
textos del periodista permitiría empezar a conocer el verdadero país que se ocultaba en una larga cadena de supuestos y engaños. Quedaría así al descubierto una "república" sostenida por un autócrata que logró esta- blecer un sistema policiaco y un control absoluto que beneficiaba a unos cuantos, mientras negaba a la mayoría los derechos más elementales.
Las reacciones no se hicieron esperar. Por un lado, los socialistas es- tadounidenses e ingleses expresaron su entusiasmo y su adhesión a la causa revolucionaria mexicana; por otro, el régimen imperante se pre- paraba para la guerra. Había que buscar una forma de contrarrestar el impacto, y el sistema porfirista, además de tener las armas en su poder, contaba con el apoyo de los grandes intereses estadounidenses, como aquéllos personificados por William Randolph Hearst, Harrison Gray Otis, E. H. Harriman, los Rockefeller, los Guggenheim y los Morgan.39 En enero de 1910, luego de ser publicado el tercer artículo de la se- rie, la política editorial de The American Magazine cambió de manera drástica. Y aunque se decidió suspender la edición de los artículos de Turner que aún faltaban, el editorial volvió a insistir en que México vi- vía una farsa y padecía un sinnúmero de barbaridades. El rumor que corría para explicar esta súbita decisión fue que la Standard Oil había comprado el periódico y, según advierte Upton Sinclair en su libro The
Brass Check,1° alguien tomó cartas en el asunto y amedrentó a los edito-
res, que se vieron obligados a recular. De este modo, un órgano que ha- bía servido como tribuna para denunciar con valentía y veracidad la corrupción capitalista en Estados Unidos, se mediatizó.
Después de este penoso incidente, la nueva The American Magazine publicó algunos artículos de diversos autores sobre el tema, ' con el pro- pósito de generar una campaña que aplacara el escándalo desatado por Turner.92
'° Citados por el propio Turner en su tercer capítulo titulado "El sistema de Díaz". Entre otras fuentes puede consultarse a Herman Whitaker, The Planten.
A Novel, Harper and Brother, Nueva York y Londres, 1909, yJames Creelman, Díaz, Master of Mexico, D. Appleton, Nueva York, 1911.
40
Upton Sinclair, The Brass Check: A Study of Amenican Journalism, edición de autor, Pasadena, 1919.
" Por ejemplo "The Little Eagle and Other Memories", de Dorothy Johns, y "The Betrayal of a Nation", de I. E. Alexander Powell. Ambos textos apare- cieron acompañados de fotografías de Porfirio Díaz y prominentes miembros de su gabinete.
't Me refiero a los artículos críticos de Turner, publicados en la Interna-
La reacción de Turner ante la actitud de los editores de TheAmerican
Magazine fue de desconcierto. Equivocadamente pensó que tendrían
agallas suficientes para enfrentar las presiones de los poderosos. "Se consideraban hombres fuertes, pero fueron débiles y cobardes", decla- ró el propio periodista con amargura. Cierto es que asumieron una pos- tura de debilidad y cobardía ante los embates del poder que quizá no aquilataron en su justa dimensión, y que amenazaba con aplastarlos." En México los interesados lograron allegarse algunos ejemplares de
The American Magazine que incluían los artículos de Turner y los distri-
buyeron con eficacia. Las cosas se complicaron y los "desmentidos" se publicaron casi de inmediato en el órgano oficial del porfirismo, El
Imparcial, que en su edición del 10 de abril de 1910 advertía: 'También nosotros podríamos escribir un Estados Unidos bárbaro que empalidece- ría las páginas de Mr. Turner".44 Todo se había embrollado; abierta la caja de Pandora ya nada podría detener la cascada de denuncias y la necesidad de descubrir una realidad largo tiempo falseada.
No en balde Luis Cabrera, intelectual que llegaría a convertirse en precursor de la reforma agraria e ideólogo del carrancismo, señaló en un discurso pronunciado ante la XXVI Legislatura de la Cámara de Diputados, el 3 de diciembre de 1912, la necesidad de reconstituir "los ejidos de los pueblos como medio de suprimir la esclavitud del jorna- lero mexicano". Asimismo, reconocía la importancia y el impacto que los artículos de John Turner habían tenido también entre la sociedad mexicana:
Turner tenía razón; vosotros sabéis que cuando el "México bárba- ro" se escribió, era cierto todo lo que se relataba allí; más aún, que los colores eran débiles, pero esa malhadada cobardía que nos do- minaba en aquella época hacía que creyéramos injurioso para el ge- neral Díaz el que se confesase que durante su gobierno y en el país que él había sabido gobernar, dizque tan bien, existía la esclavitud. traducidos al español, así como los demás artículos citados a lo largo de este estudio.
"Díaz, Wall Street and the American Press", Appeal to Reason, n. 757, Gi- rard, 4 de junio de 1910. (En adelante se omitirá el lugar de edición, por tra- tarse de una cita frecuente.)
" Véase el artículo de Otheman Stevens, traducido de The Cosmopolitan Ma-
gazine, "México hoy y mañana", ElImparcia/ n. 4943, t. XXVIII, México, 10 de abril de 1910, p. 1.
