• No results found

3. Model Implications

3.2 System provision

Fuente: Tomada por Dadiego J. 2018

48

CAPÍTULO 3. ESCENARIOS EN EL USO DE LA ENERGÍA SOLAR

Este capítulo presenta las estrategias públicas vinculadas al uso de la energía solar, describiendo los casos paradigmáticos vinculados con el aprovechamiento del recurso a nivel mundial. Escenario que refleja un amplio abanico de experiencias con ciertos rasgos que las acercan y otros que las diferencian, resultando de interés el análisis de algunos casos.

La matriz energética mundial ha tenido grandes variaciones a lo largo de la historia (André, de Castro y Cerdá, 2012). A principios del siglo XIX, la energía primaria estaba basada en un 95% en fuentes renovables. Esta situación se revirtió en el siglo XX, cuando estas energías sólo cubrían un 18% del total de la demanda, alcanzando a principios del siglo XXI su mínimo, en un 16%. Esto se debió a la utilización del petróleo, del carbón y del gas natural como principales fuentes, con el constante crecimiento de emisiones antropogénicas (1,3% anual entre 1970 y 2000, y 2,2% anual entre 2000 y 2010), en todos los sectores especialmente el de energía, responsable del 47%, seguido por la industria con 30% (FGV Energía, 2016).

Aún frente a los porcentajes mencionados, la tendencia se está revirtiendo, principalmente en los países industrializados, donde las inversiones en energías renovables se incrementaron, con fuerte estímulo de políticas de promoción nacionales e internacionales ante la preocupación por el aumento en las emisiones de CO2 a nivel mundial.

3.1 Europa: la generación distribuida como motor de transición.

Según “Eurostat Statistics Explained”, entre 1999 y 2014, Europa experimentó un descenso del 15% en la producción de energía; mientras las fuentes no renovables (petróleo, carbón y gas natural) y la nuclear sufrían un descenso de entre un 5% y un 42%, las energías renovables aumentaron un 59% total. Las estrategias desplegadas por la Unión Europea en los últimos años, buscando reducir emisiones de GEI’s, han resultado en un aumento del 26,7% del total de generación a partir de fuentes renovables. La normativa N°2009/28/CE “Relativa al fomento del uso de energía procedente de fuentes renovables”, fijó los objetivos “20-20-20”, es decir, reducir en un 20% las emisiones de GEI’s, llegar al 20% en ahorro energético a través de aumento

49 en la eficiencia, y que el 20% del total de la energía producida provenga de fuentes renovables, todo esto, al año 2020. Al mismo tiempo, a través de distintos programas e instrumentos, se han planteado como objetivo mejorar la eficiencia de los módulos fotovoltaicos de un 20% a un 35% al 2030, y su vida útil, minimizar el impacto negativo en su ciclo de vida, promover la eficiencia energética en edificios instalando en sus estructuras tecnologías fotovoltaicas, entre otras (Unión Española Fotovoltaica, 2016). En los últimos años la energía solar (junto con la eólica) ha experimentado un crecimiento exponencial, alcanzando el 6,4% del total de la energía producida a partir de fuentes renovables en la Unión Europea.

Teniendo en cuenta que la dependencia energética en los países europeos aumenta contantemente, la búsqueda del desarrollo de este sector resulta estratégico en el desafío por mantener la calidad de vida actual de la población, sin disminuir la futura. En 2016, la Unión presentó el “Paquete de Invierno, energía limpia para todos los europeos”, un abanico de proyectos cuyo objetivo a largo plazo es lograr la transición energética hacia el 2050. A mediano plazo busca reducir las emisiones de CO2 en un 40% como mínimo al 2030, el aumento en un 30% de la eficiencia energética y un 27% de aumento en la participación de las energías renovables en la matriz final.

Las normativas nacionales y supranacionales refieren al mercado de la electricidad, al rol activo de los consumidores particulares, la eficiencia en edificios, el eco-diseño, la innovación y el transporte, entre otros.

