Se ha avanzado en la región en la reali- zación de análisis sobre los tiempos del cuidado en base a información sobre el uso del tiempo y el trabajo no remune- rado, posibilitando la construcción de in- dicadores centrales para visibilizar las des- igualdades de género. Se han aportado nuevos indicadores, tales como carga glo- bal de trabajo, tasa de participación en las actividades no remuneradas y tiempo pro- medio destinado al trabajo no remune- rado, como forma de conocimiento res- pecto a la situación de la división sexual del trabajo en la región.
Se espera que se mantengan las encues- tas de uso del tiempo en los sistemas es- tadísticos nacionales y que se realicen con una periodicidad razonable, sin per- juicio de continuar los debates metodoló- gicos y técnicos en los ámbitos que han dado impulso a esta corriente innovadora. Es esperable que estos indicadores se in- tegren en los sistemas de información y en las prácticas de gestión de los orga- nismos públicos y privados.
El avance en los debates sobre la orga- nización social del cuidado nos plantea la
El reparto del cuidado en América Latina
necesidad de generar más información y nuevos conocimientos:
• Incorporar a las encuestas de hogares preguntas relativas a los trabajos que realizan las trabajadoras domésticas en casas particulares, de manera que se pueda captar de forma diferencial la existencia de trabajo doméstico y si- tuaciones de cuidado a dependientes.
• Avanzar en el conocimiento del tiem- po de cuidado de los mayores de- pendiente, profundizando los aspectos socio-sanitarios.
• Revisar las clasificaciones de las ocu- paciones del trabajo remunerado de cuidados domésticos de manera de avanzar hacia un clasificador estándar de las ocupaciones remuneradas de cuidado. Estos trabajos aunque están recogidos en los relevamientos de las encuestas de hogares aparecen ocultos por estar dentro de categorí- as ocupacionales y ramas de actividad que dificultan los análisis desagrega- dos.
• Mejorar la captación de la simultanei- dad entre cuidado, trabajo doméstico y trabajo para el mercado para permita identificar a las mujeres que laboran en sus domicilios como adaptación a la carencia de cuidados.
• Estudiar el mercado de trabajo del cui- dado, las condiciones de vida y trabajo de las personas que están contratadas en los diversos servicios de cuidados públicos, privados con financiamien- to público y privados.
• Desarrollar conocimientos sobre las di- ferentes culturas del cuidado y las pre- ferencias sobre el tipo de cuidados a recibir.
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6.1. INTRODUCCIÓN
La importancia del trabajo no remunerado ha permanecido históricamente invisible en términos de su contribución al desarrollo económico y social, así como al bienestar de las familias y las sociedades. La falta de reconocimiento de la importancia econó- mica y social del trabajo no remunerado se refleja en desventajas en el acceso a los re- cursos económicos y de protección social de quienes lo realizan. Debido a la división tradicional del trabajo por sexo, la mayor parte del trabajo no remunerado que se re- aliza en los hogares y la comunidad está a cargo de las mujeres y el trabajo remune- rado que se realiza en el mercado está a cargo de los hombres. La poca valoración social del trabajo no remunerado consti- tuye uno de los elementos de subordina- ción económica y social de las mujeres: es uno de los factores que legitima y repro- duce los desbalances en la distribución de los recursos y el poder entre las mujeres y los hombres1.
A pesar de la creciente integración de las mujeres al mercado laboral en las últimas décadas, la magnitud y la distribución de la carga de actividades no remuneradas que contribuyen al desarrollo y bienestar de los miembros del hogar y la comunidad no han cambiado sustancialmente. Esa si- tuación se traduce en un aumento del tiem-
po total de trabajo que realizan las muje- res, tanto en el entorno del trabajo remu- nerado en el mercado laboral como en el entorno del trabajo no remunerado en los hogares. El efecto neto es una reducción en el tiempo discrecional disponible que las mujeres podrían dedicar a su desarrollo personal y bienestar personal y colectivo. En el ámbito de los servicios de salud, los servicios que se producen mediante el trabajo remunerado se complementan con servicios que realizan los miembros de los hogares que no reciben remuneración. En el caso del cuidado de personas enfermas, discapacitadas y adultas mayores que no pueden valerse por sí mismas, una parte im- portante de los servicios de cuidados de sa- lud –complementarios de los servicios del sistema de salud– se realiza en los hogares, principalmente a cargo de las mujeres. En un contexto de envejecimiento de la po- blación y de una mayor prevalencia de en- fermedades crónicas que exigen atención a largo plazo, se vislumbra un aumento de las necesidades de cuidado, principal- mente en los hogares. Al mismo tiempo, la mayor participación de las mujeres en el mercado laboral resulta en una reducción del tiempo disponible para dedicar a los cui- dados de salud no remunerados.
Si bien no hay por el momento una res- puesta para ese dilema, es fundamental