Turner tenía razón y los artículos del "México bárbaro" son apenas un ligero e insignificante bosquejo de lo que pasa en todas partes del país, todavía en los momentos actuales.45
Por su parte, Turner arremetió sin piedad en contra de Hearst y una de sus publicaciones más afamadas: The Cosmopolitan Magazine. Sin perder el sentido del humor, advirtió que en cuanto apareció el prime- ro de sus artículos el titán del periodismo estadounidense voló al resca- te de Díaz. "Los cables ardían con los mensajes que relampagueaban en- tre el cuartel de Hearst en Nueva York y el castillo de Chapultepec."''
El magnate del periodismo estadounidense apremió a sus peones, "los de la Vía Láctea Hearst", que incluía diarios como The New York
Journal, The Chicago Examiner, The Chicago American y los Examiners de
San Francisco y Los Ángeles, para que "desmintieran las barbaridades" de Turner. Los propios editores de los periódicos e incluso escritores de prestigio como Otheman Stevens y Alfred Henry Lewis, cumplieron con la misión de lanzar las primeras descargas. En The Cosmopolitan Ma-
gazine, por ejemplo, se publicaron varios artículos con encabezados que
ironizaban sobre el título empleado por el propio Turner, por si que- dara duda del objeto de su ofensiva: "¿México bárbaro?", "México el progresista" o "Los difamadores de México".
Los supuestamente ofendidos, apoyándose con cierta ingenuidad en sus suscriptores, se sentían en verdad sorprendidos de que en algu- nos periódicos socialistas se cuestionara su honestidad e integridad. Más aún, les había molestado sobremanera que se les hubiera acusa- do de ser rehenes de Wall Street." De manera enfática insistían en que
"R Véase Eugenia Meyer (estudio preliminar y edición), Luis Cabrera. Obra po-
lítica, vol. 1, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1992, p. 494.
'6 "Díaz, Wall Street and the American Press", art. cit., p. 1.
" Cuando Upton Sinclair publicó su Brass Check advertía que el Appeal to Real
son -ha empezado la publicación de una serie sensacional de artículos, 'Barba- rous Mexico', de John Kenneth Turner. Estos artículos, desde su publicación en forma de libro [...], dan una relación íntima de primera mano de las fero- cidades del régimen de Díaz, bajo el cual los `diplomáticos del dólar estaban amasando enormes fortunas'. El American había empezado la edición con gran- des expectativas; publicaron dos o tres de estos artículos y de repente los sus- pendieron, con una excusa débil y obviamente deshonesta, y el pobre Turner tuvo que llevarse sus artículos a buen recaudo. Debe haberse producido una crisis en la revista. Alguien evidentemente hizo un escándalo y puso en su si- tio a los editores. Desde entonces han sido motivo de lágrimas". Véase John E. Semonche, "The American Magazine of 1906-1915. Principie versus Profit", Jour-
ellos sólo se abocaban a la verdad y que eran tan libres como el aire; que no recibían ni aceptaban presiones de nadie.
El tema siguió atizando el fuego por largo tiempo, pero Turner no se amedrentó. Muy por el contrario, ello le había dado la oportunidad de enfrentar dos nuevos retos: denunciar las fuerzas y los intereses que amordazaban la libertad de prensa y descubrir muchos más datos sobre la realidad de México, manteniendo vivo el interés por los aconteci- mientos que se sucedían en cascada. Fue entonces cuando denunció abiertamente a los editores de TheAmerican Magazine por dejarse pre- sionar y permitir que los amordazaran.
4
Al mismo tiempo,John Turner se dedicó a buscar otro editor, más radi- cal, más intrépido, que no se dejara amedrentar por el monstruo del po- der económico. Como resultado de su búsqueda, logra publicar parte de sus escritos en la International Socialist Review y en el Pacific Monthly, hasta que al fin encontró la que sería su casa editorial permanente: el se- manario Appeal to Reason,4N
refugio de muchos "revoltosos" a quienes el
gobierno había intentado amordazar y amenazar. Fue ésta la tribuna de las voces socialistas hasta 1917, incluida la del mismísimo Eugene Debs.49
nalism Quarterly, n. 40, invierno de 1963, pp. 36-44. Apud Diana K. Christopulos, American Radicals and the Mexican Revolution, 1900-1925, tesis de doctorado, State University of New York, Binghampton, 1980, p. 103.
El semanario tenía una visión bastante clara de lo que sucedía en Méxi- co, no en balde había seguido de cerca las andanzas de Ricardo Flores Magón y demás rebeldes. Véase 'The Menace to America. How the Capitalist Dictator across the Mexican Border has Crushed Labor to a State of Peonage and is Now Using it in Behalf of American Capitalism" y "Rather Die an Honest Man than Live a Wretched Hypocrite", A/ peal to Reason, n. 686, 23 de enero de 1909, pp. 1-2, y `°The Mexican Case" y "Massacre in Mexico. How the Working Class is Kept in Subjection to Capitalism. Horrors almost Unbelievable", Appeal to Reason, n. 668, 6 de febrero de 1909, p. 4. El propio Ricardo Flores Magón pu- blicó un extenso artículo con el relato de sus vivencias en prisiones de Estados Unidos y luego su "Magón Writes his Story. Tells of his Work and Aims and of Cruel and Corrupt Autocracy of Mexico", Appeal to Reason, n. 613, 13 de mar- zo de 1909.