El caso particular de España resulta interesante. En 1980 se fijó una política de conservación y eficiencia energética (Ley N° 82/1980 de “Conservación de la Energía”). En 1984 se construyó la primera instalación fotovoltaica (100 KWp) conectada al sistema de red eléctrica, en San Agustín Guadalx. El mercado fotovoltaico estaba destinado a abastecer centros poblacionales aislados. Recién en 1993 surgen proyectos de sistemas de conexión a red en viviendas particulares. Encontrando aquí un vacío legal con respecto al sistema eléctrico, el gobierno español promulga en 1998 el Real Decreto N°2818 sobre producción de energía eléctrica por instalaciones abastecidas con recursos o fuentes de energía renovable, residuos y cogeneración que establece la retribución a la energía inyectada a la red. Sin embargo, no es hasta el año 1999 en que comienza a crecer el sector a partir de la aprobación del Plan de Fomento

50 de las Energías Renovables. Durante estos años, el país había alcanzado un 6,8% de su matriz energética con dichas energías; produciéndose el mayor despegue en 2004 y 2007, cuando se produjo una fuerte apuesta a la energía solar mediante los Reales Decretos N° 436/2004 y N° 661/2007. En el primer caso, se estableció el régimen jurídico y económico de la actividad de producción de energía eléctrica; planteando que la revisión de las tarifas, primas e incentivos se realizara cada 4 años a partir de 2006 y sólo para nuevas instalaciones. Al mismo tiempo, se derogó el RD de 1998 y se agregó que para aquellas instalaciones de hasta 100 kW, la retribución de la Tarifa Media o de Referencia sería del 575% en los primeros años y luego del 80% en el total de vida de la misma. El RD N° 661/2007 derogó el N° 436/2004 y definió la anulación de la retribución de las instalaciones con respecto a la Tarifa Media o de Referencia y se hará con respecto al Índice de Precios al Consumo.

En 2007 y 2008 (Gráfico 3) hubo un crecimiento exponencial de la capacidad fotovoltaica instalada. Esta situación cambió en 2009 como consecuencia del Real Decreto N° 1578 emitido en septiembre de 2008. Éste estableció un cupo máximo de potencia anual instalada, por lo que aquellos habitantes que habían invertido en una instalación para su hogar, cuya generación eléctrica era mayor a la permitida, debían darlo de baja. En este momento, comenzó a ralentizarse el proceso de generación distribuida. Los que estaban interesados debían solicitar diversos permisos a la administración y a la compañía eléctrica de la zona, lo que ocasionaba reticencias y finalmente terminó por desgastar el entusiasmo inicial. El RD N° 900/2015, estableció que las instalaciones de autoconsumo debían contribuir en el financiamiento de los costos y servicios del sistema eléctrico al igual que aquellos que no poseían estos sistemas. Este “peaje de respaldo”, más conocido como “impuesto al sol”, no sólo sería cobrado a aquellos que poseyeran instalaciones conectadas a la red, sino también a quienes no.

51 Gráfico 3. Capacidad Instalada Anual en España entre 2007 y 2014.

Fuente: La energía fotovoltaica, una alternativa real. Informe anual 2015. UNEF

España es un claro ejemplo de que el desarrollo de las energías renovables en general, y la solar en particular, en su aporte a la matriz energética de un país no sólo depende de la insolación que posea la zona geográfica. Por el contrario, obedece a una conjunción de factores sociales, geográficos y, principalmente, políticos y económicos. El país se encuentra entre los de mayor insolación del globo, ha sido pionero en investigación y desarrollo de la energía solar térmica y fotovoltaica, por lo que varias empresas son referentes en el mercado regional y mundial de estas tecnologías. A pesar de esto, cuestiones económico-financieras (recortes a las retribuciones de energías renovables) y normativas (que frenan el desarrollo del autoconsumo) han llevado a España, del 7° lugar en 2012 en el Top 10 del ranking mundial de países líderes en capacidad instalada de energía eólica y solar (Asociación SolarSuperState) al 10° lugar en 2013, al 13° en 2014 y a desaparecer de la clasificación desde el 2015.

52 3.2 América del Norte y Asia: el avance de las energías renovables sobre la industria del carbón.

