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La terapia artística requiere de entrenamiento especial y es un método terapéutico con derechos propios (Dalley, 1984; Dalley y colaboradores 1987); el “arte” es una maravillosa .y satisfactoria forma de autoexpresión (Gumaer, 1984, páginas 94 a 121; Naitove, 1982) y las pinturas y dibujos son muy útiles dentro del cuarto de juego (Gardener, 1980; Nader y Pynoos, 1991). Es suficiente que el terapeuta de juego acepte y reciba el trabajo artístico del niño, pero una apreciación más profunda de los esfuerzos creativos puede ayudarle a comprender el proceso terapéutico (Thomas y Silk, 1990). Es importante recordar que una pintura debe verse como una representación parcial del mundo del niño y necesita evaluarse en conjunto con lo que se conoce de él y otros. aspectos del juego (Fordham, 1994, páginas 51 a 67; Furth, 1982; Kalff, 1980, páginas 74 a 75); se debe observar qué falta y lo que se infiere, lo mismo que lo que se representa; se debe estar preparado para encontrar lo inesperado y a veces lo no bienvenido (Cardiff Social Work Resource Centre, sin fecha, página 13). Observar una serie cronológica de pinturas y dibujos del niño por cierto tiempo, puede proporcionar útiles discernimientos; el significado de las imágenes a veces cambia (Allan, l988b, páginas 99 a 103; Jung, 1959).

El terapeuta centrado en el niño no critica ni evalúa, no “enseña” a los niños a dibujar, sino que les ofrece libertad para expresar lo que necesita surgir, aceptando que cualquier cosa que el niño hace es valiosa. Un medio útil para algunos pequeños, si no se encuentran demasiado reprimidos para intentarlo, es la pintura con dedos. Aquí hay un contacto directo con una sustancia que ensucia y que el terapeuta de juego acepta (Arlow y Kadis, 1979). Los colores, por supuesto, son importantes y poseen un lenguaje simbólico propio. Si se encuentra disponible un gran número de colores, o si los niños pueden hacer mezclas de los suyos, es interesante ver cuáles escogen. Pintar y dibujar no son necesariamente una práctica normal en todas las culturas. Se debe tener en cuenta que los temas no siempre tienen la misma importancia y relevancia, y pueden retratarse de manera diferente. Esto es especialmente cierto en cuanto a que se trata de la figura humana (Cox, 1993, páginas 108 a 110).

ANDREW

Las pinturas que se producen durante la terapia de juego de un niño pueden ayudar a la evaluación y valoración. Una pintura inicial tal vez determine la escena. Por

ejemplo, la primera pintura de Andrew (figura 8—1) puede verse como una representación de un niño confundido, lo cual era en muchos sentidos (páginas 37 a 38). Su pintura final (figura 8—2) nos sugiere que había establecido firmemente su identidad, se encontraba en equilibrio, era versátil y tenía el control. La última pintura confirmó la opinión de la terapeuta, que se basaba en las sesiones de juego y en la realimentación por parte de la escuela, acerca de que la terapia estaba “teniendo éxito” y que se había hecho el progreso suficiente como para considerar la terminación.

POLLY

PoIly (página 38) tuvo sus altas y bajas durante la terapia de juego, y en una fase hubo deterioro en sus mecanismos de manejo de situaciones y se encontraba bastante deprimida. La trabajadora social se preguntaba si era necesario referirla a un psiquiatra infantil, pero sus pinturas le sugirieron a la terapeuta de juego que Polly se abría paso entre sus dificultades, las cuales era posible que fueran de corta duración. Éste resultó ser el caso y no hubo necesidad de referirla (sin embargo, se les advierte a los terapeutas de juego sin entrenamiento no hacer este tipo de predicción).

Las figuras 8—3 a la 8—8 se encontraron entre aquéllas hechas rápidamente por Polly. La figura 8—3 se hizo al principio de la terapia de juego. “Es una cosa muy enojada”, dijo cuando pintaba su inicial en negro. Después hizo una mancha azul a la izquierda: “allí tienes una pintura, enojada, enojada, enojada”, a medida que añadía más cruces negras. “Pon una puertita por allí” —una forma verde. Polly sí que era una “cosa muy enojada”, pero la pintura persuadió a la terapeuta de juego de que había esperanza, la puerta verde podría verse como una abertura y la pintura azul parecía bastante positiva y progresiva.

Una pintura posterior (figura 8—4) mostró dos soles. El amarillo del lado superior derecho, según dijo, era la terapeuta y el azul de la parte inferior izquierda, era ella. Polly explicó que la mezcolanza de colores en la esquina inferior derecha era un arco iris. En privado, la terapeuta de juego se preguntó si la mezcla de colores también representaba la confusión en la que Polly aún tenía que trabajar. Polly salpicó la pintura con lluvia, un agente fertilizante y limpiador. Pintó dos arco iris en las siguientes sesiones.