" En 1907, por ejemplo, el Appeal to Reason se comprometió a tirar un mi- llón de ejemplares del "Arise Ye Slaves", considerado el llamamiento más ra- dical para exigir la liberación de los líderes presos de la Western Federation of Miners.
El Appeal to Reason usaba un lenguaje directo, simple, que le permi- tía contar entre sus lectores a gente con escasa educación, puesto que su estilo se alejaba del lenguaje panfletario que solían emplear los órganos socialistas, con una jerga incomprensible para las mayorías. Por ello, co- mo bien predicaba su director, era importante insistir en un evangelio socialista "doméstico". Él mismo se ufanaba, aunque lo acusaran de usar una expresión tan vulgar, de ser un editor de "una sola cuerda".
Igualmente, el semanario rechazaba el esnobismo de los intelectua- les, aunque no era antiintelectual; insistía en la necesidad de educar a los obreros y campesinos que habían llegado al siglo XX en condiciones de vida deplorables, a causa de las cuales habían acumulado rabia y de- sesperación. A decir de sus editores, en las páginas de Appeal to Reason los trabajadores encontrarían un bagaje teórico suficiente que les permiti- ría analizar su realidad cotidiana de manera más objetiva, con mayor co- nocimiento de los ideales socialistas y de la historia de Estados Unidos.
Fundado por julius Augustus Wayland en Girard, Kansas, en 1872, el semanario logró un crecimiento acelerado en sus primeros quince años en el área de los Great Plains y el suroeste de Estados Unidos. Por un periodo casi ininterrumpido, en el que lograron editar casi mil tres- cientos números, el "little old Appeal", como se le llamaba en el gre- mio, logró un impacto significativo entre los lectores.5° Los periódicos conservadores lo consideraban el vocero de los gritones, soplones y traidores. Solía decirse que el Appeal era la guarida de los revoltosos y el refugio de los líderes obreros y de los exiliados políticos.5'
° Véanse al respecto las memorias de su editor, J. A. Wayland, Leaves of Li-
fe: A Story of Twenty Years of Socialist Agitation, Hyperion, Westport, 1975. Way-
land se enorgullecía de haberse labrado un porvenir por sí mismo. De ser un
self-made man, que logró amasar una pequeña fortuna en el negocio de los bie-
nes raíces en Colorado, fundó una colonia cooperativa en Tennessee antes de lanzarse a la aventura del Appeal to Reason. Según refiere en su libro, aprovechó todas sus dotes de vendedor, puso los pies en la tierra, se apoyó en los plantea- mientos socialistas y contó con una enorme fuerza de voluntarios para vender el semanario, construyendo así un verdadero ejército que logró cientos de mi- les de suscripciones, las cuales sólo costaban 25 centavos de dólar al año. Sin embargo, Wayland reconoció que aun en los mejores años del Appeal fueron los donativos los que cubrieron los gastos de impresión, y así pudo subsistir sin anuncios publicitarios. En 1917 la publicación cambió su nombre por el de
New Appeal, y bajo la dirección de Upton Sinclair sobrevivió hasta noviembre de 1922.
51
Fue precisamente en el Appeal to Reason donde Upton Sinclair empezó, en 1905, la publicación por entregas de `The Jungle", que un año más tarde
Con tantas falsas etiquetas, era lógico que tanto Wayland como Fred D. Warren, un periodista de Kansas que se hizo socio del proyecto y que logró un mayor equilibrio entre la labor informativa y las posicio- nes personales del director, claramente anticlericales, padecieran a su alrededor un constante clima persecutorio. La presión del gobierno resultó intermitente, pero los intentos de censura siempre fueron ata- jados en apego a la primera enmienda de la Constitución, que estable-
cía la libertad de expresión.
Así pues, era de esperar que John Turner buscara el apoyo de una publicación que ya había mostrado simpatía por el magonismo52 y lue- go por el movimiento revolucionario en general.53
Pero sin duda el interés y el compromiso hacia México por parte del periódico estaban centrados en la obra y responsabilidad de Turner. Fue preciso trazar una estrategia editorial. La agenda de trabajo seña- laba la necesidad de buscar un objetivo claro, manteniéndose siempre a la defensiva para no ser cooptados por nadie; tener la capacidad de identificar a los héroes y a los villanos en un marco de referencia socia- lista; colocarse a sí mismos como voceros de la tradición democrática de su país. Cualquiera que fuese el tema a tratar, había que poner én- fasis en los intereses de los trabajadores.
En todos los casos, los temas tratados debían volver la mirada de los lectores hacia lo que pasaba en su país respecto del avance de los so- cialistas. Yclaro, era preciso identificar y celebrar cualquier victoria de la causa, sin importar su dimensión. Para ello tendrían que echar mano de los grandes nombres del radicalismo estadounidense, y de este mo-