Estados Unidoses el mayor consumidor de energía del mundo y el segundo (detrás de China) que genera más emisiones de GEI’s con el 14,4% mundial (World Resources Institute, 2012). Este último dato es reciente, ya que durante 160 años (1850-2011) Estados Unidos fue el mayor emisor de CO2 con 27% del total mundial.

La razón por la que Estados Unidos es líder en consumo, pero segundo en emisiones radica en su matriz energética. Según la EIA -Energy Information Administration- la generación neta de energía por combustibles fósiles se encuentra en descenso: en el orden de 2,5% para el carbón, 3,3% para líquidos del petróleo, 24% para el coque de petróleo (derivado del mineral, con mayor proporción de carbón) y 7,7% para el gas natural. Las energías limpias han tenido un importante ascenso en su participación en la matriz: energía solar fotovoltaica y térmica han aumentado un 40,5%, y la eólica un 12% entre 2016 y 2017.

Durante la presidencia Obama, las energías renovables tuvieron un fuerte apoyo por parte del Estado y con la Ley de Estímulos, con la cual se buscó financiar 16 grandes proyectos fotovoltaicos en 2009. El plan de la Administración Federal de la Vivienda concedió préstamos para mejoras energéticas de hogares. En 2015, el gobierno lanzó el “Plan de Energía Limpia” con el objetivo de reducir 32% de emisiones de CO2 en centrales termoeléctricas al 2030, en relación a los niveles de emisión del 2005 (Energía Estratégica, 2015).

Desde 2017, la administración Trump generó dudas y expectativas en torno a la continuidad de las políticas de fomento a las energías renovables. Su gobierno ha puesto el foco en la reactivación y soporte a la industria del carbón eliminando regulaciones (Peña, 2018). A pesar de ello, según la Agencia Estadounidense de Energía, en 2017 la población utilizó menos energía proveniente de plantas tradicionales y se registró una proporción creciente en fuentes renovables bajo el Plan Energía Limpia. La energía solar ha sido la de mayor crecimiento, siendo el 2016 el momento en el que se instalaron 14.626 MW de energía solar fotovoltaica, un 95% más que en 2015 (Cambio 16, 2018).

53 La capacidad instalada en energía solar fotovoltaica de los Estados Unidos ha aumentado 26 veces la capacidad instalada del 2010 hasta llegar a 53 GW en 2018, suficiente para satisfacer la necesidad energética de 10,1 millón de hogares. Los Ángeles es el estado con mayor capacidad instalada en energía solar fotovoltaica con 349.3 MW seguido por San Diego con 287.2 MW y Honolulu 213.3 MW (Frontier Group, 2018). Una de las instalaciones que ha aportado al aumento de la potencia instalada es el parque “Solar Star Farm I y II” de 597 MW localizado en Rosamond, California. Finalizada en 2015, es la cuarta planta solar más grande del mundo con 1,7 millones de paneles solares en 13 km2 , propiedad de la empresa Midmerican Solar. A su vez, la planta fotovoltaica “Copper Mountain Solar”, con una capacidad instalada de 552 MWp ubicada en Nevada, comenzó a funcionar en 2010 y es la quinta planta solar más grande del mundo. Puede producir anualmente 1000 GW/h de energía (Roca, 2017). La industria de componentes fotovoltaicos se encuentra liderada (según ranking elaborado a partir de datos de IHS Markit) por la empresa Jinko Solar quien mantiene el primer puesto como mayor fabricante de módulos en 2017, con una producción de más de 6.5 GW, lo que supuso un aumento de 1 GW con respecto al año anterior. Por otro lado, la empresa Longi Solar, ha entrado en este ranking y avanzado, lo que se traduce en una tendencia en preferencias del mercado en cuanto al tipo de tecnología: la misma produce sólo paneles fotovoltaicos de silicio monocristalino. En cuanto a la eficiencia del producto, en 2017 los fabricantes se enfocaron en la eficiencia de las celdas fotovoltaicas a través del diseño de cortes (Roca, 2018).