Para Polly, las casas eran un tema constante. Perturbada acerca de las vacaciones inminentes y preguntándose si tendría alguna vez un hogar permanente al cual ir, pintó tres lados de una casa sin ventanas, puertas o cimientos, de modo que su “casa” era algo endeble (figura 8—5).

Un evento traumático en la vida de Polly fue cuando su madre se vio envuelta en una pelea en las escaleras, en la cual (la madre) resultó muy lastimada. La figura 8—6 quizá expresaba este incidente. Las cuatro pequeñas ventanas eran azules mientras que la forma oblonga en el centro (¿las escaleras?) eran de un rojo enérgico. En las figuras 8—7 y 8—8, hechas en diferentes ocasiones, la ventana superior a mano izquierda era roja. En la figura 8—7 las otras ventanas y puertas eran azules, mientras que en la figura 8—8 estaban delineadas en azul; la ventana superior izquierda estaba rellena de rojo, la inferior izquierda era negra y las dos del lado derecho tenían el centro amarillo, la superior con un borde café y la inferior con la orilla verde. La ventana de la recámara en la figura 8—7 era roja y de un tamaño desproporcionado.

¿Una representación evocadora de la casa de una prostituta? En la figura 8—8 la ventana roja es más pequeña y las otras ventanas se rellenaron, son más completas y la luz es central en dos aunque aún existe cierta penumbra en la planta baja, la cual aún hay que iluminar.

Hacia el final de su terapia, Polly pintó dos mandalas (figuras 8—9 y 8—10), símbolos de totalidad (página 231).

Peter, de seis años (página 38), pintaba en ocasiones. Su primera pintura fueron tres líneas que no se unían con firmeza pero que sugerían una caja (¿casa?) sin cimientos, lo que reforzaba el sentimiento de que el niño no poseía bases. Su segunda pintura fue la de una persona sin cabeza que llevaba de paseo la cabeza de un perro atada a una correa. Cuando estuvo más coordinado, Peter dibujó vehículos, regresando a unas cuantas líneas desoladas cuando la vida no era tan buena. Su pintura final (figura 8—11) fue un patrón rico, lleno y concéntrico; un mandala.

Gemma, de ocho años (página 37), primero pintó a una persona con manchas de negro y café adentro, lo que sugería un personaje limpio (apariencia exterior) pero con algunas cosas (sentimientos) fuera de lugar en el interior. Las siguientes pinturas fueron el producto de su sí mismo de bebé y de pequeña, e indicaban que éstas eran las áreas en las que se estaba trabajando dentro de terapia. La primera de estas pinturas tenía una G negra, su inicial, con garabatos encima y con manchones de otro color por debajo. Escribió “Para M u y”. La siguiente fue una paleta, de nuevo con colores inesperados en el centro, y la tercera fue un dibujo de una niña pequeña. Después, Gemma se liberó y realizó pinturas salpicadas y chorreantes, y luego pintó a la “súper niña”, sin poner peros a ensuciarse las manos con pintura, —muy lejos de la niña perfeccionista del inicio de la terapia de juego. Pinturas subsecuentes fueron más apropiadas para la edad y exploraban las relaciones y su ambiente.

Trabajo con las formas artísticas de los niños

• Observe el proceso creativo, advierta el estado de ánimo del niño al realizar la pintura u otra forma de arte.

• ¿Cómo se siente acerca de lo que el niño está haciendo?

• Algunos niños hacen algún comentario, por el que usted puede saber lo que está sucediendo.

• Para averiguar se pregunta:

— “¿Puedes hablarme acerca de esto?” — “Me pregunto ¿cuál es la historia?” “¿Qué pasaría si...?”

“Parece que te sientes contento o molesto o complacido.. .acerca de lo que has hecho”.

• “Eso no parece un camello, los camellos no son verdes” ¡no es una observación terapéutica apropiada! No critique o enseñe.

• Escriba nombre, fecha y guarde las pinturas, dibujos y modelos, exhibiéndolos en la sesión del niño. No los deje a la vista de otros niños.

• Los cajones de arena pueden ser registrados mediante fotografías, esbozos, notas y videos. ¡El juego con agua es más fugaz!

• Si reflexiona sobre una secuencia de pinturas, modelos, cajones de arena, etcétera, tal vez note que emerge un “tema” o “historia” que puede ofrecer un insight dentro del mundo del niño.

• No haga interpretaciones prematuras, innecesarias o “ingeniosas”.