3.5 Phases II and III Multiple Embedded Case Studies
3.5.3 Qualitative data analysis
Es interesante encontrar el exhorto que San Ignacio de Loyola hacía a los directores jesuitas a dirigir “más por amor que por temor”.
Esa frase me cautivó, y al leer más acerca de esta máxima en el libro de Chris Lowney (Lowney, Liderazgo al estilo de los Jesuitas, 2013) me quedó claro que su forma de vida estaba más allá del seguir la instrucción judeocristiana de “amar al prójimo como a sí mismo”. Los sentimientos con los que los jesuitas se desenvuelven en el mundo con una firme
convicción de adoptar un concepto amplio y generoso del amor, y más aún, como un elemento fundamental del liderazgo.
Para los jesuitas, es imprescindible contar con la fuerza motivadora del amor. Del amor por lo superiores, colegas, subalternos, enemigos, y aquellos a quienes sirven, cambiando no solo la forma en que veían a sus semejantes, sino como se ven ellos mismos.
Es decir, debemos vivir y mantener al amor como la motivación que sostiene y permite sostener el esfuerzo durante el desarrollo de las tareas y mantener la orientación del esfuerzo y la acción hacia la meta propuesta,
Y este concepto encierra una parte importante de la revelación que hacía tiempo tuve al respecto del amor.
Primero, en nuestro día a día plagado de mensajes escondidos, llenos de erotismo y a menudo minimizando la importancia del amor en nuestra vida; en estos tiempos en que la simple palabra nos lleva a inferir todo menos la realidad, es fundamental definir de manera apropiada el término.
Segundo, el amor no solo es un sentimiento, es sobretodo un verbo representado por un comportamiento, lo cual implica por defecto que se trata de una acción, es decir que no es válido solo decir “te amo”, al ser un verbo, se requiere de una acción que valide el
sentimiento. Como decía Loyola, “el amor debe manifestarse más en hechos que en palabras.” Tercero, el liderazgo basado en el amor, puede entenderse perfectamente al ser relacionado con el amor que expresó San Pablo en su carta a los Corintios: “Tener amor es saber
soportar; es ser bondadoso; es no tener envidia, ni ser presumido, ni orgulloso, ni grosero, ni egoísta; es no enojarse ni guardar rencor; es no alegrarse de las injusticias, sino de la verdad. Tener amor es sufrirlo todo, creerlo todo, esperarlo todo, soportarlo todo.”
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Quisiera compartirles este entendimiento (revelación) a partir del término: “AMOR”. (Melier) Según los expertos, en temas de amor, los griegos fueron los expertos, y en una especie de experimento dentro de su propia cultura lograron asignar diversas definiciones con la finalidad de aclarar algunas de las formas en las que manifestamos el amor.
EROS
La mitología griega consideraba a Eros como el Dios del amor, sin embargo, éste solo
representaba la parte carnal del asunto; el deseo y la atracción sexual. Representaba el amor erótico, el que se manifiesta al principio de una relación, en donde la pasión y la curiosidad juegan un papel importante.
Este tipo de amor es fugaz, determina el inicio de una aventura que, después podría convertirse en algo más profundo, pero mientras eso sucede, eros se limita al amor condicionado y a una forma idealizada del mismo, guiada por la pasión y el impulso del deseo carnal.
ESTORGÉ
Conocido también como amor fraternal. La palabra lealtad rige este tipo de afecto, lo desarrollamos hacia nuestra familia, compañeros y amigos. Bajo esta definición se dan las relaciones en las que el compromiso es fundamental, incluso podemos sentirlo hacia alguna mascota o cualquier cosa que despierte el deseo de cuidarnos mutuamente.
Los griegos aseguraban que el afecto o amor storgé se da lentamente, que es necesario tener un conocimiento amplio de la persona para poder definirlo como tal.
PHILIA
Su palabra es ‘hermandad’. La intención de este tipo de amor es promover el bien común y la cooperación con otros seres humanos durante la convivencia. Tiene mucho más que ver con la psicología social y el cómo interactuamos con otras personas dentro de un ambiente
determinado.
La solidaridad juega un papel importante en este tipo de afecto, incluso, podríamos
compararlo con el término que Aristóteles le adjudicaba a la amistad. Este tipo de amor es el que nos mueve a ser amables con los otros y a trabajar en equipo.
ÁGAPE
Este es el concepto que resalta el lado más profundo de la palabra, según la definición de Wikipedia, refiere a un amor incondicional y reflexivo, en el que la prioridad siempre es el bienestar del ser amado. Esta definición le da un tono un poco religioso al amor, ya que lo podemos asociar con la filosofía cristiana sobre la divinidad y la devoción.
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Es evidente que el amor que movía a los jesuitas es el amor incondicional que da prioridad al bienestar de los demás, sobre nuestros intereses o deseos. Y este resultado se logra a partir de la máxima: “Movido a una profunda gratitud puedo ser capaz de amar”.
Esta forma de pensar, está fundamentada en algo simple: todos los seres humanos estamos hechos de la misma materia, ante Dios somos iguales y tenemos el mismo valor. Estamos dotados de la misma energía y potencial. Compartimos lazos con familia, amigos y también con quienes trabajamos o para quienes trabajamos, incluyendo a los perezosos, a los necios, los que no comulgan con nuestras ideas y los que nos desafían diariamente.
Como decía Vince Lombardi: “Mis jugadores y mis asociados no tienen por qué gustarme, pero como líder tengo que amarlos. El amor es lealtad, el amor es espíritu de equipo, el amor respeta la dignidad del individuo. En esto consiste la fuerza de cualquier organización.”