Los países asiáticos por su parte, se encuentran también fuertemente involucrados en el escenario de las energías renovables. El crecimiento de sus economías incrementa la demanda de energía, en el contexto de necesidad de cumplimiento del Acuerdo sobre el Cambio Climático (París 2015), siendo de los mayores emisores de GEI’s a nivel mundial. Con el retiro de Estados Unidos del Acuerdo, China ha pasado a tener un rol central en el liderazgo y cumplimiento de los objetivos planteados en la Cop21.

China es el país asiático con mayor crecimiento económico mundial en los últimos 30 años y el sector industrial es su motor, dependiente del carbón como principal fuente energética. El consumo del recurso experimentó un aumento del 72,8% en 1985 al 76,7% en 2006. Esta fuerte dependencia hace que su seguridad energética fluctúe, así

54 como también la seguridad sanitaria: el carbón es el mineral más contaminante al momento de su quema para la producción de energía eléctrica. Es por ello que en los últimos años China ha optado por un aumento en la importación y consumo de hidrocarburos. Posee 8 de las 10 ciudades más contaminadas del mundo, lo que ha llevado a plantearse la necesidad urgente de iniciar la descarbonización y la transición hacia las energías renovables.

En 2011 el consumo eléctrico superó al de la Unión Europea y Estados Unidos. Para ello fue necesario que se produjeran un total de 3.234.495 millones de toneladas de petróleo, sumadas a 1.853.316 millones de toneladas que habían sido importadas (más del 50% de Oriente Medio). La dependencia energética de China ha llevado a que se trace una política energética eficiente en torno a la diversificación de su matriz(Bonet Martínez, 2014).

En 2005 la Ley de Energía Renovable estableció como objetivo primero la diversificación del suministro energético, garantizar la seguridad energética, la protección ambiental y el desarrollo sostenible. En 2009, se crea el escenario de acción para las energías limpias: desarrollo de las energías renovables y planes de utilización para conseguir mayor producción. Los operadores de la red deben formar acuerdos con plantas de electricidad generada a partir de fuentes renovables con el fin de obtener la energía producida; si el costo de compra de la energía limpia por parte del operador es mayor al costo promedio de la energía convencional, esa diferencia se distribuirá mediante un ajuste al precio de venta de la electricidad que será cubierto por el usuario final (Soler & Yu, 2010).

Los incentivos económicos han sido otra de las estrategias de las que se ha valido China para promocionar al sector. En 2009, la “Circular 66” promueve proyectos de protección ambiental, ahorro energético (explotación y producción de biogás, avances tecnológicos en eficiencia, reducción de emisiones de GEI’s, redes inteligentes) y de agua, promoviendo que aquellas empresas que los lleven adelante, gozarán de exenciones y reducciones en el Impuesto sobre Sociedades. El XI Plan Quinquenal 2005-2010 tuvo el objetivo de aumentar en un 10% la participación de energías renovables en la matriz al año 2010 y un 20% al 2020 seguido por la reducción de la intensidad energética en un 20% al 2010 con respecto al 2005. El XII Plan Quinquenal

55 (2011-2015) manifestó como objetivo reducir un 17% la relación carbón/PBI y de la intensidad energética un 16%, y un aumento en la participación de las renovables en un 11,4% sobre el total. El XIII Plan Quinquenal 2016-2020 propone disminuir la intensidad energética por unidad de PBI en un 15% y las emisiones de CO2 con respecto al mismo indicador en línea con el Acuerdo de París.

Con los avances legislativos y fomento a las energías alternativas en general, China ha logrado alcanzar una capacidad solar instalada de 130,35 GW totales, lo que representa un 7,3% de la potencia instalada del país. Esto se ha dado a un ritmo acelerado, tomando como referencia que en el 2017 logró un aumento del 53% con respecto al 2016 (Fernández, 2018).

Uno de los grandes proyectos fue el parque solar “Longyangxia” con 850MW de potencia instalada, capaz de abastecer el consumo de 220.000 personas. Esta instalación de 27 m2 no sólo utiliza la radiación solar incidente para la conversión fotovoltaica, sino que parte de esa energía generada es utilizada en el bombeo de agua para la recarga de un embalse a la que se encuentra conectada (Elcacho, 2017). A su vez, en abril de 2018 comenzó a funcionar la planta solar flotante más grande del mundo en la ciudad de Huainan, con una capacidad de 40 MW. Las ventajas de este tipo de instalaciones son varias: no compiten por el uso de suelo en terrenos con aptitudes agrícolas o ganaderas, el agua circundante ayuda a mantener baja la temperatura de los paneles, aumentando su eficiencia, los mismos ayudan a evitar la evaporación del agua dulce del lago (en este caso particular) conservando el suministro de agua (Ecoinventos Green Tecnology, 2018).

