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“El periodismo es mi vocación y lo tengo muy claro, más aún al haber estado en el sector público, eso me ayudó a reforzar esa idea que previamente tenía. Este es un oficio muy difícil de dejar porque es apasionante y está ligado a la naturaleza de las personas que nos vinculamos a él.” Pardo

“Es un humanista interesado en conocer cómo se comporta la sociedad y en cómo buscar mecanismos de convivencia plural, diversa y pacífica” como él mismo dice. Además de invertir el cien por ciento de su tiempo en los medios de comunicación, también dedicada espacio a la lectura, al atletismo, al cine y al fútbol.

Es de una familia de clase media alta, con afinidad al partido político liberal pero muy conservadora en principios morales. Es el mayor de seis hermanos, cada uno con visiones y posturas diferentes dentro de la sociedad. Rodrigo es más irreverente en asuntos religiosos que todos y se caracteriza por la autodisciplina como una de sus pilares fundamentales para ejercer cada labor en su vida.

Considera al periodismo como su pasión aún sin haber estudiado esta profesión universitaria. Cambió los números por las letras y ahora está estrenando el cargo como director de noticias RCN, en donde espera imprimir un toque investigativo similar al recibido en su escuela periodística favorita: La revista Semana.

A pesar de que la economía no fue su fuerte y decidió dejarse seducir por el periodismo, durante el gobierno del presidente César Gaviria, ejerció el cargo como embajador de Venezuela, experiencia que “le dio elementos importantes para ejercer un mejor periodismo”.

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RP: Mi madre es muy religiosa y mi padre muy respetuoso de eso. Valoramos mucho la unidad de la familia y la solidaridad entre nosotros. Yo crecí con una suerte de contradicción entre lo conservador de mis principios familiares y lo liberal en lo político. Fui a un colegio liberal, Gimnasio Moderno, en el que hay un principio fundamental denominado la disciplina de confianza, que es el actuar con disciplina no por imposición, sino por convicción y por consiguiente con una mentalidad muy abierta en el que se hace mucho énfasis en el respeto por las ideologías ajenas y a la diversidad.

Por otra parte, tengo una figura materna muy fuerte, muy influyente, muy religiosa, muy creyente y practicante y creo que entre esas dos actitudes un poco contradictorias, cada uno de nosotros cinco fue encontrando el equilibrio. En mi caso el equilibrio es, el desequilibrio en contra de la religión.

DH: ¿Cuál cree usted que es la clave de esa disciplina?

RP: La convicción. Creo que uno puede ser muy disciplinado cuando cree que actuar de determinada manera es a lo que le va a proveer de una realización personal que lo va poner a uno cómodamente frente la vida. Yo no creo en la disciplina que se impone en contra de tu voluntad, en contra de tus principios, de tus convicciones o de algún modo de comportamiento. DH: ¿Cómo pueden trascender esos valores en el ámbito periodístico?

RP: Lo permean porque son los que construyen la forma en cómo la persona ve la realidad, lo que pasa es que el ejercicio profesional del periodismo obliga a que los prejuicios, las ideologías y los intereses no se conviertan en un obstáculo para mirar la realidad sino que se pueda, a través de los mecanismos profesionales, aproximarse a la verdad sin contaminarla con tus puntos de vista subjetivos.

DH: ¿Cuál ha sido su trayectoria académica?

RP: Yo salí del Gimnasio en el año 1976, estudié economía en la universidad de los Andes hasta 1981 (cuando tenía 21 años) después estudié un master de relaciones internacionales en Washington y después regresé a Colombia a trabajar como periodista en el Tiempo, en la revista Cromos y en la revista Semana desde el año 1981 hasta el año 1988. Mientras estuve en Estados Unidos fui corresponsal del Tiempo hasta el año 1984, cuando regresé a Colombia. Encontré trabajo en Semana porque ya había trabajado antes por un año en esta revista. También trabajé en la revista Cromos y en el periódico el Tiempo en la edición dominical (que

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fue relanzada en esa época) hasta 1988 cuando entré al sector público y estuve 6 años de manera intermitente.

Fui consejero del presidente Virgilio Barco y le ayudé en el tema de comunicaciones, después fui viceministro de relaciones exteriores y embajador en Venezuela con César Gaviria y luego, ministro de relaciones exteriores con Ernesto Samper. Después de este paso por el sector público, regresé al periodismo e hice un breve paso por la revista Cambio (que en esa época se llamaba Cambio 16) también fui nombrado director del Espectador, estuve en el Tiempo como editor y subdirector, en Semana como director editorial, en Cambio como director, volví a Semana hace dos años y hoy estoy en tránsito de la revista Semana a RCN televisión.

DH: ¿Cómo termina un economista con maestría en relaciones internacionales siendo periodista?

RP: Creo que es precisamente un tema de vocación y siempre lo tuve claro cuando decidí estudiar economía. Yo no quería ser economista, nunca lo fui ni un día, pero sí creía en ese entonces que para ser periodista se necesitaba de una formación, y en mi caso, como la economía es una ciencia social que estudia el comportamiento de la gente en función de los demás para producir los bienes que necesita y así suplir sus necesidades, pensé que eso me daba herramientas para ejercer el periodismo y lo hice con esa convicción. Efectivamente creo que fue útil.

Desde entonces hasta hoy, las escuelas de periodismo han mejorado mucho y la formación definitivamente conviene. Este es un oficio que se puede aprender en el ejercicio, es más difícil aprender los instrumentos del periodismo en la universidad y después adquirir una formación que lo contrario.

