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En las áreas rurales de Nicaragua la población tiene la posibilidad de depositar sus ahorros en los bancos comerciales o en las cooperativas. Sin embargo, hemos visto que la demanda para este tipo de servicios financieros todavía es relativamente poco difundida. Se dan varias explicaciones a esa situación. Primero, los ingresos netos de la mayoría de los hogares son bajos en comparación con sus necesidades de consumo. Este tipo de hogares ahorra por períodos cortos, y guarda el dinero en la casa, o compra una gallina o un chancho. Para que depositen sus escasos recursos en una institu- ción, el servicio de depósito tiene que ser eficiente, rápido y seguro.

Segundo, los hogares con ingresos más altos, que logran ahorrar para acumular riqueza, prefieren invertir sus recursos en activos rentables como el ganado o la tierra. Sin embargo, podrían hacer uso de los servicios de depósitos bancarios para guardar montos más pequeños, necesarios para los gas- tos de consumo básico. El dinero tendría que ser accesible de una forma rápida. Incluso, los hoga- res más acomodados podrían utilizar los servicios bancarios para acumular activos monetarios que después permitan invertir en activos fijos de más valor. El servicio de depósitos a plazo fijo de tres, seis o doce meses ya está disponible en los bancos y en algunas cooperativas, pero no se le da uso en las zonas rurales, por lo menos no hasta 1998.

Tercero, hemos visto que la población rural de Nicaragua no tiene la confianza ni la costumbre de depositar dinero en una institución bancaria. En parte, se debe a la falta de seguridad del ahorro en tiempos pasados y a la falta de información respecto del funcionamiento de ese tipo de servicios. De- safortunadamente, la reciente crisis bancaria en Nicaragua, en la cual algunos ahorrantes han temi- do perder dinero o lo han perdido, ha golpeado la confianza del público que, con dificultad, se había recuperado en los últimos años.

El aumento de los volúmenes de depósitos en las instituciones financieras no significa necesaria- mente que los hogares ahorran más, pero sí, que estos recursos están siendo redistribuidos de ma- nera más eficiente entre los hogares o empresas que de forma temporal necesitan dinero, por un la- do, y entre aquellos que, de igual manera, no lo necesitan y lo quieren ahorrar, por otro. En este sen- tido, el ahorro institucional representa una mejora para la sociedad entera.

Por otra parte, las personas que viajan mucho por razones de su trabajo, por ejemplo los comer- ciantes, gozan de mayor seguridad si pueden aprovechar las transferencias de sus recursos por vía institucional. En ese aspecto, los hogares pueden gozar de muchas ventajas, al tener a su disposi- ción una institución financiera cercana. Es una opción bastante segura y barata para guardar di- nero y transferirlo entre regiones, pero, por supuesto, debería representar también una fuente de crédito accesible e interesante.

Las instituciones de microfinanzas, especializadas en otorgar crédito a la población rural, incluyen- do a la de escasos recursos, son aquellas que no están reguladas por la Superintendencia de Bancos (SIB). Lo ideal sería que esas puedan prestar servicios de depósitos a sus clientes, porque gozan de mayor cercanía geográfica y social respecto de la población. Sin embargo, parece improbable que la Superintendencia de Bancos de Nicaragua autorice a estas entidades captar recursos del público en el futuro próximo. De hecho, por el momento la SIB difícilmente tiene capacidad para supervisar a

los trece bancos comerciales del país y, por tanto, no va a querer lanzarse en un campo tan nuevo y desconocido para ella como es la microfinanza rural12.

Los bancos comerciales tampoco conocen bien el medio rural y son adversos al riesgo. Pero captan depósitos de la población rural. Por lo tanto, podrían crear relaciones de negocios con aquellas ins- tituciones financieras que otorgan préstamos en zonas rurales, pero que no pueden captar recursos del público. Los bancos comerciales captarían los ahorros que las instituciones de microfinanzas co- locarían en el medio rural13. Una estrecha colaboración entre las distintas entidades que operan en

los mercados financieros rurales aportaría una mejoría en la oferta de servicios a la población.

1 Estos autores presentan un compendio completo y detallado de los estudios empíricos y teóricos del ahorro de los hogares realizados en las últimas décadas.

2 El economista J.M. Keynes fue el primero en plantear formalmente los motivos del ahorro en los años 1930. Aunque la teoría haya evolucionado, estos motivos siguen vigentes.

3 Según estimaciones, un tercio de la población rural ha tenido acceso a crédito entre 1995 y 1998, otro tercio no ha pedido crédito porque no le gusta endeudarse. Los demás no necesitan crédito, y sólo un 15% de hogares se encuentra realmente limitado en su acceso a éste. Es de mencionar que en esas cifras no se incluyen las compras al crédito o al fiado, que por cierto son muy difundidas en Nicaragua, sobre todo para el consumo básico de alimentos.

4 Estimaciones propias con base en datos del PNUD (1999) y Nitlapán, encuesta de hogares, 1998. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) define el índice de pobreza como el valor de los gastos mensuales per cápita que permitan asegurar las necesidades diarias mínimas en calorías. 5 Según este autor, la tasa de interés no es un determinante de los niveles de ahorro de los hogares, pero

juega un papel en la selección de activos donde colocar los ahorros.

6 Por ejemplo, una mujer puede querer ahorrar para los estudios de sus hijos en contra de la voluntad de su marido.

7 Varios estudios recientes han tratado sobre la evolución de los bancos en las últimas décadas y el impacto de la liberalización financiera en el sistema bancario de Nicaragua. Véase en particular Evans (1998), Ambrosio (1998), Dauner y Ruiz (1997).

8 Calculado sobre la base de datos de la SIB y del censo nacional de la población de 1995 del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC).

9 Se les llama también instituciones financieras no convencionales, instituciones de microfinanzas, institu- ciones de microcrédito.

10 En 1998, la tasa de interés pagada sobre las cuentas de ahorro en moneda nacional oscilaba alrededor de 8.5%. Para las cuentas en dólares era 5.2%. En agosto de 2000, estas tasas eran de 8.3% y 5.5%, respectivamente (Banco Central de Nicaragua, informes anuales).

11 Véase nota no. 4.

12 La Asociación de Microfinanzas de Nicaragua (Asomif) ha entregado una propuesta de ley de regulación de sus instituciones a la SIB. Sin embargo, habrá que esperar probablemente unos años más para que la misma sea aceptada.

13 Este tipo de mecanismo de vinculación entre bancos comerciales e instituciones de microfinanzas ha dado buenos resultados en la India, y se conoce como el linkage. De hecho, en la India estos vínculos operan entre los bancos comerciales y la población organizada en grupos. Las ONG locales sirven de mediado- ras entre las diferentes partes. Para más información véase SDC, 1999.

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Capítulo III

El Fondo de Desarrollo

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