La industria de fabricación de paneles solares fotovoltaicos se ha expandido consecuentemente al escenario planteado. China alcanzó en 2015 costos de fabricación de paneles solares un 22% menor con respecto al resto del mundo. Esto se debe a economía a gran escala, los proveedores de materias primas nacionales, y producción estandarizada (Mendiburu, 2016).

China (junto con India) se ha convertido en líder en el campo de las energías renovables, aprovechando la necesidad de reducir su dependencia y encontrando en ello un nuevo motor para su economía a través de la apuesta a la innovación, la

56 investigación y el desarrollo. No sólo se ha centrado en el fortalecimiento interno, sino que ha trascendido las fronteras avanzando e invirtiendo en el exterior.

3.3 África: el potencial de la zona con mayor incidencia solar

La ubicación del continente africano entre 36° Norte y 35° Sur, hace que reciba los mayores niveles de insolación del cinturón solar. Equivale al rendimiento de 100 millones de centrales nucleares y proporcionaría 7.700 veces la demanda energética global con sólo aprovechar el 2% de su superficie con plantas solares (Schrader, 2010). África posee el 13% de la población mundial, consume sólo el 4% de la electricidad total global y casi dos tercios de sus habitantes carece de suministro eléctrico. Las condiciones de pobreza extrema y el incremento demográfico constante exigen, en el corto y mediano plazo, inversiones en infraestructura y equipamiento energéticos, para mejorar la calidad de vida de la población. Las inversiones y el desarrollo en el sector energético solar podrían significar para el continente avanzar en el acceso a fuentes de energía seguras. Los marcos institucionales deficientes y la escasez de financiación para este tipo de proyectos por parte de los Estados constituyen barreras a la expansión de experiencias.

A pesar de ello, algunas iniciativas se destacan. Desde 2009, el proyecto “Lighting África” financiado por IFC y el Banco Mundial, fomenta el uso de energía solar en espacios rurales, donde no hay electricidad de red, y la expansión del servicio es financiera y logísticamente viable, aunque costoso. Por ello, aún con las facilidades otorgadas que hacían accesible el precio a una parte de la población, el costo de los sistemas solares (500 U$S, en 2006), continuaba siendo una barrera para la mayoría. Una de las soluciones encontradas fue la disminución de la capacidad de almacenamiento de las baterías, logrando suprimir la necesidad del convertidor, y de esta manera, disminuir el precio final. Además, se creó el sistema “pay as you go”, basado en el prepago de recargas con dinero móvil ajustándose a las necesidades de cada habitante. Este programa ha otorgado soluciones reales para el aprovisionamiento energético en los hogares, y adicionalmente ha generado capacitación y empleo vinculados a los servicios eléctricos (Attanasio & Giorgi, El Periódico, 2018).

57 En el Norte del Sahara, el proyecto TuNur busca producir energía solar fotovoltaica para exportar a Europa, sumado al parque solar Noor Ouarzazate en Marruecos que desde 2015 cuenta con un sistema de políticas y regulaciones para impulsar la inversión en desarrollos eólicos y fotovoltaicos. Con ello se busca aumentar la independencia energética en un país con escasa disponibilidad de gas y petróleo, y que en 2008 llegó a importar el 98% de la energía demandada. Actualmente la producción marroquí alcanza 3 GW de potencia a partir de fuentes renovables, con el objetivo de llegar al 42% de su capacidad de producción al 2020 y al 52% en 2030 (Enel Green Power, 2018).

El desafío africano para avanzar en el camino de las energías renovables residiría en lograr una coordinación entre los Estados y el sector privado, como así también con los inversores extranjeros a través de políticas integrales y de fomento. Cada país con

Related documents