DH: ¿De qué le sirvió haber ejercido cargos públicos y su formación como economista para luego ejercer el periodismo?

RP: Mi primer cargo como periodista de la revista Semana fue como redactor económico, yo cubría esa sección cuando era un revista mucho más pequeña y estaba a cargo de María Elvira Samper. En esa época (hablo de los años 81 y 82) era muy importante el sector financiero porque fue la primera crisis de la nacionalización del Banco del Estado. Después y por intereses personales terminé mucho más involucrado con los temas políticos que con los económicos. Hoy en Semana yo escribo los temas políticos y edito los económicos, pero rara vez escribo artículos sobre economía.

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DH: ¿Cómo le surge la propuesta para trabajar como director de RCN y cómo combina en este momento de su vida el periodismo escrito de Semana con uno audiovisual como el de esta cadena de televisión?

RP: Debo dejar mi trabajo en Semana y también el programa que se llama la radio de la Noche, porque dirigir un canal que es el de mayor audiencia en el país, con cuatro noticieros al día requiere tiempo completo. Por qué razón lo acepté? Yo más bien preguntaría por qué me lo ofrecieron, eso fue lo primero que le pregunté al dueño de RCN cuando me hizo la oferta, le dije: Por qué me propone este cargo si yo no he trabajado en televisión? y él me dijo: el periodismo es igual en cualquier medio. Yo lo que necesito es el criterio que usted tiene después de haber trabajado en tantos medios escritos. Lo que quiero es traer a la televisión esa forma de enfrentar el periodismo, ese criterio y es conocimiento del país. En cuanto a los instrumentos televisivos, usted los aprenderá rápidamente, además tendrá un buen equipo que le ayudará al comienzo, y a mí me pareció que era un desafío interesante conocer un medio que es tan masivo como la televisión, a diferencia de los medios escritos que no son masivos sino de nicho, y por esa razón acepté. También puedo decir que fue por el interés de terminar de conocer el panorama completo de los medios.

DH: ¿Cuál de estos medios periodísticos le ha traído a usted mayor satisfacción personal y aportes para su ejercicio periodístico?

RP: Yo he tenido una inquietud profesional desde que empecé a escribir en 1982 en Semana y es lo relacionado con el análisis de las noticias, lo que en Estados Unidos llaman News Analisis, que no es el mismo análisis que hacen los profesores, los académicos o las universidades. No es solo responder a las preguntas del qué, cómo, cuándo y dónde, sino responder a las preguntas porqué y cuáles son las consecuencias de los hechos, y eso es lo que he tratado de hacer en estos medios escritos en los que he estado. Creo que tal vez el medio cuya naturaleza más se relaciona con ese tipo de artículos es Semana y estando allí en tres oportunidades distintas, creo que es el medio en el que me he sentido más cómodo porque encaja con esa inquietud personal y con lo que la revista está comprometida a presentarles a los lectores.

DH: ¿Por qué ser periodista ahora?

RP: Yo pienso que el periodismo es una vocación y en mi caso lo tengo muy claro, más aún, al haber estado un tiempo en el sector público; eso me ayudó a reforzar la idea que previamente tenía. Este es un oficio muy difícil de dejar porque es apasionante y está ligado a la naturaleza de las personas que nos vinculamos a él. Así como un médico no puede dejar de ser médico

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nunca, un periodista tampoco puede dejar de serlo nunca aunque temporalmente le toque hacer otro trabajo.

DH: ¿Qué hace este oficio, labor de unos pocos?

RP: Que por definición es una comunicación de unos pocos medios. Se necesitan más audiencias que mensajeros por la misma naturaleza del trabajo pero creo que además Colombia es un país en el que los medios están subdesarrollados y en el que hay muy pocos medios. DH: ¿Cómo su experiencia de vivir y ejercer un periodismo desde el exterior le ha aportado para entender el país?

RP: Creo que es muy importante porque lo único que te da una medida de los fenómenos que uno ve, es compararlos. Uno no sabe si la movilidad de Bogotá es un desastre cuando no sabe cómo es en otros lugares del mundo, y como este ejemplo, muchos más. Para entender al país y para entender la condición humana es importante comparar para poner en perspectiva y para entender la verdadera magnitud.

Pardo es uno de los casos más emblemáticos en el periodismo colombiano, ya que a pesar de que ha intercalado el periodismo y la política con frecuencia, parece ser uno de los periodistas más respetados en su campo. Lo anterior puede justificarse al hecho de que Pardo se ha destacado más por su labor como director de medios que como periodista de campo.

Aun así, es prematuro afirmar que la clave de este “prestigio” se debe a factores como haber trabajado en medios como Semana o Cambio, dos de las revistas más reconocidas a nivel nacional por su claridad y transparencia en la información de carácter investigativo, y considero que tiene que ver mucho más con el ámbito personal y en la forma en cómo ha maniobrado con versatilidad en ambos escenarios.

Rodrigo Pardo manifiesta que a pesar de que su tránsito con el poder político ha sido recurrente, su mayor objetivo siempre fue desempeñarse como periodista, ideal que resulta poco complicado si se tiene en cuenta que posee credibilidad y aceptación en el público. Este personaje perecer haber pasado casi desapercibido por la prensa amarilla y esto se debe a que Pardo no fue objeto de escándalos de ningún tipo o se vio involucrado con problemas políticos.

76 Capítulo V